Portada :: Opinin :: 2017, cien aos de la revolucin rusa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2017

Despus de un siglo
Para qu sirvi la Revolucin Rusa?

Modesto E. Guerrero, Lorena Lpez G. y Nicols A. Herrera
Rebelin


La Revolucin Rusa fue el sntoma de una poca abierta por la Primera Guerra Mundial que afect todos los rdenes de la vida social humana. Esta poca fue caracterizada por Gabriel Torrella (2005) como un cataclismo de grandes proporciones, cuyos ecos y reverberaciones se iban a prolongar durante dcadas, no slo en Europa sino en todo el mundo (p. 233). El triunfo bolchevique inaugur un siglo sovitico (Lewin, 2006) que desapareci con la estrepitosa cada del muro de Berln, la Perestroika y la vuelta al capitalismo.

De acuerdo con E. H. Carr (1985), la Revolucin Rusa (RR) fue la primera revolucin que se proyect y llev a la prctica de manera consciente, lo que le otorga un lugar nico en la historia moderna (pp. 34-35) y resulta suficiente para valorar su alcance, profundidad y novedades. De su grado de conciencia dependieron varias lecciones incomparables para la historia social de las revoluciones.

La revoluciones inglesas (1642 y 1689), norteamericana (1776), francesa (1789), haitiana (1804) y la gigantesca gesta anticolonial sobre nuestro continente suramericano (1810-1824) no tuvieron esta caracterstica pues, sus protagonistas no buscaron hacer una revolucin y, en cierta medida, todas ellas buscaron recuperar antiguas libertades suprimidas o restaurar monarquas benvolas o ancestrales. De hecho, todas recibieron el apelativo Revolucin aos despus por historiadores y periodistas. La Francesa, por ejemplo, recin en 1837 fue caracterizada como revolucin en un escrito de Carlyle, y el proceso ingls fue llamado revolucin no por los polticos que la hicieron, sino por los intelectuales que teorizaron sobre ella (Carr, 1985, p. 34).

La RR fue la nica que prepar sus herramientas tericas, sus mtodos e instrumentos, sus dirigentes y aparato poltico de manera consciente y con proyeccin al futuro. Michael Sayes y Albert E. Kahn (1949) dan cuenta de este despertar consciente de la revolucin y los revolucionarios rusos. Enviados a Rusia en 1917 como agentes encubiertos de la inteligencia norteamericana sealan que, en aquel ao, toda Rusia era una sociedad turbulenta de debates: Despus de siglos de silencio forzoso, al fin el pueblo haba recobrado su voz. En todas partes se celebraban mtines y en todo el mundo se manifestaba su opinin (p. 14-15). Que el pueblo recobrara su voz tena un precedente en Europa: la comuna de Pars (que nadie llam revolucin); sin embargo, los soviets lograron estabilizarse y sobrevivir, abrevando 69 aos de experiencias.

Adems, acumul una biblioteca entera de debates y libros de investigacin sobre cmo y para qu hacer la revolucin y, antes de finalizar la primera dcada del triunfo, algunos de sus protagonistas escribieron ensayos, folletos y materiales analticos sobre ella: su historia y su mtodo. Los textos de Lenin, Trotsky y Bujarin son sintomticos de esta disposicin. Esto no ocurri ni siquiera con libros tan anticipadores como La Carta de Jamaica (1816), de Simn Bolvar, donde la genial descripcin geopoltica y antropolgica no alcanz a conclusiones de similar definicin. Un caso evocador es La Historia me absolver (F. Castro, 1956), pero se produce 39 aos despus, como una inspiracin sintomtica de la puesta en acto de conciencia de la marcha de la revolucin, en nuestro continente. Revolucin e Internacionalismo, principios rectores del socialismo cientfico, esbozados por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista como proyecto de una lucha global y una revolucin mundial, se instalaron en la vida poltica y su literatura con el triunfo bolchevique.

Todo lo anterior no excluye la polmica sobre la inconveniente o prematura toma del poder en Rusia. En eso han coincido desde Kautsky y Plejanov en 1917 hasta los autores de la Escuela del Marxismo Analtico. Compartiendo esta postura, Ernesto Laclau (2005) propone una suerte de post-marxismo a la medida de post-revoluciones para clases post ms anuladas que explotadas, al estilo Negri. Sin embargo, autores como Daniel Bensaid (2003) han ridiculizado estas posturas sealando que toda revolucin es esencialmente una imprudencia creadora, intempestiva y, en cierta medida, siempre prematura, pues, de acuerdo con la teora marxista de la historia, no existen sentidos pre-establecidos; inactuales, intempestivas, descontemporneas, las revoluciones no se integran a los esquemas preestablecidos de la suprahistoria o a los plidos modelos supratemporales (p. 95).

Las revoluciones sociales no tienen horario. Son producto de necesidades histricas que slo pueden ser proyectadas por la racionalidad de la teora poltica y sus organismos, y, adquieren autonoma histrica y consciencia, cuando subordinan la necesidad a la libertad y las fuerzas econmicas ciegas al dominio de la razn; no slo la hegeliana astucia de la razn, sino la razn sistematizada en cuadros polticos slidos, militantes formados con alta conciencia, dirigentes con capacidad de adaptacin y flexibles a la determinacin colectiva (Ni dioses, ni reyes, ni elegidos, ni figuras predestinadas, ni comandantes eternos, ni secretarios generales intocables), pero tampoco programas o formas organizativas irreformables o inmutables. En este punto nacen sus aportes ms invaluables, sin los cuales se desdibujaran y convertiran en intiles los esfuerzos de su realizacin y preservacin.

La RR produjo un impacto mundial en las conciencias de oprimidos y oprimidas. Su gesta, logros y protagonistas se erigieron en ejemplo y modelo de los movimientos y partidos revolucionarios que intentaron adelantar la revolucin en sus respectivos pases. El triunfo bolchevique carbur las luchas e indic la preparacin de revoluciones como norma histrica, aportando nuevas prcticas de lucha y nuevas categoras tericas. Tres generaciones de revolucionarios se formaron a la sombra sovitica, bebiendo la cultura conceptual y la prctica poltica a travs de la Internacional Comunista (IC), que mundializ las luces y las sombras de este proyecto urbi et orbi.

Por ello, la pregunta de nuestro ttulo sigue siendo pertinente, por las novedades provocadas o creadas a partir de ella, por el tiempo transcurrido y por el triste final que tuvo. No son suficientes las respuestas superficiales extremas: no sirvi para nada o sirvi para todo. Es necesario ir ms all, aun cuando los debates que se hagan a lo largo del ao dejen la sensacin de que es imposible un consenso sobre si la Revolucin rusa fue un xito o un fracaso, como lo advierte Boaventura de Sousa Santos (2017).

En el Centenario del triunfo bolchevique, este trabajo pretende aportar elementos para una discusin de largo aliento. Mientras muchas voces se alzarn contemplativas y muchos corifeos cantarn las loas a sus santos soviticos, nosotros preferimos plantearnos preguntas incmodas: qu luces sigue aportando la revolucin rusa?, qu conceptos de marxismo y revolucin educaron a tres generaciones de revolucionarios latinoamericanos para que la revolucin no fuese?, cmo impact todo aquello en experiencias concretas de nuestro continente?

Este trabajo tendr cuatro apartados. En el primero, caracterizaremos los elementos centrales que convirtieron a la RR en faro mundial. En el segundo, desarrollaremos la relacin URSS-pueblos latinoamericanos a travs de la IC. En el tercero, plantearemos a manera de hiptesis- el legado de la IC en trminos ideolgicos, organizativos, msticosy de la tctica y la estrategia. Finalmente, analizaremos el caso colombiano, en el que se vivi el impacto de la revolucin rusa y se padeci la intervencin cominteriana. Como toda caracterizacin, la siguiente puede tener visos de simplificacin; sin embargo, asumimos el riesgo en aras de un desarrollo didctico (y polmico) de la cuestin.

LECCIONES, EFECTOS E IMPACTOS

Sin las reacciones, lecciones, efectos e impactos que produjo la RR en la clase oprimida y la clase opresora seran inexplicables los sucesos revolucionarios posteriores.

La primera leccin es la idea misma de revolucin como categora independiente y autnoma, construccin conceptual y experiencia histrica, pues fue la primera que pudo mantenerse y preservarse, a pesar de la parbola de su proceso, que llev incluso a algunos de sus forjadores y a idelogos del Partido Bolchevique a preguntarse a comienzos de la dcada de 1920, qu haba sido del sueo socialista? (en Howard & Louis, 1999, p. 203). La RR fue la primera que se defendi a s misma, triunf sobre catorce ejrcitos conjuntos de medio planeta y dej un modelo de ejrcito opuesto a los conocidos, por lo menos, desde un milenio antes. Erich Wollenberg seala que, a partir de un decreto del 12 de enero de 1918, el ejrcito socialista deba servir de base para la Revolucin Socialista europea y formarse de manera democrtica: desde abajo, con elecciones de oficiales y bajo los criterios de respeto y disciplina.

