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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2017

El marxismo en Cuba hoy

Natasha Gmez Velzquez
Dialogar, dialogar


Ya no se puede esperar ms [1]

Hace mucho tiempo, la comunidad acadmica y cientfica cubana se debe a s misma una reflexin extraordinaria sobre el marxismo. Esa deuda se remonta a la poca en que tuvimos conocimiento y conciencia para hacerlo (no siempre fue as); actitud (no estoy segura de que esta condicin se mantenga hoy); y no lo hicimos. Ni la cada del socialismo en la URSS y Europa que dej muy comprometido al marxismo, tuvo fuerza suficiente para convocar a dicha discusin.

La ausencia de debates fundamentales y las caractersticas que el marxismo tiene en Cuba, poseen causas que exceden el campo intelectual. Guardan relacin con la historia del socialismo y del marxismo, tambin en nuestro pas [2]. La inexistencia de una cultura marxista que permitiera sostener un criterio de seleccin informado [3]; la familiarizacin unilateral con la teora de personas encargadas de su instrumentacin educativa desde los 60 [4]; y hasta la urgencia revolucionaria (acompaada de autntica avidez, entusiasmo, e inters por la teora), terminaron facilitando la imposicin progresiva de la especfica versin sovitica denominada marxismo-leninismo [5], que apaga los espritus tericos, y sobre la cual se acumula casi un siglo de crticas (para 1960, esa valoraciones negativas databan de tres dcadas y ms). No obstante, puede aceptarse que en los inicios, se hizo lo que se pudo

En la actualidad, reconsiderar el marxismo su enseanza, edicin, investigacin, no ha de ser un acto coyuntural sino estratgico. Este ejercicio reflexivo, crtico, y proactivo no puede ser postergado ms [6]. Paradjicamente, despus de los aos 90 pareciera que existen actitudes de nihilismo y escepticismo hacia todo el marxismo.

El objetivo no puede consistir en engaarnos: efectuando una exgesis ms; sustituyendo aleatoriamente el discurso terico que se repite por uno nuevo o actualizado (que cambia el orden de los asuntos o reincorpora los que se pusieron en reposo, empleando el mismo criterio voluntarista); o injertando contenidos ajenos a la preocupacin marxista utilizando de manera instrumental su nombre. Y pretender hacer todo esto, sin que medie un verdadero ejercicio intelectual o desde fuera de la ciencia! No. Se trata de preguntarnos: el marxismo corriente es marxismo? Eso obliga a estudios y debates, que no son de un da, lgicamente.

Las premisas de un eventual debate no pueden seguir siendo apriorsticas. Las de siempre: tradicin; emocin; facilismo (lo sabido o lo que se cree saber); el discurso vaco (pero que, desde el desconocimiento, se considera correcto); las empatas personales (el llamado aleatorio a especialistas, cuyos criterios o silencios son conocidos y predecibles, y no van a disentir, sino a confirmar); los dogmas; y la norma. Todas estas constituyen actitudes tan interiorizadas, que no las reconocemos como tales y las continuamos reproduciendo. Esas, las confortables premisas de siempre, han negado las condiciones de posibilidad para la vida no reductible a la condicin de existencia de una autntica intelectualidad marxista.

La reflexin que corresponde debe ser extraordinaria (en su sentido literal); abierta (por los alcances sociales de este asunto); radical; y fundarse realmente en el conocimiento y la investigacin, con teoras y estudios histricos primarios. No es momento de doxa, catarsis, indiferencia, negligencia, enamoramiento facilista que ciega (y convierte a X interpretacin de segunda mano, en piedra filosofal), o saber vulgar y ordinario. Tampoco puede reducirse a la confirmacin del pasado/presente por medio de consultas a los considerados a priori expertos, sino de un debate que involucre a especialistas con capacidad y disposicin para avanzar (las dos dimensiones, son imprescindibles). El resultado de tales debates ha de expresarse en una transformacin efectiva (en sentido marxiano) y no aparente.

Entretanto, el marxismo comn contina siendo el marxismo-leninismo, de efectos nocivos para la teora y la poltica socialistas, y que se diferencia y opone a la naturaleza crtico-revolucionaria del marxismo y leninismo originarios, y a su ms legtima tradicin. Una vez ms, no por denominarse comnmente sovitico (y ese no es todo el marxismo sovitico! [7]), representa la dignidad de la Revolucin bolchevique y sus lderes; no por denominarse marxismo-leninismo expresa la teora y la praxis de Marx, Engels, y Lenin; es ms bien todo lo contrario. No por haber autolegitimado el monopolio de los nombres (en poca de intrigas, purgas, y pugnas por el poder inmediatamente despus de la muerte de Lenin, durante el resto de la dcada del 20 y los aos siguientes), es el nico marxismo. Es, una tendencia bien definida e identificada casi siempre a travs de sus errores tericos y polticos, al interior de la plural tradicin que inicia en Marx. Este es un asunto que el universo marxista diagnostic, debati, describi, y super hace dcadas. Hay que ponernos al da. Cmo ser marxista, sin conocer crticamente su teora e historia, o su presente diverso?

