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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2017

Mujer & Lucha y clase obrera
Las periferias del sindicalismo

Pedro Luna
https://akelharre.wordpress.com

Sobre la nueva cara del sindicalismo espaol con rostro de mujer: Las Kellys.




A Sesi.

Es el 21 de diciembre de 2016 y en vsperas de las fiestas de Navidad los grandes hoteles de Barcelona empiezan a llenarse de turistas de un alto poder adquisitivo. En el hotel Hilton de la ciudad, propiedad de una multinacional hotelera con unos ingresos anuales de 7.000 millones de euros, el director hace de anfitrin en una cena navidea con sus ms estrechos colaboradores. En el transcurso de la celebracin se acercan unas empleadas del hotel y le entregan una postal navidea al director en la que exigen que se las trate con dignidad: son Las Kellys, un colectivo de limpiadoras que meses atrs denunciaron a la direccin del hotel por contrataciones en fraude de ley, cesin ilegal de trabajadoras y por las miserables condiciones laborales a las que estn sujetas.

Desde que la ltima reforma laboral del PP, en Espaa, prioriza los convenios de empresa sobre los sectoriales, no han sido pocas las empresas que han aprovechado para externalizar servicios por va de la subcontratacin para no pagar los salarios fijados en el convenio sectorial, provocando en el sector hotelero una desregulacin absoluta de las relaciones laborales. El resultado es el de camareras de piso en hoteles de lujo cobrando 215 euros por limpiar una habitacin, de manera que necesitan limpiar unas 400 habitaciones al mes para garantizarse un salario que apenas llega a los 900 euros, cuando el mnimo acordado en el convenio sectorial de Catalunya es de 1.251 euros mensuales. Teniendo en cuenta que la limpieza de una habitacin oscila entre 25 y 45 minutos, y una hora si hay cambio de cliente, nos podemos imaginar las jornadas maratonianas que cada da realizan las limpiadoras para lograr un salario mnimo que por otro lado no es el que les corresponde por convenio.



Las Kellys son la punta de lanza de un nuevo sindicalismo con rostro de mujer que surge desde la precariedad laboral y desde las nuevas formas de explotacin originadas tras aos de reformas laborales, decretazos y recortes sociales que han supuesto una nueva vuelta de tuerca en las relaciones laborales, con un evidente componente de gnero en la normalizacin de las desigualdades salariales y de derechos hacia las mujeres.

En paralelo, el proceso de fragmentacin de la clase trabajadora iniciado desde hace dcadas se ha acentuado en los ltimos aos. Hoy coexisten el trabajador clsico de origen fordista, el tcnico y cualificado, y el de la administracin pblica, con aos de antigedad, afiliacin a los sindicatos mayoritarios, con derechos y buenas condiciones laborales, frente a la trabajadora precaria, en su mayora mujeres, jvenes, inmigrantes, paradas estructurales, sin derechos sociales y sindicales, abocadas a un mercado de trabajo temporal y desregularizado. Cabe decir que las organizaciones sindicales clsicas no han sabido advertir ni adaptarse al surgimiento del precariado dado que sus estructuras sindicales responden ms a las necesidades de ese primer grupo de trabajadores con derechos y afiliacin sindical. Eso unido a que la precariedad laboral se ha extendido especialmente entre la pequea y mediana empresa, sin apenas presencia de unos sindicatos orientados casi en exclusividad a las grandes empresas y al sector pblico, ha situado a la trabajadora precaria en un contexto de desproteccin social, sindical y legal.



Una de las consecuencias es la coaccin permanente y personal contra las trabajadoras que deciden organizarse sindicalmente o slo por el mero hecho de secundar una huelga legalmente convocada. Sobre ellas pesa diariamente la amenaza del despido. No obstante, frente a las amenazas y la falta de derechos, ha emergido un nuevo sindicalismo desde la precariedad que ha demostrado que es posible organizarse y situar en primer plano las desigualdades que sufren millones de trabajadoras precarias.

Las transformaciones en el mundo del trabajo han fragmentado no slo la clase trabajadora sino los mismos procesos productivos en un entramado de subcontratacin, proveedoras, empresas de trabajo temporal y externalizaciones, en ocasiones en un mismo centro de trabajo, creando as desigualdades salariales y de derechos entre trabajadoras que trabajan codo con codo, lo cual ha potenciado la competitividad entre las propias trabajadoras y la individualizacin de las relaciones laborales.

En el sector de las teleoperadoras y del Contact Center la cadena de montaje de la industria ha sido sustituida por cientos de trabajadoras en un mismo espacio fsico separadas por diminutos habitculos, sometidas a la presin constante de sus supervisores y a unas largas jornadas de trabajo sin apenas das de descanso. Las recientes movilizaciones en el sector han puesto de manifiesto la agresividad de las direcciones empresariales y su intento por atomizar a los trabajadores entre empresas multiservicios, contratos temporales y a tiempo parcial, y bajo sueldos que en algunos casos no superan los seis euros por hora.

A diferencia de Las Kellys, las trabajadoras del Contact Center cuentan con comits de empresa y organizaciones sindicales en su centro de trabajo. Sin embargo, se trata de una presencia sindical an por consolidar en un sector que responde a una nueva filosofa de organizacin del trabajo y empresarial, sin el menor inters por la negociacin colectiva con las trabajadoras. Y ah, la situacin de las teleoperadoras s se asemeja a la de Las Kellys, en cuanto al desdn por los derechos laborales de las empresas que las contratan.