En segundo lugar, desarroll la utopa de forma racionalizada electricidad ms soviets, al decir de Lenin-, superando las ideologas abstractas de felicidad de las experiencias previas que buscaban un retorno a un pasado de Edades de Oro. Esta leccin no se pierde por los desarrollos posteriores que anularon al sujeto y desarrollaron la Modernidad a partir de una mirada fetichista de la economa y una perversin interpretativa del marxismo que la acercaron al capitalismo.

Como tercer trmino, (de)mostr con su ejemplo que s era posible hacer la revolucin; abriendo una poca de rebeliones, revueltas, alzamientos, levantamientos y revoluciones, como no ocurra desde los aos posteriores de la Revolucin Francesa, con las debidas proporciones histricas; esto es evidente en el derrotado proceso revolucionario centro-europeo (Hungra, Alemania, Bulgaria e Italia) y las rebeliones y revoluciones anti-coloniales en Oriente (China, principalmente). La fuerza epocal del proceso abierto se expres en rebeliones sucesivas durante todo el siglo XX a excepcin del perodo de derrotas fsicas que comenzaron con China y concluyeron con el inicio del poder nazi sobre Europa (1925-1939). Adems, abri un nuevo camino ideolgico y programtico para los pueblos rurales y urbanos de Amrica Latina, India y Australia e instal la idea de rebelin social en Estados Unidos.

En cuarto lugar, ayud a superar el nacionalismo burgus, la ms fuerte y extendida corriente ideolgica reaccionaria del mundo, que atraves el siglo XIX, condujo a la Primera Guerra Mundial y desemboc en el Sionismo y el Fascismo. Lamentablemente, su superacin fue contradictoria, pues el modelo estatal sovitico ocup ese lugar en las luchas mundiales a partir de la simbiosis fatal entre Partido y Estado.

La quinta leccin, fue el desarrollo de la categora terico-prctica militancia durante tres generaciones, extendida por todo el planeta mediante millares de partidos y movimientos. Esta militancia mundial abraz el criterio rector del internacionalismo como mtodo, program a y objetivo, dando continuidad al planteamiento de Marx y Engels: una cosmovisin o concepcin del mundo ( Weltanschauung) para un movimiento internacional que busca apoyarse en una clase explotada al servicio de una revolucin social ilimitada, como el capital mismo. El militante es un nuevo tipo humano de sedicioso y conspirador histrico con una mstica profunda, que se constituye en la superacin histrica de los valientes salvadores individuales, de los rebeldes primitivos de Hobsbawm, dada su organicidad y programa poltico consciente. El Che lo defini como hombre nuevo. Lamentablemente, esta multitudinaria militancia, lentamente se fue dispersando y enfrentando entre grupos y partidos hasta convertirse en una suerte de dispora ideolgica y tica, que condujo a la crisis paralizadora que vivimos los revolucionarios del mundo hasta hoy. Los mil y un marxismos a los que se refiere Bensaid (2003), la extensa serie de marxismos a los que alude Mazzeo (2016).

En sexto lugar, sirvi de laboratorio terico incubadora conceptual- del desarrollo del marxismo y del pensamiento crtico, a pesar de sus deformaciones. All aparecieron las pistas de lo que se conoci en Latinoamrica como teora de la dependencia en la trotskista Ley del desarrollo desigual y combinado (1906) y en los leninistasManuscritos sobre el imperialismo (1916), aunque no los reconocieran los tericos suramericanos. Tambin, se implant la idea de Justicia Social como categora autnoma y derecho consagrado, superando los postulados normativos expresados en las revoluciones inglesa y francesa. Esto se evidencia en el derecho laboral y civil contemporneo.

Finalmente, inaugur los conceptos de tiempo y transicin en la teora poltica, un asunto dejado en el camino por Marx y sus contemporneos. Marx pudo pensar la sociedad comunista como un gran banquete, como lo hicieron los utpicos y los profetas religiosos, pero no pudo plantear los caminos y procesos; esto requera un movimiento real entre el modo de produccin capitalista y el socialista; tambin, asoci pasado con futuro mediante el internacionalismo militante anti-capitalista como la nica manera de resistir al avance del Capital desde la Primera Guerra Mundial, no en una mirada nostlgica del pasado (Renacimiento, Edad de Oro) ni en clave religiosa (Vuelta al Edn).

Efectos e impactos entre los oprimidos y los explotadores

La RR se erigi en el modelo para la revolucin socialista mundial atrayendo a millones de cuadros y militantes, impactando de manera determinante la vida social contempornea de su tiempo y los ecos de sus realizaciones los escuchamos an. Los efectos e impactos generados desarmaron el mundo del siglo XIX y determinaron el andamiaje de todo lo que vino como siglo corto, el ms intenso de los siglos si lo medimos en trminos polticos de militancia, guerras, revoluciones y transformaciones tecnolgicas y sociales. Sin embargo, su camino sufri un dramtico giro: de herramienta mundial liberadora a estructura religiosa, una iglesia que profesaba su fe en los mil y un marxismos.

Hobsbawm (2010) pinta el cuadro de los impactos en el campo de los oprimidos y oprimidas a escala mundial:

Hasta los trabajadores de las plantaciones de tabaco en Cuba, muy pocos de los cuales saban dnde estaba Rusia, formaron soviets. En Espaa, al perodo 1917-1919 se le dio el nombre de bienio bolchevique, aunque la izquierda espaola era profundamente anarquista, que es como decir que se hallaba en las antpodas de Lenin. Sendos movimientos estudiantiles revolucionarios estallaron en Pekn (Beijing) en 1919 y en Crdoba (Argentina) en 1918, y de este ltimo lugar se difundieron por Amrica Latina generando lderes y partidos marxistas revolucionarios locales.

El militante nacionalista indio M.N. Roy se sinti inmediatamente hechizado por el marxismo en Mxico, donde la revolucin local, que inici su fase ms radical en 1917, reconoca su afinidad con la Rusia revolucionaria: Marx y Lenin se convirtieron en sus dolos, junto con Moctezuma, Emiliano Zapata y los trabajadores indgenas (p. 73).

Aunque difiramos de Hobsbawm en su apreciacin sobre el significado de 1917 para la revolucin mexicana, el cuadro resulta esclarecedor. A nivel nacional, este trabajo lo harn autores como Renn Vega Cantor (2002) para Colombia o Paco Ignacio Taibo II (2008) para Mxico.

En 2008, el periodista argentino Julio Rudman, de origen judo, cont la historia de su abuelo Simn, quien al enterarse en noviembre de 1917 que el gobierno de los soviets declar como delito el antisemitismo, en una de sus primeras medidas polticas, pidi en la Sinagoga que Dios cuidara a los nuevos gobernantes. Afuera del templo, sus amigos lo increparon:  

- Sabs lo que hiciste, Simn?

- S, claro! Es la primera vez en la vida que en vez de perseguirnos, nos cuidan.

- Pero, son comunistas!

- No s lo que es eso.

Entonces, comenzaron a burlarse de l y lo llamaron Simn, el idiota. Luego, Simn se hizo comunista y ayud a fundar el Partido Comunista en Mendoza (Argentina).

El evento de esta historia mnima, nos remite al sur del planeta en un ao en que la informacin llegaba con varios das o semanas de retraso. La novedad no es la medida del tiempo y el ritmo de su impacto en la mente de millones de oprimidos; en realidad, lo sorprendente es que aquel impacto puede ser visto casi como un solo hecho, a 100 aos de distancia.

La fuerza material y moral de las lecciones de la RR gener un impacto complementario en la clase dominante mundial que vive del trabajo ajeno. Por primera vez en la historia sinti que le haba llegado su hora final. No tuvo tal sensacin ni siquiera cuando Napolen campeaba por la atormentada Europa monrquica, o cuando Simn Bolvar llegaba hasta Ayacucho para echar lo que restaba de la Monarqua.

Sayes y Kanh (1949) recuerdan que cuando el Consejo de Obreros y Soldados de Petrogrado nombr en el Gabinete a Lenin como Premier, a Trotsky como Ministro de Asuntos Extranjeros y a Aleksandra Koloti como Ministra de Educacin, el Embajador norteamericano reaccion espantado: Repugnante! Ms espero que se haga el debido esfuerzo porque mientras ms ridcula sea la situacin venga ms pronto el remedio (p. 23). El remedio no tard en llegar y ocho meses despus, la cultura dominante mundial, atac al gobierno de los Soviets en catorce frentes con ejrcitos de todas las potencias capitalistas del planeta.

Zbigniew Brzezinski (1989), uno de los ms brillantes asesores del Departamento de Estado norteamericano en el siglo XX, al lado de Henry Kissinger, seala que el efecto acumulativo del xito sovitico, convirti al siglo XX en una era dominada por el ascenso y el atractivo del comunismo. () La extensin del comunismo a Europa Central y China fue lo que domin el discurso intelectual y lo que pareci representar el augurio de la historia (p. 23-24).

