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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2017

Repensar la seguridad desde el principio

Miguel Angel Barrios y Norberto Emmerich
Rebelin


Las problemticas de seguridad saturan las primeras planas de los diarios y los medios de comunicacin: drogas, homicidios, ejecuciones, asaltos. La vida cotidiana se ha vuelto ms insegura a medida que aumentan las promesas, los presupuestos y la dureza de las leyes. Desde hace ms de 60 aos todo ha fracasado en seguridad y hasta un recital se convierte en un peligroso viaje a lo desconocido.

La geopoltica de la seguridad no es algo ms sobre seguridad, es la redefinicin completa de toda la problemtica, donde ya nada es evidente y todo debe ser repensado; se trata al mismo tiempo de una nueva disciplina acadmica y de un nuevo paradigma sobre seguridad. La criminologa y la poltica criminal se basan tradicionalmente en el binomio delito/delincuente y en la omnipotencia de ley, una estructura que ha demostrado con entusiasmo y vehemencia su ineficacia para bajar los indicadores y mejorar la calidad de vida. Por otro lado, la seguridad ciudadana es un paradigma interesante y muy de moda, pero postula un ejercicio co-rresponsable de la seguridad para un desarrollo pleno de los derechos ciudadanos mientras adorna de bellas palabras y correccin poltica las rutinas operativas de instituciones corruptas desde su origen, como la polica.

Siempre se present como evidente que la ley regula el comportamiento de las sociedades y castiga las conductas inadaptadas, regulacin y castigo institucionalizados en el Derecho, la legislacin, la funcin pblica, los cuerpos policiales y el sistema de justicia penal, un complejo sistema rotulado genricamente como seguridad. Sin embargo, la geopoltica de la seguridad afirma que el ms importante actor de la seguridad todava permanece oculto y sospechado: el Estado, un actor que en su doble rol de garante de seguridad y ofensor criminal ya no puede pretender la continuidad de una inocencia que nunca tuvo; es necesario develar el carcter intrnsecamente criminal del Estado contemporneo.

Si en el Estado nace el problema, all hay que buscar la solucin. La violencia legtima fue siempre el elemento que defina al Estado en su intervencin sobre las problemticas de seguridad, es claro que actualmente esa definicin es ilegal e inoperante. El elemento del Estado que define ahora las problemticas de seguridad es el territorio. Se trata de un territorio disputado, fragmentado y criminalizado; un territorio constituyente y significante, pretendido por el Estado y por otros actores no estatales, con pertenencias cada vez ms pequeas y ms fuertes, un territorio donde emergen las diferencias y se manifiestan las identidades, donde la ley es construida localmente.

El territorio y la territorialidad tienen una dimensin concreta y una dimensin simblica, referidas ambas a una relacin entre un territorio y los sujetos que lo habitan, con un fuerte carcter edificador de las personas y de las comunidades humanas. En el estudio de las problemticas de seguridad afirmamos que el territorio es el problema. Por eso hablamos de territorio y no de espacio, para priorizar el anclaje fsico concreto de la territorialidad, que impacta sobre las personas pero no las constituye pasivamente, porque el territorio no es el espacio subjetivado sino una construccin histricamente significativa e intersubjetivamente definida. En el territorio suceden los hechos pero sobre todo en el territorio se constituyen las personas y la comunidad humana que vive en l. Dado que las sociedades no son homogneas no hay inadaptaciones sino emergentes singulares para los cuales la ley es un universal abstracto sin rasgos imperativos locales.

Estas territorialidades no distinguen clases sociales ni ubicaciones geogrficas; todos los supuestos ofensores se sienten territorialmente inocentes frente a una ley que en nombre de representar a todos invade los territorios de cada uno sin aceptar diferencias ni disonancias. La defensa de la pluralidad y la diversidad tambin implica la aceptacin de la territorialidad de la seguridad, una caracterstica que es ms ofensivamente criminalizada en los barrios perifricos, pobres y reterritorializados de las grandes ciudades.

En la bsqueda de nuevos enfoques tericos derivados de una cuidadosa observacin del mundo real, no basados en falsas premisas nacidas de fantasas bibliogrficas, la pregunta realmente pertinente es a qu territorio nos referimos cuando hablamos de las problemticas concretas y actuales de seguridad.

Dnde est el territorio en la ciberseguridad, la corrupcin empresarial, el financiamiento de las campaas electorales, el ftbol y otras actividades? El acoso sexual por Internet tiene un carcter territorial difuso, quizs inexistente. Las probables implicancias criminales del desarrollo de la robtica implican un esfuerzo importante de investigacin para la resolucin de su matriz territorial. El financiamiento de las campaas electorales se refiere a dinero, sin que el territorio tenga all ninguna incumbencia aparente.

Hasta ahora se ha considerado al territorio como una entidad fsica concreta con alcances simblicos y constituyentes. Esa concepcin de territorio es til para una geopoltica de la seguridad que se centra en el estudio de las problemticas del delito de contacto fsico, desde el delito comn hasta el crimen organizado, pero resulta insuficiente para el anlisis de problemticas ms complejas, ancladas en el desarrollo tecnolgico y en los comportamientos intersubjetivos reales, donde el mbito fsico concreto no es evidente y donde la territorialidad depende de la construccin histricamente determinada de universos compartidos que se van haciendo da a da.

