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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2017

No hay respuestas sencillas al problema de los refugiados y la inmigracin

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


Introduccin

El movimiento a travs de las fronteras de millones de emigrantes provoca profundas divisiones polticas, violencia y un aumento de los movimientos de masas que se enfrentan a la unidad de la Unin Europea (UE) y desafan la supervivencia de los partidos polticos dominantes en Europa y Estados Unidos.

Tanto los movimientos y partidos progresistas a favor de la inmigracin como aquellos de derechas que se oponen a ella proponen soluciones sencillas y atacan a sus adversarios con diatribas polticas. La derecha y la izquierda se enzarzan en una guerra perdida, basada en omisiones histricas, supuestos abstractos y confusos y propuestas destructivas.

En este artculo, proceder a esbozar un marco que nos permita comprender las implicaciones polticas, econmicas y de seguridad que forman la clave para afrontar la inmigracin.

El pasado y el presente

Si queremos acometer un debate serio sobre la inmigracin, es preciso centrarse en dos factores fundamentales: el tiempo (momento histrico) y el lugar, que actan fomentando el flujo y la absorcin de los inmigrantes.

En el pasado, la inmigracin prosper en periodos en los que los pases experimentaban: (1) un crecimiento rpido de la produccin; (2) un aumento de la demanda de mano de obra; (3) una actividad sindical capaz de integrar a nuevos trabajadores (inmigrantes) y proteger los ndices y las condiciones salariales existentes para todos; (4) una cooperacin y solidaridad intersectorial de la mano de obra que disminua los conflictos entre trabajadores nativos e inmigrantes; (5) programas asistenciales inclusivos y equitativos; (6) guerras locales, no globales; y (7) una violencia limitada al exterior de Estados Unidos y la UE. En dichos periodos, los mayores receptores de inmigrantes eran Europa y Amrica del Norte.

Estas condiciones no bastaban para eliminar la competencia y el conflicto, pero s para limitar su naturaleza y marco temporal y posibilitar una integracin satisfactoria.

Si estas condiciones sentaban las bases para una inmigracin relativamente apacible, su ausencia ha intensificado el conflicto al producirse un creciente flujo de inmigrantes, provocando graves problemas polticos. Los progresistas, que se remiten al modelo de inmigracin de la Isla Ellis1, ignoran las actuales condiciones socioeconmicas desfavorables, negndose a aceptar los enormes cambios socioeconmicos y polticos ocurridos desde entonces que hacen tremendamente difcil la absorcin de nuevas oleadas de inmigrantes.

Inmigracin en masa y guerras imperiales

La inmensa mayora de los refugiados de hoy da huyen de las guerras promovidas por Occidente. Se trata de guerras totales, diseadas para destruir a la poblacin civil y no solo a las instituciones y estructuras militares. En los ltimos veinte aos, EE.UU. y la UE han iniciado siete guerras devastadoras que han acabado con las vidas de lo que hasta entonces eran familias cohesionadas y productivas, con sus hogares y sus granjas, sus empleos, sus instituciones y su seguridad. Millones de personas han sido empujadas al exilio.

La inmensa mayora de los nuevos emigrantes son refugiados de los pases atacados por EE.UU. y la UE y su sufrimiento no tiene un final a la vista. Durante la Segunda Guerra Mundial y su posguerra, los refugiados experimentaron enormes sufrimientos, pero por lo general fueron absorbidos o repatriados e integrados en la reconstruccin de sus hogares y sociedades. Esta transicin se vio favorecida por la gran escasez de mano de obra (ms de 40 millones de personas, hombres en su mayora, murieron en la Segunda Guerra Mundial!) y por la demanda econmica que exiga la reconstruccin de posguerra. En dicho periodo histrico, los movimientos pacifistas occidentales consiguieron limitar el alcance y la duracin de las guerras. Hoy en da, esos movimientos han desaparecido. Las guerras actuales se disean para ser interminables y totales, en trminos de la destruccin de la infraestructura civil y las instituciones nacionales.

En los ltimos veinte aos, los movimientos a favor de la paz han desaparecido. Ello se debe en gran parte a que las guerras potenciadas por Estados Unidos y la UE cada vez se basan ms en el uso de bombardeos devastadores y masivos, ya sea desde el aire o desde buques de la armada, que reducen mucho las bajas occidentales. La mayor parte de los movimientos contra la guerra se nutran de la ira producida en el seno de los diferentes pases cuando sus propios soldados regresaban a casa en bolsas para cadveres.