Los postulados de Brzezinski no eran nuevos en la intelligentsia burguesa. Dcadas antes ya se haban encendido las alarmas tempranamente en Europa. Pierre Daye, un periodista y escritor belga de ultraderecha devenido en argentino por la fuerza de la derrota en la guerra, resume las opiniones de autores sobre este temor de auto-extincin de clase. La ms conocida es la de Oswald Spengler quien, desde una consideracin sociolgica, seala que la civilizacin occidental (lase: la burguesa) puede morir y est a punto de hacerlo para dar origen a otra cultura totalmente nueva que, podra nacer en algn pueblo de energas primitivas como el ruso. Esto reduce a Huntington a un vulgar parafraseador con su tardo choque de civilizaciones.

Por su parte, el catlico alemn Walter Shubart, en una tesis cercana a la de Spengler, seal que despus de la crisis materialista y bolchevique actual [desatada por la revolucin rusa, y los procesos chino e indio, existieran] posibilidades de reemplazar la civilizacin europea, cada por la falta de su propio nacionalismo (Daye, 1952, pp. 51-52). Y conclua que hasta los ms poderosos, tienen miedo (Daye, 1952, p. 72). Incluso, no es un abuso afirmar que, el temor de los poderosos, condujo a algunos al suicidio en las Bolsas de Valores de Berln y Nueva York en 1929, por un lado, y al surgimiento de un brillante intelectual salvador como John Keynes, por el otro.

El socialismo, como movimiento y programa, nunca tuvo mejor oportunidad poltica y nunca fue tan dramticamente desaprovechada, despreciada o traicionada. El internacionalismo, razn de ser del marxismo desde su origen, sirvi para fortalecer desde 1925 al Estado Sovitico, no para extender la revolucin internacional. La poltica defensiva de preservacin termin siendo uno de los factores de su debacle posterior.

CMO INGRES LA REVOLUCIN RUSA A LOS PROCESOS SOCIALES DE LATINOAMRICA?

El internacionalismo marxista se ha expresado desde 1864 a travs de tres Internacionales Comunistas. La primera de ellas (1864-1876), llamada Asociacin Internacional de los Trabajadores, fue fundada en Londres por sindicalistas ingleses, franceses e italianos, anarquistas, socialistas y republicanos. Constituye la culminacin organizativa del perodo inicial de resistencia del movimiento obrero a las condiciones de explotacin capitalista (Novak, 1977, p. 36). Entre sus grandes logros estn las reformas laborales progresivas, el estmulo de la organizacin sindical, lo solidaridad internacional, el esfuerzo por demostrar que la unidad internacional de los trabajadores era posible y la difusin de las ideas marxistas popularizndolas como instrumento para las luchas. Su disolucin fue desencadenada por el fracaso de la Comuna de Pars (1872) y las insalvables disputas tericas entre el marxismo, el anarquismo (Bakunin), el socialismo pequeoburgus de Proudhon y actitudes sectarias y oportunistas.

La Segunda Internacional (1889-1914) se organiz con ocasin del Centenario de la Revolucin Francesa, luego de un perodo de reconstitucin del movimiento obrero, con un carcter federativo y con independencia de los partidos en cada pas para desarrollar sus tcticas. Es considerada como la Internacional de la organizacin del movimiento obrero en sindicatos y partidos preparando el terreno para el movimiento obrero masivo independiente. Alemania fue su centro, por la expansin industrial que sigui a la victoria en la guerra franco-prusiana de 1871, similar a la inglesa dos dcadas antes.

En los debates internos, los revolucionarios marxistas enfrentaron a un mismo tiempo tendencias oportunistas y sectarias que, detrs de una falsa disyuntiva entre reforma y revolucin, planteaban alianzas con sectores liberales, pequeoburgueses y capitalistas. La posicin marxista sealaba que cualquier colaboracin de clases fortalecera a la enemiga clase dominante reaccionaria, debilitando al movimiento obrero y la democracia. El triunfo de las ideas marxistas en el Congreso de msterdam (1904) y la primera intentona revolucionaria en Rusia (1905) fueron el clmax del espritu de la Segunda Internacional. A partir de entonces, entr en un lento y progresivo proceso de decadencia hasta su disolucin, a causa del crecimiento de la socialdemocracia, las discusiones internas que terminaron expulsando a los anarquistas en 1896 y el inicio de la Primera Guerra Mundial.

El triunfo bolchevique de 1917 signific el triunfo de los marxistas de 1904 y de los revolucionarios rusos de 1905, abriendo una nueva etapa para el internacionalismo proletario. El 10 de marzo de 1919 se impuls la Tercera Internacional Comunista (IC, Comintern o Komintern), para que fuera el instrumento mundial que derrocara a la burguesa internacional y realizara la revolucin planetaria, exportando la revolucin bolchevique. La IC era el canal natural para establecer el dilogo entre la clase oprimida y la experiencia sovitica. Esta experiencia ser reeditada en la dcada de 1960 cuando, desde la entraa de la Revolucin Cubana y bajo la mirada estratgica del Che, se proponga la TriContinental, como una actualizacin del imperialismo y la solidaridad internacionalista.

Periodizacin del movimiento socialista latinoamericano

El movimiento socialista latinoamericano ha tenido cuatro etapas: (a) de la preparacin (mediados del siglo XIX hasta 1919); (b) de los marxistas revolucionarios (desde 1919 hasta 1935); (c) del frentismo etapista y el browderismo antirrevolucionario (desde 1935 hasta 1959); y, (d) del marxismo renovado (desde las revoluciones cubana y sandinista hasta el presente) (Dussel, 1990, p. 275 y ss.). En este apartado analizaremos las tres primeras etapas.

En la primera etapa los movimientos socialistas latinoamericanos inician su proceso histrico y comienzan a participar de una perspectiva mundial. Es una etapa de maduracin y confluencias de corrientes (socialismo utpico, anarquismo y anarcosindicalismo) y aparecen clubes socialistas, revistas y peridicos a lo largo del Continente. En la Segunda Internacional participaron algunos delegados uruguayos y observadores chilenos y brasileros; mientras que un grupo de trabajadores mexicanos public elManifiesto Comunista en 1870 y el argentino Juan B. Justo tradujo el primer volumen de El Capital en 1895 (Dussel, 1990, p. 276; Kohan, 2013, p. 25). La recepcin estricta de Marx fue limitada, aunque Nstor Kohan (2013, p. 25) advierte que los emigrantes europeos venidos a Amrica lean estas obras en alemn, italiano o francs, siendo europea la primera generacin de marxistas en Latinoamrica.

La segunda etapa inicia con la fundacin del Comintern y concluye en 1935. En este perodo la IC desarroll sus siete congresos mundiales. Es la etapa de la fundacin de los partidos comunistas (PC) continentales, que pueden dividirse en dos: las verdaderas secciones o partidos histricos, relacionados estrechamente con el Comit Ejecutivo de la Internacional Comunista y los partidos menores, con mucho menos consideracin e incidencia poltica (Tabla 1).

Secciones y fechas de fundacin de los PC latinoamericanos  

Consideracin en la IC

Pas

Fundacin

Verdaderas secciones / Partidos histricos

(Relacionados con el CEIC)

Argentina

1918

Mxico

1919

Uruguay

1920

Brasil

1922

Chile

Cuba

1925

Partidos menores

Guatemala

1922

Ecuador

1926

Per

1928

Paraguay

Colombia

1930

Panam

El Salvador

Venezuela

1931

Costa Rica

Al final del perodo, pueden sealarse dos fases: (a) de lucha interna de fracciones en los PC (1924-1929); y, (b) otra de crecimiento y expansin en los medios sindicales y populares (1929-1935) (Dussel, 1990, p. 283).

Aunque Latinoamrica ocup un lugar marginal en el gobierno y conduccin de la IC, fue aqu donde tuvo su influencia terico-prctica ms duradera y penetrante sobre sectores sociales que le permiti planificar e inspirar insurrecciones. Aun cuando, no haba un conocimiento slido del marxismo y se apelaba a generalidades tericas el andamiaje conceptual de la izquierda se enriqueci con dos tendencias tericas tempranas. La primera de ellas, encabezada por la IC, que impona su ideologa sovitica del marxismo-leninismo y, la segunda, en la figura de Jos Carlos Maritegui, que buscaba una recreacin del marxismo desde una praxis poltica situada, procurando hacer un anlisis concreto de la situacin concreta. Su interpretacin del marxismo lo ubica en la misma tradicin del Marx redactor de El Capital, oponindose al positivismo, al materialismo ingenuo, al idealismo en las filosofas de la historia y a la visin unilineal leninista de la historia; pero, tambin al etapismo, al economicisimo y al dogmatismo.

