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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2017

La excepcin espaola en medio del antieuropesmo rampante

Carlos Elordi
eldiario.es

Espaa carece de un pasado que pueda servir a un oportunista para construir un mensaje nacionalista y antieuropeo


Las celebraciones del 60 aniversario del Tratado de Roma han tapado durante un par de das el antieuropesmo rampante en buena parte de los pases miembros de la Unin Europea y particularmente en los que son sus socios fundadores. Faltan pocas semanas para saber si Francia, con una victoria de Marine Le Pen, convierte en drama ese fenmeno, que es el ms conspicuo entre los muchos y graves a los que tiene que hacer frente la UE. Ese riesgo agita hoy las cancilleras y los medios del continente. En Espaa pasa casi desapercibido. Lo cierto es tambin nuestro pas es, junto a Portugal, el nico en el que el antieuropesmo es prcticamente inexistente.

En Francia, en Italia, en Holanda e incluso en Alemania, por no hablar de Inglaterra, las denuncias sobre los males que provoca la Unin son moneda corriente en el debate poltico y ciudadano y generan adhesiones masivas en no pocos casos. Aqu ese argumento no se esgrime en mbito alguno. No hay entusiasmo por Europa, en Espaa no hay entusiasmo ni ilusin por nada, pero Bruselas tampoco provoca rechazo. Y en todo caso a ningn partido se le ha ocurrido hasta ahora atizar ese fuego, porque todos ellos creen no se entendera o que dejara fros a sus seguidores.

Las razones de esa excepcin hay que buscarlas en la cultura poltica de la Espaa democrtica y tambin en las circunstancias que el pas ha vivido en los ltimos tiempos, particularmente desde que estall la crisis. Empezando por la de que el reconocimiento por parte de Europa, la entrada en la UE, fue la bandera de la transicin democrtica, el objetivo que inclua todos los dems y con el que se identificaron no slo casi todo el cuadro poltico sino tambin la mayora de los ciudadanos.

Fue seguramente el nico sueo que se realiz plenamente. Y eso no ocurri hace tanto tiempo como para que se haya olvidado. Adems, desde entonces y hasta hace relativamente poco, la relacin con Europa ha sido muy beneficiosa para Espaa en la percepcin del comn de los ciudadanos. Mucha gente corriente sabe, por experiencia propia y directa, que los fondos y las subvenciones europeas han sido el principal motor de la extraordinaria transformacin y modernizacin que ha sufrido nuestro pas. Y tiene la sensacin, o la constancia, de que ese man no ha dejado de llegar a pesar de la crisis, hasta hoy mismo.

S, fueron Angela Merkel y Bruselas los que en 2010 obligaron a parar y a recortar. Pero aparte de que el impacto macroeconmico y social de aquel golpe fue bastante menor que el que produjo el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, a la hora de repartir las culpas del mismo la peor parte se la llev Jos Luis Rodrguez Zapatero y el gobierno socialista de aquel momento. Porque llev a la prctica sin rechistar lo que le ordenaron las autoridades europeas, pero tambin porque se crey que haba engaado a la gente ocultando hasta el ltimo minuto la gravedad de la crisis. Entre los que saban un poco ms del asunto a esos elementos se aadan su errtica poltica econmica, sus decisiones sin sentido y su falta de voluntad para meter en vereda a la banca y a los especuladores.

Lo cierto es que aqu no ocurri como en Grecia, en donde la UE, el BCE y el FMI, y particularmente la canciller alemana y su ministro de finanzas Schuble aparecieron siempre como los verdugos del pas. Hasta hoy mismo, cuando segn varios sondeos, el "no" a Europa ganara en un referndum que perfectamente podra ser convocado dentro de algunos meses.

En Espaa hasta ahora nadie ha entonado el "Europa es culpable" que junto al antiislamismo y al rechazo a los emigrantes constituyen los puntos fundamentales del programa con el que la ultraderecha francesa pretende alcanzar la presidencia de Francia. Y que, con algunos matices, han sido tambin los mensajes que han propiciado la victoria del Brexit en Inglaterra.

Claro que tambin en la cultura poltica de la Espaa actual no existe nada parecido a la aoranza del imperio que sienten tantos ingleses, ni el sueo de la grandeur, de la grandeza de Francia en el mundo, que desde el general De Gaulle lo convirti en el eje de su poltica, comparten tantos habitantes del pas vecino.

Porque aqu, salvo entre unos pocos franquistas colocados fuera del tiempo, cualquier mirada hacia el pasado provoca escalofros, si no horror. Es el recuerdo del hambre y de la miseria que sigue presente entre buena parte de la poblacin espaola, aunque no las hayan vivido directamente y slo les haya llegado porque se lo han transmitido sus padres y sus abuelos.

Espaa carece de un pasado que pueda servir a un oportunista para construir un mensaje nacionalista y antieuropeo. A su manera, como poco tosca y en todo caso aorante del franquismo, Jos Mara Aznar intent ese camino con su pacto con Bush y su enfrentamiento con Francia y Alemania, la "vieja Europa", con ocasin de la guerra de Irak. Los atentados de Atocha y la derrota electoral de 2004 acabaron con ese experimento. Rajoy, despus de aquel estentreo y falangista "Viva Espaa!" de la plaza de Coln, se ha cuidado muy mucho de hurgar en esa herida.

La derecha espaola ms rancia, que sigue sin ser demcrata como hay que serlo y que manda en el PP, no necesita de banderas como esas para seguir para adelante. Tampoco de agitar la causa del antiislamismo o la del rechazo a los inmigrantes. En la poca de Aznar tuvo sus tentaciones a este respecto. Afortunadamente las aparc pronto. Porque no tenan sentido en una poca en la que el boom de la construccin demandaba millones de trabajadores. Y menos luego, cuando todo se vino abajo, y hasta un 40% de los que haban venido se volvieron. Y hoy, cuando con un ndice de paro del 21%, a ninguno se le ocurre venir.

El nacionalismo espaol, que existe, aunque con los lmites apuntados, y que es de derechas y de izquierdas, hacia donde dirige sus tiros en las presentes circunstancias es contra los catalanes que son independentistas o meramente autonomistas radicales. Hasta hace poco tambin contra sus homlogos vascos. La cosa queda en casa, aunque puede explotar. Los malos estn ah, no en Europa. Aqu nadie quiere que Espaa se salga de la UE. Para qu? Slo con formularla esa perspectiva asusta. Lo malo es que si las cosas van muy mal, que puede, aunque tambin no, nuestros polticos no van a saber qu hacer en medio del desaguisado.

Fuente: http://www.eldiario.es/miradaalmundo/excepcion-espanola-medio-anti-europeismo-rampante_6_627197298.html



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