El concepto de territorio ampliado refiere a una territorialidad cargada sobre los hombros, que los delitos no territoriales van sembrando en su recorrido, dejando rastros de territorialidad en los diferentes mbitos y a travs de los distintos actores que participan del proceso criminal. Caso por caso es menester elaborar el mapa territorial anclado en dos referencias: la eventual participacin del Estado en cada paso del circuito criminal y los indicadores de estatalidad presentes en cada conducta criminal. Para la geopoltica de la seguridad el territorio no es un dato dado, es un proceso que debe ser reconstruido a partir de datos a veces inconexos y circunstanciales y tambin en base a las percepciones de territorialidad que cargan en s los actores de cada etapa del proceso.

En el caso de la corrupcin empresarial de Odebrecht, el Estado est presente en el ncleo del problema, por ser la empresa cabecera del complejo militar-industrial de una potencia emergente, lo que implica una cosmovisin centro-periferia y una lgica de relaciones internacionales. Sin esa visin territorial ampliada el tema se diluye en pleitos leguleyos, en planteos sobre corrupcin y en la defensa del Estado de derecho (liberal), sin ahondar en la centralidad poltica (estatal-territorial) del problema. La denuncia de corrupcin desprovista de una geopoltica de seguridad supone una concepcin angelical de la poltica y no una visin geopoltica con dimensionamiento territorial ampliado.

El financiamiento ilegal de las campaas electorales est cargado de prejuicios y mojigatera, que en muchos casos considera corrupcin a conductas legtimas y califica de marketing exitoso a la aceptacin de recursos ilegales provenientes del narcotrfico y la trata de personas, siempre volcando todas las energas en el escndalo meditico como mecanismo sancionador. Las leyes que controlan los financiamientos de la poltica no se cumplen ni se controlan, por su carcter asfixiante y antipoltico, una tica propia del Estado de derecho. Las sociedades reclaman a la poltica algo que la poltica no puede otorgar, el ejercicio de una conducta moralmente intachable para la gestin y solucin de problemas turbios, conflictivos y humanos. El territorio del financiamiento poltico no est definido ni delineado, porque los actores necesitan una eliminacin previa del carcter prescriptivo de la legislacin electoral.

Los delitos cibernticos, sea que perforen la seguridad bancaria, la seguridad nacional o la intimidad personal, dependen de legislaciones nacionales, polticas de comunicacin, culturas de autoproteccin y soberana informtica. El espacio virtual es un rea de ejercicio de soberana como el espacio areo, el terrestre, el subsuelo o el martimo, una discusin que debe hacerse desde la geopoltica, no desde el software y el equipamiento informtico. Los patrones de vigilancia global tienen base territorial nacional y deben elaborarse programas de polticas pblicas de seguridad, porque el espacio virtual es tan real como cualquier otro tipo de espacio.

El ftbol y sus condimentos criminales, tan intocables como mafiosos, es uno de los elementos explicativos del narcotrfico en Rosario y de los problemas de inseguridad en todas las grandes ciudades. El Estado est siempre presente en el comercio de drogas de los barra-bravas, por la complicidad policial y las alianzas polticas. La territorialidad del ftbol, con una presencia estatal tan fuerte, es menos dificultosa de reconstruir.

La robtica y la automatizacin son novedades apasionantes y arrolladoras que prometen cambiar nuestros modos de vida en muy breve tiempo. Siendo un proceso en construccin que se desarrolla frente a nuestros ojos, su territorialidad es an indefinida, en virtud de que la lgica de estabilidad que puede obtener es incierta. Pero s podemos afirmar que el desarrollo de la robtica y la automatizacin profundizan la brecha tecnolgica entre pases y al interior de las sociedades. Pobres y ricos tendrn un acceso diferenciado a la tecnologa, lo que podra implicar mecanismos abruptamente desigualitarios de acceso y ejercicio del poder y tambin de calidad democrtica. Sea como sea, el territorio y el Estado estarn muy presentes. Que el aumento de la criminalidad sea un resultado esperable de la brecha tecnolgica es una conclusin evidente.

En cada comportamiento y en cada proceso criminal la poltica pblica en la geopoltica de la seguridad manifiesta la misma intencin: aumentar los indicadores de estatalidad del Estado y disminuir los indicadores de estatalidad del delito. De esta forma se eliminan los incentivos legitimadores de la apropiacin ilegal de la renta nacional y se estimulan los comportamientos asociados a un Estado democrtico y sustentador de una mejor calidad de vida ciudadana.

Sabemos que el concepto de territorio y territorialidad ampliada merece una investigacin y desarrollo mayor, an pendiente de realizarse. Es el prximo desafo de la geopoltica de la seguridad.


Miguel Angel Barrios, Profesor en Historia y Magister en Sociologa. Doctor en Educacin. Doctor en Ciencia Poltica. Ha escrito obras de investigacin entre las que se destacan "Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopoltica (Director), "Consejo Suramericano de Defensa: desafo geopoltico y perspectivas continentales" y "Seguridad ciudadana: de lo municipal a lo Continental". Profesor en la Licenciatura en Seguridad en la Universidad de Morn y creador de la ctedra de Seguridad ciudadana en la Universidad del Salvador. Dicta Seminarios y cursos a academias policiales de Amrica Latina y es consultor en polticas pblicas de Seguridad.

Norberto Emmerich, doctor en Ciencia Poltica y licenciado en Relaciones Internacionales. Ha escrito Una teora poltica para el narcotrfico, Geopoltica del narcotrfico en Amrica Latina y Narcos en Buenos Aires: el caso de la villa 31. Profesor de Seguridad Ciudadana y Poltica Criminal en la licenciatura en Seguridad y Polticas Pblicas de la Universidad Autnoma de Ciudad Jurez, Mxico. Fue decano del Centro de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales, Quito, Ecuador y coordinador general de Investigaciones en la misma Universidad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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