Con una visin sobre lo nacional y lo popular, el rol del campesinado y la cuestin indgena, El Amauta descubri los elementos del socialismo prctico que no permite calco ni copia sino exige creacin heroica de un socialismo autnomo (Mazzeo, 2013); proposicin cercana al socialismo mestizo de Francisco de Heredia (como veremos adelante) e inspiradora del socialismo raizal de Fals Borda. Esta tendencia ser perseguida, menospreciada y silenciada por la ortodoxia marxista cominteriana, termidor del marxismo.

La tercera etapa (1935-1959) inicia con la celebracin del sptimo y ltimo- congreso mundial de la IC y termina con el triunfo de la Revolucin Cubana. El sptimo congreso, pletrico de discursos cuadriculados y veneradores de Stalin, cambi la tctica y la estrategia. Se abandonaron los principios leninistas para defender la democracia (burguesa) y alcanzar el poder para una alianza partidaria con la burguesa. Se abre un perodo de colaboracin de clases con un instrumento: el Frente Popular. Entonces, se comenzar a trabajar contra la revolucin mundial (Caballero, 1987, p. 181). Al mismo tiempo, se establecen cambios en los enemigos: el imperialismo ser cambiado por el fascismo a nivel externo, y, a nivel interno, se plante un enemigo emergente tan poderoso y temible como el fascismo: el trotskismo (Caballero, 1987, p. 104). Cuando cambia la lnea en 1941, por exigencias tcticas de la URSS, los comunistas se aislarn de sus antiguos aliados y se acercarn a sus antiguos enemigos: burguesas nacionales, oligarquas liberales y terratenientes exportadores.

El frentismo hipotec el futuro del movimiento revolucionario y gener un retroceso del marxismo, llegando a transformarse los comunistas en sectores antinacionalistas yantipopulares, en nombre de la clase proletaria! As, por ejemplo, en Colombia enfrent a Gaitn; en Argentina se uni a la Unin Democrtica contra Pern; en Cuba apoy a Fulgencio Batista y en Per integr el Frente Democrtico con la oligarqua liberal tradicional (Dussel, 1990, p. 284-285). El cambio de rumbo ser denominado en nuestro continente como browderismo, principalmente en Cuba, Colombia y Venezuela, que tomaron como modelo tctico el propuesto por Earl Browder, Secretario General del PC estadounidense. El browderismo es la expresin extrema de la poltica del Frente Popular y de la Unidad Nacional, es decir, de la lnea estalinista. Esto puede evidenciarse en las acciones del PC francs, en las declaraciones de la IC en los inicios de la guerra y en los desarrollos del PC chileno.

Este desenlace est relacionado con, al menos, tres acontecimientos: (a) el desmantelamiento en 1933 del Partido Comunista alemn -el ms poderoso de la Tercera Internacional-; (b) el inicio de la guerra civil espaola en 1936, donde la IC concentr toda su atencin, enviando sus mejores cuadros a travs de las Brigadas Internacionales para luchar por la Repblica y ayudar al pequeo PC espaol a expandir su influencia y militancia; y, (c) la victoria de Stalin, una victoria tripartita sobre el PC ruso, la IC y los partidos comunistas mundiales (Caballero, p. 179-180).

El rol de los Congresos, las conferencias y los Secretariados en la construccin del comunismo latinoamericano

Vistos de conjunto, los siete congresos mundiales de la IC (dirigidos los cuatro primeros por Lenin y los tres ltimos por Stalin) evidencian una contradiccin fundamental entre la revolucin mundial (para derrocar a la burguesa internacional) y las polticas de Estado (ruso); entre los agitadores revolucionarios y los hombres representantes de un Estado-Nacin con sus propios intereses. De acuerdo con Manuel Caballero (1987), esta tensin generalmente se inclin en funcin de los intereses de Estado, asumiendo una lnea defensiva (de la Rusia comunista) en lugar de una ofensiva (de la revolucin mundial). En dichos congresos, la cuestin colonial siempre tuvo un papel secundario en el proceso revolucionario mundial y, dentro de sta, el lugar de Latinoamrica fue siempre marginal, salvo en el VI congreso (1928) cuando el Comintern descubri Amrica Latina, segn una expresin del propio Bujarin.

En el IV Congreso (1922) por primera vez se incluy a Latinoamrica en la agenda y sus asuntos comenzaron a ser tratados junto a los de Francia, Espaa y, probablemente Portugal, en el Secretariado Latino de la Internacional Comunista. Tres aos despus, se cre y estableci en Buenos Aires (Argentina) el Secretariado Suramericano de la Internacional Comunista, dirigido por Jos Peneln Secretario General del PC argentino-. En 1927, dicho Secretariado tena representantes argentinos, brasileros, uruguayos y chilenos, siendo hegemonizado por argentinos, reflejando sus propias discusiones y crisis internas. Despus del VI Congreso (1928), el Secretariado cambi su direccin. Peneln cado en desgracia- fue sustituido por Vittorio Codovilla, hombre de Mosc, absolutamente fiel al estalinismo y amigo personal del delegado del Comit Ejecutivo de la Internacional Comunista para el subcontinente, el suizo Jules Humbert-Droz.

Bajo la conduccin de Codovilla se organiz la Primera Conferencia de comunistas latinoamericanos, celebrada en Buenos Aires (Argentina) entre el 1 y el 12 de junio de 1929. Participaron quince experiencias comunistas latinoamericanas, con la notable ausencia de Chile, ms delegados de Estados Unidos, Francia y burcratas de la IC. Los delegados de Mxico, Colombia y Guatemala coincidieron en una misma preocupacin: los comunistas deban tomar las armas, dirigir el levantamiento popular y crear un Sandino en cada regin; consideraban que las condiciones en el continente eran revolucionarias y que, si los comunistas no asuman la direccin del levantamiento, lo haran los burgueses.

Era la ocasin ideal para los propsitos de la revolucin latinoamericana y la revolucin mundial, pero el Comintern no tuvo ese inters y se preocup ms en imponer sus puntos de vista de la manera ms rgida posible, que en aprender de Latinoamrica, informarse mejor de la situacin y extraer conclusiones realistas de las discusiones. Ante los planteamientos de los delegados, emergi el putchismo y la tentacin de las salidas militares, la defenestracin de la capacidad de los liberales y las contradicciones internas de los pequeoburgueses (que inclua a los intelectuales y estudiantes) que suean con un rgimen liberal a la europea (Caballero, 1987, p. 155).

Fue una Conferencia con muchas sombras y hegemonizada por la burocracia (el 10% de los asistentes se reconoca como funcionario del partido). All se aprobaron las tesis coloniales que marginaban a Latinoamrica de algn protagonismo en la revolucin, se fustigaron a los intelectuales, los estudiantes y tambin a los campesinos e indgenas. La Conferencia cerr filas contra el pensamiento disidente, autnomo y creativo distancindose de la Reforma Universitaria, los partidos de izquierda no-comunista y las tesis de Jos Carlos Maritegui.

El Secretariado Suramericano se disolvi en 1930 a causa de las luchas internas moscovitas que incluyeron la cada de Bujarin y sus seguidores. En su lugar, apareci el Bureau Sudamericano con un perfil ms clandestino y conducido por el exzinovienista Guralsky, quien vena de aplastar la izquierda del partido comunista francs, liderada por Souvarine; adems de haberse visto envuelto en escndalos de dineros. Su eleccin, puede estar relacionada con una prdida de inters en la regin mostrada por el Kremlin despus de 1929 (Caballero, 1987, p.65; 58). Tambin se sabe de la creacin de un Bureau del Caribe que tuvo como tareas la coordinacin de acciones de los comunistas norteamericanos y del Caribe, bajo la conduccin nortea (en cabeza de Browder), y que influa sobre Venezuela y Colombia, principalmente. Ambos Bureau desaparecieron a mediados de la dcada de 1930.

LEGADOS DE LA III INTERNACIONAL COMUNISTA EN AMRICA LATINA

La experiencia sovitica y el sueo revolucionario llegaron a Latinoamrica a travs del Comintern. Como la idea de socialismo tena una definicin institucional, resulta imprescindible esbozar los elementos centrales que nos leg la IC en trminos ideolgicos, conceptuales, organizativos y religiosos.

La ideologa

Tras la muerte de Lenin en 1924, el ascenso de Stalin al poder central del Partido Comunista de la Unin Sovitica (PCUS) y de Bujarin como autoridad intelectual de la Tercera Internacional, se estableci una hermenutica oficial, un sistema filosfico del pensamiento revolucionario, una doctrina oficial del movimiento comunista internacional, adoptada como tal en el VI Congreso Mundial del Comintern en 1928: el marxismo-leninismo.