Sin embargo, an no existe consciencia del carcter necesariamente mltiple, y por tanto, heterogneo y contradictorio de la tradicin marxista, o de que nuestro marxismo intelectual no es El marxismo (porque tal cosa no existe).

Las investigaciones genealgicas recientes iniciadas en los aos 90 sobre la trayectoria del marxismo en Cuba y sus conflictos en los 60, no han logrado un replanteo fundamental de la teora, una reconstruccin personal y colectiva de los conceptos y su historia, o una consciencia crtica generalizada sobre el marxismo corriente. No han promovido la pasin por volver con ojos propios a Marx y a todo el marxismo clsico de fines del XIX e inicios del XX que ha sido omitido Luxemburgo, Trotski, Pannekoek, Korsch, Lukacs, y tantos otros; a las especificidades tericas de Engels y Lenin; e ir al encuentro de Adorno, Horkheimer, Marcuse, Benjamin, Sartre, Habermas, Althusser (Gramsci est tan de moda que ha entrado en la norma), y a los ms contemporneos an, que integran el marxismo a polticas de izquierda en Cuba, Latinoamrica y el mundo. En el contexto cubano, las lecturas extemporneas de algunos de los nombres citados y de otros, pueden resultar inmensamente reveladoras en pleno siglo XXI.

Si lo sugerido pudiera parecer simple historia de la que se puede prescindir, hay que recordar que el marxismo es su historia. A diferencia de otros discursos, en el marxismo cada concepto, cada praxis, cada libro, solo tiene sentido en relacin con su contexto. Adems, los nombres citados y otros tantos, no son personajes de reparto (prescindibles) del verdadero y exitoso marxismo; tampoco fueron siempre, por siempre y para siempre la negacin (criticada, equivocada, tergiversada) del pensamiento de Marx o Lenin; ni su repeticin, pues tienen su propia obra; ni siquiera constituyen precisamente su continuidad.

Las contradicciones y polmicas de la historia y el presente del marxismo, no pueden seguirse interpretando segn la lgica aristotlica: si un enunciado es verdadero histricamente exitoso, el otro es falso. La voluntad polmica de ayer y hoy, no obedece a la erudicin ni a las caractersticas personales de los lderes marxistas. Obedece a la necesidad de definir estrategias polticas, que no pueden contrastarse con ninguna verdad prescrita. En ese sentido, puede decirse que cada uno de esos tericos y revolucionarios, daba constantemente un salto al vaco. Formados en culturas marxistas (no solo!) distintas y con urgencias propias de sus naciones y Partidos, se sentan en igualdad para contender ante la praxis poltica. Precisando: la capacidad de reflexin personal de la inteligencia militante entendida como cualidad poltica, y la voluntad crtico-polmica, constituy siempre ayer y hoy un signo de vitalidad y no de vergenza para la tradicin marxista.

El marxismo es crtico y contradictorio. Ni lineal, ni positivo, ni siempre y nicamente exitoso. No solo son Marx, Engels y Lenin. Desde los aos 90 es de buen gusto incluir a Gramsci, y en poca ms reciente se menciona a Luxemburgo, sin especificar que la dimensin de su obra solo es comparable a la de Lenin (su coetneo). Sin embargo, siempre se les sita a uno detrs de otro, como desarrollo de las tesis del anterior en las nuevas condiciones. Pero, No. Es tambin: Engels distinto a Marx; Lenin diferente de Marx; Lenin igual a Engels y ambos diferentes de Marx. Incluso es Marx versus Marx, hasta resultar difcil de comprender. Al marxismo originario no se le puede adjudicar una razn terica a priori, porque no se escribi de una vez, tiene inconsecuencias, bsquedas, reconstrucciones, vacos y problemticas coyunturales.

De manera que no existe una teora marxista sobre la organizacin poltica, la institucionalidad, la estrategia, el imperialismo, la Revolucin, o el materialismo. Debemos considerar la feliz oportunidad de contar con soluciones tericas diversas a un mismo asunto. Esto no significa que se asuma el marxismo de manera relativista, sino que hay que estudiarlo todo (si de estudiar se trata!).

