Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2017

Argentina. Mitos y falacias de la reconversin productiva
La competitividad tiene dos caras

Emmanuel lvarez Agis
Le Monde diplomatique


Debate. En el nmero anterior, el Dipl inagur una discusin acerca del lugar de la industria en el desarrollo argentino. Aqu, una crtica a los argumentos basados en el costo argentino y las iniciativas de reconversin a partir de una apertura de las importaciones. El desarrollo, sostiene el autor, exige dcadas de polticas planificadas con una fuerte regulacin estatal.

 

El debate sobre la poltica econmica parece haber encontrado por fin unanimidad: hay que mejorar la competitividad. La frase no slo suena bien, sino que adems ha logrado instalar en el sentido comn la idea de que nuestra falta de competitividad es la responsable de los altos precios que deben asumir los consumidores por algunos de los bienes que hoy marcan la canasta de consumo de una economa desarrollada, como la indumentaria y la electrnica. Sin embargo, esta concepcin omite uno de los principios bsicos de la economa: el principio de partida doble. El principio de partida doble dice algo tan sencillo como que toda compra es una venta. Y tambin algo un poco ms complejo: todo costo es a la vez un ingreso. Este ltimo punto es central para entender la falacia de composicin que se esconde detrs de las dificultades de competitividad de la industria local.

Un ejemplo concreto puede contribuir a aclarar esta cuestin. Tomemos el caso de un par de zapatillas. Elegimos las Nike Air Max Tavas y comparamos el precio en el mismo canal de comercializacin: Mercado Libre. Contrastando con Mxico, una economa supuestamente ms competitiva que la argentina, comprobamos que all se venden al equivalente de 1.280 pesos argentinos, mientras que aqu cuestan 2.936, ms del doble. Observando esta diferencia es claro que cualquier argentino preferira abrir el pas a la importacin de zapatillas ya que esto se reflejara en un incremento de su poder adquisitivo: con el mismo salario podra comprar ms zapatillas.

Sin embargo, uno de los factores que permiten que Mxico tenga esos costos son sus bajos niveles salariales. El salario mnimo se ubica en 100 dlares por mes, contra 504 dlares en Argentina. Esta diferencia nos muestra las dos caras de la moneda salarial, el principio de partida doble: podramos decir que el costo laboral de Argentina multiplica por cinco al de Mxico, pero tambin podramos decir que los trabajadores de Argentina ganan como mnimo cinco veces ms que los de Mxico.

Pero, como se sabe, el valor de los salarios en dlares puede ser poco informativo sobre su poder de compra. Lo que importa es la comparacin de ese salario con los precios internos de cada economa. Pues bien, si evaluamos los salarios de ambos pases en trminos de nuestras zapatillas, veremos que mientras que en Argentina un salario mnimo equivale a casi 3 pares de nuestras zapatillas caras, en Mxico un salario mnimo apenas alcanza para comprarse 1,5 pares. En otras palabras: la competitividad del trabajador mexicano se basa en buena medida en su incapacidad de adquirir un par de zapatillas y, simtricamente, la falta de competitividad del trabajador argentino se explica por la posibilidad de poder comprar ms zapatillas.

Caminos

El salario promedio del sector privado registrado en Argentina se ubica en torno a los 21.000 pesos por mes. Ese salario compra unos 7 pares de las zapatillas en cuestin. Lamentablemente, el actual gobierno parece considerar slo dos vas conocidas para recuperar la competitividad. La primera, que es mera declamacin, consistira en reducir el salario del sector privado de esos 21.000 pesos a unos 4.000, algo claramente inviable desde cualquier punto de vista. La otra va, algo ms indirecta y que goza de mejor prensa, es la devaluacin. Si Argentina quisiera alcanzar la competitividad de Mxico, el tipo de cambio tendra que pasar de los actuales 16 pesos a unos 80. Como el lector se dar cuenta, una devaluacin del 400% tambin es claramente inviable.

Pero existe una tercera va, ms paulatina pero que en algn momento resulta en ese mismo escenario: la apertura de las importaciones. A medida que la economa se abra a la importacin de productos cuyo costo laboral es cinco veces ms bajo que el local, la presin sobre el aparato productivo avanzar, en primer lugar, por va del desempleo. Las fbricas locales que no puedan competir con esos costos debern cerrar y sus operarios terminarn en la calle. Esa masa creciente de trabajadores morigerar los reclamos paritarios, hecho que hoy se ve reflejado por ejemplo en la dinmica del sector metalrgico y su principal sindicato, la UOM, cuyo zapato aprieta fuerte y obliga a los trabajadores a elegir entre salarios y empleo.

Sin embargo, por ms que el desempleo aumente, sigue siendo impensable que los trabajadores argentinos acepten un salario cinco veces menor. Pero la historia argentina nos muestra cmo se terminan resolviendo estas tensiones resultantes de una economa que se abre a la competencia externa: en 2001, cuando el desempleo finalmente super el 20% y el gobierno intent reducir los salarios por ley y/o decreto, nuestra moneda experiment una devaluacin entre puntas de ms del 300%. Finalmente Argentina recuper su competitividad, pero a costa de la peor crisis econmica, poltica y social de su historia.