El marxismo-leninismo se consolid con la publicacin de Sobre el materialismo dialctico y sobre el materialismo histrico (1938). All, Stalin cierra el crculo terico de su sistema filosfico y lo presenta sin contradicciones internas ni fisuras; un cuerpo ininterrumpido que va desde Engels (1877) hasta Lenin (1908) y amalgama dos fuentes:

(a) Sus tesis de Anarquismo o socialismo? (1905) en las que reafirma la prioridad ontolgica de Engels y el monismo de Plejanov, y contina el fatalismo histrico y eletapismo. All, propuso una filosofa social productivista, donde las fuerzas productivas arrastran invariable y evolutivamente tras de s a las relaciones sociales de produccin, y donde la subjetividad va a la zaga del desarrollo de las fuerzas productivas (teora del retardo de conciencia). Michael Lwy (2007, p. 46) ha sealado que Stalin acept las premisas mencheviques y trat de conciliarlas con el bolchevismo y la realidad de la Revolucin de Octubre.

(b) Las tesis defendidas por Lenin en Materialismo y empiriocriticismo (1908) en las que retoma el cuerpo categorial del Anti-Dring y defiende el materialismo dialctico engelsiano. Stalin considera que Lenin defiende de manera irrenunciable los fundamentos filosficos y tericos del marxismo, en tal magnitud, que sus aportes son inseparables e indistintos a los de Marx.

El marxismo-leninismo era un nuevo ropaje para el viejo binomio materialista (dialctico e histrico) planteado por Engels y desarrollado por Plejanov y Kautsky. As, la dimensin marxista est basada principalmente en el ltimo Engels (con una alusin a un texto inconexo de Marx) y la dimensin leninista slo retoma fragmentariamente- al Lenin de 1908 y en mayor medida los postulados de Bujarin y Stalin. La ortodoxia estalinista present los pensamientos y proposiciones de Marx y Lenin de forma mutilada, desconectada y fetichizada, contrarindolos en ocasiones, y abandonando los mrgenes de la ciencia, la crtica y la creacin (la proposicin terica) para entrar en el campo de la religin (verdades estriles, petrificadas de una doctrina ortodoxa). La doxa cominteriana result una ideologa metafsica, de carcter universal y ahistrico, incapaz de explicarse a s misma, aunque pudiera explicar el capitalismo, deshistorizando el marxismo y borrando sus propias huellas (Kohan, 2010, p. 91).

El marxismo-leninismo estaba basado en la ideologa del progreso lineal e irreversible, centrado en el avance todopoderoso de las fuerzas productivas y planteaba la necesidad histrica del capitalismo, al considerar como inevitable la revolucin, continuando el fatalismo histrico, el etapismo y la pasividad poltica, con vocacin reformista y altamente burocratizada. En esta visin, el Tercer Mundo primero deba alcanzar el capitalismo para construir el socialismo despus- y asumir el lugar que ocupaban los pases (coloniales y semicoloniales) en el circuito del mercado mundial. Si haba revolucin sera en la metrpoli. El enfoque de la revolucin mundial difundido por el Comintern era colonialista, occidentalista y eurocntrico. Franz Hinkelammert (en Fernndez y Silnik, 2012, p. 110) lo ha sealado como un fetichismo estalinista que perpeta, perfecciona y generaliza la Modernidad con la mistificacin del progreso lineal infinito.

La ortodoxia enseaba a obedecer tericamente, repitiendo fraseologas mecnicamente y memorizando citas; as, se impuso la legitimacin, a la crtica; el sistema, al mtodo; la lgica, a la historia; y la cita, a la reflexin (Kohan, 2013, p. 49). La ortodoxia era el nico camino para ser marxista. Para Fernando Martnez Heredia, el marxismo ortodoxo se convirti en un instrumento de dominacin que cerraba el paso al desarrollo de las personas y de la teora socialista (en Kohan, 2013, p. 29). Cualquier intento de estudio y socializacin profana era sealada de sospechosa, hertica, anti-sovitica, revisionista y trotskista. La raz del pensamiento crtico serva para combatir el pensamiento crtico.

Este fue el molde terico difundido a escala planetaria a travs de los manuales de formacin (de la Academia de Ciencias de la URSS) como legado cominteriano. Este consenso, impuesto a partir de 1928 slo fue impugnado en 1959, tras el triunfo de la revolucin cubana y la praxis de Ernesto Guevara, abriendo un nuevo ciclo revolucionario.

El concepto de revolucin

El lugar marginal asignado al mundo colonial en la revolucin mundial (consideracin pesimista respecto de la revolucin perifrica), gener en los revolucionarios latinoamericanos y sus partidos- una verdadera falta de vocacin de poder. Kohan (2003, p. 37) seala que esta posicin es heredada de la Segunda Internacional, cuando, en el Congreso de Stuttgart (1907), los participantes decidieron no repudiar ni en principio ni para siempre toda forma de colonialismo, el cual, bajo un sistema socialista, podra cumplir una misin civilizadora (cursivas nuestras).

Esta concepcin confiaba, exageradamente, en la fuerza del proletariado industrial, al que consideraba sujeto de la revolucin. Este exclusivismo del sujeto histrico, como lo define Born (2009), traa aparejada una desconfianza equivalente al campesinado. Caballero (1987, p. 137) sugiere que esto podra interpretarse como un sntoma de la diferenciacin en mundo desarrollado y mundo colonial, que al interior de los pases equivala a la diferenciacin entre el campo y la ciudad, evidenciando todo un criterio terico que generaba un sentimiento ambivalente hacia los campesinos por parte de los marxistas-leninistas para quienes el campesino era, a un mismo tiempo, enemigo potencial y aliado preferido. Adems, los comunistas slo consideraron, parcialmente, a tres sectores: la pequea-burguesa, el campesinado y el proletariado; como el proletariado estaba culturalmente cercano al campesinado y el campesinado encarnaba una tendencia reactiva pequeo-burguesa (de propietario), entonces, el proletario desconfiaba del campesinado y el campesinado del pequeo-burgus.

Esta mirada del sujeto, repercuta en la poltica de alianzas, cuyo espectro eran tan estrecho que prcticamente equivala a proponer que los comunistas realizasen una alianza con ellos mismos a travs de los Bloques Obreros y Campesinos (Caballero, 1987, p. 158-159). As, los comunistas latinoamericanos evitaron fundar partidos campesinos u obrero-campesinos, de la misma manera como eludieron los partidos nacionalistas, a los cuales slo podan ingresar, previa discusin del partido, a fin de luchar desde adentro contra el oportunismo y el reformismo (Caballero, 1987, p. 157). Adems, los intelectuales pequeo-burgueses deban proletarizarse ideolgicamente antes de ser admitidos en las filas del partido.

Era claro que la clase dirigente o conductora de la Revolucin era el proletariado, que se articulaba o se orientaba por la fuerza dirigente del Partido. Sin embargo, en el caso de las colonias, donde la fuerza mayoritaria era campesina y haba confusin sobre quines deban dirigir la revolucin, la frmula fue simple: a falta de un proletariado fuerte y consciente, la conduccin deba ser asumida por el partido. Es lo que Isaac Deustcher llam sustituismo: la fuerza dirigente sustitua la clase dirigente. La Vanguardia sustitua en las colonias al sujeto protagnico. El partido comunista se conform como un ncleo aislado.

La ambivalencia tambin se expresaba en la (in)definicin del enemigo principal a combatir. Aunque se hablara genricamente del Imperialismo, la burguesa y los grandes terratenientes, las definiciones eran ambiguas, sumadas a los cambios abruptos de orientacin debido a los pactos internacionales y las polticas de alianzas para las secciones, dificultando la comprensin para la accin.

Los comunistas latinoamericanos no pensaban en la toma del poder ni tenan una estructura y poltica masiva. A mediados de la dcada de 1930, la IC se plante dos maneras diferentes de abordar el problema del poder: (a) desde afuera -por va insurreccional-, como se intent en Brasil en 1935- y (b) desde adentro -por medio de pactos y alianzas con la pequea-burguesa y la burguesa-: la poltica de Unidad Nacional que desemboc finalmente en el browderismo (Caballero, 1987, p.159).

La concepcin histrica de la revolucin hacia afuera era eurocntrica (primaca de Europa sobre el resto del mundo) y estratificada (primaca de la lucha socialista sobre las luchas de liberacin). Y, hacia adentro del movimiento comunista, la ortodoxia se empeaba desde 1924- en reescribir la historia a cada viraje tctico, con el propsito de borrar de ella a los lderes cados en desgracia. Este modelo narrativo fue definido por Trotsky como escuela estalinista de falsificacin (Caballero, 1987, p. 28).

