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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2017

El cardenal, el gobernador y las cofradas

Isidoro Moreno
Diario de Sevilla


Afirmaba, en la primavera de 1935, el maestro de periodistas sevillano Manuel Chaves Nogales que "los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado". Y aada que "sin las hermandades no habra Semana Santa, por ms que se empease en ello la Iglesia o los gobiernos". "La Semana Santa -continuaba- no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organizacin netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos".

Esta visin, contraria a la retrica oficial de su tiempo y muy alejada del relato dominante durante la dictadura franquista y la actual Segunda Restauracin Borbnica, seguro que escandalizara a no pocos de sus coetneos y -seguro- a casi todos hoy, si la aplicramos a nuestro presente. El secuestro interpretativo de la Semana Santa sevillana, y en general andaluza (que analic por primera vez en un pequeo librito de 1982, seis veces reeditado), que es consecuencia de la aceptacin del monopolio del poder eclesistico sobre los rituales y el imaginario de toda fiesta en la que sean centrales iconos y otros elementos expresivos religiosos, ha llevado a que casi todos -tanto los inmersos en el nacional-catolicismo o en el posterior municipal-cofradierismo como los contrarios a estos- hayan interiorizado que la autoridad y el control sobre la Semana Santa sea algo propio de la jerarqua eclesistica, con la colaboracin subalterna de las instituciones polticas.

Chaves Nogales afirmaba algo muy distinto: que tanto el cardenal (hoy diramos el obispo en cada Dicesis) como el gobernador (hoy, el alcalde o su delegado de fiestas mayores, y concretamente en Sevilla el omnipresente y omnipotente Cecop) son los enemigos principales de la Semana Santa y de las cofradas. Del carcter popular de esta y de su carcter multidimensional.

Cualquiera que se haya acercado a la historia de las cofradas conoce la gran cantidad de conflictos con las autoridades, sobre todo eclesisticas pero tambin civiles. Las primeras pretendieron siempre controlarlas a golpe de Snodos, Decretos y Normas Diocesanas, y las segundas mediante apoyos, econmicos o de otro tipo, o prohibiciones, segn los momentos. Siempre las cofradas, o al menos las que no estaban formadas por personas de alcurnia, fueron dscolas y opuestas al clericalismo, ms all del protocolo, la cortesa o el acatamiento debido a nivel pblico a los pastores. Por eso, siempre, las cofradas han estado miradas con desconfianza por parte de la jerarqua y de muchos clrigos. A qu responde, sino a la aspiracin de independencia, el empeo por tener capillas propias?

Este carcter peculiar de las hermandades, el que muchas veces fueran refugio de heterodoxos y referentes -ellas y sus imgenes- de identidades sociales y/o territoriales especficas, junto con las caractersticas de la cultura andaluza en el mbito de la religiosidad popular, hicieron que la Semana Santa, en Sevilla y muchas ciudades y pueblos andaluces, se convirtiera en lo que los antroplogos y socilogos denominamos un "hecho social total", en este caso una celebracin pluridimensional que desborda el mbito de lo religioso sin negar este, y que atae, de una manera u otra, al conjunto de la sociedad. Pero desde hace unos aos, y tras un tiempo de "olvido" o incluso de hostilidad hacia las cofradas, el empeo de convertir a estas en slo "instrumentos pastorales" y la sumisin de sus dirigentes no slo a los dictados sino a las simples deseos o insinuaciones del obispo o prroco del lugar, est haciendo perder a las cofradas algunas de las dimensiones que siempre haban tenido y por las que han sido -y parcialmente son todava- instituciones populares.

Si a este control eclesistico, acentuado tras su definicin jurdica como asociaciones pblicas, y no privadas, de la Iglesia, unimos el creciente intervencionismo de los ayuntamientos y otros poderes en la organizacin de la Semana Santa, ahora en nombre, sobre todo, de la seguridad, tenemos como resultado que las cofradas -a pesar de su crecimiento numrico y de la espectacularizacin de sus procesiones- han visto reducida su capacidad de decisin y que la Semana Santa se oficializa cada ao ms. Como consecuencia, peligra su continuidad como "hecho social total" y corre el riesgo de convertirse en una fiesta unidimensional, integrista y mercantilizada, asumida slo por una parte de la ciudadana. Es esto bueno? Para quines? Para qu intereses?

Isidoro Moreno. Catedrtico Emrito de Antropologa

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/cardenal-gobernador-cofradias_0_1123988028.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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