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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2017

Subimperialismo I: revisin de un concepto

Claudio Katz
Rebelin


Las caractersticas del subimperialismo fueron estudiadas por Marini en su exposicin de la teora de la dependencia. Ese concepto suscit controversias en la dcada del 70 y ha sido reconsiderado en los ltimos aos. Tiene relevancia y utilidad?

FUNDAMENTOS Y OBJECIONES

Marini asign al subimperialismo una dimensin econmica, otra geopoltico-militar y aplic ambos significados al caso brasileo.

En el primer terreno observ que las inversiones extranjeras haban aumentado la capacidad de produccin, generando excedentes invendibles en el mercado interno. Destac que las empresas multinacionales promovan la colocacin de esos sobrantes en los pases vecinos y utiliz el nuevo trmino para describir esa accin compensatoria (Marini, 2008: 151-164).

El subimperialismo retrataba la conversin de una economa latinoamericana dependiente en exportadora de mercancas y capitales. Las firmas contrarrestaban la estrechez del mercado local con ventas en el radio circundante. Esa incursin externa desbordaba la esfera industrial e inclua a las finanzas (Marini, 2007: 54-73) .

Marini reformul una tesis expuesta por Luxemburg a principios del siglo XX. Ese enfoque ilustraba cmo las principales economas europeas afrontaban la adversidad de sus estrechos mercados internos. Sealaba que las potencias contrarrestaban esa limitacin con polticas imperialistas de expansin hacia las colonias (Luxemburg, 1968: 158-190).

El terico de la dependencia retom esa idea de una salida externa para los desequilibrios de sub-consumo. Pero ubic el fenmeno en economas de menor porte y le atribuy una escala ms acotada (Marini, 1973: 99-100).

Marini vincul el segundo sentido del subimperialismo al protagonismo geopoltico de Brasil. Seal que el principal pas de Sudamrica actuaba fuera de sus fronteras con mtodos prusianos, para cumplir con un doble papel de gendarme anticomunista y potencia regional autnoma.

Present ese rol como un rasgo complementario y funcional de la expansin econmica. Destac que los gobiernos brasileos actuaban en sintona con el Pentgono siguiendo las reglas de la guerra fra .

El subimperialismo implicaba un perfil represivo pero no meramente subordinado a los dictados del Norte. Las clases dominantes buscaban su propia preeminencia, para garantizar los intereses de las corporaciones instaladas en el pas (Marini, 2007: 54-73).

Marini subray esta combinacin de dependencia, coordinacin y autonoma de Brasil, en el perodo de convulsiones abierto por la revolucin cubana. Present al subimperialismo como un instrumento de los opresores para sofocar la amenaza revolucionaria. Seal que operaba en una poca signada por disyuntivas entre dos modelos antagnicos: el socialismo y el fascismo.

Otra exponente de la misma teora ratific esa caracterizacin, destacando que el principal propsito de la accin subimperial era impedir la gestacin de un escenario pos-capitalista a escala regional (Bambirra, 1986: 177-179).

Pero el concepto fue objetado dentro del campo marxista. Los pensadores prximos a la ortodoxia comunista cuestionaron la revisin de las tesis leninistas y el desconocimiento del rol dominante de las finanzas.

Rechazaron la existencia de un poder subimperial en Brasil, destacando su incompatibilidad con el sometimiento del pas a las potencias del Primer Mundo (Fernndez; Ocampo, 1974). Los crticos percibieron que Marini tomaba distancia de los viejos diagnsticos sobre el imperialismo y descalificaron esa reconsideracin sin evaluar sus fundamentos.

Tambin Cardoso impugn el nuevo concepto. Cuestion la consistencia del subimperialismo y seal que Marini sobrevaloraba las crisis de realizacin (Martins, 2011: 233-236) .

Otro tipo de observaciones plante un importante terico marxista que convergi con el dependentismo. No invalid el subimperialismo, pero s su aplicacin a Brasil. Estim que, por su elevada subordinacin a Estados Unidos, el pas sudamericano no alcanzaba ese estatus (Cueva, 2012: 200).

Tambin el principal colega de Marini mantuvo reservas frente a la nueva categora. Seal que planteaba un desarrollo posible, pero dud de su concrecin. Observ que un estatus subimperial generara conflictos indeseados de las clases dominantes con el poder norteamericano (Dos Santos, 1978: 446-447) .

EVALUACIN DE UN CONCEPTO

Marini replante la teora clsica del imperialismo asimilando distintas actualizaciones. Una reevaluacin remarcaba la nueva hegemona militar de Estados Unidos (Sweezy-Magdoff) y otra subrayaba la atenuacin de las confrontaciones blicas junto al agravamiento de las disputas econmicas (Mandel).

