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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2017

La justicia transicional como cortina de humo

Michael Reed
Razn Pblica


El amargo debate alrededor de la Jurisdiccin Especial para la Paz no ha servido sino para evitar otro debate an ms amargo sobre la complicidad de las lites polticas, econmicas y militares con las atrocidades en el conflicto armado colombiano.

Un debate oscuro

El 28 de marzo el Congreso aprob el acto legislativo que reforma la Constitucin y establece el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparacin y No Repeticin (SIVJRNR). El pas y la comunidad internacional han estado pendientes de este marco normativo porque es un paso importante en el desarrollo del Acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC. Aunque este nuevo ttulo transitorio de la Constitucin se refiere al fin del conflicto y a la construccin de la paz, el debate no ha sido pacfico.

Gran parte de la discusin se ha concentrado en la Jurisdiccin Especial para la Paz (JEP). Esta jurisdiccin es producto de la negociacin y de la conciencia de ambas partes sobre la necesidad de hacer algo en relacin con las atrocidades que han sido perpetradas en Colombia. Pero no es claro en qu consistir ese algo que va a hacerse.

Adems de no ser pacfico, el debate no ha sido transparente. Al revs, ha sido y sigue siendo turbio. La atencin se ha concentrado en el reclamo de que la JEP es una justicia light para la guerrilla; que es la piata de impunidad que los narcoterroristas y el comunismo internacional consiguieron en La Habana.

Ms all de las expresiones sardnicas, el argumento esencial contra la JEP es su indulgencia respecto de los guerrilleros, as se trate de aquellos que dejen las armas y se comprometan con el proceso de paz. El verdadero costo de esa indulgencia solo se conocer ms adelante. Por ahora los nicos referentes que tenemos para preverlo son el texto del Acuerdo Final, el nuevo marco constitucional, algunas normas legales y muchos rumores. El juicio acerca de la JEP solo se podr hacer cuando comience a funcionar y produzca resultados, buenos o malos.

Un elefante

Sabemos que la implementacin de la JEP avanza, que su diseo es engorroso casi impracticable y que la carga procesal que ya est recibiendo es gigantesca. Como siempre ha ocurrido en Colombia, esta apuesta de justicia transicional resulta ser ms grande y ms compleja que cualquier otra iniciativa de judicializacin especial que se haya hecho en el mundo. Como si lo grande y lo complejo garantizaran efectividad.

Esto hubiera podido ser muy distinto si los negociadores hubieran tenido en cuenta la prctica jurdica colombiana, que tiende a complicarlo todo y a producir ahogados en un vaso de agua. Pero no fue as y ahora la tarea es lograr que la JEP opere de manera razonable es decir, debidamente articulada con los otros componentes del Sistema Integral y en favor efectivo de la justicia, de la sociedad y de las vctimas.

Algunos problemas del diseo podran corregirse mediante un ejercicio de implementacin programtica. El xito de la JEP para procesar los crmenes cometidos por miembros de las FARC depender de cmo se acumulen tcnicamente los casos, de cmo se comparen las versiones de los perpetradores confesos, y de que se vigile el cumplimiento de los requisitos por parte de los beneficiarios de la indulgencia.

Pero aun entones quedara mucha tela por cortar sobre el alcance y el funcionamiento del Sistema Integral, porque hasta ahora la atencin se ha centrado erradamente sobre su componente de justicia es decir, sobre la JEP.

El negacionismo

En cambio nadie habla de reconocer el rgimen atroz que se tom a Colombia. Hasta el momento, la negacin de la atrocidad sigue siendo la receta social para la paz.

El debate no ha sido franco ni transparente porque no se ha desvelado uno de los mayores obstculos para poner en marcha la JEP y la Comisin de la Verdad: el inters de varios sectores en negar las prcticas repetitivas de violencia que fueron instauradas a lo largo y lo ancho del territorio colombiano.

El discurso de rechazo a la indulgencia para el enemigo eterno las FARC sirve para no hablar de lo que se teme verdaderamente: que los vnculos entre lites econmicas, militares y polticas con la atrocidad se pongan en evidencia.

La negacin de la atrocidad en Colombia est arraigada en el poder pblico y en una parte muy poderosa del sector privado. Segn como se apliquen, los distintos mecanismos de verdad y justicia amenazarn el imperio de la negacin. Y este es uno de los motivos principales para que la oposicin a la JEP y en general al SIVJRNR sea tan acrrima. Si se logra acabar la negacin no solo sern afectados los criminales, terroristas y monstruos, sino que peligrar el buen nombre de personas y organizaciones comprometidas con la perpetracin y el ocultamiento de las atrocidades.