Las periferias del trabajo

Mucho se habla y escribe sobre las periferias urbanas y los barrios de clase obrera, tan alejados en infraestructuras y niveles de renta del centro de las ciudades y de los barrios de clase media-alta. Pero muy poco se habla de las periferias del trabajo: trabajos no slo precarizados y de subsistencia sino al margen de la legalidad y con frecuencia perseguidos y demonizados tanto a nivel policial como por las instituciones pblicas. Y es en el centro de una ciudad como Barcelona donde conviven esas periferias. Esa es la paradoja de los procesos de gentrificacin y elitizacin de las ciudades, la de los comercios ambulantes de inmigrantes sin papeles, muchos de ellos procedentes de las periferias del rea metropolitana de Barcelona, en algunos casos ocultos tras las mareas de turistas y de persecucin policial pero en otros casos bien visibles.

Un contexto que surge de la invisibilizacin de la pobreza como una de las constantes en la transformacin de los centros urbanos en un parque temtico para turistas y visitantes. En este sentido, la creacin en Barcelona del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes, conocido como Sindicato Mantero, responde a las reivindicaciones y necesidades de un colectivo que malvive en unas calles que al mismo tiempo son su centro de trabajo.

Desde el Sindicato Mantero se ha reclamado regularizar la actividad de los vendedores y disponer de un espacio en la ciudad donde poder trabajar, sujetos a unos horarios laborales y pagando los permisos que correspondan. Es decir, se pide que se reconozca como trabajo la venta ambulante y como trabajadores a los manteros. Porque aqu radica la raz del conflicto: la del reconocimiento de una actividad laboral, que no slo es precaria dentro de los mrgenes del mercado de trabajo sino fuera del mismo. En cambio, el empeo de las instituciones en situar la venta ambulante como problema en s mismo y no como solucin hace que nos enfrentemos a otro debate: cules son los trabajos socialmente aceptados y a quines reconocemos como trabajadores.



Un debate que se escuda en la legalidad pero que muestra sus propias carencias cuando permite el fraude y un trato fiscal favorable hacia las grandes fortunas y multinacionales mientras persigue con lupa cualquier atisbo de ilegalidad de quienes trabajan para sobrevivir. Si bien la lucha de los manteros es una lucha por la defensa de sus puestos de trabajo, es tambin una lucha por la dignidad de uno de los eslabones ms dbiles de la poblacin y de la clase trabajadora. Podramos decir que es el sindicalismo de los excluidos. Y es en los mrgenes de la sociedad donde surgen esos nuevos conflictos sociales y de clase.

En el barrio del Raval de Barcelona, a pocos metros del centro turstico de la ciudad, nos encontramos con un barrio que, por un lado, se encuentra en un proceso de gentrificacin y encarecimiento de la vivienda, y por otro, es lugar de trabajo de la prostitucin callejera sin derechos laborales ni de asociacin. Son varios los estigmas a los que se enfrenta el ejercicio de la prostitucin: estigmas morales, pero tambin estigmas de carcter laboral, social, y como en el caso de los manteros, de invisibilizacin y de no reconocimiento de una actividad que ha de recluirse bajo unas condiciones de profunda precariedad y soportando incluso agresiones verbales y fsicas. No hay solo un tipo de explotacin hacia las prostitutas callejeras del Raval: a la explotacin laboral clsica hay que aadirles la explotacin y la violencia de gnero, por ser mujeres inmigrantes y prostitutas. Colectivos de defensa de los derechos de las prostitutas estn emergiendo como un nuevo activismo sindical. Es el caso de la asociacin Putas indignadas en el mismo corazn del Raval, quienes desde hace unos aos vienen desarrollando una lucha nacida al calor del 15M y del activismo de las clases populares.

Prostitutas que hablan de la necesidad de dotar de derechos y reconocimiento a su trabajo, de perseguir la trata y las mafias de la prostitucin forzada, de enfrentarse al modelo de explotacin neoliberal y patriarcal, de oponerse a la persecucin policial hacia las prostitutas que ejercen su labor en las calles a raz de las ordenanzas de civismo, y de empoderarse y erigirse en una nueva voz dentro del movimiento feminista. Es un activismo laboral que sin duda rompe los esquemas. Porque no se detiene en reclamar mejores condiciones de vida as como derechos sociales y laborales sino que denuncian el paternalismo de quienes hablan y debaten sobre la situacin de las prostitutas sin contar con ellas y la doble moral de un sistema que por un lado persigue y criminaliza la prostitucin voluntaria callejera abocndolas a la clandestinidad y por otro regulariza y beneficia a los empresarios de la industria del sexo con la apertura de nuevos locales de alterne que se nutren de la trata. Ellas y los manteros representan el despertar crtico de las periferias del trabajo frente a una cada vez menos disimulada ofensiva clasista contra las pobres y las ms excluidas de la sociedad.




Aparecen nuevas luchas sindicales y sociales desde la precariedad laboral y desde un contexto de exclusin e invisibilizacin de los sectores ms desprotegidos. La pauperizacin de las condiciones de vida de la poblacin y los cambios en la estructura productiva y laboral han afectado a la estructura de la clase trabajadora y propiciado el surgimiento de unos nuevos modelos organizativos de las clases populares que se entienden en la actual coyuntura de retroceso en materia de derechos sociales y laborales.

Unos fenmenos, por otra parte, poco estudiados no slo por los tericos del mundo del trabajo sino desde una izquierda que an piensa en clave de un extinto Estado del bienestar, y que apenas analiza la realidad ms all de la precarizacin de las clases medias y de los conflictos laborales clsicos de la industria. Es por ello que lejos de ser meros observadores, no podemos sino ser solidarias con las luchas de las ms precarias y excluidas. Con las luchas, en definitiva, de nuestra gente.

Fuente:http://www.elviejotopo.com/topoexpress/las-periferias-del-sindicalismo/


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