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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2017

Los derechos laborales, pilar del universo de derechos y fundamento de un orden social justo

Roberto Veiga Gonzlez
Cuba Posible


Entre las realidades sociales que garantizan el desarrollo de la igualdad en la libertad se encuentran la educacin, en su sentido ms general e integral, y el trabajo, as como los derechos al cuidado de la salud y a la seguridad social, y en muy buena medida las garantas para la mayor participacin socio-poltica posible. Sin conseguir la satisfaccin colectiva suficiente de estos derechos siempre ser difcil el desarrollo equitativo del universo de derechos en el contexto de cualquier comunidad humana.

En este artculo solo discurrir acerca de la cuestin del trabajo. Sin la promocin y extensin debidas del trabajo, no podr haber persona, familia o sociedad, que alcance los fundamentos econmicos y espirituales ‒digo espirituales, porque el desarrollo del trabajo desde correctas lgicas laborales y de emprendimiento, es capaz, como pocas realidades sociales, de sostener el crecimiento personal y social de una cultura y una prctica que conduzcan al bien integral‒ para asegurar la evolucin progresiva de la dignidad humana y, por ende, de todos los derechos y del bienestar compartido. Para lograrlo, se hace imperioso tener en cuenta un cmulo de aspectos medulares.

Encontrar un empleo adecuado para todas las personas capaces de realizarlo es uno de los problemas fundamentales de cualquier sociedad, cuya exigencia debe ser el establecimiento de unas estructuras econmicas en las cuales se creen constantemente nuevos empleos y el derecho al trabajo sea eficazmente reconocido y protegido. Pudiese haber, indistintamente, entidades gestoras de empleo, tanto gubernamentales como sindicales, empresariales o de otra ndole. Esto siempre puede resultar un aporte consistente, porque dichas entidades estn llamadas a profesionalizar y ampliar las capacidades encargadas de agilizar y hacer coincidir eficazmente el crecimiento de las cualidades laborales, las oportunidades de empleo, y el desarrollo del trabajo como pilar de todo progreso personal y social.

Por otro lado, esto no se logra si el derecho al trabajo no resulta consustancial al derecho a un empleo decoroso. Para esto, ha de procurarse un mnimo de condiciones y seguridades para que cada trabajador pueda cumplir su responsabilidad. En este sentido, la entidad laboral tiene que garantizar un ambiente laboral decoroso, la proteccin necesaria, la continua capacitacin y los recursos ineludibles, as como abstenerse de exigir ms de ocho horas laborables diarias, garantizar los descansos semanales y anuales pagados, entre otras.

Asimismo, para que el trabajo sea un pilar fundamental del desarrollo, una virtud colectiva, y un medio importante para la edificacin de la sociedad, los trabajadores han de tener derecho a participar en la propiedad, gestin y ganancia de su entidad laboral. Deben tambin poder participar en la bsqueda de soluciones para los conflictos laborales individuales y colectivos, y gozar de proteccin ante la posibilidad de despidos injustos, as como contar con el arbitrio gubernativo y con mecanismos de justicia, encargados de controlar todo lo relacionado con el mundo del trabajo y ante los cuales poder apelar en los casos necesarios.

Sobre estos temas existe suficiente experiencia, estudios y consensos. Sin embargo, tal vez nunca contaremos con instrumentos que logren resolver su realizacin de manera absoluta y definitiva. En este sentido, mucho se debate en torno al derecho de participar en la propiedad, gestin y ganancia de la entidad laboral. Quiz algunas formas de propiedad no permitan la apertura para que los trabajadores puedan participar en la propiedad de la misma. Por ejemplo, las pequeas y medianas empresas personales, y las empresas pblicas que, precisamente por ser propiedad de toda la nacin, no pueden ser propiedad del por ciento de trabajadores que la ocupan. No obstante, toda forma de propiedad s permite y reclama que todos sus trabajadores participen en su gestin y en sus ganancias; aunque pudieran existir dismiles maneras de concretarlo, en dependencia de la naturaleza de cada entidad y de cada circunstancia. Por eso, siempre ser forzoso re-definir y re-consensuar los principios y fundamentos de la cogestin y de la retribucin mancomunada, as como evaluar continuamente si las diferentes maneras de procurarlo realizan esto en la mayor proporcin posible.