Muchos de los engendros jurdicos, los discursos vituperantes y las amenazas soterradas alrededor del SIVJRNR se desprenden del pequeo riesgo de que los mecanismos de justicia transicional puedan romper con el negacionismo en Colombia.

En 1994, cuando las organizaciones de derechos humanos denunciaban la existencia de los grupos paramilitares, el gobierno y los militares negaban abiertamente su existencia. Aos ms tarde esta denegacin se hizo imposible, y entonces se apel a una versin ms sutil de la misma, esta vez referente a la interpretacin y a las implicaciones de los hechos que ya eran innegables. El discurso oficial tuvo que aceptar que los paramilitares s existan, pero dijo que estos no tenan vnculos con el poder y que eran una autodefensa o un tercer actor en el conflicto.

Despus de cientos de masacres, miles de homicidios y millones de desplazados, los colombianos no podemos seguir viviendo de la mentira. El xito de la contrainsurgencia paramilitar dependi de su complicidad con el poder pblico y con las lites locales. Qu tanta complicidad? Eso es algo que debe debatirse sin balas y sin amenazas, pero s con evidencias. Se trata de un debate sano y necesario todava pendiente.

Un ejemplo similar es el de los falsos positivos, que tanto trasnocha a los negacionistas. Los falsos positivos consistieron, entre otras cosas, en la simulacin de combates y la presentacin de vctimas de ejecuciones extrajudiciales como bajas enemigas por parte del Ejrcito.

Tal desviacin del poder pblico no se puede explicar como un incidente aislado. A juzgar por la informacin disponible que es poca, porque mucha ha sido ocultada o destruida es claro que la planeacin y la organizacin son elementos sin los cuales no se hubieran podido perpetrar estos crmenes. Sin ellos, la matazn institucional nunca habra llegado a las dimensiones que alcanz en 2006 o 2007.

Sera bueno saber ms sobre ese fenmeno. Ver qu tan cierta o falsa es la hiptesis de que los falsos positivos no son responsabilidad solo de unos cuantos soldados que actuaron por iniciativa propia, sino que se trata de una prctica que se extendi en la organizacin y que cont con la complicidad de los superiores interesados en afianzar la gloria castrense.

Aunque el debate sea difcil, aunque sea caro y aunque est lleno de consecuencias, es un debate de veras necesario. Es ms: antes de presumir la legalidad o ilegalidad, hay que descubrir los hechos, todos los hechos que siguen ocultos o han sido tapados.

Si no hubiera nada que esconder, por qu tanta resistencia? Sabemos que hay tapados porque todo se mueve bajo lgica del secreto de seguridad nacional, de la amenaza, la muerte o la desaparicin. Tambin se ha recurrido al incendio y otras formas de destruccin de documentos. Todo esto indica que efectivamente se est escondiendo algo, y los ejemplos de la complicidad con el paramilitarismo o de los falsos positivos son apenas la punta del iceberg del problema de la criminalidad que ha sido fortalecida por los poderosos y por las inercias de organizaciones estatales.

Reconocimiento o negacin?

Este es un momento definitivo para el futuro de Colombia. Seguiremos aferrados a negar la atrocidad e indignndonos por razones equivocadas, o haremos frente a las consecuencias del crimen fortalecido por el poder (pblico y privado) e iniciaremos la dolorosa exploracin de nuestra historia marcada por la atrocidad?

No es la primera vez que se propone esta discusin. Desafortunadamente, en el pasado siempre se ha profundizado la negacin y se ha institucionalizado la mentira. Ahora que tanto se habla de la justicia para fortalecer el Estado de derecho, quizs podamos empezar a hablar sin temores de lo que tiene tan incmodos a algunos miembros de las lites polticas, econmicas y militares de Colombia.

Los debates tcnicos sobre las opciones para encarar el pasado pueden darse despus de que los colombianos hayamos tomado las decisiones polticas que permitan encarar ese pasado lleno de dolor, de versiones y de explicaciones. Pero, como es costumbre, en Colombia debatimos lo tcnico antes de lo poltico. Y aunque parezca que vamos muy avanzados en las discusiones sobre la JEP y los otros mecanismos del Sistema Integral, no hemos entendido lo que realmente est en juego: la verdad sobre la atrocidad con la cual nos acostumbramos a vivir, la que nos intimida y todava determina realidades.

Los problemas tcnicos que se han sealado en la JEP pueden solucionarse con posturas igualmente tcnicas y francas. De hecho algunos de los embrollos son de fcil solucin, por ejemplo,

Teniendo en cuenta lo anterior, es momento de preguntar: vamos a seguir en negacin o daremos el paso hacia el reconocimiento? Es hora de decidir!

Michael Reed. Analista colombiano, investigador asociado de Georgetown University.

@mreedhurtado

Fuente: http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/10152-la-justicia-transicional-como-cortina-de-humo.html



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