El modelo organizativo

En el Qu hacer?, Lenin (1902) plantea que la ciencia del socialismo no puede generarse de manera espontnea, sino que requiere de un ncleo de maestros que lo ensee a un cuerpo de discpulos a fin de construir la escuela de la revolucin. Los maestros seran los Partidos Comunistas (ncleo de intelectuales, inteligencia colectiva): en el plano internacional los de los pases centrales a los de los pases perifricos y en el plano nacional las secciones de la IC a las masas obreras. El modelo se rega bajo un ortodoxo centralismo y una organizacin vertical que privilegiaba los canales de dilogo descendentes: de los jefes a los militantes, en todos los niveles. El partido leninista estaba constituido por lites (vanguardias) de lderes que conducan a las masas. Hobsbawm (2010, p. 83) lo seala como una extraordinaria innovacin de la ingeniera social del siglo XX comparable a la invencin de las rdenes monsticas cristianas en la Edad Media, cuyos miembros derrochaban entrega y sacrificio, adems de una disciplina militar y una concentracin total en la tarea de llevar a buen puerto las decisiones del partido a cualquier precio.

La IC fue concebida por Lenin como un verdadero partido mundial que segua el modelo (victorioso) ruso; all, el Bur Poltico del PCUS asumi la conduccin y se convirti en la fuente de legitimidad, trazando las coordenadas estratgicas y las tcticas particulares, dejando a las secciones el rol de aplicacin obediente y desalentando cualquier discusin y prctica poltica desarrollada in situ o diferente a la lnea establecida. El PCUS export sueos y utopas, contradicciones y miserias; el comunismo internacional vivi todas las deformaciones surgidas en el seno del partido ruso con el ascenso y consolidacin del estalinismo. La tendencia organizativa hacia el autoritarismo y la burocratizacin vino como consecuencia de las tres victorias de Stalin. El PCUS ejerci un rol de juez y parte: diriga un Estado-Nacin y una conspiracin mundial, convirtiendo a las secciones del Comintern, las ms de las veces, en un apndice menguante del Ministerio de Relaciones Exteriores sovitico (Caballero, 1987, p. 38).

El modelo leninista ha tenido variadas crticas, por lo que se considera su carcter anti-democrtico y verticalista. Caballero (1987, p. 37) seala que la conduccin estaba en manos de una oligarqua autoelecta y Dussel (2010, p. 8) afirma que esa burocracia de cuadros vena aparejada del crculo cuadrado del centralismo democrtico. Retomando las discusiones planteadas por Milovan Djilas, el cura revolucionario Camilo Torres Restrepo (en Herrera y Lpez, 2016, p. 116) seal que la democracia socialista careca de capilaridad y permeabilidad; entonces, la clase dirigente (la clase de los polticos) no reciba las presiones sociales e impeda que el pueblo fuera el protagonista y constructor del proceso revolucionario. Su crtica est enmarcada en el debate del sustituismo.

Por su parte, el filsofo colombiano Estanislao Zuleta (2010) recuerda que en medio de una discusin de clula en torno a la organizacin partidaria, que escinda el partido de la juventud comunista, plante que tal divisin resultaba inocua en medio de la realidad social nacional; entonces, el histrico secretario general del PC colombiano, el camarada Gilberto Vieira, espet: Compaero Zuleta: usted cree que sabe ms que toda la Academia de Mosc, que todo lo que hemos logrado en toda nuestra experiencia? Cuidado, porque la Academia de Mosc, con perdn, sabe ms marxismo que Ud. (p. 45).

La religin

El cuerpo doctrinario del marxismo-leninismo era materialista, secular y profano, opuesto a toda forma de idealismo. Tomando como punto de partida una expresin marxiana que aparece en La filosofa del derecho (1844): La religin es el opio de los pueblos, desarroll el atesmo militante como su propia religin. Sin embargo, desconoce que la referencia opicea se halla en escritos de Kant, Herder, Feuerbach, Bruno, Bauer, Heine y otros, y que, leda en contexto, resulta ms moderada de lo que se impuso como definicin (Lwy, 1999, p. 14-15). En aquel texto, Karl Marx asume el carcter dual del fenmeno del desaliento religioso: puede servir como legitimador de las condiciones existentes o como catalizador de las protestas en contra de ellas. Y dos aos despus, en La ideologa alemana, aborda con Engels el tema como una realidad social e histrica y como una de las mltiples formas de ideologa.

Hinkelammert (2010; 2007) seala que la crtica de la religin constituye el elemento central de la obra de Marx, aunque cambie de nfasis y lenguaje. La crtica de la religin (en el joven Marx) se convierte en crtica de la economa (en el Marx maduro), elaborando su crtica del fetichismo y planteando su imperativo categrico: denunciar a los dioses celestes o terrestres- que no reconozcan al ser humano como ser supremo para el ser humano y en cuyo nombre el ser humano sea tratado de forma humillante, sojuzgada, abandonada y despreciable. Los dioses terrestres (fetiches) a los que alude Marx son el mercado, el Estado y el capital, que exigen en sacrificio al mundo entero (seres humanos y naturaleza) y slo quieren beber nctar en los crneos de los muertos. El paradigma esta crtica constituye el paradigma del humanismo y del pensamiento crtico.

Una de las tesis centrales de Hinkelammert (2010) es que Marx es continuador y profundizador de la tradicin mesinica de Isaas, Jess y Pablo de Tarso, desarrollando la crtica paulina de la ley. De hecho, seala que Marx conoce muy bien las escrituras cristianas y es posible que sepa que su interpretacin est en la lnea de la crtica de la ley de Pablo de Tarso (en Fernndez y Silnik, 2012, p. 70). Por su parte, Dussel (1993) seala que Marx abrev los marcos categoriales de la tradicin semita, desarrollando incluso el mtodo proftico. Para estos autores es muy claro que Marx nunca pretendi la abolicin de la religin ni se preocup por desarrollar un atesmo militante.

Las posiciones del marxismo posterior respecto de la cuestin religiosa fueron diversas y oscilaron entre: (a) considerar que la batalla atesta en contra de la ideologareligiosa (cursivas nuestras) deba subordinarse a las necesidades concretas de la lucha de clases, que exiga la unidad de los trabajadores creyentes o no-; y, (b) limitarse a comentar o desarrollar las ideas esbozadas por Marx y Engels o bien aplicarlas a una realidad particular (Lwy, 1999, p. 20). As, supeditaron siempre la lucha de clases y la unidad revolucionaria a una enconada actitud de atesmo militante.

La ortodoxia cominteriana asumi como nica perspectiva aquella cruda e intolerante de tipo materialista, que propona que un cristiano que se convirtiera en socialista o comunista necesariamente abandonara sus anteriores creencias religiosas anticientficas e idealistas (Lwy, 1999, p. 23) (Cursivas nuestras). El modelo era de unaconversin religiosa: abandonar un dogma para abrazar otro. La crtica de la religin iniciada por Marx pas de una crtica cientfica a una afirmacin metafsica y en el anlisis de la economa poltica tendi a desaparecer la crtica del fetichismo; se transform la crtica de la economa poltica, en buena parte, en una teora estructuralista con un carcter de escolstica (Hinkelammert, 2010, p. 147) y declar una ruptura entre el joven Marx y el Marx posterior, en tal magnitud que los escritos juveniles fueron sealados como no marxistas. El criterio emprico y cientfico empleado por Marx para la crtica de la religin fue cambiado por una pregunta metafsica, que no tenan ninguna relacin con la crtica de la economa poltica y con la crtica de la religin y del fetichismo hecho por Marx (Hinkelammert, 2010, p. 148).

Finalmente, resulta paradjico que un expastor protestante suizo hubiera llegado a ser una de las figuras prominentes del aparato del Comintern: Jules Humbert-Droz y que entre 1936-1938 emergiera en Francia un movimiento de revolucionarios cristianos, con varios miles de simpatizantes, que apoyaban al movimiento obrero, en especial sus tendencias ms radicales el ala izquierda del Partido Socialista- con un eslogan principal: somos socialistas porque somos cristianos (Lwy, 1999, p. 24). Fenmenos de este tipo tomarn fuerza en Amrica Latina a partir de la dcada de 1960, sin que la ortodoxia marxista tenga respuestas contundentes.

COLOMBIA: Del sincretismo y la diversidad socialista a la insoportable homogeneidad comunista exportada por la III I.C.

A comienzos del siglo XX el ideario socialista fue una de las expresiones polticas y organizativas ms importantes en Colombia, pues congregaba diversos sectores sociales, entre ellos, la naciente clase obrera de los enclaves norteamericanos (petrolero y bananero), artesanos, campesinos sin tierra, indgenas, estudiantes e intelectuales.

Sin embargo, ha sido una experiencia poco difundida y estudiada, no slo por la academia sino, y es lo ms preocupante, por los mbitos militantes de izquierda. Cuando se quiere indagar por los orgenes de las luchas y la historia poltica de la izquierda colombiana, sta es definida a partir de un nico y hegemnico mito fundante: el nacimiento del Partido Comunista Colombiano (PCC), antes del cual, como es propio de los relatos oficiales, es la nada misma. Esto puede explicarse porque la historia de los partidos comunistas alrededor del mundo ha procurado instalarse como la narrativa dominante de una poca y como el eje rector de los distintos movimientos revolucionarios que fueron surgiendo en el mundo. Por ello, al querer realizar un anlisis sobre el impacto de la Revolucin de Octubre en nuestras realidades latinoamericanas, pueden quedar reducidos en el exclusivismo de la perspectiva de su impacto en la creacin de partidos comunistas prosoviticos y en la lectura que luego esos partidos hicieron de esa influencia (Vega, 2002, p. 164). Por dems, el tema es mucho ms amplio y complejo que eso.