El terico brasileo absorbi esas ideas, junto a la caracterizacin de un imperialismo colectivo apadrinado por el Pentgono, para gestionar el creciente entrelazamiento internacional del capital (Amin) (Katz, 2011: 33-49).

No slo fusion varios elementos de esas miradas (Munck, 1981). Tambin retom las tesis de otro pensador que subrayaba el nuevo accionar conjunto de las potencias, en desmedro de las viejas contradicciones inter-imperialistas (Thalheimer, 1946).

Bajo esas influencias Marini habl de una novedosa cooperacin hegemnica entre los centros. Aadi a ese esquema el papel de los pases intermedios. Describi la conexin de las potencias subimperiales con los dominadores del planeta.

Su enfoque resalt el rol de los nuevos centros intermedios de acumulacin en la pirmide imperial de posguerra. El anlisis de esos pases fue su principal objeto de estudio.

Denomin subimperialismo a las semiperiferias estudiadas por la Teora del Sistema Mundial (Dos Santos, 2009). Indag la legalidad especfica de esas formaciones en la dinmica global (Marini, 2013: 24-26) .

El pensador brasileo opt por el trmino subimperialismo en polmica con otra denominacin ( satlite privilegiado), que sobrevaloraba la incidencia geopoltica del fenmeno, en desmedro de su impacto econmico. La misma objecin formul contra otra calificacin (potencia mediana), que omita el papel de las empresas multinacionales (Marini, 1991: 31-32).

Con mayor nfasis rechaz la presentacin de Brasil como una potencia imperialista . Descart, adems, clasificar al pas en el casillero de los imperialismos menores de posguerra (Suiza, Blgica u Holanda).

Marini situ en el status subimperial a las economas dependientes intermedias, que mantenan relaciones singulares con el imperialismo central. F rente a la errnea identificacin del prefijo sub con la subordinacin a mandatos ajenos, precis que esa conexin implicaba una combinacin del sometimiento con asociacin y autonoma.

Seal que el subimperialismo involucraba a economas en proceso de industrializacin, sujetas a los turbulentos efectos del ciclo dependiente. Este modelo fue posteriormente teorizado como un patrn de reproduccin de ciertos pases subdesarrollados (Osorio, 2012) .

En el terreno geopoltico estim que la accin subimperial implicaba cursos expansionistas, amoldados a la hegemona mundial de Estados Unidos. Subray el papel de los liderazgos regionales asociados a la supremaca del imperialismo norteamericano.

Marini vincul tambin la vigencia del subimperialismo al tipo de predominio prevaleciente en la cspide de las clases dominantes. Destac la preeminencia alcanzada en Brasil por las empresas industriales y sus socios financieros. Resalt que ese sector comandaba la expansin al vecindario prximo (Bueno, 2010) .

Con esa observacin sugiri importantes mrgenes de variabilidad del subimperialismo, en funcin del sector capitalista predominante. Seal la vigencia de fases cambiantes de ese estatus y plante que esa modalidad careca de la estabilidad imperante en las potencias imperiales.

Marini tambin puntualiz el acceso selectivo a la condicin subimperial. Estim que slo algunas economas intermedias reunan los requisitos exigidos para alcanzar ese estamento. Ubic a Brasil pero no a la Argentina en ese lugar .

Para el terico dependentista un posicionamiento subimperial supona gran cohesin poltica de la burguesa en torno a su estado. Entenda que la ausencia de esa homogeneidad, impeda tanto a la Argentina como a Mxico, emular el lugar alcanzado por Brasil. En el primer caso atribua esa limitacin a la prolongada crisis del sistema poltico y en el segundo a la gran dependencia hacia Estados Unidos (Luce, 2015: 31-32, 37) .

Marini precis que en contextos econmicos semejantes el tipo de estado era determinante de la accin subimperial. Con este razonamiento redujo a pocos casos los pases con ese tipo de aptitudes. Situ en ese campo a Brasil, Israel, Irn y frica del Sur (Luce, 2011) .

La teora de Marini tuvo ciertos precedentes en caracterizaciones de los imperios subsidiarios (Espaa) o relegados (Rusia). Pero fue concebida como un rasgo exclusivo del capitalismo de posguerra. No retrotraa la vigencia del subimperialismo brasileo al siglo XIX. Su concepto contribuy a superar anacronismos e incentiv un fructfero programa de investigacin.

OTRO ESCENARIO

Un anlisis actual del subimperialismo debera registrar la diferencia radical que separa al capitalismo del siglo XXI con el vigente en la poca de Marini.

