Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2017

Una mirada al futuro: Cuba revolucionaria?

Fernando Luis Rojas
Memoria


I

Vuelvo al ttulo de un trabajo publicado en 2009, ahora en forma de interrogante. Es sintomtica la hostilidad que genera en sectores diversos plantearse, a manera de disyuntiva, la condicin revolucionaria de un futuro para Cuba. Claro que se trata de una generalizacin bastante simple: qu significa un futuro para Cuba? Las perspectivas de quienes viven dentro de las fronteras o incluye la dispora? Considera las aproximaciones a un sentido comn cada vez ms difuso o privilegia estudios de casos? Se centra en las perspectivas individuales, en las relaciones sociales, sus asociaciones espontneas o en la lgica institucional y organizativa estimulada por el Estado y el Partido Comunista?

La mencionada hostilidad dice mucho en varios sentidos: 1. La distorsin que constituye la simbiosis entre propaganda poltica (en este caso revolucionaria) y anlisis terico; 2. La crisis referencial en que se encuentra un sector de la izquierda internacional, para el que el derrumbe de un asidero para algunos, el ltimo sobreviviente de una poca de expansin precedente sera un golpe que les impide plantearse la posibilidad o discutir sobre ella; 3. Los vacos en la construccin de un imaginario y una cultura de izquierda, socialista (especficamente en Cuba) en trminos de programa general, objetivos, referencias y lneas de accin que orienten el actual proyecto pero, en especial, que lo superen ms all de su estado hoy.

Me limito a mencionar estos aspectos, que ameritan un tratamiento ms amplio, para concentrarme en algunos de los pulsos y retos que condicionan la interrogante del ttulo.

II

Massimo Modonesi ha tipificado en estas pginas la existencia de una crisis de la gobernabilidad liberal-democrtica y de sus sistemas polticos y de partidos, que ha venido a resolverse desde posturas diferentes a costa la mayora de las veces de una desizquierdizacin de fondo. En el caso cubano en particular, si bien no creo pueda hablarse en los trminos clsicos de crisis de gobernabilidad, hay cierta irrupcin a la inversa del fenmeno enunciado por Modonesi.

El triunfo de enero de 1959 modific de manera radical la vida del pas: se conjur de modo efectivo el latifundio, como se estableciera casi 20 aos antes en la Constitucin de 1940; se expropi a los grandes poseedores, incluidas gigantescas compaas extranjeras; se iniciaron planes sociales en beneficio de los sectores ms desfavorecidos, en especial el olvidado campo (no por gusto la mayora de las referencias buclicas a la Cuba prerrevolucionaria son, bsicamente, a La Habana). En el terreno poltico, sobre todo a partir de 1965, se entr en una pax interna afincada en la existencia de un nico partido, un esquema de organizaciones polticas y de masas en estrecha relacin con ste, un sistema de informacin centralizado y un consenso verificable en la relacin de Fidel Castro con amplios sectores de la poblacin.

La mencionada estabilidad tuvo al menos dos efectos directos, en el sentido de lo que nos interesa abordar en este trabajo: 1. La desestabilizacin poltica como externidad, a partir de la agresividad de las diferentes administraciones estadounidenses; 2. Una parte significativa de la poblacin cubana (aproximadamente 78 por ciento) naci despus de 1959 y si bien el anlisis se limita a decir que no conoci directamente los efectos del capitalismo, estuvo tambin en una posicin de ajenidad objetiva ante las dictaduras latinoamericanas, el auge de los movimientos de liberacin en el rea y los agudos conflictos militares, las estrategias de contrainsurgencia, las denominadas transiciones a la democracia; en resumen, ante los procesos de composicin, debilitamiento y recomposicin del paradigma de gobernabilidad liberal-democrtico.

Puede ser sta una de las razones hay otras de la reivindicacin por algunos sectores de varios aspectos de este paradigma como componente esencial de la profundizacin de la democracia en Cuba. Sobre el particular aventuro algunas ideas a manera de tesis:

1. La ampliacin democrtica es una necesidad para el pas, y siendo ms especfico e ideologizando el asunto, resulta consustancial para una nueva etapa del proyecto socialista revolucionario.

2. En la actualidad hay apremiantes para catalizar un proceso como ste (desgaste natural de un sistema poltico con escasas modificaciones durante medio siglo, distanciamiento temporal y vivencial respecto a la etapa anterior al denominado Periodo Especial ms de 40 por ciento de la poblacin nacida despus de 1980, envejecimiento o fallecimiento de la llamada generacin histrica, nuevo escenario en las relaciones Estados Unidos-Cuba, entre otros).