En cuanto a la participacin de los trabajadores en la bsqueda de soluciones para los conflictos laborales individuales y colectivos, nicamente presentar un breve comentario. Esto constituye una posibilidad efectiva solo si los trabajadores poseen cultura y prctica ciudadana, instauran slidos sindicatos, y establecen y re-establecen y re-dimensionan continuamente mecanismos de dilogo y de negociacin, que aseguren, adems, la celeridad, la profesionalidad y la eficacia de los procesos de solucin de conflictos.

El xito de lo anterior resulta probable cuando descansa en la debida proteccin legal y en el ejercicio responsable de las funciones de gobierno. Para ello, la Constitucin de la Repblica debe consagrar los principios y fundamentos capaces de garantizar los derechos de los trabajadores, y siempre habr de existir un Cdigo del Trabajo, detallado y dinmico, que sea el marco fundamental de toda regulacin laboral. Del mismo modo, se hace forzoso el establecimiento de tribunales, profesionalizados y especializados, que garanticen la proteccin y el desarrollo de los derechos laborales, y entidades como la fiscala, encargadas de velar cotidiamente por el respeto y la promocin de los mismos. Igualmente, resulta imperioso continuar el anlisis y el debate acerca del desarrollo de las funciones del gobierno, en cada instancia, en cuanto al quehacer laboral, y muy especialmente la evolucin de su agencia especializada en la materia: el ministerio encargado del mbito del trabajo.

Sin embargo, todo esto descansa sobre un debate, tal vez inagotable, sobre la proteccin ante la posibilidad de despidos. Muchos, a tenor de la justicia, reclaman que cada trabajador debe ser protegido ante cada posibilidad de despido, y que para ello debern implementarse mecanismos de negociacin en cada entidad y oportunidades para el arbitrio del gobierno y el tutelaje del sistema de justicia. Otros, en nombre del derecho de propiedad, requieren que el titular de una empresa debe reservarse la facultad de despedir a cualquier trabajador, en el momento que lo estime pertinente; y, en algunos casos, al defender este criterio apelan a tesis a favor del desarrollo de la empresa y al aporte de la misma al progreso del pas. Estos sostienen que un titular no suele despedir a los trabajadores que aportan y facilitan el fortalecimiento de su empresa y que cuando se ve imposibilitado de despedir a quienes lo entorpecen, se daa la economa del titular, de los dems trabajadores y de la sociedad toda.

Quiz ambas posturas contienen elementos de la verdad, del bien, y de la justicia. Por ende, siempre ser un reto conseguir, en cada momento y lugar, la mejor sntesis entre ambas orientaciones. Para eso, ser necesaria la re-definicin sistemtica de las posibilidades de todo titular para despedir trabajadores, las condiciones en que estos deban realizarse, aquellas causales de despidos que en todo caso requieran de un proceso con los arbitrios necesarios, y la metodologa para que dicho proceso no agregue dao al trabajador, al colectivo laboral, a la empresa y al titular de la misma. De igual manera, toda sociedad debe estar obligada a garantizarle a cada ciudadano la educacin general e integral, y su continua profesionalizacin laboral, para que as siempre est en condiciones de aportar el bien comn, de competir en el mercado laboral, de aportar y facilitar el fortalecimiento de la entidad donde labore, y posea, adems, menos riesgos ante las posibilidades de despido.

Por otro lado, debo sealar que el derecho a la vida y a la dignidad del trabajador, del ciudadano, de cualquier persona, no est garantizado sin un slido sistema de seguridad social. Este debe asegurarle un status socio-econmico digno a todo trabajador, para los casos de maternidad, jubilacin, invalidez temporal o permanente, desempleo y desamparo; lo cual habr de ser extensivo para quienes justificadamente hayan estado incapacitados o impedidos para el trabajo.

