Portada :: frica :: Gdaim Izik, asalto al campamento de la dignidad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2017

El juicio a los 25 de Gdeim Izik como paradigma de la impunidad marroqu

Jon S. Rodrguez Forrest, Amaia Arenal, Unai Orbegozo, Jess Guerra y Alex Sanz
Pblico


El pasado 13 de marzo comenz en Marruecos el proceso judicial a los 25 activistas saharauis de Gdeim Izik en el Tribunal de Primera instancia de Sal. Un juicio que el lunes fue aplazado hasta el 8 de mayo y que, por tanto, contina abierto, pero que se ha convertido en un caso paradigmtico de la lucha diaria del pueblo saharaui por su derecho a la autodeterminacin.

En primer lugar, porque los delitos que se les imputan se habran producido presuntamente durante el desalojo por parte de las fuerzas marroques del conocido como Campamento de la Dignidad. Instalado a las afueras de El Aain, el campamento de Gdeim Izik congreg entre octubre y noviembre de 2010 a decenas de miles de saharauis que exigan respeto por sus derechos sociales y nacionales. Una expresin de dignidad que fue duramente reprimida por el Reino de Marruecos.

Y en segundo trmino, porque el proceso se encuadra dentro de una serie de aplazamientos inexplicables, despus de que la primera sentencia contra los 25 de Gdeim Izik, hace casi siete aos, fuera anulada por haber sido dictada por un tribunal militar.

Esto ltimo podra parecer una decisin natural, ya que todos los detenidos son civiles y los presuntos delitos que se les achacan no tienen nada que ver con las estructuras militares del pas. Sin embargo, el nivel de represin con el que Marruecos acalla las voces del pueblo saharaui hace que, en la monarqua alau, nadie se preocupara especialmente de este detalle y aceptaran un juicio militar que acab en nada gracias a la presin internacional.

Ahora bien, aunque el proceso iniciado a principios de mes se desarroll e esta vez en un tribunal civil, las propias premisas de las que se parte hacen que, de nuevo, estemos ante un juicio sin arreglo alguno al derecho internacional. Uno de los hechos ms importantes y que marcan este caso- es que se juzgan presuntos delitos cometidos en los territorios saharauis, ocupados por Marruecos desde 1976, lo que hace del Shara Occidental sea el ltimo territorio de frica an pendiente de descolonizacin. Al haberse producido fuera de Marruecos, la legislacin internacional marca que, aunque sean juzgados por la autoridad ocupante, deben serlo en su propio territorio. Por tanto, la extraterritorialidad con la que se celebra el juicio es motivo suficiente para que no sea vlido.

Aun as, lo ms importante es que se est juzgando un delito completamente inverosmil: la muerte de diez agentes de seguridad durante el desalojo del Campamento de la Dignidad, de los que no existen cuerpos y ni tan siquiera certificados de defuncin. Desde el movimiento saharaui se denuncia que las autoridades marroques han fabricado un relato para inculpar a los 25 con el nico objetivo de descabezar a los movimientos sociales y polticos saharauis. Y a la vista de la farsa en la que se ha convertido el juicio es difcil no compartir su anlisis.

Quienes acudimos como observadores y observadoras internacionales, militantes y activistas de organizaciones sociales, polticas, y de defensa de los derechos humanos, fuimos testigos de un proceso sin garantas de justicia. De primeras, no fue fcil llegar, porque las autoridades marroques pusieron trabas a las organizaciones internacionales como la ONU o la Unin Africana, quienes finalmente no pudieron enviar representantes. Adems, llegaron hasta el punto de deportar al juez asturiano Jess Martn a su llegada al Aeropuerto de Rabat, donde se haba desplazado para acudir al juicio, ante el silencio cmplice y vergonzante del Gobierno y las autoridades espaolas.

Una vez en Sal, en cada entrada al tribunal haba policas secretos fotografindonos, inhibidores en torno al juzgado para cortar cualquier tipo de comunicacin, provocaciones policiales y hasta personas vestidas de paisano que, sin identificarse, nos pedan ver y fotografiar nuestra documentacin.

Pero la parte ms violenta de esta farsa estaba dentro del propio tribunal. All se presentaron una serie de pruebas inverosmiles, como telfonos mviles sobre los que no se hizo referencia alguna a la informacin que contenan y una serie de cuchillos y machetes que parecan recin comprados y que en ningn momento se explic cul era su vinculacin al crimen. Tampoco se presentaron pruebas dactiloscpicas, ni ADN, ni tan siquiera se inform de dnde se haban encontrado.

La nica prueba a la que constantemente se hace referencia a lo largo de los interrogatorios es, sin embargo, un vdeo. Un vdeo con imgenes areas en las que no se ve la cara de ninguno de los acusados y donde los crmenes en s mismos parecen completamente fabricados. Es, adems, una pieza ya montada y que incluye mensajes tendenciosos en francs, que acusan a los activistas de terroristas, y que, para ms inri, lleva varios aos ya circulando por YouTube y en las redes sociales de grupo ultranacionalistas marroques.

A pesar de las repetidas peticiones de los abogados y abogadas defensores de que no se considerara una prueba vlida, fue utilizado por el juez y el fiscal repetidamente incluso si no haba sido sometida a peritaje ante un origen y contenido ms que dudosos.