Socialismo Mestizo: Semilla Rebelde y Originaria

La guerra fue el sino de los albores del siglo XX. Dos guerras mundiales, hambrunas y una crisis econmica mundial fue el caldo de cultivo para el surgimiento de unaalternativa otra al sistema capitalista. El mito de la Modernidad, del progreso lineal e infinito, pareca dar seales de fracaso. El siglo XX encontr en Colombia un pas devastado social y econmicamente que acababa de salir de una cruenta guerra civil conocida como Guerra de los Mil Das que enfrent a conservadores nacionalistas con liberales, dando origen a una retrgrada Hegemona Conservadora que gobern cerca de medio siglo (1886-1930), imponiendo los preceptos ortodoxos vaticanos de Estado, Familia, Propiedad Privada y Mercado y ejerciendo la violencia represiva del Estado para mantener el statu quo, sofocando huelgas y protestas.

Detrs del teln, quien mova los hilos era el imperialismo norteamericano, a travs de una agresiva y diversificada injerencia que incluy la secesin de Panam en 1903, para hacer el canal interocenico, desarroll sus inversiones econmicas a travs de los enclaves petroleros y bananeros con sus empresas (la Tropical Oil Company en Barrancabermeja y la United Fruit Company en Santa Marta) y promovi una danza de los millones al juntar crditos para inversin en infraestructura (ferrocarriles y navegacin) y para la consolidacin de un producto nacional de exportacin (el caf) con la indemnizacin pagada al Estado colombiano por la divisin del istmo. Esta injerencia no fue slo en Colombia y no slo por medios econmicos, sino buscaba el control de Latinoamrica cuya importancia geoestratgica se fue revelando a lo largo del siglo XX, como bien nos advierte Born (2013, p. 59-97).

Este conjunto de situaciones inaugur no slo la diplomacia del dlar a la que alude Renn Vega Cantor, sino un proceso de organizacin y lucha obrera y sindical (local-nacional) bajo proyectos emancipadores, que fueron gravitando cada vez con ms fuerza alrededor de las premisas ideolgicas del Socialismo y el Liberalismo radical. Hasta entonces, Colombia careca de polos fabriles e industriales y seguan prevaleciendo las economas agrcolas, campesinas y artesanales. No haba proletariado industrial fabril y la categora Obrero inclua tambin al campesinado y al artesanado.

La organizacin poltica de este primer socialismo (1909-1919) construy una cultura popular con su propio ideario, smbolos, representaciones, rituales y mixturas; cuestionaba el verticalismo y el autoritarismo, rechazaba la poltica bipartidista (liberal-conservadora) y bajo el Manifiesto Obrero de 1916 se declararon obreros libres, sin amos, ni conductores polticos. En materia ideolgica y cultural, desarroll un sincretismo de corrientes diversas, congregando a socialistas, comunistas, anarquistas y liberales radicales, influidos por el cristianismo primitivo, la Revolucin Francesa y la Revolucin Rusa, sin considerar contradicciones entre ellos. Las contradicciones y los purismosvendran mucho despus, con la influencia cominteriana. En este perodo se dio nacimiento al Partido Obrero, en el ao 1911.

La segunda etapa del socialismo (1919-1924) se caracteriza por algunos fundamentos ideolgicos con los que se constituira nominalmente el Partido Socialista. Se retomaron las consignas de la Revolucin Francesa (Libertad, Igualdad y Fraternidad) y se busc la unin de los trabajadores en la lucha por los tres ochos: 8 horas de trabajo, 8 horas de estudio y 8 horas de descanso; adems, se propuso la abolicin del monopolio y esclavitud de la tierra, la liberacin de los terrenos baldos y el impulso del cooperativismo y las redes polticas. Este socialismo impuls la equidad de gnero pariendo a una de las ms destacadas referencias polticas de la izquierda colombiana: Mara Cano Mrquez. Su idea de socialismo continuaba, en cierta medida, el socialismo de Estado planteado por el General Liberal Rafael Uribe Uribe (proteccionista de la produccin nacional con reconocimiento de la propiedad privada y el capital), y busc la participacin electoral en alianzas polticas hasta ese momento con el ala radical del Partido Liberal.

En este perodo se comenzaron a esbozar las primeras definiciones tericas de lo que se entenda por socialismo. Una idea de justicia social que restringiera el capitalismo y mejorara la calidad de vida de la clase obrera, sin desarrollo de la violencia. Se trataba, en mucho, de un cierto reformismo y Estado de bienestar social-demcrata. As mismo, se enfatizaba en la necesidad de que el obrero siempre tuviera trabajo, que la huelga fuera el instrumento firme convertida en la sustancia motora del socialismo (Vega, 2002, p. 114).

El tercero y ltimo- momento del socialismo est comprendido entre los aos 1924 y 1930. Liquidado el Partido Socialista en 1924 se perfilaron dos tendencias en el IV Congreso Socialista. La primera, encabezada por Luis Tejada, abogaba por organizar un Partido Comunista, que fuera reconocido por la III Internacional y que pretenda abjurar de todo el pasado inmediato como algo negativo, pleno de reformismo; y la segunda, con Francisco de Heredia, quera continuar con un Partido Socialista que aprovechara las experiencias adquiridas de 1919 y que se fundiera con la realidad colombiana mediante el conocimiento de sus problemas (Vega, 2002, p. 120). El pulso condujo a la fundacin en 1926 del Partido Socialista Revolucionario (PSR), admitido oficialmente en el Comintern.

El PSR continu la sntesis de la Revolucin Francesa (liberalismo radical) con el pensamiento socialista (en sus diferentes corrientes) y la experiencia de la Revolucin Rusa, incorporando dilogos con la cosmovisin indgena (a travs de Manuel Quintn Lame) y con los planteamientos cristianos que consideraban revolucionario a Jess; adems, de una autntica promocin y difusin del internacionalismo y el antiimperialismo. Los socialistas revolucionarios apelaron al reconocimiento de los esfuerzos anteriores hechos por el Partido Socialista con todas sus limitaciones y resaltaron la necesidad de un socialismo propio, raizal y mestizo. El propio Francisco de Heredia expresaba:

Reconozcamos, pues, el carcter idealista y humanitario de la Revolucin Rusa, pero cimonos a la realidad colombiana. No estamos todava en un perodo de organizacin y propaganda? Entonces por qu no esperamos el resultado de los experimentos de otros pueblos? Por qu no nos ceimos a nuestro medio, estudiamos la vida nuestra y presentamos programas, que puedan revisarse, y que solo servirn para orientarnos hacia el porvenir a la vez que laboramos en el presente por mejorar, de la manera que est a nuestro alcance, la situacin de los trabajadores? () Expresemos, pues, nuestra solidaridad con todo el proletariado del mundo, y nuestro propsito de pertenecer a la organizacin mundial comunista cuando se realice, y nuestra resolucin de ayudar a que se realice. Pero tambin es evidente que para agrupar y a organizar al proletariado colombiano, alrededor de la voluntad de emancipacin es indispensable seguir el camino ms fcil, que en este caso es la organizacin netamente colombiana y la independencia, que nos permite maniobrar, de otras organizaciones extranjeras (en Vega, 2002, p. 122-123).

Sus planteamientos son coincidentes con las formulaciones que hace Maritegui en Heterodoxia de la tradicin (cit. por Vega Cantor, 2010) en la que seala que los verdaderos revolucionarios no procedan como si la historia empezara con ellos, sino que, lejanos de la ilusin egocntrica de fundadores, asumen que representan fuerzas histricas; es decir, que no existe lucha revolucionaria sin sentido histrico, sin dimensin de memoria histrica popular. De otra parte, su concepcin del socialismo apelaba a un anlisis concreto de la situacin concreta elemento constitutivo de la filosofa de la praxis. El PSR abogaba por formas partidistas no verticalistas, centralistas ni personalistas, basadas en relaciones territoriales y de confianzas, que apelaran en muchos casos a las tradiciones culturales y alzaba una premisa: al proletariado no lo manda un hombre sino un programa.

Este modelo de socialismo mestizo dur muy poco tiempo. La derrota de la gran huelga bananera, que termin en masacre en diciembre de 1928 y el fracaso de la insurreccin bolchevique de 1929 la primera de Latinoamrica- que desat una brutal represin policial (la Ley heroica) y persecucin judicial en contra del socialismo revolucionario, que incluy el encarcelamiento de algunas de sus principales figuras como Toms Uribe Mrquez, sum al PSR en una crisis de la que no se pudo recuperar; adems, se vivi el impacto de la crisis econmica mundial, que detuvo el danzar millonario.