Desde los aos 80 e l modelo keynesiano de posguerra qued sustituido por un esquema neoliberal de agresin permanente contra trabajadores. La precarizacin deteriora el salario y el desplazamiento de la industria a Oriente abarata la fuerza de trabajo. E l desempleo intensifica la marginalidad urbana y los capitalistas utilizan la informatizacin para aumentar la rentabilidad, destruyendo empleos y potenciando las desigualdades .

Este contexto difiere del estudiado por Marini. Las economas intermedias que focalizaron su atencin continan cumpliendo un rol clave, pero operan en un nuevo marco de empresas transnacionales, tratados de libre-comercio y finanzas mundializadas.

En comparacin a los aos 70, los mercados internos de los pases intermedios han perdido relevancia frente a la actividad exportadora. La cadena global de produccin incrementa, adems, las variedades de esas formaciones (Domingues, 2012: 47-55).

En la actualidad se verifican tres modalidades de economas equivalentes a las indagadas por Marini. Algunas semiperiferias con mayor desarrollo precedente mantienen su vieja especializacin en exportaciones bsicas y una reducida incidencia global (Argentina). Otras se insertaron en procesos mundiales de fabricacin sin expandir su influencia regional (Corea del Sur). Un tercer tipo exhibe enorme peso en su zona aledaa con bajo porcentual de PBI per cpita (India).

Estas economas continan distanciadas de los pases ntidamente perifricos (Mozambique, Angola, Bolivia) y de las potencias centrales (Estados Unidos, Alemania, Japn). Se ubican en el lugar investigado por Marini. Pero, a diferencia de la etapa precedente, ha irrumpido una ntida diferenciacin al interior de ese segmento, en funcin de la conexin que cada pas ha establecido con la mundializacin neoliberal.

Tambin se ha profundizado la brecha entre estructuras econmicas semiperifricas y roles subimperiales. Lo que determina el pasaje del primer estatus al segundo no es la incidencia en la cadena de valor. Pases ms enlazados a la internacionalizacin productiva (Corea) o poco integrados a esa red (Argentina) no han modificado sus carencias subimperiales. El potencial divorcio entre ambas situaciones que sugiri Marini ha cobrado nuevas formas.

INTERPRETACIONES ECONMICAS

La distincin entre economas intermedias y potencias subimperiales es un dato clave del escenario actual. Esta diferencia fue omitida en las caracterizaciones que extendieron a Mxico o Argentina el papel asignado por Marini a Brasil. Se supuso que la performance subimperial corresponda a naciones latinoamericanas con cierto desarrollo industrial y consiguiente distanciamiento de los pases puramente agro-mineros (Bambirra, 1986: 177-179).

Un gran estudioso de la teora de la dependencia mantiene ese criterio, resaltando la envergadura alcanzada por las empresas multilatinas (Techint, Slim, Cemex) (Osorio, 2009: 219-221). Estima que los bloques regionales y las uniones aduaneras han potenciado la vocacin subimperial de todos los estados que albergan ese tipo de compaas (Osorio, 2007). Pero el peso de esas firmas no ubica necesariamente en el mismo casillero subimperial a pases con perfiles geopolticos, militares y estatales muy distintos.

En los ltimos aos este problema desbord el mbito latinoamericano. La aparicin del bloque integrado por los BRICS abri el debate sobre la validez de la categora subimperial para ese conglomerado.

Autores que valorizan el enfoque de Marini retomaron sus objeciones a la simple caracterizacin de los integrantes de ese grupo como potencias medianas. Recuerdan las insuficiencias de un mote divulgado por la ciencia poltica convencional (Bond, 2015: 243-247).

Pero una clasificacin de los BRICS en el universo subimperial omitira la heterogeneidad de ese bloque. Uno de los participantes de esa sociedad -China- ya traspas el estatus intermedio e ingres en el ncleo de las economas centrales. Este dato impide situar a todo el alineamiento en el estamento estudiado por Marini.

Esa aplicacin afronta adems otro inconveniente: los BRICS han establecido una alianza econmica sin clara proyeccin geopoltica. Sus miembros mantienen relaciones muy diferentes con las potencias centrales.

Basta comparar la ligazn de India con Estados Unidos con la establecida por China o Rusia para notar ese abismo. Cada componente del conglomerado acta en funcin de sus prioridades regionales y la bsqueda de esa preeminencia mantiene abiertos los potenciales conflictos entre China, India y Rusia.

A diferencia del imperialismo colectivo de la trada, los BRICS no surgieron en escenarios pos-blicos para garantizar objetivos estratgicos comunes. Ese grupo emergi para conformar un espacio de negociacin dentro de la globalizacin neoliberal. Es una alianza al interior de esa estructura.