3. La propia reivindicacin del paradigma de gobernabilidad liberal no es uniforme. Entre varias tendencias, la menos slida y sin embargo ms extendida ve el camino a la ampliacin de la democracia (en rigor consideran el camino a la democracia, pues no reconocen esa cualidad en el proceso cubano) anclado en el electoralismo: votacin directa por los cargos pblicos (presidente al menos) y sistema pluripartidista.

Buena parte de los cubanos residentes en la isla y fuera de ella identifican la necesidad de una profundizacin democrtica; y tambin un sector bastante numeroso apuesta a esa ampliacin desde el ideal socialista (el anticapitalista) y sin desconocer las experiencias positivas que pueda aportar nuestra historia reciente. Los obstculos se encontrarn en dos sentidos: primero, el reconocimiento de esa necesidad de cambio; y luego, el terreno de disputa sobre la orientacin de ste.

III

Ya que dialogamos con algunas problemticas que sitan un devenir reaccionario (o al menos no revolucionario) como posibilidad, no puede soslayarse el terreno econmico.

La economa ha sido el campo de las mayores tensiones populares cotidianas, al menos desde 1990 hasta hoy; el fenmeno se ha relanzado a partir de los ltimos datos oficiales de decrecimiento del producto interno bruto (PIB) en 0.9 por ciento en 2016, y el pronstico de crecimiento de 2 por ciento para 2017. La centralidad de la economa aparece emboscada sistemticamente: cuando la crisis se explica slo por el arbitrario bloqueo impuesto por Estados Unidos y la cada del bloque socialista de Europa del este y la Unin de Repblicas Socialistas Soviticas; cuando se ponen en evidencia las incongruencias entre los datos macroeconmicos y la economa individual y familiar; cuando constituye una zona de silencio en los medios de mayor alcance nacional; cuando se convierte en patrimonio exclusivo de directivos, investigadores y analistas que publican en medios digitales a los que tiene acceso una pequea parte de la poblacin.

Ello no significa que haya una produccin terica y especializada menor (dentro de las fronteras geogrficas convencionales y fuera de ellas), as que me centrar en algunos temas relacionados con el objetivo de este trabajo: ofrecer algunas claves para una potencial conservatizacin.

Desde los primeros aos noventa del pasado siglo, pero especialmente a partir de las transformaciones iniciadas en 2010, se ha producido un paulatino alejamiento del esencialismo estatista en materia econmica desde el gobierno. Sin embargo, entre la dcada de 1990 y la actualidad hay varios elementos distintivos en el plano discursivo: si antes la apertura al sector no estatal (es imposible aqu abordar algunas peculiaridades del agro) formaba parte de medidas excepcionales en respuesta de la crisis, ahora tiene que ver con la incorporacin de otras formas de propiedad y gestin como parte integral del modelo econmico y social.

En este sentido, algunas distorsiones radican en esto: se percibe una predisposicin favorable al otorgamiento de licencias a propietarios privados en detrimento de otras formas de gestin no estatal, como las cooperativas no agropecuarias; los propios privados se enfrentan permanentemente a trabas burocrticas, obstculos y perjuicios que impiden una articulacin con la dinmica econmica nacional; la figura del trabajador por cuenta propia constituye un eufemismo al uso institucional para definir y regular actores econmicos de diferente naturaleza jurdica, el trabajador por cuenta propia en sentido estricto, el trabajador de empresas privadas y el empresario individual, propietario y gestor de las pequeas y medianas empresas.1

Estas distorsiones podran ser generadoras de contradicciones retardatarias de una perspectiva revolucionaria. Por un lado, el vaco o desacertado marco regulatorio para el funcionamiento del sector no estatal que se expresa en 1. El mal diseo de la poltica tributaria que segn lo establecido, si se cumpliera al pie de la letra, los ingresos de buena parte del sector privado estaran en el nivel de algunos trabajadores del deprimido sector estatal (en este sentido se ha llevado a una dimensin ms descarnada esa idea referida por Guillermo Rodrguez Rivera en Por el camino de la mar, o nosotros los cubanos: se acata, pero no se cumple); 2. La incorporacin de un nmero reducido de actividades por ejercer de forma privada, que provoca la inscripcin de licencias para encubrir otras no autorizadas, entre ellas las profesionales, de asesoramiento gerencial y otras que integraran ese capital humano resultado de la educacin en el periodo revolucionario.

