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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2017

Desde que somos una conversacin

Miguel Casado
El Norte de Castilla


El 20 de enero Lenz caminaba por la sierra. Las cumbres y altas superficies de montaa, cubiertas de nieve; bajando los valles, piedra gris, rocas y pinos as empieza Georg Bchner su Lenz, uno de los principios de novela que han quedado en la memoria. Sus frases, con peculiar concrecin, con el insospechado poder de anlisis de una prosa en extremo veloz, abren el recorrido romntico de una locura que, a travs del vaco ms crudamente fsico, se hace descripcin existencial de la vida: se sinti espantosamente solitario, estaba solo, completamente solo, quera hablar consigo pero no poda, apenas se atreva a respirar, el doblar de su pie resonaba como un trueno. Era como si algo terrible debiera alcanzarlo, algo que los hombres no pueden soportar, como si la locura corriera en caballos detrs de l.

No muchos aos antes, al entrar el siglo XIX, este zigzag del caminante lo trazaba Friedrich Hlderlin, con su ansioso ir de una ciudad a otra, siempre a pie; de Homburg a Stuttgart, a Nrtingen, a Burdeos. Son los aos culminantes de su obra, los que ms interrogan a los tericos (Adorno, Szondi, Lacoue-Labarthe), los de sus precursoras traducciones de Sfocles tambin, hasta que en el verano de 1806 ingresa en una clnica en Tubinga, y luego en la casa del carpintero Zimmer, que lo acogera hasta 1843: su muerte a los 73 aos, tras cuatro dcadas de vida oscura, como clandestina y ensordecida, el poeta loco. El ncleo de su poesa en estos aos lmite, a menudo conocido como los himnos tardos, compone el volumen de Cnticos, en traduccin de Jess Munrriz (memorable traductor ya de Hiperin, la radical novela hlderliniana de la libertad y el fracaso).

La lengua de los cnticos, su proverbial construccin spera, el trenzado de lo reflexivo y lo sentencioso, su altura tonal unida a una desusada capacidad de concrecin, a la jugosa vida de las cosas y los seres que convoca, seala como ninguna otra el lugar de Hlderlin: su forma de ser moderno desde la profunda raz de los antiguos, su empeo en dibujar la trascendencia desde un vaco casi desesperado y un escepticismo que apenas reprima. Y a la vez su triste destino personal es correlato del exilio que le sustrajo a la historia de la poesa ms de un siglo, pues su obra solo empezara a difundirse en 1916. Siempre lo recuerdo cuando leo estas palabras de Rimbaud: Por la maana tena la mirada tan perdida y un aire tal de muerto, que aquellos a los que encontr quiz no me vieron.

Hlderlin va pautando las zonas reflexivas con demoradas comparaciones, que segn prctica tomada de Homero no tratan de ilustrar el pensamiento, sino que injertan la vida cotidiana del presente y la consistencia de la naturaleza para darle su toma de tierra al poema. La pregunta central la formula el vaco de los dioses: quiz todava existan, pero habran de ser sustituidos por otros capaces de guiar la nueva forma del mundo, y de esta ansiedad por lo que no acaba de producirse se derivara el papel de los poetas. Son los mediadores, los que han de asir esa luz que llega y traducirla en vida real, entregrsela a su comunidad. No es tarea fcil por su responsabilidad, pero sobre todo por el peligro que supone, como quien toca se dira un cable de alta tensin; todas las imgenes de luz, fuego, rayos, volcanes conllevan este riego. As, la revelacin, de darse, sera suprema; pero el poeta aun orgulloso de su tarea resulta pequeo e intil, de antemano condenado. Hlderlin aprende todo de los griegos sus poetas fueron voz de lo sagrado, creadores de formas de trascendencia pero expresa la dificultad para, en la estela de su energa, aprender lo propio.

Adorno le llam maestro de los gestos intermitentes, y estos Cnticos, con sus borradores y versiones junto al poema, sus lagunas de lectura, sus suspensiones sbitas, ofrecen la inquietud de unos versos extraordinarios y rotundos que vienen de la nada y se detienen al borde de ella, teselas deslumbrantes de un mosaico perdido. Los fragmentos a menudo empiezan con pero, como si formaran parte de una discusin permanente y callada. Contaba el carpintero Zimmer: Todo el da est hablando en voz alta, hacindose preguntas y respondindose, y sus respuestas rara vez son afirmativas. Al otro lado de la quiebra contina el mismo espritu, y no es de los menores misterios de este poeta, que ya en los Cnticos haba dejado pistas de la inminente catstrofe: ante lo divino / hasta el fuerte resulta abatido, / y casi igualado a la fiera.

El viaje a Burdeos es quiz el gozne en que la historia gira. Por su longitud y dureza, por el fracaso ltimo que incorpora (despedido de nuevo del trabajo a causa de sus cadas psquicas), por la experiencia nueva del calor del sur, su apertura a las sensaciones, como si al fin habitara la Grecia aorada siendo herido por ella: He estado en Francia escribe y he visto la triste, solitaria tierra. El fuego del cielo y la calma de los hombres, su vida en la naturaleza, se han apoderado completamente de m y, como se repite de los hroes, puedo decir que Apolo me ha golpeado. Releo el relato de otra memorable caminata alemana, Del caminar sobre hielo, del cineasta Werner Herzog, y me llevan sus detalles a pensar que tal vez, con la cercana mirada de quien anda fuera de las rutas comunes, las cosas, los lugares, las gentes se transformen, de tan reales se sientan irreales, hasta dar cuerpo al sueo de soledad en el que Hlderlin identific su vida.

Herzog atraves en invierno las sierras entre Munich y Pars, creyendo que as ayudara, con gesto tambin de mediador, a la curacin de una persona querida y admirada; consigui llegar y ella no muri. En su diario de viaje reconozco alguno de los topnimos alsacianos que salpican Lenz como Fouday, donde el personaje, vestido de saco como un penitente, intent resucitar a una nia, aunque el cadver sigui fro. Un vaivn de vida y muerte, para el que Hlderlin tuvo su utopa: Muchas cosas, desde el amanecer,/ desde que somos una conversacin y unos a otros nos omos,/ le han ocurrido al hombre; pero pronto seremos canto.

 

Lecturas:

Georg Bchner, Lenz. Traduccin de Rafael Gutirrez Girardot. Barcelona, Montesinos, 1981.

Friedrich Hlderlin, Cnticos. Edicin de Anacleto Ferrer. Traduccin de Jess Munrriz. Madrid, Hiperin, 2013.

Theodor W. Adorno, Parataxis. Sobre la poesa tarda de Hlderlin, en Notas sobre literatura. Obra completa, 11. Edicin de Rolf Tiedemann. Traduccin de Alfredo Brotons Muoz. Madrid, Akal, 2003.

Werner Herzog, Del caminar sobre hielo. Traduccin de Nicanor Ancochea. Barcelona, Muchnik, 1981.

 

(Este texto ha sido publicado en La sombra del ciprs, suplemento del diario El Norte de Castilla)



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