Por esta razn todas las cumbres de los BRICS han girado en torno a iniciativas econmicas (bancos, inversiones, uso de monedas) y recrean debates empresariales afines al foro de Davos (Garca, 2015: 243-247). Este curso ha confirmado que el concepto de subimperio no se extiende a un bloque. Es slo pertinente para potencias regionales que disputan influencia zonal.

REPLANTEO DE UN ESTATUS

Las formas subimperiales han cambiado en un escenario geopoltico signado por la extincin de la guerra fra. Desapareci el propsito anticomunista primordial que condicionaba todas las relaciones de Estados Unidos con sus socios. Los conflictos entre las clases dominantes se procesan ahora en un marco de negocios globalizados y rediseos de fronteras, que contrastan con el congelado mapa de posguerra.

El viejo contexto de bipolaridad an vigente en el debut del neoliberalismo (1985-89) fue sucedido por una fase de supremaca unipolar (1989-2008) y otra de multipolaridad (2008-2017) .

Pero en perodos tan cambiantes ha persistido un dato ordenador del planteo de Marini: la preponderancia militar estadounidense. La primera potencia mantiene el liderazgo de la gestin imperial concertada, que a mitad del siglo XX sustituy a las viejas confrontaciones inter-imperialistas.

Esa preeminencia persiste junto a la prdida de primaca econmica norteamericana. El garante del orden capitalista mantiene su funcin protectora de las clases dominantes del planeta. Ya no tiene capacidad de accin unilateral, pero preserva un gran poder de intervencin.

Estados Unidos fija por ejemplo las pautas del club nuclear, que penaliza a quienes intentan acceder en forma autnoma a esos recursos. Tambin dirige las coaliciones de Occidente que perpetran ocupaciones o desplazan gobiernos contestatarios. Las agresiones que Bush consumaba con pretextos banales fueron continuadas con modalidades encubiertas por Obama.

La lgica del subimperialismo se adeca a ese padrinazgo del Pentgono. Pero adopta un contenido amoldado a los crecientes conflictos por la primaca regional dentro de la mundializacin neoliberal.

Esas tensiones no tienen la envergadura mundial que caracteriz a la primera mitad del siglo XX (Panitch, 2015: 62). Presentan una escala acotada que no repite lo ocurrido en el pasado. Tampoco prepara la tercera guerra mundial que errneamente anticipan algunos autores (Sousa, 2014) . Los subimperios actan para reforzar su primaca, sin involucrar a las grandes potencias en conflagraciones generales.

Otro dato del periodo es la ausencia de proporcionalidad entre la supremaca econmica y la hegemona poltico-militar. Japn y Alemania se han consolidado como dominantes en el primer terreno y hurfanos en el segundo, mientras que Francia e Inglaterra han protagonizado un curso inverso.

Como en la poca de Marini los subimperios actuales son potencias regionales en el plano econmico y poltico-militar y estatal. Deben reunir estas dos condiciones y no slo una de ellas.

No basta con la presencia de empresas transnacionales (Corea, Mxico, Chile), acciones belicistas sistemticas (Colombia) o espordicas incursiones guerreras (Argentina durante Malvinas). Slo quines concentran todos los componentes del perfil subimperial asumen ese rol.

Tal como seal Marini la denominacin corriente de esos pases -potencias intermedias- no alcanza para caracterizarlos. Pero son naciones que ubicadas en ese estrato. Ninguna es un tpico pas del Tercer Mundo.

En la actualidad el aspecto geopoltico-militar es determinante del estatus subimperial. Esa condicin exige un grado de autonoma suficiente para remover tableros a favor de las principales clases dominantes de cada zona.

Pero la condicin subimperial tambin requiere mantener la sintona con la primera potencia. Estos dos rasgos subrayados por Marini (asociacin con Estados Unidos y poder propio) han persistido.

La propia denominacin de subimperio indica una elevada gravitacin de la accin militar. Economas poderosas con reducidos ejrcitos quedan excluidas de ese estamento. Por eso los subimperios corresponden, en general, a pases que ya desenvolvieron en el pasado un rol militar significativo fuera de sus fronteras.

El ejercicio efectivo de ese poder es incierto por el vulnerable lugar de esos pases en la jerarqua global. Los gendarmes regionales estn corrodos por agudos desequilibrios, que contrastan con la estabilidad alcanzada por los imperios centrales. Esa fragilidad determina la transitoriedad de los subimperios. Pocos candidatos del espectro posible logran corporizar efectivamente esa condicin (Moyo, 2015: 189-192).

