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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2017

Copas y mujeres

Juan Francisco Martn Seco
Repblica de las ideas


La actuacin de Jeroen Dijsselbloem como presidente del Eurogrupo est colmada de toda clase de errores y del ms puro sectarismo. Su nico mrito radica en haber sido palmero de Wolfgang Schuble en su cruzada a favor de las medidas restrictivas y de ajustes de todo tipo. Pero, en esta ocasin, se ha pasado tres pueblos. No ha dudado en insinuar que los pases del Sur gastan las ayudas que reciben de la Unin Europea (UE) en copas y en mujeres. Lo ms pattico del tema es que achaca el exabrupto a su estilo directo, propio de la cultura calvinista y de la sinceridad holandesa. Flaco favor hace a sus compatriotas holandeses, y dice mucho del grado de deterioro en el que han cado en la actualidad los partidos que se hacen llamar socialdemcratas, pero en los que todo parecido con la verdadera socialdemocracia es mera coincidencia.

Es difcil entender cmo a estas alturas contina todava siendo presidente del Eurogrupo, incluso cuando su partido ha sufrido una autntica debacle electoral, y tambin es inconcebible que todos los mandatarios de los pases del Sur no hayan pedido por unanimidad su dimisin. La nica explicacin factible es que a Merkel le vienen muy bien halcones como este para poner al frente de las instituciones comunitarias, y que paradjicamente la mayora de las autoridades de los pases deudores profesan un penoso seguidismo y no son capaces de unirse y plantar batalla al Gobierno alemn y a los de sus pases satlites.

La gravedad de las palabras de Jeroen Dijsselbloem estriba en que, por desgracia, son bastante representativas de lo que piensa una buena parte de las sociedades del Norte. A los ciudadanos de estos pases se les ha inculcado el mito de que los problemas actuales de la Unin Monetaria (UM) provienen del despilfarro y de la prodigalidad de los pases del Sur, que han vivido durante aos por encima de sus posibilidades y pretenden ahora que los contribuyentes europeos paguen sus deudas.

La realidad es muy distinta. La UE y la UM, mediante la libre circulacin de capitales y la inamovilidad del tipo de cambio, han producido resultados muy desiguales, beneficiando en grado sumo a Alemania y a algn que otro pas pequeo de su rbita, como Holanda, y perjudicando a todos los dems. Antes de la creacin del euro, la renta per cpita de estos dos pases perda posiciones respecto a la media europea, mientras que a partir de la constitucin de la UM las gana; tendencia contraria a la mayora de los otros miembros de la Eurozona. En el caso de Holanda existe otro factor adicional, su condicin de cuasi paraso fiscal, que origina que una buena parte de su prosperidad obedezca a la competencia desleal que hace en materia fiscal al resto de los pases.

Las actuaciones de las instituciones europeas no solo no estn ayudando a reducir las divergencias econmicas, sino que las estn incrementando. Los rescates no brotan de un acto de generosidad ni son el resultado de la solidaridad de los pases del Norte para con los del Sur; en realidad, constituyen un regalo envenenado, no son ms que prstamos a un tipo de inters en muchos casos bastante oneroso que, lejos de ayudar al pas en cuestin, se orientan a garantizar los crditos que los bancos alemanes y franceses concedieron de manera un tanto imprudente y que, de no estar en la UM, los acreedores recuperaran con prdidas debido a la devaluacin de la moneda.

La nica solucin lgica para evitar tales desigualdades pasa por el establecimiento de una verdadera unin econmica en todos sus aspectos. La coherencia exige la creacin de una hacienda pblica comn capaz de asumir una adecuada funcin redistributiva entre las regiones, una verdadera unin fiscal. Sin esa unin fiscal, la UM deviene imposible porque lo que ahora se est produciendo es una transferencia de fondos -quiz de cuanta similar- en sentido inverso, transferencia a travs del mercado, opaca y encubierta, pero no por eso menos real. En contra de lo que mantiene el seor Jeroen Dijsselbloem, el mantenimiento del mismo tipo de cambio entre los pases del Norte y los del Sur empobrece a estos y enriquece a aquellos; genera un enorme supervit en la balanza de pagos del pas germnico mientras que en las de las otras naciones se provoca un dficit insostenible. Se crea empleo en los pases acreedores y se destruye en los deudores.