Actualmente, las condiciones econmicas internas se han deteriorado extremadamente. Los regmenes capitalistas han impuesto polticas econmicas brutales que han aumentado el desempleo y el trabajo temporal mal pagado. El desempleo se acerca al 50 % entre los jvenes de Europa meridional, una regin inundada de refugiados desesperados.

Adems, las polticas imperiales no han dejado de aumentar el gasto militar destinado a las guerras al tiempo que imponan medidas de austeridad, recortando los programas sociales internos.

En este contexto, los nuevos emigrantes, especialmente los refugiados de las guerras imperiales, entran en competencia por los reducidos recursos pblicos y los salarios drsticamente mermados. Esta competencia empuja a la baja los salarios para todos los trabajadores, facilitando enormemente las condiciones para que se produzca una explotacin brutal.

La intensa competencia por el empleo entre trabajadores nativos e inmigrantes es consecuencia de las guerras capitalistas y de las deliberadas polticas econmicas internas para costear dichas guerras. Todo ello crea una mayor inseguridad y acelera la movilidad descendiente experimentada por la clase obrera y la clase media baja.

En el pasado, cuando se producan ese tipo de presiones y condiciones, los trabajadores protestaban, organizaban la resistencia y la lucha de clases. En la actualidad, los sindicatos han dejado de unificar a trabajadores antiguos y nuevos para crear una fuerza poderosa que se oponga a los peores excesos del capital. La afiliacin sindical ha cado vertiginosamente. Los lderes sindicales han cambiado la militancia y la independencia por alianzas interesadas con los polticos capitalistas. Los sindicatos ya no protegen los intereses bsicos de los obreros y sus familias, se limitan a seguir las iniciativas de los partidos progresistas pro-inmigrantes que son un brazo de la clase gobernante capitalista-militarista.

Los trabajadores no son racistas cuando se resisten a un mayor deterioro de sus ingresos y su nivel de vida: intentan proteger su empleo y los beneficios y programas asistenciales para sus familias en un entorno de creciente inseguridad y explotacin capitalista.

En el pasado reciente, los trabajadores podan confiar en tener empleos estables y salarios crecientes gracias a una potente economa industrial interna. Esos mismos trabajadores, a quienes ahora se califica de racistas, solan aceptar a los trabajadores inmigrantes en sus fbricas, sus escuelas y sus barrios. Pero eso era decenios antes de que consideraran a la multitud de refugiados e inmigrantes destituidos que huyen de las guerras y la destruccin causadas por EE.UU.-UE como una amenaza a su sustento y al futuro de sus hijos.

A diferencia del pasado, cuando el capital internacional transportaba las materias primas extradas en el extranjero hasta la metrpolis para que fueran procesadas por los fabricantes locales, hoy en da, las multinacionales han deslocalizado sus industrias a pases de salarios bajos, provocando con ello la prdida de empleos internos y el descenso del nivel de vida. Importadores y minoristas como Wal-Mart emplean a los trabajadores desplazados ofrecindoles pagas mnimas sin beneficios sociales y trabajo eventual.

El libre comercio no es realmente comercio: en realidad se basa en un movimiento unidireccional de salida de inversiones y empleos y en la retencin de los beneficios en parasos fiscales.

Subvencionadas por el gobierno estadounidense, las multinacionales de agroalimentacin de alta tecnologa han diezmado la soberana alimentaria del Tercer Mundo, forzando a la emigracin masiva a los campesinos, que forman de este modo una base para competir con los trabajadores nativos y reducir salarios en EE.UU. y UE.

Los progresistas cuando dicen, a posteriori, que los inmigrantes se limitan a asumir los trabajos desagradables y mal pagados que los trabajadores locales rechazan. Pero la realidad es ms compleja: en otros tiempos, la mayor parte de los inmigrantes accedan en poco tiempo a trabajos con un salario decente y solan ser aceptados por los trabajadores estadounidenses.

Hubo un tiempo en que los trabajadores de las empresas procesadoras de carne tenan un buen sueldo y el apoyo de los sindicatos. Luego, los sindicatos perdieron algunas luchas cruciales y los capitalistas redujeron los salarios, a veces hasta el 50 %. Los que haban sido lugares de trabajo bien regulados y estrictamente protegidos se deterioraron drsticamente. Este declive vino acompaado de la llegada y contratacin de inmigrantes no cualificados de Mxico y Amrica Central. Hoy da, el sector de procesamiento crnico est entre los ms peligrosos y llega incluso a emplear inmigrantes menores de edad. La misma pauta de deterioro de salarios y condiciones y de sustitucin por mano de obra inmigrante se produce en los sectores de la construccin, jardinera, textil, transporte, venta al por menor, fontanera, etc.

Recientemente, millones de jvenes trabajadores se han visto obligados a emigrar de sus hogares a causa de las destructivas guerras imperiales que han devastado la seguridad en sus respectivos pases al eliminar cualquier estructura nacional militar o policial funcional y cualquier posibilidad de empleo y de futuro estable para los jvenes. Los antiguos comandantes o soldados cuyas familias han quedado destrozadas por las guerras imperialistas y a los que se ha despojado de cualquier dignidad no tienen otra opcin que la de engrosar las filas de la resistencia, en grupos como el ISIS, o la de unirse a las oleadas de refugiados.

En su impulso por convertir lo que en su da fueron naciones cohesionadas en estados tribales clientelares, las fuerzas invasoras de EE.UU. y la UE y sus regmenes ttere han destruido sistemticamente a los partidos democrticos, laicos, nacionalistas o socialistas de las naciones situadas en su punto de mira. En su lugar han brotado violentos movimientos de resistencia islamistas o con una base tnica con el fin de combatir a los invasores y sus marionetas. Es el resultado previsible y natural de la poltica imperial destinada a destruir estados modernos a escala masiva.

Como las guerras imperiales en pases colindantes han destruido toda esperanza de refugiarse y emprender una nueva vida en la regin destrozada por la guerra, los nuevos movimientos islamistas violentos han adoptado su propia estrategia internacional. Las guerras imperiales fueron iniciadas desde las lejanas capitales del imperio, Washington, Londres o Pars, con bombas y misiles, as que a los islamistas no les queda otra alternativa que basar sus estrategias militares y terroristas en la poblacin civil, dando lugar a gran nmero de bajas.

Los violentos atentados yihadistas contra objetivos civiles en Occidente no son especficamente religiosos ni estn dirigidos a la obtencin de recursos econmicos o de poder. El objetivo es ganar influencia poltica entre la creciente poblacin inmigrante marginada en Europa y socavar la capacidad y la voluntad de EE.UU. y la UE de continuar estas guerras interminables.

En el interior de los descuidados suburbios donde viven los inmigrantes, el nmero de simpatizantes de estos atentados no puede sino crecer. Ello har aumentar las exigencias de los encolerizados y asustados ciudadanos occidentales, cada vez ms propensos a aceptar la solucin poltica nacionalista de drenar el lago (los inmigrantes) para atrapar al pez (los terroristas). Los programas antiinmigracin y la polica antiterrorista se entremezclan con la creciente inseguridad econmica interna y el sentido de desplazamiento cultural y nacional que experimentan las comunidades tradicionales y homogneas de clase obrera situadas en las proximidades de los grandes barrios de inmigrantes. Las medidas de austeridad cada vez ms severas impuestas por los regmenes neoliberales exacerban en gran medida la situacin.

Los denominados partidos y movimientos liberales favorables a la inmigracin ignoran el frgil tejido sociocultural de las comunidades locales. No han hecho nada para proteger a las comunidades vulnerables de las polticas capitalistas que han literalmente volcado inmigrantes en reas y regiones incapaces de mantenerlos o absorberlos. Los lderes polticos de estos partidos se encuentran, por lo general, lejos de dichas comunidades e inmunes a la creciente competencia por los escasos empleos y recursos. Para muchos polticos, burcratas, e incluso gestores de ONG, sus inmigrantes son trabajadores domsticos, cocineros, cuidadores, jardineros, que sirven directamente a los estratos ms acomodados de la sociedad. No obstante, las masas de refugiados e inmigrantes desarraigados viven cerca de los trabajadores locales, compiten con ellos por puestos de trabajo y comparten con ellos clnicas, escuelas y servicios sociales abarrotados, en condiciones de una creciente escasez.

La clase gobernante colabora con funcionarios sindicales muy domesticados y una segunda generacin de lderes inmigrantes asimilados para pacificar el descontento interno mediante programas multiculturales y toda una variedad de talleres de formacin en la diversidad obligatorios para trabajadores y barrios, sin llegar a afrontar las cuestiones de clase relacionadas con el deterioro del nivel de vida y la prdida de perspectivas de futuro empleo para los hijos de los trabajadores locales.

Es natural que las comunidades de clase trabajadora y media baja cierren filas sobre bases tnicas, regionales y religiosas, porque carecen de lderes de clase ejemplares. Son as susceptibles de verse atrapados por las llamadas de lderes y polticos nacionalistas-populistas o antiinmigracin, a pesar de que dichos partidos se asocian desde hace tiempo con la extrema derecha. Con la notable excepcin de la dirigente francesa, Marine Le Pen, que combina hbilmente una profunda comprensin de las tendencias socioeconmicas francesas con sus polticas restrictivas a la inmigracin, la mayor parte de los populistas occidentales contrarios a la inmigracin canalizan el resentimiento generalizado de los trabajadores nativos causado por su movilidad descendente culpando a los inmigrantes.

Los violentos ataques en los medios de comunicacin de estos polticos liberales a los trabajadores que han visto mermado su modo de vida a causa de los programas neoliberales y las consecuencias generales de las guerras imperiales, acusndoles de racismo, no hacen nada para combatir el imperialismo y la explotacin de clase. Y, con toda seguridad, no ayudan a los inmigrantes. Las denuncias de los intelectuales de clase media que viven en los estados costeros ms acomodados y urbanizados contra los trabajadores estadounidenses y los ciudadanos rurales marginados que votaron por el presidente Trump muestran un profundo desconocimiento de los drsticos cambios sufridos en este pas. En Europa y Estados Unidos, empleados y activistas relacionados con ONG liberales acuden como aves carroeras a los inmigrantes, labrndose sus pequeas carreras educndolos y suplicando a los residentes locales de barriadas deterioradas que se unan a ellos para compartir la celebracin de la diversidad dirigida por la clase dominante (o el multiculturalismo del sufrimiento).

Conclusin

La inmigracin en el siglo XXI es radicalmente diferente a las oleadas anteriores de emigrantes. Resulta una manipulacin comparar el actual desplazamiento de millones de refugiados de guerra con la poca de la isla Ellis en Estados Unidos o con la situacin de reconstruccin masiva que se produjo en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. La emigracin actual es un producto directo de las guerras imperiales, en las que el terror, los asesinatos, las lesiones y la destruccin deliberada de las instituciones sociales han obligado al desplazamiento a decenas de millones de personas, ms refugiados que inmigrantes.

Mientras esto ocurre, la explotacin capitalista extrema, la exportacin de capital y empleos y las polticas de austeridad en los pases del imperio han provocado la indignacin de trabajadores y empleados de clase media baja, cuyos niveles de vida han sufrido un importante descenso. La combinacin forzada de esas dos enormes olas, los millones de refugiados y emigrantes desposedos y los trabajadores y ciudadanos occidentales marginados y cada vez ms amenazados, se ha convertido en el ncleo de profundos conflictos entre capitalistas y trabajadores en EE.UU. y la UE. Tanto progresistas como reaccionarios enmascaran las cuestiones fundamentales de clase desviando la atencin pblica al tema del racismo y los inmigrantes.

A largo plazo, Occidente debe afrontar este peligroso fenmeno organizando un movimiento pacifista amplio y militante que se oponga a las guerras imperiales que provocan estas oleadas de refugiados desesperados. Los sindicatos, las cooperativas y los movimientos sociales locales o nacionales deben organizar a los desempleados y a los trabajadores precarios para luchar contra la prdida de empleos, el saqueo de la riqueza nacional, la masiva evasin de impuestos de los capitalistas y la desindustrializacin de la economa nacional. Es preciso nacionalizar los bancos y reservar suficientes fondos pblicos para la sanidad y la educacin, reduciendo el enorme presupuesto blico actual. Los inmigrantes que decidan asentarse en sus nuevos pases deberan intentar integrarse por completo, rechazar la doble nacionalidad y las dobles lealtades y denunciar a las organizaciones que actan como quinta columna para hacer proselitismo de ideologas etnorreligiosas en el extranjero.

En ltima instancia los pueblos desarraigados deben optar por quedarse y pelear en lugar de escapar. Deben implicarse en la resistencia ante la ocupacin imperial de sus territorios en lugar de aceptar la sumisin y las indignidades que sufren en el extranjero. El papel de los ciudadanos occidentales es el de apoyar estas luchas oponindose a sus propios lderes militaristas.

No existen respuestas sencillas a la emigracin masiva pero sus causas s estn claras, al igual que los objetivos para evitar que se repita en el futuro.

Notas:

1: Ellis Island es un pequeo islote situado a la entrada del puerto de Nueva York que sirvi de punto de acogida de los cientos de miles de emigrantes que acudieron a Estados Unidos a comienzos del siglo XX. All eran inspeccionados tanto mdica como legalmente, Dej de funcionar como tal en 1954. (N. del T.)

El presente artculo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se mencione a su autor, su traductor y a Rebelin como fuente del mismo.



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