CONTROVERTIDAS EXTENSIONES

En nuestra reformulacin slo algunos pases -como Turqua o India-cumplen actualmente los requisitos del subimperio. Son economas semiperifricas con gran desenvolvimiento intermedio, que mantienen una estrecha relacin con Estados Unidos y buscan aumentar su predominio regional. El componente geopoltico-militar define un estatus que se ajusta a varios enunciados de la teora marxista de la dependencia.

Otra interpretacin propone una mirada ampliada del subimperialismo, como nuevo determinante de conflictos de gran porte. Este enfoque rechaza el sentido que asign Marini al concepto. Considera que el crecimiento de posguerra redujo la brecha centro-periferia y facilit un gran desarrollo de los capitalismos nativos. Estima que esa expansin genera confrontaciones subimperiales, que recrean los clsicos choques inter-imperialistas del pasado (Callinicos, 2001).

Con este abordaje se postul en la dcada pasada un listado ms extendido de subimperios. En Medio Oriente, Irak, Egipto y Siria fueron aadidos a Turqua e Irn. En Asia, la India fue acompaada de Pakistn y Vietnam y en el continente negro Nigeria se sum a Sudfrica. En Amrica Latina, Brasil qued complementado con Argentina.

En esta interpretacin todo pas con proyeccin regional y procesos de acumulacin significativos participa del universo subimperial. Esta ampliacin del concepto pondera el impacto local del fenmeno. Resalta su gravitacin zonal y relativiza las conexiones con la estructura global del imperialismo.

Marini propuso un nmero inferior de subimperios por la doble impronta que asignaba al fenmeno. Defini esa condicin por relaciones de asociacin y autonoma con las potencias centrales y por acciones de gendarme regional. Por eso su listado exclua a Irak, Egipto, Siria, Vietnam, Nigeria o Argentina. Su enfoque no magnificaba la presencia de los subimperios y evitaba divorciarlos del orden mundial.

En esa mirada haba una implcita distincin entre subimperios potenciales y efectivos. Pakistn y Argentina podan contener pretensiones de ese estatus, pero no lograban consumarlo. Bajo gobiernos dictatoriales ambos pases mantenan su estrecha subordinacin al Pentgono sin desenvolver estrategias autnomas.

Marini evitaba, adems, confundir aspiraciones subimperiales con acciones antiimperialistas. Aunque Vietnam afrontaba serios conflictos con sus vecinos, estuvo involucrado en la principal guerra contra Estados Unidos del continente asitico. Por su parte, Egipto y Siria confrontaban primordialmente con Israel, que era el principal exponente de los intereses norteamericanos en Medio Oriente.

La mirada extendida del subimperio omite estas caracterizaciones indispensables, para ubicar adecuadamente la categora en cada circunstancia. Adems, concibe guerras entre esas formaciones como un rasgo de la poca actual. Atribuye ese alcance a los conflictos armados que enfrentaron a Grecia con Turqua, a India con Paquistn y a Irak con Irn. Supone que esas sangras reemplazan a las conflagraciones entre potencias centrales de la era del imperialismo clsico.

Pero esa comparacin es inadecuada no slo por la diferente magnitud de ambos conflictos. Omite la relacin que presentan los choques regionales con el papel rector de Washington. Aunque Irak inici la guerra contra Irn con objetivos propios, esa aventura fue propiciada por Estados Unidos para doblegar al rgimen de los Ayatollah.

Los subimperios no repiten las viejas rivalidades inter-imperialistas. Se desenvuelven en un perodo de extincin de esas conflagraciones. Estados Unidos ya no guerrea con Japn por el control del Pacfico, ni con Alemania por la supremaca en Europa. Coordinan una gestin imperial conjunta y a veces enlazada con la accin de subimperios regionales.

La tesis extendida exagera el poder de las configuraciones intermedias. Olvida que esos pases actan por referencia a un imperialismo colectivo liderado por Estados Unidos. No registra que los conflictos blicos entre subimperios tienden a quedar acotados por los umbrales que fijan las potencias globales.

Una caracterizacin sobredimensionada de los subimperios conduce, adems, a evaluaciones polticas errneas. Por asignarle a la Argentina un status subimperial se interpret la guerra de las Malvinas como una confrontacin inter-imperial entre potencias de distinta envergadura (Callinicos, 2001).

Esa mirada omiti que el trasfondo de ese conflicto era la usurpacin colonial de una porcin del territorio argentino. En Malvinas, no colision un imperio maduro con otro en gestacin. El colonialismo britnico reafirm su atropello de la soberana del pas sudamericano. La legitimidad de una demanda nacional de Argentina queda diluida en la caracterizacin subimperial de ese pas.