Como la experiencia reciente resulta ilustrativa de los riesgos de mejorar los costos por va de bajar salarios (ya sea directa o indirectamente), el argumento pro-competitividad suele mutar hacia lo siguiente: Es cierto, nadie quiere recuperar la competitividad a costa de los trabajadores porque, adems, ellos no son los culpables; el culpable es el Estado, porque el alto costo laboral argentino se explica por la cantidad de impuestos que se pagan sobre los salarios. La idea es conocida: una carga tributaria en torno al 35% sobre los salarios sera la responsable no slo de la falta de competitividad sino de la alta informalidad laboral. La frmula sera la del 35-35: el 35% de impuestos es responsable del 35% de los trabajadores en negro. Las empresas, al no poder enfrentar esa carga tributaria, se veran obligadas a mantener a sus trabajadores en la informalidad. De esto se sigue que una misma medida permitira a la vez bajar la informalidad y recuperar la competitividad: reducir las cargas tributarias que pesan sobre el salario.

El grfico Cargas tributarias... muestra que, para sorpresa de muchos, la relacin entre impuestos sobre la nmina salarial e informalidad laboral es negativa en Amrica Latina. Es decir, menores cargas tributarias no generan menores niveles de informalidad y por lo tanto reducir los impuestos al trabajo no contribuye a una mayor formalizacin. En Per, por ejemplo, la carga tributaria es de 18% y la informalidad de 53%. La literatura que analiza esta relacin suele indicar que la causalidad entre impuestos e informalidad es exactamente la inversa a la que pretenden quienes proponen reducir las cargas tributarias: no son los altos impuestos los que causan la informalidad, sino que las economas que tienen altas tasas de informalidad suelen contar con una baja capacidad para gravar a sus contribuyentes y por lo tanto tienen bajos niveles de carga tributaria.

Pero aun si estos argumentos y la evidencia emprica no fueran suficientes para comprender los verdaderos problemas que enfrenta nuestra economa para mejorar su competitividad, se podra argir que, sea como sea, lo que ocurre finalmente es que pases con salarios ms bajos en dlares son ms competitivos que Argentina y lo que hacen es invadir a nuestro pas con importaciones que ingresan a precios de venta sensiblemente ms bajos que los locales, con los efectos negativos que esa dinmica implica en materia de empleo y de desarrollo de la industria local.

El argumento, una vez ms, debe ser puesto en cuestin. En la tabla Importaciones... se muestran los salarios en dlares de los principales socios comerciales de Argentina para el ao 2015. Lo que se podra esperar, siguiendo esta lnea de razonamiento, es que, a mayor diferencia salarial, mayor sea el peso de ese pas en las importaciones que ingresan al pas. Sin embargo, la situacin es muy otra. En primer lugar, para nuestro principal socio comercial, Brasil, esta interpretacin es errnea, puesto que ignora la naturaleza administrada del intercambio comercial en el marco del Mercosur. Por esta razn, en la tabla se observa que, con la salvedad de China, el 60% de las importaciones proviene de economas cuyos salarios en dlares son mayores que los nuestros. Esta situacin es sencillamente el reflejo de que en el mundo actual otros factores, como la tecnologa y la escala, resultan mucho ms decisivos para comprender los patrones del comercio internacional (y, con ello, el grado de desarrollo de cada aparato industrial) que los salarios.

Sin atajos

La experiencia pos-convertibilidad ha ayudado traumticamente a que cada vez ms personas comprendan que perseguir la competitividad a cualquier costo (devaluacin) o abrirse a un mundo ms barato son frmulas que slo pueden terminar en una crisis. Ante esta encrucijada, en la actualidad algunos analistas y responsables de poltica econmica vuelven a traer un viejo y trillado ejemplo para nuestro supuestamente frustrado destino econmico: Australia. Este pas sera un ejemplo exitoso de un modelo primario-exportador que permite disfrutar de altos niveles de ingreso y desarrollo a sus habitantes.

La literatura que desmitifica este punto es abundante y buena. Para no repetir argumentos, simplemente diremos que, cuando se analizan los factores centrales que explican el despegue de Australia, es decir la dotacin de recursos naturales y la poblacin, se puede decir que, grosso modo, aquel pas cuenta con la mitad de la poblacin de Argentina y ms del doble de recursos naturales. La cuenta es sencilla: para que Argentina sea Australia necesita no una sino cuatro pampas hmedas.

Argentina no puede competir con los principales productores de manufacturas industriales. Este hecho muchas veces es sealado como una falta de competitividad por parte de nuestro pas, y los salarios y el Estado suelen ser considerados los principales responsables del alto costo argentino. Aunque se trata de un debate largo y complejo, lo que se debe comprender es que importar un producto es tambin importar las condiciones de trabajo bajo las que ese producto es generado. El bajo costo de las manufacturas de origen importado es el reflejo, entre otras cosas, de los bajos costos laborales de pases como China, Malasia o Mxico, por citar slo algunos ejemplos. Lamentablemente, en la mayora de los casos el bajo costo laboral es reflejo del bajo nivel salarial y, con ello, del poder adquisitivo y de las condiciones de vida de los trabajadores de las potencias manufactureras.

La experiencia internacional muestra que los ejemplos de desarrollo productivo exigen dcadas de polticas altamente planificadas, con el Estado liderando el proceso e interviniendo en la economa, para torcer el resultado del mercado en beneficio de un proyecto nacional. El rumbo que debe seguir Argentina para desarrollarse es una cuestin de legtima y necesaria discusin. Pero nos permitimos aportar a ese debate que medidas como abrir indiscriminadamente la economa, intentar bajar los salarios y los impuestos o apostar a un modelo exclusivamente agro-exportador no son las vas ms adecuadas.



Cargas tributarias e informalidad laboral


(Fuente: elaboracin propia basada en CEPAL)

 

Importaciones y salarios