Descuidar, excluir, omitir, o desconocer sistemticamente una parte significativa de esa produccin poltica, no es un simple error cometido en nombre de la didctica o de que el auditorio no es especialista. Eso es falsear el marxismo y su historia. El relato de un marxismo sin vida real solo puede alejar a los potenciales interesados. Ser que eso nos ha pasado?

Un obstculo que no puede ser subestimado, radica en nosotros mismos. Las personas comprometidas con el marxismo en Cuba, hemos sido formadas en el paradigma de ese marxismo de manual que prolonga hasta la actualidad su estatus hegemnico (aunque hoy reciba otros nombres y tenga otro sumario). De manera que cualquier accin de juicio tiene implicaciones epistmicas, existenciales y sociales que se resisten, por definicin, al autoexamen crtico. Adems, ese tipo especfico de marxismo ha generado una actitud de fidelidad, que hace parecer el inters por otras interpretaciones legtimo y necesario, si se pretende ser intelectual orgnico, como hereja.

Por otra parte, la prctica terica mantiene divisiones disciplinares. Aquello que recordaran Lukacs, Korsch, y Gramsci, sobre la esencia originaria del marxismo como teora unitaria de la revolucin, ha quedado fuera de consideracin, en favor de una desmembracin de contenidos positivos que se expresa por excelencia en la docencia y en nuestras propias formaciones perimetrales [8]. Los filsofos no dominamos la economa poltica (no se trata de sacar cinco puntos en la Asignatura!) y viceversa. Cmo afirmar entonces que somos marxistas o somos especialistas en marxismo, si no poseemos la capacidad sinttica en su sentido teortico para comprender los fundamentos totalizadores de la obra de Marx?

Una consecuencia de ese marxismo vulgar consiste en la interpretacin determinista. Esa tesis en su carcter absoluto y estructural, simplemente no se corresponde con la experiencia histrica de las revoluciones ni del socialismo. Tambin se relegan contenidos histrico-sociales a status de segmento particular de una concepcin del mundo especulativa, expresada en leyes y categoras en abstracto, que supuestamente sirven para efectuar cualquier anlisis y garantizan correccin poltica. Esta conversin traiciona el legtimo objeto de investigacin marxiano: clases, plusvala, enajenacin, Estado, poltica, capitalismo, modo de produccin, praxis, mercanca, ideologa, revolucin Estas son las autnticas categoras de Marx.

Otro problema consiste en la presencia de actitudes excluyentes que discriminan sin criterio fundado todo marxismo de autor, porque el marxismo-leninismo en particular por su esencia y gnesis es estandarizado, y desconoci siempre lo que se produjo ms all de sus fronteras intelectuales (tambin con carcter retroactivo, es decir, antes de abril/mayo de 1924).

Muchos de los nombres omitidos o a los que nos referimos con negligencia, vivieron solo para la idea (aunque fuera solo para la idea!) de la Revolucin. Resulta necesaria, entonces, una deconstruccin lgica e histrica a la vez, para concretar una definitiva y demorada ruptura con el marxismo sistmico que confunde todo en un solo pensamiento supuestamente verdadero y siempre exitoso fundido en monolito falso.

La inconsistente voluntad de saber en que nos encontramos obedece, por ejemplo, a la imposibilidad de disponer de una voluminosa informacin que se ha generado internacionalmente al interior del marxismo (no solo!), y que ha estado por dcadas a disposicin de las viejas y nuevas izquierdas. En consecuencia, profesores, especialistas y ciudadanos no han podido ir asimilando esos contenidos en tiempo real. La deuda de lecturas es extensa y se sigue acumulando.

Este panorama se hace visible en los escasos foros donde caben los estudios de marxismo en s. En estos eventos cientficos se multiplican las presentaciones formales que repiten lo de siempre y lo de casi todos. Falta debate informado y actualizado. A penas se perciben evidencias de investigaciones seguidas y sustentadas con criterio personal.

Adems, resulta insuficiente la capacidad integrativa de saberes (dialctica de historia, poltica (tambin a nivel noticioso), economa, filosofa, arte, situacin ambiental, avances cientficos). Y esa carencia de capital cultural como deca Pierre Bourdieu resulta, por definicin, incapaz de reconocer su propia condicin.