Estos son algunos de los derechos an reclamados en muchos lugares del planeta. Sin embargo, para que estos se vayan realizando realmente, y de manera beneficiosa para cada trabajador concreto, se hace inevitable que, una vez asegurados estos en la Carta Magna y en el Cdigo laboral, sean precisados y formulados, de acuerdo al contexto especfico de cada sector, territorio y entidad laboral, por medio de los contratos colectivos de trabajo. Para la adecuada gestacin de cada contrato colectivo resulta ineludible el concurso colegiado de los trabajadores y sus sindicatos, las empresas u otras entidades laborales, los gobiernos, y las instituciones correspondientes del sistema de justicia, as como otros posibles expertos y/o implicados en la materia.

Sin embargo, hace falta tener claridad acerca de que el logro de los derechos laborales y la centralidad correspondiente al tema del trabajo, sern posibles solo con el concurso de toda la comunidad y con la participacin protagnica de los propios trabajadores. Para ello, estos han de poder desempear su responsabilidad en la estructuracin, normacin y control de todo el entramado de relaciones sociales, y para conseguirlo siempre el primer paso resulta la posibilidad de organizarse en sindicatos. Todos los trabajadores tienen derecho a formar o a ingresar en los sindicatos que quieran, o no pertenecer a ninguno. No obstante, debemos tener en cuenta el debate acerca de la responsabilidad de los sindicatos con los trabajadores, con el trabajo, y con el desarrollo de toda la sociedad, as como en torno a la necesidad de que existan, a su desempeo autnomo, y a la unidad o pluralidad sindical.

En cuanto a la responsabilidad de los sindicatos con los trabajadores, con el trabajo, y con el desarrollo de toda la sociedad, resulta ineludible que estas asociaciones deben formar a los trabajadores, desarrollar sus valores y conocimientos, as como su adecuada calificacin para el empleo que desempean y, sobre todo, sostener las demandas legtimas de los mismos; pero tambin que deben empearse en armonizar los intereses de los trabajadores con el ms estricto sentido de la justicia y con el sincero propsito de colaborar con el bien comn. En este sentido, los sindicatos tienen que hacer surgir, constantemente, nuevas alternativas, caminos y oportunidades, as como reivindicar su justa cuota de responsabilidad en el diseo de un nuevo orden social. Su campo de intervencin no puede limitarse al horizonte concreto de la empresa, tiene que abarcar la sociedad global. Los sindicatos, en muchos pases y momentos de la historia, han sido un elemento indispensable para avanzar hacia un orden social ms justo.

Por otra parte, constituye un deber considerar la necesidad de que en todo momento existan sindicatos bien establecidos y sumamente capacitados, as como estudiar probables maneras para garantizarlos. Por supuesto que estos han de surgir a partir del entusiasmo fundador de los trabajadores, y a travs de la gestin de los mismos, y por tanto, con la ms plena autonoma posible. Sin embargo, dada la importancia medular y central de los sindicatos para el desenvolvimiento de la sociedad y del Estado, este ltimo debe poseer la responsabilidad de promoverlos y garantizarlos de manera legal, institucional y econmica ‒reitero, incluso econmica. Tal vez el Estado deba tener esa responsabilidad para con la existencia de determinadas organizaciones de la sociedad civil, que en estos momentos soy incapaz de sealar; sin embargo, no me cabe dudas de que debe promover los sindicatos y tambin, como es lgico, reclamarle el ejercicio de sus responsabilidades. No obstante, advierto de que dicha promocin, sostenimiento y exigencia por parte del Estado, siempre deber ejecutarse por medio de entramados que aseguren el acompaamiento del Estado como garante de la cosa pblica, pero garanticen, a su vez, la autonoma de los sindicatos con respecto de las entidades y autoridades del poder del Estado en las distintas instancias de un pas.

