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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2017

La carrera armamentista de EE.UU. no comenz con Trump
La conquista de la conciencia por las armas y la hegemona estadounidense

Ricardo Orozco
Rebelin

Durante la presidencia de Obama se gast en seguridad y defensa ms de lo que el gobierno de Trump tiene contemplado erogar.


No deja de ser un hecho trgico el que la reaccin general ante la propuesta del presidente estadounidense de incrementar cincuenta y cuatro mil millones de dlares al gasto en defensa de su pas sea el de la interminable tautologa de los peligros que representa el relanzamiento de una nueva carrera armamentista; como haciendo que el mundo retorne a los aos de la Guerra Fra. Ello, no porque toda empresa militar no suponga un riesgo, por lo menos, para algunas poblaciones que habitan el planeta, o porque no conlleve la posibilidad de extinguir la vida alrededor del orbe.

Ms bien, es trgico porque muestra, por un lado, el completo desconocimiento de la carrera armamentista en curso; y por el otro, lo catastrfico de interiorizar la violencia armada y la amenaza nuclear permanentes como condiciones sine qua non de pacificacin y estabilizacin social. Y es que, en efecto, basta con mirar las primeras planas de la prensa mainstream como The New York Times, El Pas, Le Fgaro, The Economist y The Financial Times para advertir el tono catastrfico con el que la noticia del presupuesto militar estadounidense es tratada; reproduciendo la falsa concepcin de que la era anterior a la presidencia de Donald Trump es la del paradigma pacifista, concertacionista y colaboracionista que caracterizara a Estados Unidos; esto es, el tiempo de la diplomacia, los acuerdos institucionales y la cooperacin internacional para el desarrollo como ncleo axiolgico que rige la manera en que la mayor potencia militar del orbe se relaciona con el resto de los Estados-nacionales. La cuestin es que cada sealamiento que se esgrime para acusar al presidente estadounidense de forzar una carrera armamentista que traera consigo de vuelta a las peores experiencias blicas de la Guerra Fra se sustenta, de un lado, en la afinidad tica que el observador establece con los responsables de las polticas pblicas; y por el otro, en el carcter relativo que la comparacin del actual presupuesto con los de Barack Obama expresa. As pues, no deja de llamar la atencin que, pese a que el incremento presupuestario de Donald Trump no es, ni de lejos, el de mayor envergadura en todo lo que va del siglo XXI, s es el que ms se condena. Pero no porque en esta ocasin Trump est introduciendo cambios cualitativos o cuantitativos monumentales en el aparato de seguridad de su pas, sino porque el vnculo tico que los observadores establecen con este es el del pleno rechazo a la personificacin de todo lo que se supone no son los valores occidentales de igualdad, libertad, multiculturalidad, tolerancia y democracia.

El sesgo, siempre objetable, que se presencia en trminos del armamento nuclear que amenaza la continuidad de cualquier forma de vida en la tierra lo ejemplifica. De los ciento noventa Estados parte del Tratado de No Proliferacin de Armas Nucleares, de 1970, cinco, pese a haberlo firmado y ratificado, poseen los inventarios ms cuantiosos de armamento nuclear en todo el globo. Tres de ellos, por supuesto, son democracias occidentales (Estados Unidos, Francia y Reino Unido); y slo dos forman parte del antagonismo histrico a todo lo que representa Occidente (Rusia y China). La cuestin de fondo aqu es que, para ese mismo Occidente, slo los armamentos de Rusia y China aunado a los de Corea del Norte, Irn y Sudn del Sur son sinnimo de un estado de permanente inseguridad; la indisoluble amenaza que atenta con extinguir toda forma de vida civilizada que no congenie con elautoritarismo inmanente de sus regmenes polticos. Pero por cuanto a las cabezas nucleares de los otros tres miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adicionales a las de Israel, la ecuacin se invierte: la afinidad tica de los analistas y las poblaciones Occidentales observan en esas armas la garanta de la paz y la estabilidad globales.

Lo mismo ocurre, claro est, con el resto de los componentes que conforman los complejos cientficos-militares de cada Estado. Los ejrcitos de Occidente son la garanta que preserva la continuidad de la democracia frente a sus enemigos ideolgicos, las aplicaciones blicas de agentes qumicos en Estados Unidos e Israel son la pliza de prevencin ante las armas biolgicas de sus enemigos, y las guerras, siempre declaradas bajo la bandera de la libertar, la igualdad y la fraternidad entre los humanos y sus sociedades son las guerras del estndar moral que toda la humidad debe seguir; so pena de ser objeto de una campaa blica en caso de negarse.