Desde el inicio se tuvo conciencia de que la UM iba a incrementar las diferencias entre los pases, y ante la falta de unin fiscal se pretendi sustituirla con el fortalecimiento de los fondos estructurales y la creacin del Fondo de cohesin. Instrumentos totalmente insuficientes y desde el principio condenados al fracaso al no querer que el presupuesto de la UE sobrepasase nunca el techo del 1,24% del PIB global de la Comunidad, cantidad absolutamente ridcula si se compara con el presupuesto de cualquier Estado, por muy liberal que sea; lo que es tanto ms cierto si se tiene en cuenta que en ese porcentaje estn incluidos los gastos de la burocracia comunitaria y toda la poltica agrcola, ganadera y de pesca, que se lleva la parte del len de ese presupuesto.

No obstante, un montaje propagandstico bien orquestado ha magnificado las ayudas a todas luces escasas y a aos luz de las transferencias que habran de producirse si se hubiera constituido una unin presupuestaria y fiscal. Concretamente en Espaa se ha creado un autntico mantra alrededor de los fondos europeos y de la enorme cantidad de recursos que se han recibido de Europa. Tal mito se ha mantenido a base de una poltica inteligente de la UE que obligaba a publicitar la marca Europa en toda obra o actividad financiada aunque fuese parcialmente por dichos fondos, y a una propaganda interior empeada en cantar las excelencias de la UE y de lo mucho que nos estbamos aprovechando de nuestra pertenencia a ella.

Nadie, por el contrario, se ha preocupado de explicarnos que buena parte de esos recursos haban salido antes de Espaa. Los recursos de la UE no caen del cielo, sino de la contribucin de todos los Estados miembros, entre los que se encuentra Espaa. Los recursos recibidos de Europa hay que considerarlos por tanto en trminos netos, y as tomados los que ha recibido Espaa no han llegado por trmino medio anual al 1% del PIB. Por otra parte, los recursos han podido tener un efecto secundario negativo. Eran ayudas finalistas que deban ser invertidas en determinados objetivos, forzando a los Estados miembros a dedicar una parte de sus presupuestos a dichas finalidades, no solo por la contribucin realizada a la UE, sino tambin por la parte de la inversin o actividad que deba financiar la hacienda pblica estatal. En muchas ocasiones, la eleccin no ha sido la ms acertada. Eso explica, por ejemplo, el enorme desarrollo que han experimentado las infraestructuras, algunas de ellas sin demasiada justificacin, en detrimento de los gastos de proteccin social. Hay que aadir tambin que muchos de esos recursos vienen a compensar -y de forma no demasiado apropiada- las renuncias que en materia agrcola se han impuesto a determinadas producciones.

El sistema presupuestario de la Unin es, adems, el peor de los posibles porque, amn de su escasa cuanta, no son los ciudadanos los que en funcin de su capacidad econmica contribuyen y reciben las ayudas, sino los Estados, explicitando de forma automtica los pases que son receptores y contribuyentes netos. De esta forma, se da pie al victimismo, empleado amplia y hbilmente por Alemania y algn otro pas del Norte, cuyos ciudadanos se sienten como paganos (buena prueba de ello es el exabrupto del presidente del Eurogrupo), cuando la instrumentacin mediante impuestos propios de la Unin tendra un efecto redistributivo mucho mayor como resultado no de la generosidad de los pases ricos, sino por la aplicacin automtica de un principio admitido, al menos en teora, de forma indiscutible por los sistemas fiscales de todos los pases, la progresividad en los impuestos que grava a los ciudadanos segn sea su renta y de forma ms que proporcional.

www.martinseco.es

Fuente: http://www.republica.com/contrapunto/2017/03/30/copas-y-mujeres/



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