INCOMPRESIN DE UNA CATEOGRA

Un autor crtico del subimperialismo objeta la sustitucin del anlisis clasista de la explotacin por interpretaciones centradas en la sujecin de pases. Cuestiona especialmente la existencia de una regla tripartita de opresin nacional, considerando que es falso imaginar una explotacin en cadena de Bolivia por Brasil y de Brasil por Estados Unidos. Afirma que para analizar la tensin entre burguesas por el reparto de plusvala, no hay ninguna necesidad de recurrir a las categoras del imperialismo (Astarita, 2010: 62-64).

Pero esta mirada atribuye a Marini una tesis que nunca postul. Jams supuso que el subimperialismo implicaba mecanismos de explotacin entre pases. Siempre especific que las empresas multinacionales lucraban con la extraccin de plusvala a los trabajadores de naciones vecinas a Brasil.

Explic de qu forma ese proceso obedeca a contradicciones del capitalismo. Seal que el curso de la acumulacin chocaba con lmites a la realizacin del valor, que inducan a los capitalistas a compensar desequilibrios desbordando las fronteras.

Marini tampoco reformul el esquema tripartito de metrpolis-satlites postulado por Gunder Frank. Desenvolvi una tesis marxista singular, que ha sido malinterpretada por las lecturas antidependentistas (Katz, 2017).

Pero el principal problema de esa crtica al subimperialismo es el desconocimiento del sentido geopoltico-militar del concepto. No capta su relevante papel en la jerarqua global imperante bajo el capitalismo contemporneo.

El objetor supone que basta con sealar la dinmica agresivo-competitiva de este sistema para comprender su funcionamiento. Pero ignora que esa caracterizacin es tan slo el punto de partida del problema. El capitalismo opera a escala mundial y depende de un orden coercitivo que requiere dispositivos imperiales.

Por omitir este dato desconoce cmo el anlisis del subimperialismo contribuye a esclarecer las mltiples formas actuales de opresin mundial. Esos dispositivos son indispensables para la reproduccin del capitalismo.

El subimperialismo es una categora de ese orden mundial y su validez proviene de la existencia de guerras y conflictos regionales. Al olvidar esa estructura (o suponer que al economista no le corresponde evaluar ese tema), el crtico empobrece el anlisis inaugurado por Marini.

Ms que analizar cadenas de exaccin del excedente entre economas grandes, medianas y pequeas, el subimperialismo alude al papel geopoltico de las potencias regionales. Es un concepto esclarecedor de la estructura piramidal de dominadores, socios y vasallos que sostiene al capitalismo

CONTRAPOSICIN CON SEMICOLONIA

Algunos autores consideran que el subimperialismo contradice la tradicional contraposicin entre el centro y la periferia. Resaltan especialmente el atraso de Brasil y recuerdan su distancia con las potencias centrales. Estiman que el pas contina sometido a una condicin semicolonial compartida con Argentina y Mxico (Matos, 2009) . Esa visin subraya, de hecho, la persistencia del escenario descripto por los marxistas clsicos a principio del siglo XX.

Pero este abordaje desconoce la obsolescencia del viejo retrato de un puado de potencias sofocando a indistintas periferias. Ese tipo de dominacin imperial fue reemplazada hace mucho tiempo por otras sujeciones. Las tres formas tpicas de subordinacin de la centuria precedente (colonias, semicolonias y capitalismos dependientes) dieron lugar a variedades ms complejas de estratificacin, que fueron analizadas por un terico marxista en los aos 70 (Mandel, 1986).

El retraso productivo, el rentismo agrario o la estrechez de los mercados no definen actualmente el estatus semicolonial de un pas. Slo indican brechas de desarrollos o modalidades de insercin internacional. Esa categora no esclarece si un pas es agro-minero o industrial mediano. Tampoco clarifica si alcanz cierto desenvolvimiento del mercado interno o depende de las exportaciones.

La nocin s emicolonia retrata un estatus poltico. Ilustra el grado de autonoma con las principales potencias. En las colonias las autoridades son designadas por las metrpolis y en las semicolonias son digitadas en forma encubierta por los centros.

Las colonias son actualmente marginales y las semicolonias persisten slo en aquellos pases que padecen la subordinacin total al Departamento de Estado. Honduras es un ejemplo de ese tipo. Lo mismo ocurre con Hait. Pero ese estatus no rige para Brasil que es ocupante de esa isla. No es lgico colocarlos en el mismo plano, olvidando que el principal pas sudamericano es miembro del G 20.