Los acusados han sido interrogados uno a uno en una sala en la que constantemente estallaban los gritos y en la que el fiscal y el juez no tenan en cuenta las garantas ms bsicas de dignidad. Las referencias a instancias anteriores, que haban sido anuladas, son constantes, como lo son las faltas de respeto a unos acusados que mostraron una entereza y fortaleza impresionantes pese a llevar ya siete aos encarcelados.

Sus testimonios denotan que las fuerzas marroques utilizaron el mismo modus operandi en cada caso. Detenciones fuera del lugar de los hechos y a posteriori, violencia policial y confesiones firmadas bajo tortura y sin conocimiento de su contenido. Uno de los relatos ms duros fue precisamente el primero, el de Mohammed el Ayubi, el nico de los acusados que se encontraba en libertad al inicio del juicio dado su frgil estado de salud producto de la brutal tortura a la que fue sometido.

El Ayubi es una persona con una identidad de gnero no normativa, que relat con frialdad ante el tribunal -y pese las risas de los abogados de la acusacin- todos los abusos y maltrato fsicos, psicolgicos y sexuales que haba sufrido por parte de las autoridades marroques. Despus de l, los otros acusados fueron explicando uno a uno historias similares, en las que primero fueron arrestados por las fuerzas ocupantes, conducidos a territorio marroqu, torturados y, finalmente, obligados a firmar una confesin. Sin embargo, la acusacin y la Fiscala no tenan demasiado inters en escuchar sus denuncias, sino que durante los interrogatorios slo preguntaron por su actividad social y poltica en los territorios ocupados y sobre la vida en el Campamento de Gdeim Izik.

El caso de Ennaama Asfari es an ms sangrante si cabe, porque el tribunal no ha tenido en cuenta el dictamen del Comit contra la Tortura de Naciones Unidas, que tras evaluar su situacin emiti una decisin en la que acusa a Marruecos de haber violado varios artculos de la Convencin de Naciones Unidas contra la Tortura.

Esta es la manera en la que se ha venido desarrollando el juicio. Un juicio de espaldas a la legalidad internacional, en el que Marruecos trata de dar un barniz de legitimidad a la persecucin sistemtica que hace de los activistas sociales y polticos saharauis. Adems, de momento tampoco hay sentencia al haberse aplazado las vistas hasta el 8 de mayo. La realidad es que son muchos los intereses internacionales que aqu confluyen. Marruecos ha sido recientemente readmitido en la Unin Africana despus de un conflicto enquistado por la autodeterminacin del pueblo saharaui y, aunque sigue ignorando por todos los medios las resoluciones e intentos de dilogo que se realizan desde este organismo continental, del que es miembro de pleno derecho la Repblica rabe Saharaui Democrtica, no puede permitirse sobreactuaciones y condenas que pondran en peligro su recin obtenida posicin.

Por otro lado, este mes de abril se celebrar la reunin del Comit de Seguridad de la ONU en la que se decidir la renovacin de la Minurso, la Misin de Naciones Unidas establecida para la descolonizacin del territorio saharaui y que fue expulsada por Rabat tras la visita de Ban Ki-Moon a los campamentos de Tindouf.

Marruecos no quiere emitir una sentencia que enturbie su imagen antes de esta reunin, para la que ya est haciendo un fuerte lobby con el objetivo de que la Minurso desaparezca definitivamente o, al menos, vea sus competencias y capacidad de accin ms reducidas de lo que ya estn.

Y mientras Marruecos espera, el Estado espaol y la Unin Europea miran hacia otro lado. Las autoridades espaolas son las responsables finales de la situacin del pueblo saharaui como potencia colonizadora de acuerdo a la legislacin internacional. Pero no slo eso, sino que agachan la cabeza constantemente ante las sistemticas expulsiones de sus ciudadanos y ciudadanas de los territorios ocupados o incluso de la capital marroqu -como ha ocurrido en este juicio-, y no son capaces de pronunciarse ante las violaciones de derechos fundamentales.

Esto ocurre porque mientras tengamos una poltica exterior basada en la obtencin ilimitada de recursos econmicos y en la Europa fortaleza , nunca seremos capaces de conjugarla con el respeto a los derechos humanos. En el otro extremo, mientras la Unin Europea mantenga unos acuerdos comerciales que arruinan a los pequeos productores y productoras a ambos lados del Estrecho y desarrolles una poltica migratoria basada en la externalizacin de fronteras, el Estado espaol seguir sin asumir su responsabilidad histrica y no trabajar por la autodeterminacin del pueblo saharaui y la liberacin de todos los presos polticos.

Ms bien al contrario, seguir manteniendo unas relaciones privilegiadas con Marruecos, que lo convirtieron en el primer pas extranjero que visit el actual Jefe de Estado, y seguir ignorando al conjunto del pueblo saharaui, que sigue luchando sin descanso por su libertad.


Jon S. Rodrguez Forrest, Amaia Arenal, Unai Orbegozo, Jess Guerra y Alex Sanz. Responsable de IU Oriente Medio y Magreb, Concejala de UdalBerri/Bilbao en Comn, Concejal de Irabazi Zumarraga, vocal vecino de Ahora Madrid en Arganzuela, vocal vecino de Ahora Madrid en Villa de Vallecas, respectivamente.

Fuente original: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/8278/el-juicio-a-los-25-de-gdeim-izik-como-paradigma-de-la-impunidad-marroqui/

 



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