El problema con el razonamiento anterior es que ignora, niega e invizibiliza el hecho de que en la aplicacin de la tcnica blica por parte de una sociedad sobre otras lleva, de suyo, la puesta en marcha del proceso de imposicin de un proyecto civilizatorio construido sobre y alrededor de una nica expresin subjetiva: la del vencedor. De aqu lo trgico y lo verdaderamente catastrfico que es el que la humanidad se encuentre inmersa en una lgica que concibe en la servidumbre la igualdad formal entre los individuos, en la desigualdad, la igualdad; en la guerra, la paz; en las elecciones dirigidas, la democracia; en las dictaduras latinoamericanas, democracias populares y; en la violencia de las armas, la tranquilidad de la seguridad individual.

De lo anterior se deriva, tambin, la falacia inscrita en el cortoplacismo de los anlisis que comparan a los gobiernos de Obama con la gestin de Trump. Porque ignoran que ya durante su gestin, el entonces presidente Obama, con la venia del Congreso, gast en seguridad y defensa ms de lo que la administracin Trump tiene contemplado erogar; o que el propio Barack Obama premio Nobel de la Paz ya contemplaba un incremento de treinta y cinco mil millones de dlares, en ambos rubros, para su ltimo ao fiscal. Por ello, incluso se el Congreso aprueba a Donald Trump un excedente de cincuenta y cuatro mil millones de dlares, en trminos absolutos, dicho incremento nicamente representara alrededor de diecinueve mil millones de dlares ms de lo que Obama gast.

Y an hay ms. Incluso si la erogacin propuesta por Trump se hace efectiva, ello no cambia en nada el hecho de que hoy, a diecisiete aos de comenzado el siglo XXI, Estados Unidos sigue teniendo el mayor nmero de poseedores privados de armas. En este sentido, Estados Unidos, con nicamente el 4.43% de la poblacin mundial ostenta el 43% del total de armas de circulacin legal alrededor del mundo la cifra ilegal es ms difcil de establecer. Y lo cierto es que ello no sorprende: la industria armamentista le redita a la economa estadounidense ms de seis mil millones de dlares anuales y alrededor de doscientos mil empleos directos en el pas.

Quiz por todo lo anterior valga preguntar si la solicitud presupuestal del presidente Donald Trump es realmente un cambio cualitativo en la operacin del aparato de inteligencia, de seguridad y de defensa estadounidense o si la atencin que dicho acto recibe se debe ms a la aparente negacin, que su persona representa, de todo cuanto Occidente significa y s, aparente, porque en otras latitudes de Occidente las formas de Trump son replicadas bajo criterios polticamente ms correctos.

Despus de todo, con el 22% del Producto Interno Bruto global, Estados Unidos sigue siendo, el Estado con la mayor erogacin en mbitos de inteligencia, militares y de defensa: su gasto en estos rubros es de poco ms de un tercio de las participaciones globales, muy por encima de los presupuestos de la Unin Europea, Rusia y China juntos, constituyendo otro tercio; y del tercio restante en el que se engloban al resto de los Estados. Por eso no sorprende que, contrario a lo que seala la sabidura popular, sean las democracias occidentales esas que ms afirman defender la libertad, la paz, la igualdad y la fraternidad entre las nacioneslas que concentren arriba del 68% del total mundial en gasto blico apenas doce puntos porcentuales por debajo del mximo erogado en 1995.

Estados Unidos no ha dejado de abultar su presupuesto blico en todo lo que va del siglo XXI. Desde los atentados del 11 de septiembre , el gobierno federal ha mantenido el promedio de seiscientos mil millones de dlares dedicado a ese rubro. Y un punto interesante aqu es que, por un lado, arriba del 60% de ese gasto se va a la renovacin constante de equipo como tanques, aeronaves, vehculos terrestres y martimos etc.; y por el otro, que un porcentaje similar sea el que concentra la Armada, por encima del ejrcito de tierra y areo.

El dato del gasto en equipo es interesante porque pone en perspectiva lo importante que es la industria militar, en un proceso de constante e interminable renovacin, para mantener activos grandes flujos de capitales que Estados Unidos sea el primer exportador de armamento no es fortuito. Pero el segundo dato es an ms interesante porque permite visualizar la manera en que ha crecido la potencia martima estadounidense en un mundo en el que, de acuerdo con las principales directrices castrenses de sus colegios de guerra, la principal condicin para mantener la existencia de Estados Unidos es asegurar los flujos econmicos y financieros de todo el mundo. As pues, si la prioridad manifiesta de la administracin Trump es potenciar la actividad comercial de su pas, el correlato oculto de esa narrativa es la exigencia de asegurar militarmente los puntos de extraccin de materias primas, de maquilacin de manufacturas y de mercados de importacin.

Publicado originalmente en: http://columnamx.blogspot.mx/2017/03/la-conquista-de-la-conciencia-por-las.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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