Por el margen de autonoma que tienen sus estados, Brasil, Mxico o Argentina estn situados fuera del casillero semicolonial. Esa condicin se extingui en el siglo pasado y no reapareci con la preeminencia de gobiernos afines a Washington. El estado es manejado por clases dominantes locales y no por emisarios de la embajada estadounidense.

Es cierto que la economa brasilea depende de recursos naturales y padece un alto grado de apropiacin externa. Pero esos rasgos no definen por s mismos el posicionamiento del pas en el orden global. Hay potencias imperialistas con grandes reservas naturales (Estados Unidos) y otras con significativa extranjerizacin de su economa (Holanda).

Tampoco las crisis econmicas recurrentes determinan la ubicacin internacional de cada pas. Muchas naciones de la periferia inferior languidecen sin grandes turbulencias peridicas y otras del centro afrontan un alto grado de inestabilidad econmica.

Quienes sitan a Brasil en el universo semicolonial resaltan la brecha de productividad o PBI per cpita, que separa al pas de las economas avanzadas. Pero una fractura semejante se verifica con las empobrecidas naciones de la periferia inferior. La distancia con Nicaragua o Mozambique es tan significativa como la existente con Francia o Japn.

Marini justamente indag el universo del subimperialismo para superar la simplificada ubicacin de Brasil en la periferia del planeta. En una conceptualizacin actualizada de distintas ubicaciones geopolticas correspondera distinguir a las potencias dominantes de los pases que cargan con grados muy diferenciados de dependencia. La subordinacin de Honduras contrasta con la autonoma de Brasil.

INCONSISTENCIAS DOGMTICAS

La reivindicacin del concepto semicolonia en contraposicin a la nocin de subimperialismo, presupone la total actualidad del diagnstico expuesto por Lenin sobre el imperialismo. Esa mirada se asemeja a la adoptada por la ortodoxia comunista frente a Marini en los aos 70. Ambas desestiman los cambios registrados en la dinmica imperial desde la mitad del siglo XX.

En nuestro libro sobre el imperialismo (Katz, 2011) hemos expuesto una actualizacin con abordajes semejantes a Marini. Registramos los mismos cambios que el pensador brasileo intuy en la posguerra en tres planos: la existencia de una mayor integracin mundial de los capitales, la ausencia de guerras inter-imperialistas y el rol dominante de Estados Unidos. Resaltamos la gravitacin del mismo proceso de cooperacin hegemnica entre las potencias imperiales. Nuestra revalorizacin del subimperialismo se apoya en esta coincidente mirada.

Algunos crticos objetan nuestro enfoque con los mismos argumentos que cuestionan la tesis subimperial. Aceptan la vigencia de fuertes tendencias a la convergencia entre capitales de distinto origen nacional, pero subrayan la dinmica contradictoria de ese proceso. Destacan que no se han creado clases dominantes transnacionales despegadas de los viejos estados. Consideran que este marco genera tendencias explosivas que habramos ignorado. No aclaran, sin embargo, cul ha sido nuestra omisin (Cri; Marcos, 2014) .

Desde el momento que la burguesa no forj clases y estados mundializados esos desequilibrios saltan a la vista. Los objetores se limitan a exponer las mismas tensiones que registramos nosotros y que a su vez recogemos de otros autores.

Pero su retrato de ese curso es llamativo. Por un lado aceptan la preeminencia de empresas multinacionales y por otra parte postulan su irrelevancia. Resaltan la asociacin internacional de capitales y al mismo tiempo subrayan la continuidad de la rivalidad. Con esa dualidad no especifican cul es la tendencia predominante.

Los objetores entienden que ambos procesos coexisten con la misma fuerza del pasado. Pero en ese caso prevalecera una continuidad del escenario leninista, que ha sido alterado por la mayor integracin de los capitales. Ejemplifican la persistencia de las viejas rivalidades, en las disputas que actualmente oponen a Alemania con Estados Unidos por el manejo de las crisis monetarias. Afirman que omitimos esas contradicciones.

Pero nuestro enfoque no desconoce esos choques. Simplemente los contextualiza en un escenario de ausencia de guerras entre potencias. Postulamos que las conflagraciones que inspiraron las tesis de Lenin no se verifican en la actualidad. Por eso nadie vislumbra la repeticin de conflictos armados entre Estados Unidos, Francia, Alemania, Japn o Inglaterra.

No queda claro si los crticos opinan lo contrario y pronostican la reaparicin de confrontaciones entre los ejrcitos que integran la OTAN. En lugar de precisar ese diagnstico retratan las divergencias suscitadas por las cotizaciones del euro y el dlar. Pero es evidente que esas discrepancias financieras no se equiparan con los choques, que desembocaron en la Primera o Segunda Guerra Mundial.