As, la precisin con que se presenta en los medios de prensa la informacin de la cantidad de trabajadores por cuenta propia que realizan actividades econmicas ms complejas y con mayores ingresos, y por tanto presentan declaracin jurada sobre los ingresos personales, podra volver invisibles estos fenmenos en su vnculo con la evasin de impuestos, a lo que se suma la inscripcin de licencias (y propiedades destinadas a negocios) a travs de terceros que deriven en procesos de acumulacin y concentracin de capital.

Por otro lado, la depresin del empleo estatal en trminos de remuneracin salarial tiende a ocultar la explotacin a que potencial (y realmente) pueden ser sometidos los trabajadores contratados en los negocios privados. stos reciben como mnimo tres veces el promedio en el sector pblico. Si a ello se suman el vaco contractual, la inexistencia de un marco asociativo efectivo para la defensa de estos trabajadores y la insuficiencia (y centralizacin) de los mecanismos de auditora y control, puede entenderse que galope cierta negacin en el sentido comn de la explotacin en el concepto clsico marxista. De no actuarse en esta direccin, la cultura capitalista puede ganar un espacio mayor en el escenario de un proyecto que ha refrendado constitucionalmente la irrevocabilidad del socialismo.

En ltima instancia, estos elementos complejizan el problema fundamental que enfrenta Cuba en materia econmica. ste sera, tomando como referencia los datos sobre el pib comentados, el crecimiento con desarrollo reflejado en la vida cotidiana de su poblacin.

IV

Otra amenaza se encuentra en el terreno de la sociedad civil, desde la pluralidad de interpretaciones que han caracterizado el trmino. A grandes rasgos, en la Cuba actual se manifiestan todos los utilitarismos que han marcado su uso, expresando de manera concentrada una especie de mediacin fallida.

En medio de la discusin sobre si es vlido presentar la sociedad civil como antinomia del Estado y la poltica, particularmente en el caso de la Revolucin Cubana y el proceso de institucionalizacin que pretenda sentar las bases de un gobierno articulado con el pueblo (un gobierno del pueblo), parece aceptado aunque parezca contradictorio que el rescate oficial del trmino est relacionado con la prdida de capacidad del Estado para resolver todas las necesidades de la poblacin, el fortalecimiento del sector econmico privado y cooperativo y la creciente diferenciacin social. En esta lgica, desde la experiencia de los ltimos aos con el proceso de reformas promovido por esa dualidad partido-gobierno, el Estado aparece tambin como el facilitador y promotor de las nuevas expresiones de la sociedad civil.

A esto acompaa otra problemtica. El surgimiento de nuevos interlocutores y la ampliacin del espacio social autnomo mirados como un fenmeno actual en Cuba implican el riesgo de desconocer como actores de la sociedad civil las organizaciones surgidas (o refundadas) entre 1959 y 1980.

Una tendencia que se ha extendido en diversos terrenos es negar el carcter participativo de todo espacio que legitime las polticas del Estado, apoye determinadas medidas tomadas o responda movilizativamente a convocatorias de los dirigentes estatales o del Partido Comunista. Es como si las personas no pudieran asociarse alrededor de un objetivo de acompaamiento. En la actual coyuntura, la pregunta sera refleja este acompaamiento la prioridad de los miembros de las organizaciones o asociaciones o la de sus dirigentes?

Hasta aqu, la mediacin fallida se presenta en dos sentidos: las distorsiones en las relaciones entre el esquema organizacional y asociativo fruto de la Revolucin y un tipo especfico de Estado, tambin resultado de sta; y la reiteracin de la sociedad civil como antagnica y hostil a la experiencia de organizacin poltica y gubernamental cubana posterior a 1959.

Una de las mejores expresiones de esta ltima construccin se evidenci en el discurso del presidente Obama en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso el 22 de marzo de 2016, cuando la corri a los terrenos a contrapelo de algunos tericos de la sociedad econmica, y dentro de ella, fundamentalmente al terreno individual y no al asociativo.

