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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2017

Rulfo, Comala y Ayotzinapa

Ricardo Hernndez Ruiz
Rebelin


Hay fechas varias. Estn las que, por alegricas, reclaman conmemoracin; las hay de quebranto, pero que, como bellas nenfar, flotan en medio del pantano, enraizndose muy en el fondo de la memoria; y tambin las nimias, que no llegan ni a hacer lugar.

Este ao se cumplen 100 aos del nacimiento de Juan Rulfo. Escritor de escasas publicaciones, ms no de ideas. Sus libros resultaran ser un punto de inflexin para la literatura mexicana; sobre todo el segundo: Pedro Pramo. Esta seera novela es de esas obras en las que la primera lectura significa, en verdad, apenas comenzar a leerla. Hay tantos elementos por analizar como pasajes hermosos y meticulosamente pensados.

Pedro Pramo trata de la historia de un viaje, uno muy especial: el de la bsqueda de los orgenes del protagonista, Juan Preciado. Vine a Comala porque me dijeron que ac viva mi padre, un tal Pedro Pramo. La trama se desenvuelve en medio de escenarios vetustos, erosionados, infrtiles y polvosos. Hablamos, si cabe, de un polvo braudeleano: ese que se levanta y se mete en los ojos, impidiendo ver las cosas con claridad. Tal cual ocurre cuando intentamos hacer memoria, especialmente si aquello que ocupa nuestra preocupacin tiene un cariz traumtico y an no ha logrado ser significable, transmisible.

El confuso trajinar de Juan Preciado, adems, tiene lugar en medio de un pequeo poblado circundado de tragedias mltiples, encarnadas en cada uno de los diferentes personajes: unos en huida eterna, otros aislados, traicionados o asesinados, los ms, olvidados.

Todo en Comala es escaso, hasta la existencia. La entretena dndole de mamar sus senos, que no tenan nada, que eran como de juguete. Los personajes, sin excepcin, transcurren como si no existieran. No estn ustedes muertos? les pregunt/ Y la mujer sonri. El hombre me mir seriamente /Est borracho dijo el hombre/ Solamente est asustado dijo la mujer. De ah que el autor definiera la obra como una novela de fantasmas. O de pobres, que, hablando desde Mxico, parece lo mismo. Si usted viera el gento de nimas que andan sueltas por la calle.

 

Los aos posteriores a la publicacin de Pedro Pramo, Rulfo pas desapercibido. Slo se vendi la mitad del primer tiraje dos mil ejemplares, los dems fueron destinados para obsequios; aunque despus sera muy diferente. Era un momento de transicin. De a poco, la novela postrevolucionaria iba quedndose sin autores ni lectores. Consciente de ello, el tambin fotgrafo, opt por incursionar en otro gnero y estructuras.

Como record alguna vez Carlos Monsivais, Rulfo no conoca [renegaba?] la estrategia del clmax. Una muerte como la de Pascual Duarte en la obra del tremendista Jos Camilo Cela, para Rulfo no es ms que una pauta. Bien saba que la tragedia por la que estamos pasando, la ltima no ha de ser, que lo peor siempre est por pasar. Somos un cmulo de tragedias.

La novela plasm, como pocas, la condicin precaria de los mexicanos, inmersos en la incertidumbre de la (in)existencia propia o ajena. Tal vez, hoy ms que nunca en Mxico, la angustia que ello genera se ha propagado por cada recndito. Se puede percibir un miedo generalizado a ser detenido, levantado, torturado, cateado, asesinado, desaparecido o, peor an, olvidado.

Al dar lectura al texto es inevitable no sentir alusin alguna. Este mes se cumplen dos aos y medio de la desaparicin de nuestros 43 compaeros de Ayotzinapa y an no sabemos el paradero de ninguno de ellos. Esta condena la conocen perfectamente aquellos fantasmas que, al igual que los normalistas, se encuentran en un estado de indefensin, parecen estar como en espera de algo que los saque de su permanente letargo. No es acaso toda esta obra un exhorto para hacer algo por nuestros muertos, desaparecidos y olvidados?

Ese algo debiera ser, como dice Stefan Gandler, el interrumpir la prolongacin de la soledad de los muertos y desaparecidos, arrancarlos de las manos del olvido y abrirles un espacio en nuestra memoria individual y colectiva.

No se muere quien se va, slo muere aquel al que se olvida. Ricardo Hernndez Ruiz, militante de Colectivo Ratio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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