No alcanza con exponer generalidades sobre las tensiones inter-imperiales. Hay que mensurar su envergadura y potencial desenlace. Por eso sealamos que carecen de corroboracin las hiptesis de reiteracin de lo ocurrido a comienzo del siglo XX.

L a triada ejerce actualmente un chantaje nuclear contra terceros que no extiende a sus miembros. Los conflictos econmicos en el seno de esa alianza no se proyectan a la esfera militar. Nadie quiere desarmar el sistema de proteccin capitalista que controla el Pentgono y una eventual confrontacin con Rusia o China, tampoco repetira los conflictos inter-imperialistas del pasado.

En vez de abordar estos problemas, los objetores se limitan a constatar la existencia de tendencias opuestas. Registran la mayor integracin mundial de capitales y al mismo tiempo objetan la disipacin de las guerras inter-imperialistas.

Pero con esa exposicin de cursos diversos no evalan las consecuencias de sus propias formulaciones. Si hay mayor entrelazamiento burgus mundial y tambin idnticas posibilidades de guerras, no se entiende la lgica de la indagacin.

Esa inconsistencia deriva de suponer que el capitalismo contemporneo es un calco del vigente en la centuria pasada. Para conservar la lealtad a la teora clsica del imperialismo -con datos que modifican ese escenario- crean un nubarrn de oscuridades.

Ese eclecticismo se extiende a la evaluacin del rol estadounidense. Los crticos reconocen el abismo de fuerzas militares que separa a la primera potencia de cualquier otro concurrente. Pero no deducen ningn corolario de esa singularidad.

Resaltan el agotamiento del liderazgo norteamericano sin compartir los pronsticos de reemplazo de esa supremaca. Optan por la ambigedad. Rechazan las teoras del declive y tambin las tesis de continuidad de la primaca norteamericana.

Con ese posicionamiento repiten lo obvio (Estados Unidos ya no cuenta con la fuerza de posguerra), sin explicar por qu razn el dlar perdura como refugio ante las crisis, las compaas yanquis lideran el desarrollo de la tecnologa informtica y el Pentgono persiste como pilar de la OTAN.

Para subrayar analogas con el escenario leninista los crticos registran trazas kaustkianas en nuestro enfoque, sealando afinidades con el modelo ultra-imperialista. Estiman que esta visin supone imaginar un imperio sin desafos, en la gestin de un capitalismo estable y fuerte (Chingo, 2012).

Nuestro texto abunda en datos y evaluaciones de los desequilibrios que genera el imperialismo actual. Una simple lectura de esas caracterizaciones desmiente cualquier impresin de estabilidad del sistema. Pero ordenamos esas contradicciones en la lgica de un sistema econmico ms internacionalizado y gestionado de manera colectiva bajo el comando estadounidense.

A diferencia de los enfoques dogmticos, Lenin situaba cada problema en la especificidad de su tiempo. Por eso resaltaba la peculiaridad blica de los conflictos frente a las expectativas pacifistas de Kautsky. Esta contraposicin podra actualizarse contrastando las visiones antiimperialistas, con las ilusiones socialdemcratas en el intervencionismo imperial humanitario.

En lugar de intentar esa aplicacin, los crticos trazan una divisoria entre intrpretes de la crisis (ellos) y tericos de la estabilidad (nosotros). Esta clasificacin carece de sentido.

Para comprender el imperialismo actual hay que asumir riesgos analticos, reconocer hallazgos y abandonar tesis perimidas. Nuestros objetores soslayan estos compromisos y quedan afectados por el mal que nos achacan: navegar en la ambigedad. Al reconocer una cosa y lo contrario, no aportan sugerencias sobre la dinmica actual de la opresin imperial y sus complementos subimperiales.

Marini deline varias ideas para comprender esos procesos. Pero cmo operan en la actualidad? Plantearemos nuestra respuesta en el prximo texto.

16-3-2017.

RESUMEN

Marini asign al subimperialismo una dimensin econmica compensatoria del sub-consumo y otra geopoltico-militar de protagonismo brasileo. Reconsider la teora clsica del imperialismo y registr la nueva hegemona regional de ciertas formaciones intermedias.

La mundializacin neoliberal diferencia a esas economas por su lugar en la cadena de valor. El subimperialismo actual no tiene aplicaciones puramente econmicas, ni se extiende a bloques de pases. Rige para gendarmes asociados y autnomos de Estados Unidos. No se repiten las conflagraciones inter-imperialistas del pasado. Los mecanismos de dominacin global se han diversificado y la semicolonia ha perdido relevancia conceptual.

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Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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