En torno a la autonoma de los sindicatos, tambin se discute la relacin de estos, por ejemplo, con partidos polticos e iglesias; no solo su independencia con respecto a las entidades y autoridades del poder del Estado en las distintas instancias. Histricamente, muchos sindicatos han surgido y se han desarrollado bajo el apoyo y la influencia, y en muchsimos casos igualmente bajo el control, de partidos polticos, iglesias u otras instituciones sociales previamente establecidas y suficientemente consolidadas. Esto ha sido positivo, en alguna medida, pues facilit el surgimiento de sindicatos en lugares donde la sociedad no era lo suficientemente madura para que emergieran por s solos y tuvieron el apoyo de estas instituciones, que adems ayudaron a su desarrollo organizacional y a la promocin de sus lderes. Sin embargo, esto tambin caus daos, porque en demasiadas ocasiones los sindicatos fueron conducidos a ser meras agencias de tales instituciones partidistas, religiosas, etctera. Esto, por supuesto, debilita la naturaleza institucional de los sindicatos, el desarrollo de su organizacin y vitalidad, y la cohesin de los trabajadores y de los sindicatos. En tanto, el vnculo de estos con otras instituciones u organizaciones siempre sera legtimo y provechoso, al igual que el servicio recproco a favor de los intereses compartidos, pero ello debera ser dentro de una dinmica relacional que garantice una autonoma slida a favor de la soberana de los trabajadores en el gobierno de los sindicatos.

Por otro lado, la unidad o la pluralidad sindical, para muchos son dos alternativas que presentan ventajas e inconvenientes. La unidad refuerza el poder de la respectiva asociacin y le permite defender mejor los intereses de los trabajadores, pero puede daar la situacin de los trabajadores que no estn de acuerdo con su tendencia general. La pluralidad resguarda la libertad de los trabajadores, ofrecindoles la posibilidad de ingresar en la asociacin que ms responda a sus preferencias, pero dispersa las fuerzas y puede incitar a una especie de puja demaggica entre los distintos sindicatos para atraerse las simpatas de los trabajadores.

Ser lcito establecer la unidad sindical si es por acuerdo de los mismos trabajadores. No obstante, no deja de ser peligroso, pero es admisible siempre que la unidad sea solo en la magnitud suficiente y no se confunda con uniformidad y sometimiento, y las centrales ‒sobre todo en esta opcin‒ dejen de ser el trust de los cerebros del sindicalismo, para asumir su verdadero papel de unin y de coordinacin entre sindicatos que se formen desde abajo. Es mucho ms necesario, en esta variante, que la vida interna de estos realice en la mayor plenitud posible el ideal de participacin democrtica que tienen que postular, todos los sindicatos, para el conjunto de las instituciones sociales.

Muchos piensan acerca de cmo promover la unidad sindical, dadas las ventajas que la misma est llamada a ofrecer, pero garantizando adems la posibilidad del surgimiento de nuevas organizaciones sindicales, incluso que estas puedan emanar de iniciativas totalmente ajenas a poderes, instituciones o centrales sindicales establecidas, y consigan un desarrollo con la suficiente autonoma. Resulta necesario un estudio profundo y una deliberacin amplia en torno al logro de esta sntesis.

En algunas de estas conversaciones, refirindose al futuro sindical en Cuba, algunos han indicado posibilidades como la siguiente: que puedan surgir nuevos sindicatos, incluso por iniciativas totalmente ajenas a poderes, instituciones o centrales sindicales establecidas, y que consigan un desarrollo con la suficiente autonoma; pero que en todo caso dada la tradicin unitaria del movimiento sindical cubano y el beneficio que siempre puede brindar la unidad‒ todos los sindicatos deban integrarse a la central sindical. Cito esta imaginacin solo para sealar una idea orientada en ese sentido.

Finalizo ratificando que los trabajadores y los sindicatos, y toda persona comprometida con el progreso socio-econmico y con el desarrollo del humanismo, deben procurar siempre la mayor sinergia posible entre el sistema socio-econmico y el sistema de trabajo, entre las necesidades creativas de las personas y las sociedades y el sistema poltico. En este sentido, puedo afirmar que la garanta de los autnticos derechos laborales puede constituir uno de los fundamentos para el disfrute real del universo de derechos y un pilar para la edificacin de un orden social justo.

Fuente: http://cubaposible.com/los-derechos-laborales-pilar-universo-derechos/



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