La dcada terminaba con dos grandes perdedores, el PSR (y su socialismo mestizo) y el Partido Conservador (dando fin a la Hegemona), y dos grandes ganadores, el Partido Liberal (que alcanz el triunfo electoral con el candidato de los norteamericanos: Enrique Olaya Herrera) y la tendencia comunista, la cual, sobre las ruinas del PSR y apoyada por el Comintern, tom el control del partido y promovi la tan anhelada pretensin de formar el verdadero Partido Comunista.

La Estalinizacin de la cultura poltica colombiana

La intervencin del Comintern en el PSR y su participacin activa y determinante en su conversin en Partido Comunista fue planificada desde octubre de 1929, despus de la Conferencia de Buenos Aires, aunque ya vena siendo exigido un cierto cambio orgnico y poltico desde febrero de 1929, por medio de correspondencia. Este pasaje y el rolcominteriano pueden seguirse en el anexo documental del libro de Meschkat y Rojas (2009).

En la Conferencia de Buenos Aires, el suizo Jules Humbert-Droz hizo por primera vez una alusin a Colombia, en relacin con la huelga bananera; sus apreciaciones fueron ampliadas posteriormente a travs de una carta al PSR donde criticaba duramente la organizacin y planificacin de la huelga. Y en un informe presentado posteriormente seal que los revolucionarios colombianos (especialmente Ral Eduardo Mahecha) podran ser buenos militantes comunistas si se los acompaaba en el estudio y las discusiones a pesar de una cierta suficiencia: ellos declaran que en Colombia, no se hace como en Alemania o en Rusia (Meschkat y Rojas, 2009, p. 27). La locucin preposicional a pesar de revela la conviccin cominteriana de desconocer cualquier experiencia e imponer su recin estrenado marxismo-leninismo. Mosc ya tena una doctrina, por tanto, no necesitaba tericos sino activistas. La atencin se centr en los organizadores ms hbiles, en quienes hubieran demostrado ser voceros de los explotados en sus luchas (Meschkat y Rojas, 2009, p. 23-24).

En una tierra frtil para la revolucin se sembr la semilla transgnica del marxismo adulterado. A partir de entonces, comenzaron los ajustes de cuentas con el pasado socialista, haciendo tabula rasa. Comienza una nueva etapa en la izquierda colombiana. Se trata de un cuarto perodo que podra definirse como bolchevizacin y que significa la negacin absoluta de las tres anteriores etapas. Se caracteriza por la adopcin del marxismo-leninismo y de la disciplina partidaria (lase obsecuencia al dictamen moscovita), acentuando el centralismo y desarrollando un conjunto de prcticas expulsivas-depurativas que eran vistas como necesarias para la consolidacin y triunfo del partido, en ltimas de la revolucin (apartado anterior). Se trataba de un autntico ritual de conversin poltica e ideolgica al Comunismo internacional.

La bolchevizacin puede caracterizarse por medio de los siguientes criterios:

(1) Defenestrar y negar la propia historia. Es la mundializacin de lo que Trotsky llam Escuela estalinista de falsificacin. El pasado histrico, previo al Comunismo, est lleno de desaciertos y errores la barbarie poltica! Se trataba de condenar el propio pasado si se encontraba fuera de los marcos interpretativos y de accin comunista.

(2) Denunciar y perseguir la desviacin ideolgica. Los disidentes (llmense pequeoburgueses, trotskistas, revisionistas o putchistas) eran enemigos a los cuales haba que eliminar fsica, poltica y/o moralmente. Esta caracterizacin, generalmente se aplic a los intelectuales y estudiantes.

(3) Homogeneizar al sujeto histrico y revolucionario bajo la categora proletario delimitaba a los sujetos y actores sociales al sector fabril/industrial, por ende urbano, excluyendo a todo un universo de clase social predominantemente campesina y artesanal, lo que significaba una marginalidad poltica en un contexto atrasado y mayoritariamente rural.

(4) Construir un partido disciplinado y obediente a los dictmenes moscovitas adelantando una defensa acrtica de la Unin Sovitica. Esto implicaba adoptar la ideologa del marxismo-leninismo, aceptar las definiciones tcticas y estratgicas de la revolucin e interiorizar la espiritualidad vaca y el atesmo militante. As, se podan instaurar tribunales que juzguen el autntico compromiso revolucionario de los militantes. Entonces slo era posible la derrota, el ostracismo, la conversin, el retorno a viejos nichos polticos o el traspaso ideolgico-poltico para los que no se sometieran.

Tres o cuatro generaciones de militantes marxistas fueron educados en esa escuela de falsificacin, sus conceptos y mtodos de accin poltica, lo que condujo a la amoralidad de una tica alejada de os principios, es decir, la razn de ser del marxismo como movimiento mundial.

PALABRAS FINALES

A cien aos de la Revolucin Rusa muchos debates siguen abiertos y muchas preguntas, sobre todo desde su debacle en 1992. No slo para qu sirvi, punto inicial de este trabajo, sino cul es su significado para la historia de los orpimidos.

La Revolucin Rusa fue y sigue siendo- fuente de inspiracin para todas las experiencias revolucionarias. Pero, tambin de debate. Sin pretender hacer historia contra-fctica no deja de ser tentador preguntarse cul habra sido el destino de la RR si Lenin no hubiera muerto tempranamente o si Trotsky hubiera asumido la conduccin del PCUS? Lo cierto es que esto no pas. Lenin muri pronto y Trotsky fue derrotado por Stalin, parafraseando el ttulo del libro de H. Montero (Por qu Stalin derrot a Trotsky, Bs. As., 2009).

Problematizar las implicaciones de la Revolucin Rusa, a partir del papel de la Tercera Internacional Comunista nos permite rastrear huellas de un pasado que no pasa, como dice Boaventura de Sousa para descubrir que muchas de las prcticas, estrategias y narrativas concretas de las izquierdas contemporneas, siguen orbitando en derredor del estalinismo. Esta parece ser la maldicin de la RR: ser indivisible de Stalin. As, como la idea de comunismo (y de socialismo) est atada a la RR y sta es inseparable de Stalin, entonces, el derrumbe del campo socialista es un asunto que nos atae a todas y todos los revolucionarios. Se trata de una derrota total de la izquierda mundial, unaderrota del alma pues, como dice Hinkelammert (en Fernndez y Silnik, 2012, p. 45) de repente, el pensamiento tradicional de la izquierda enfrentaba la necesidad de un replanteo de fondo, porque tena que incluir toda la cultura, la concepcin del mundo, todo.

A la RR hay que volver con sus luces y sus sombras, sus aportes trascendentes y trgicas perversiones, y aplicar el principio de totalidad y no simplemente quedarnos con el fragmento de relato romntico que nos hace felices o nos satisface. Las lecciones, efectos e impactos, hay que verlos de conjunto, si queremos asimilar la experiencia para los nuevos desarrollos del capitalismo y de la lucha revolucionaria. No revisar esa historia es negar toda posibilidad de trascender los vicios de la cultura poltica de izquierdacominteriana.

A su vez, se nos exige volver a los clsicos y a nuestros referentes, desde una perspectiva anti-moderna, llammosla transmoderna como la define Dussel o posmoderna de oposicin como lo hace Boaventura. Hay que ir ms all de la ideologa, el concepto de revolucin, el modelo organizativo y la espiritualidad que nos leg la escuela del estalinismo durante medio siglo. Esta es una exigencia tica y poltica, intelectual pero tambin histrica y prctica. Quizs sea la nica manera de liberar nuestro Socialismoraizal o mestizo, nuestro pensamiento propio, del gulag histrico al que ha estado sometido.

Tal vez, con este recate, junto a nuevas actualizaciones, como la Poltica de la liberacin (Dussel, 2007, 2009), entre otras de alto vuelo como los aportes de P. Anderson, E. Hobswan, Daniel Bensid, I. Mszros, Claudio Katz y Aldo Casas, Goran Thernborn, entre otros contenpornos, nos permitamos analizar las mutaciones profundas del capitalismo actual desde marcos interpretativos nuevos, vislumbrar utopas nuevas, que caminen desde resistencias que tambin han mutado en mltiples, con el sujeto plural y diverso (Houtart, 2008) que habita en nuestra indo-afro-latinoamrica, como la define Isabel Rauber.

No redescubrir las claves explicativas de la RR, sus enseanzas y lecciones, as como la catstrofe que signific la aplicacin cominteriana en nuestro continente, puede conducir a perpetuar los liquidadores del pasado, los de ayer, hoy y siempre; puede llevarnos a que la historia no siga pasando en tiempos decisivos para la continuidad de la vida del Planeta. La crisis civilizacional que atravesamos, crisis del capital, nos exige no renunciar ni al socialismo ni a la lucha revolucionaria. Nos demanda creacin heroica como lo exiga Maritegui.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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