Por otra parte, todava se reservan espacios de gran convocatoria y amplificacin a voces que han probado no tener disposicin hacia la reflexin, la crtica y la superacin de su propio discurso, construido a la medida de la norma. Cuando se niegan sistemticamente a incorporar variedad de fuentes histricas y tericas, y al empleo de recursos hermenuticos que expongan las posibilidades analticas y polticas del marxismo proponiendo, en cambio, tesis de sentido nico, simplificado y muy reiterado, continan contribuyendo a alejar a otros y a la opinin pblica del inters por esa teora.

Otra fuente de problemas proviene del ejercicio laboral de personas de profesin marxista y no de vocacin (y formacin) marxista, que se pronuncian desde fuera de la ciencia. Esta zona externa, ajena totalmente a los parmetros de rigor (y de imaginacin) de estudio e investigacin, se ha legitimado a travs de habilitaciones masivas con fines docentes; y adems, por medio de la percepcin de que ser polticamente correcto califica automticamente para hablar de marxismo. El marxismo no es tratado como ciencia [9].

Las interrogantes, proposiciones, tendencias, y diversidad histrica y terica que el marxismo ha generado lo que constituye esta tradicin terico-poltica, puede comprenderse nicamente por medio de conocimientos sistematizados y presupuestos intelectuales (me refiero al deber ser de la dimensin cientfica y acadmica). Solo una operacin de reduccin instrumental sucesiva y reiterada en el tiempo, puede sugerir otra cosa.

Y, si de la formacin de sujetos polticos se trata, no est de ms recordar que desde la propia plataforma marxista (para no ir a Aristteles), se entiende que la poltica coincide con el espacio existencial humano. De manera que hacer ciencia o literatura y ensearla biologa, matemtica, arte, comunicacin, diseo, es tambin hacer poltica. La educacin ideolgica para referirme solo a lo institucional ocupa todo el espacio escolar. Por qu confinarla a la hora de marxismo? Conviene recordar entonces el sentido fundamental y no otro! de una de las tesis antolgicas de la ejemplar Rosa Luxemburgo, relativa a que la Revolucin no se aprende en las Escuelas, sino en la vida poltica activa [10].

En contraste con la prosperidad que exhiben otras reas del conocimiento en Cuba, casi no parece producirse marxismo en s. Incluso, prometedoras inteligencias han reencauzado su talento hacia temas y campos ms provechosos en varios sentidos y prestigiosos desde la percepcin social, a la vez que resultan menos problemticos! No obstante, es cierto que puede admitirse la existencia de un trabajo cientfico desde presupuestos metodolgicos, conceptuales, polticos y utpicos marxistas. Sin embargo, ms all de las individualidades, el dominio hegemnico del marxismo vulgar una generacin tras otra con su libro de certezas, omisiones y demarcacin de legitimidad ha terminado por apagar la preocupacin terica. Esa situacin no se instal durante los 90, ms bien se prolonga ya por largas dcadas.

Generaciones de cubanos viven creyendo que solo hubo tres marxistas. En el mejor de los casos, ciertas nociones de marxismo permanecen en el sentido comn en calidad de conocimiento positivo que se da por aprendido despus de haber aprobado un examen escolar, o se retienen en el pensamiento como sello de identidad poltica. Hemos llegado a un punto donde nuestro problema fundamental hoy en los mbitos de la enseanza, la investigacin, la divulgacin, y las ediciones esta ltima resulta de primersimo orden, consistira en emprender una verdadera arqueologa crtica del marxismo corriente.

Pero todo esto era ya sabido en Cuba a fines de los 60, e internacionalmente al trmino de la dcada del 20 del siglo XX.

No pretendo ser original

Notas:

1. El presente texto refiere ciertas cuestiones de naturaleza crtica, especialmente relativas a la enseanza y a la esfera acadmica. Se ha seleccionado este enfoque (y no otro, que pudiera resultar ms balanceado y posible tambin de concebir), en el entendido de que solo identificando los problemas, pueden ser superados. Decid emplear estos minutos y espacio, para pensar, escribir, y hablar, sobre lo que considero que dejamos de hacer y s se puede hacer. Por otra parte, las intervenciones de otros compaeros en Dialogar, dialogar, me motivaron a (re)considerar y precisar algunos asuntos.