Otra arista de esa mediacin fallida se encuentra en la insercin de Cuba en una crisis identitaria por sobreproduccin que la trasciende en el plano geogrfico. Por un lado, la explosin de mltiples reivindicaciones particulares (vlidas, y atendidas o no indistintamente) postergan muchas veces la atencin de problemas estructurales, al tiempo que se montan en una dinmica de presin a las instituciones que parece desconocer la agudeza de los problemas del pas. Su contraparte, las entidades del Estado y gobierno (o sus dirigentes, pues de otra manera sera una entelequia), se resisten en el sentido de atender con agilidad estas demandas, generar consenso y centrar los esfuerzos en los asuntos estratgicos. En resumen, ni se deja gobernar ni se desbroza el camino para hacerlo de cara a los principales retos que se enfrentan: el econmico, el relacionado con el futuro de los nexos Cuba-Estados Unidos en la era Trump, los efectos de los acontecimientos internos en Venezuela, el recambio poltico de 2018.

A ello se suma el hecho de que esa tirantez entre las instituciones estatales o de gobierno y buena parte de las agrupaciones informales o asociaciones de historia ms reciente homogeniza estas ltimas. En ese estado de cosas, parecen preteridas discusiones de gran trascendencia. Por ejemplo, resultan cantados la ineficacia y el conservadurismo de la actual poltica oficial de medios, informacin y comunicacin; ante la necesidad de su modificacin, su contenido encarna especial terreno de disputa: se apostar por una coexistencia de formas diversas de gestin? (que ya se ha verificado en la prctica, aunque en las fronteras de la web principalmente), se legitimar una prctica de informacin desde lo comunitario, de la que salvo algunas excepciones hay pocas experiencias?, se apostar por las formas no convencionales que condensan las lneas y miradas de individuos, colectivos o grupos de inters y presin?

V

Reivindicacin por dems incompleta del paradigma de gobernabilidad liberal democrtico, procesos de acumulacin y concentracin de capital y mediacin fallida pueden ser algunos de los obstculos para un devenir revolucionario, o de izquierda un trmino aun menos preciso, de la Cuba futura.

Si bien el punto de partida podra identificarse en dos preguntas: cunto hay de revolucionario en el actual proyecto cubano?, y cul sera el contenido de lo revolucionario?, me limito a presentar algunas de las potencialidades muchas veces vistas como limitaciones para una derivacin en este sentido.

La propia obra de la revolucin, aunque no vista en un sentido inmovilista o de aferrase a lo alcanzado, sino en la dinmica de corrimiento de las bases para cualquier transformacin del pas. El triunfo del 1 de enero de 1959 y las medidas tomadas paulatinamente contribuyeron a mover el sentido comn de los cubanos, su imaginario, sobre la sociedad concreta en que aspiran a vivir.

No se trata de un campo sin conflictos. Primero, porque la mayora de esos cambios, relacionados con la universalidad del acceso a una salud y educacin gratuitas, las modificaciones iniciales del rgimen de propiedad, la reivindicacin jurdica y simblica de los derechos de las mayoras excluidas, la ruptura de una tradicin poltica que se delineaba en posicin antagnica con la tica, se verific en los aos inmediatos a 1959. Por tanto, a la par de las crticas actuales dables en estos terrenos, cualquier proyeccin futura debe partir de esos presupuestos, incluirlos. Emergeran como factor de unidad y consenso slo ante cualquier intento de desmontaje, de la misma forma que asomaran frente a algn planteamiento fundamentalista que pretenda la devolucin de las propiedades confiscadas con posterioridad al 1 de enero.

El pueblo cubano, al menos en tres dimensiones fundamentales. La primera, y mayoritaria, se expresa en una parte de la poblacin a la que las dificultades econmicas y los problemas de la vida cotidiana han situado como prioridad la satisfaccin de sus necesidades. Se insiste mucho en cierta entronizacin de una perspectiva individualista, en la prdida de valores clsicos a partir de la crisis iniciada en los noventa; pero en sentido general, este escenario responde a una estrategia de supervivencia y espera por los resortes movilizativos y de liderazgo que articulen la accin colectiva hacia el desarrollo, en primer lugar, econmico. Esos resortes se encuentran precisamente en la poblacin, pero en ocasiones se han intentado capitalizar desde el sectarismo y el afn de protagonismo.

La segunda dimensin est en la emigracin cubana, que adquiere creciente peso en la dinmica demogrfica ante la situacin del aumento natural de la poblacin. A la tendencia de emigracin sostenida de manera fundamental hacia Estados Unidos, que ha ascendido desde 2013 a ms de 50 mil anualmente, se suma la medida anunciada por Barack Obama el pasado 12 de enero de eliminar la poltica especial de parole para los ciudadanos cubanos que llegan a ese territorio (conocida como pies secos, pies mojados). Los efectos de este anuncio, de implantacin inmediata, tendrn que ser observados y analizados en el marco de la toma de posesin del republicano Donald Trump.

