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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2017

Estupidez viral : las redes que atontan

Antonio Fernndez Vicente
Rebelin


En una conferencia pronunciada en los aos 30 del pasado siglo, el escritor Robert Musil intentaba responder a la pregunta qu es la estupidez? Su respuesta fue quizs estpida : No s lo que es . Adems, el mero hecho de plantear la cuestin implica que aquellos que escuchen presupongan la vanidad del orador. O bien pudiera ser que quien toma la palabra en esta lid sea el que crea en su superior inteligencia al formularla. Despreciar a los dems siempre es placentero porque nos sita en lo alto de la jerarqua social. En ambos casos, tambin sera estpido el orador porque hablar sobre estupidez de forma abierta tachar de egolatra y un cierto elitismo a quienes escriban sobre el asunto. Tambin yo soy estpido, por tanto, lo confieso, aunque esto para el lector avezado sea refinadsima soberbia que confirma mi estulticia.

Por otra parte, como seala Musil a propsito de Erasmo, sin una porcin de estupidez la humanidad se habra disipado sin remisin. Por ejemplo, el amor genera ceguera de modo que slo vemos virtudes donde abundan defectos, aunque esto es una cualidad positiva y deseable de la estupidez. Si uno piensa en la historia de la Humanidad, llega a la misma conclusin que Saramago : ha sido un profundo y absoluto desastre. La Historia es la confluencia de historias estpidas. Y esto no es ser pesimista, sino un realista bien informado, como nos deca otro gran desencantado, Benedetti. A fin de cuentas, todos somos un poco estpidos, yo mismo por escribir unas lneas sobre la estupidez y t, lector, por leerlas.

Sin embargo, aunque ya Dickens nos enseaba en su Historia de dos ciudades que no hay pocas mejores ni peores, s es cierto que para el observador atento de la estupidez hay fenmenos regulares de estulticia que se propagan con rapidez en nuestros das. La estupidez se vuelve viral y se contagia de forma instantnea. Ms rpido que nunca y eso es un logro de nuestra querida civilizacin digital. En ocasiones, la incapacidad para comprender y la vana presuncin de sabiduria cuando lo lgico sera admitir con humildad la docta ignorantia se convierten, por utilizar uno de esos lenguajes que embrutecen, en trending topic.

Si t, querido lector, sigues leyendo estas lneas de corrido, tal y como yo las estoy escribiendo sin interrupciones, quizs no hayas sido todava alcanzado por ese viento huracanado de imbecilidad coyuntural. Me estoy refiriendo, claro est, a la estupidez funcional que es heredera de la televisin, y que toma la forma informe y catica de lo que con inusitada tontuna se llaman redes sociales. Las ha habido siempre, y nuestra sociedad no ha sido en cualquier poca ms que una gran malla de vnculos y relaciones interconectadas. Pero slo ahora parece que hayamos tomado conciencia de la naturaleza reticular. Redes y huecos, eso es todo.

Pero existen algunas prcticas que hacen de la estupidez funcional -todos lo somos por naturaleza, pero a algunos se les congela la inteligencia ms a menudo que a otros- un fenmeno contagioso. La ms importante es la aceleracin. Cuando se lee muy deprisa -o muy despacio- no se entiende nada, nos enseaba Blaise Pascal. Pues ahora se vive muy deprisa, y ocurre que el pensamiento humano opera en tiempos lentos. Pero para actualizarse en esas redes que colonizan nuestras vidas hemos de someternos a la tirana del tiempo real, de la lectura transversal, panormica y de la escritura fugaz, impensada. No hay tecnologa neutral : las distracciones constantes del ltimo WhatssApp nos impiden centrar la atencin en aquello que tengamos delante. O impiden tambin los momentos de soledad autntica, las rveries a lo Rousseau. WhatssApp y aplicaciones semejantes, como Twitter -que parece ser es ms elitista, vanidosa, narcisista, borreguil y endiosante- son mquinas de transmitir mensajes que producen olvido por saturacin. Aniquilan la posibilidad de pensamiento ; violentan las conversaciones, que como seala en un reciente libro Sherry Turkle, declinan en la misma medida en que pasamos nuestras vidas en las pantallitas. Hay que ser estpido para pasar la mayor parte de la vida pendiente de una pantallita que como el espejo mgico, nos halaga y encandila. El smartphone es lo contrario de lo que dice : es una privacin sensorial, un instrumento de debilitamiento de nuestro campo de pensamiento ; un agente de desimaginacin porque todo lo imagina por nosotros.

Las redes se han convertido en la nueva religin, en el opio al que el individuo comn acude para encontrar un entorno familiar, repleto de lugares comunes, de clichs, de vdeos estpidos y MEMEces que no llegan a ser en verdad origen de escndalos. Ni siquiera son ridculos, porque lo ridculo puede conllevar parte de subversin y de transgresin. Son banales en el peor de los sentidos, como simple repeticin de lo MISMO.

Sostena Voltaire que leemos para disipar la ignorancia. Pero se refera a otro tipo de lectura, paciente, sosegada, intensiva, activa. La lectura de mensajes cortos, que se solapan unos a otros y se funden con la escritura acelerada disemina sin lmites la ignorancia bajo la forma de ilusin ilustrada. Y aniquila la curiosidad porque no tenemos tiempo para regalarlo ni al mundo ni a los dems. El reo de la red se cree poderoso cuando lo nico que hace es someterse a la lgica destructiva de la conectividad permanente. Es curioso que las nuevas izquierdas tambin se sirvan de estos mundos virtuales de espectculo lamentable para escenificar lo que tendra que ser nueva poltica. Tambin ellos desconectan de los tiempos lentos en favor de este fetichismo de la velocidad que acaba con la inteligencia. Y con la poltica.

A veces me pregunto por qu somos tan dciles. Una situacin social y econmica tan lamentable tendra que producir un levantamiento popular inmediato. Pero slo parece haber dos motivos que podran desencadenarlo : la supresin del ocio improductivo (ftbol, televisin basura...) y la de las redes sociales. Sera una hecatombe. Una revolucin fra, por decirlo con Houellebecq.

Me despido como otro estpido ms, consciente de serlo, quizs un poco ms tras haber escrito las lneas precedentes.

* Antonio Fernndez Vicente Autor de Ciudades de aire : la utopa nihilista de las redes, Los libros de la Catarata, Madrid, 2016.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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