2. Ver Bibliografa de la autora sobre el tema, por ejemplo: 2017, Edicin Revolucionaria (R): memoria y nostalgia del saber en Cuba. Entrevista a Rolando Rodrguez, fundador y director de Edicin Revolucionaria (4 de febrero de 2016). Revista Estudios de desarrollo social: Cuba y Amrica Latina, FLACSO, Vol. 5, No. 1; 2015-2016, El marxismo: su difusin y enseanza darwinista http://www.filosofa.cu, No. 28, set-junio; 2016, Marxismo GUIN Leninismo, conferencia para profesores de la Facultad de Filosofa e Historia de la Universidad de La Habana (indito); 2014, Definiendo el Pensamiento Crtico. Revista Temas, La Habana, No. 80; 2006, La divulgacin del marxismo en la revista Pensamiento Crtico, Marxismo y Revolucin, Ciencias Sociales, La Habana; y 2001, La difusin del marxismo en las publicaciones peridicas cubanas: 1959-1970, Tesis de Doctorado, Indita, Universidad de La Habana.

3. Por una parte, antes de 1959 Cuba haba estado sometida a propaganda anticomunista, y por otra, el marxismo que lleg a sectores polticos muy localizados, era el que se consider oficial dentro de la Tercera Internacional, institucin definitivamente desfigurada en sus objetivos, funcionamiento, organizacin, estrategia y teora polticas despus de la muerte de Lenin.

4. La masificacin de la enseanza del marxismo por vas institucionales, se inici en diciembre de 1960 con la inauguracin de las Escuelas de Instruccin Revolucionaria (EIR), y un poco ms tarde, con la Reforma Universitaria de 1962.

5. Cuestin referida tambin por el Diputado Dr. en Ciencias Filosficas Miguel Limia David, en la Sesin Plenaria de la Asamblea Nacional (diciembre de 2015, presentado en la Televisin Nacional).

6. El proceso de perfeccionamiento de la enseanza del marxismo en las Universidades cubanas (2015-17), impulsado por el Ministerio de Educacin Superior (MES), puede ser una oportunidad para adoptar criterios pedaggicos, fundados en investigaciones y consensuados por medio de debates cientficos.

7. Adems, la URSS proporcion a la Revolucin Cubana, por dcadas, una extraordinaria ayuda de todo tipo que ha de reconocerse y agradecerse. En este sentido, puede recordarse lo que ha hecho la Unin Sovitica por nosotros. Palabras dichas por Fidel en la circunstancia contradictoria de la crisis de octubre, cuando surgieron algunas discrepancias. Informe del Comandante en Jefe Fidel Castro al pueblo de Cuba. Posicin de Cuba ante la crisis del Caribe. (Discursos, Declaraciones, Comunicaciones, Cartas y Documentos publicados durante la Crisis). COR, 1962. pgs. 71; 73.

8. Me refiero a los graduados de Filosofa marxista-leninista (Universidades de La Habana, Santiago de Cuba, y Las Villas); Economa Poltica (esta ltima especialidad cerr hace muchos aos, pero como saber e investigacin slida no necesariamente como carrera universitaria cunta falta nos hace en su proyeccin educativa y de estrategia social!); y de Marxismo-leninismo e Historia en las Escuelas Pedaggicas (perfil que segn se ha dicho en los medios de comunicacin nacionales apenas tiene matrcula). El resto de las personas dedicadas hoy al marxismo fundamentalmente dentro del sistema educativo, y que la sociedad inviste de autoridad para su ejercicio cuyo nmero crece, por distintas razones prcticas, no son graduados de estas carreras.

9. Lenin recuerda y confirma la tesis de Engels: el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. En Qu hacer? dedica amplio espacio a destacar la importancia del conocimiento terico del marxismo frente a las formas ms estrechas de actividad prctica, y argumenta: la amplia difusin del marxismo ha ido acompaada de cierto rebajamiento del nivel terico. Mucha gente, muy poco preparada e incluso sin preparacin terica alguna, se ha adherido al movimiento por su significacin prctica y sus xitos prcticos. Lenin, 1960, Qu hacer? Obras Escogidas en 3 tomos, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Mosc, pp. 143-146.

10. Algunos de los compaeros presentes en el espacio Dialogar, dialogar, sealaron que el marxismo es una teora poltica obrera, extensible en las condiciones de nuestro pas, a los trabajadores y la ciudadana. Hicieron notar, sin embargo, que el trabajo dialogado de preparacin marxista (por tanto, poltica) con el pueblo, resulta insuficiente. Personalmente, suscribo la idea de que el marxismo tiene que encarnar en las masas (forma parte de su ideologa, junto con el pensamiento nacional y latinoamericano, que conforma nuestra plataforma revolucionaria) y que debemos dirigirnos tambin hacia ese propsito. Hago constar que no por referirme en este texto a la esfera acadmica, dejo de comprender o compartir ese criterio. Ms bien, lo confirmo.

Fuente: http://dialogardialogar.wordpress.com/2017/03/27/el-marxismo-en-cuba-hoy/


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