Aproximadamente 17.6 por ciento de los cubanos residen en el exterior, de manera fundamental en Estados Unidos (unos 2 millones). Si bien Pew Research Center identifica un crecimiento de los cubanos que ingresan en ese pas tras la modificacin cubana de la poltica migratoria en 2013, diferentes medios hablan de la circularidad de este proceso: se advierte una tendencia a viajar, pero tambin a regresar al pas.

Ms all de estos datos, en sentido general la emigracin cubana quiere contar partiendo desde su contribucin familiar en la economa del pas. Es (o ser) con la visualizacin del peso de las remesas familiares, su papel como inversores directos (o no) o convirtindose en el primer emisor de viajeros a Cuba (en 2016, los cubanos residentes en otros pases constituyeron el segundo grupo despus de Canad). Por razones de espacio, no puedo desarrollar otras variables de importancia que contribuiran a un intercambio ms amplio sobre el particular, entre ellas la traslacin, a los sectores ms extremistas de la emigracin, del centro de un inmovilismo mental como rmora para construir un futuro en que quepa la mayora de los cubanos; la heterogeneidad de posiciones existente en la emigracin sobre la dinmica cubana, y en la isla sobre la emigracin; las tensiones y los consensos generados por acontecimientos como el restablecimiento de relaciones diplomticas Cuba-Estados Unidos, la eleccin de Donald Trump para la Presidencia, el fallecimiento del lder de la revolucin, Fidel Castro, y la mencionada eliminacin de la poltica de pies secos, pies mojados.

La ltima dimensin la asocio a la potencialidad revolucionaria existente en las bases de las organizaciones polticas: el Partido y la Unin de Jvenes Comunistas. La condicin revolucionaria entre los cubanos no es un patrimonio de los militantes de esas organizaciones; y no necesariamente todos los que pertenecen a ellas tienen una construccin similar sobre qu significa ser revolucionario. Entre 1997 y 2016, el Partido Comunista celebr sus congresos quinto, sexto y sptimo. En el periodo, la membresa de la organizacin se movi entre los 780 mil militantes (1997) y los 670 mil (2016); ello supone un decremento aproximado de 14 por ciento.2 Las dos organizaciones agrupan ms de 1 milln de personas.

Pragmticamente, se habla de la dcima parte de la poblacin residente en la isla, una cifra nada despreciable. Las bases de estas organizaciones, en especial del partido, no tienen una interpretacin uniforme de la realidad cubana, como se ha expresado en los procesos de debate de los ltimos aos. Al mismo tiempo, hay una preocupacin generalizada por los problemas que enfrenta de manera cotidiana la poblacin (de la que forman parte ellos mismos, los militantes de base), que puede articularse con el tipo especfico y peculiar de partido necesario en un esquema de organizacin poltica nica.

Por otra parte, el movimiento de disminucin experimentado demuestra al menos tres aspectos: 1. La necesidad de pensarlo y abordarlo como problema y, por tanto, observar la urgencia de transformacin no slo en el plano econmico (tambin el poltico, entre otros) y general de la sociedad (tambin en el partido); 2. Deben atenderse las formas de construccin de hegemona que tiene en la actualidad el partido en el contexto cubano; 3. Se cuenta an con una base significativa numricamente, que ha resistido en el partido los aos de desgaste econmico, las privaciones, los esquematismos en el trabajo poltico y comunicacional, las migraciones familiares.

En rigor, obra de la revolucin y pueblo cubanos no pueden verse como escenarios separados. En su tipicidad actual se articulan; y en ellos veo las principales fuerzas de un desarrollo revolucionario en la isla. Para ello, para definir y acercar el contenido de tal condicin y seguir corriendo las fronteras de los que se incluyen en el proyecto revolucionario, hay que plantearse, como sentido, posibilidad (o no) y aspiracin, la interrogante: Cuba futura, Cuba revolucionaria?

Notas:

1 Norma Tania Rivero y Jos Luis Fernndez de Cosso. Por qu no reconocer la existencia del empresario individual?, en Progreso Semanal. http://progresosemanal.us/20150715/por-que-no-reconocer-la-existencia-del-empresario-individual/

2 Ral Castro Ruz. Informe central al VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, en Cubadebate. http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/04/17/informe-central-al-vii-congreso-del-partido-comunista-cuba/#.WHrb1VXhDIU

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter