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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2017

Nuevas masculinidades?
Qu hacemos con la masculinidad: reformarla, abolirla o transformarla?

Jokin Azpiazu Carballo
http://www.pikaramagazine.com

Jokin Azpiazu,socilogo y activista social, analiza las contradicciones del popular discurso de las nuevas masculinidades: el excesivo protagonismo, la escasa vinculacin a las teoras feministas, el heterocentrismo, el binarismo, o las resistencias a renunciar a los privilegios


Durante los ltimos aos, el estudio de la masculinidad (o las masculinidades) ha recibido gran atencin tanto en el mbito de la investigacin como en otros mbitos sociales, como por ejemplo el de los medios de comunicacin. Al amparo de los estudios de gnero, en varias universidades se estn realizando estudios sobre masculinidad, y las lneas de investigacin sobre el tema se estn fortaleciendo y afianzando. Al mismo tiempo se estn impulsando diferentes iniciativas en el terreno de los movimientos sociales as como en el de la intervencin institucional, siendo probablemente las ms conocidas los denominados grupos de hombres.

La idea que subyace en la atencin que la masculinidad est recibiendo en el terreno acadmico es la siguiente: el gnero es una construccin social (tal y como la teora feminista ha argumentado ampliamente) que tambin nos afecta a los hombres. Por lo tanto, poner el ser hombre a debate e iniciar una tarea de deconstruccin es posible. As, los estudios sobre la masculinidad nos animan a ampliar la mirada sobre el gnero, a mirar a los hombres. Esto tiene sus efectos positivos, ya que los hombres no nos situaramos ya en la base de lo universal sino en el terreno de las normas de gnero y su contingencia histrica y social. Sin embargo, de este planteamiento pueden emerger un gran nmero de dudas y contradicciones. El movimiento feminista ha conseguido en las ltimas dcadas redireccionar la mirada (cientfica, medatica, social) hacia las mujeres.

Este fenmeno se da adems en un mar de contradicciones y contra-efectos al que los feminismos han tenido que responder a travs de la crtica, la implementacin y, al fin y al cabo, la transformacin de esa misma mirada. Las ciencias sociales han observado a menudo a las mujeres como meros objetos sin capacidad de agencia y sin voz, y debido a ello ha sido necesario reivindicar que no slo se trata de mirar a sino de cmo mirar. De cualquier forma, lo que ahora nos atae es que en los ltimos aos esa mirada se dirige hacia los hombres. A menudo, sin embargo, no se pone suficiente nfasis en explicar que todo el periodo histrico anterior (y el actual en gran medida) se caracteriza precisamente por la negacin de la existencia social de las mujeres. Es decir, que la mirada -social, acadmica, meditica- siempre ha estado dirigida a los hombres.

En el terreno social y asociativo, los grupos de hombres son probablemente las iniciativas ms conocidas, pero no las nicas. Se han realizado en los ltimos aos varias acciones ms que nos han tenido a los hombres como protagonistas. Muchas de ellas se han desarrollado en torno a la violencia machista: cadenas humanas, manifiestos, campaana publicitarias y foto-denuncias Los hombres hemos anunciado en pblico nuestra intencin de incidir en la lucha contra el sexismo y el machismo, y a menudo hemos recibido por ello abundante atencin meditica, ms que los grupos de mujeres que se dedican a lo mismo.

El punto de partida de estas iniciativas es la necesidad de que los hombres nos impliquemos contra el sexismo, lo que se ha enunciado de maneras bien diversas: se ha dicho que nuestra implicacin es indispensable, que es nuestra obligacin, que supone una ventaja para nosotros tambin, que sin nosotros el cambio es imposible

Cada forma de plantear el asunto implica matices bien diferentes. En cualquier caso, estaramos hablando del uso y ocupacin del espacio pblico (las calles, los medios, los discursos) y en ese terreno se ha visualizado de manera bastante clara que una palabra de hombre vale ms que el enunciado completo de las mujeres, aunque ambas hablen de sexismo. Durante los aos 2011 y 2012, realic una pequea investigacin respecto a estas cuestiones en el marco del mster de Estudios feministas y de gnero de la Universidad del Pas Vasco. Mi objetivo era sealar algunas cuestiones que pueden resultar problemticas sobre el trabajo con masculinidades tanto desde el punto de vista acadmico como movimentista. Trat de sealar algunos de los anclajes en los que se est amarrando la construccin discursiva en torno a las masculinidades hoy en da. En el terreno acadmico hubo especialmente dos cuestiones que llamaron mi atencin. Por un lado me parece que a la hora de investigar sobre masculinidad hay una tendencia bastante general a centrarse en la identidad, en detrimento de los puntos de vista que priorizan el enfoque sobre el poder o la hegemona.

Se estudia mucho qu siginifica ser hombre para el propio hombre, y no tanto cmo incide en las relaciones entre personas que hemos sido asignadas en diferentes sexos. Por otro lado, tengo la impresin de que los estudios sobre esta cuestin se estn conviritiendo cada vez ms en auto-referenciales. Los estudios sobre masculinidades parten de presupuestos tericos construidos en los propios estudios sobre masculinidades, y cada vez se nutren menos de reflexiones feministas. Esto tiene consecuencias de impacto tanto en el enfoque (o mirada) que se utiliza para abordar el tema, as como en el contexto del que se parte. Por ejemplo, una cuestin difcil y problemtica en la teora y prctica feminista de las ltimas dcadas ha sido la del sujeto, la pregunta clave que intensos debates tratan de contestar: quin es hoy en da el sujeto poltico del feminismo, ahora que precisamente las diferentes expresiones feministas han cuestionado la categora mujer como nica, partiendo de las diferentes experiencias y posiciones de las mujeres en lo social?

El intento de articular la capacidad poltica y subjetiva de las mujeres en esta red o maraa de diferencias es una cuestin de vital importancia, y por lo tanto, muy complicada. Sin embargo, las implicaciones que la participacin de los hombres en el feminismo podran suponer no son un tema de debate principal en las teoras sobre masculinidad. Esto determina la direccin en la cual se desarrollan los debates, dejando de lado temas que para los feminismos son de crucial importancia. Saltando al terreno de los movimientos sociales me dediqu al estudio de algunos escritos y documentos publicados (en el mbito de la Comunidad Autnoma Vasca) por grupos de hombres e iniciativas institucionales en torno a la masculinidad.

En ese trabajo, incompleto an, pude empezar a dibujar algunas claves que en mi opinin merece la pena poner sobre la mesa: Para empezar, hablamos de masculinidad y an nos referimos a un modelo muy concreto. Al mismo tiempo que se reivindica que existen diferentes maneras de vivir la masculinidad, se identifica el ejercicio de la misma con sujetos concretos: personas que han sido identificadas como hombres al nacer, heterosexuales, en la mayora de los casos involucrados en relaciones de pareja. El resto, quienes hemos tenido algn problema que otro para encajar en el carril de la masculinidad hegemnica (hombres trans, homosexuales, afeminados) quedamos fuera de esa categora.

Esto supone un doble riesgo: por un lado decir que no somos hombres (por m bien, ojal) pero por otro, pensar que por ser masculinidades marginales no ostentamos actitudes hegemnicas y poder. En este sentido, la mayora de propuestas vienen a cuestionar y modificar las relaciones que se dan entre hombres y mujeres, sobre todo en el terreno familiar y domstico, dejando de lado (o prestando mucha menos atencin) a otros espacios, sujetos y situaciones. Reivindicamos que los hombres nos tenemos que poner el delantal, pero no tenemos demasiadas propuestas para cmo (por ejemplo) rechazar los privilegios que ser hombres nos aporta en el mercado laboral.

En cambio, nos resulta ms fcil denunciar las cargas y daos colaterales que el patriarcado nos ha impuesto. Sealamos los espacios que nos han sido negados por ser hombres y subrayamos la necesidad de conquistarlos, pero tenemos ms dificultades para enfatizar el otro lado de la moneda, los espacios que el patriarcado nos ha dado, aquellos que tenemos que des-conquistar. No sealamos, adems, que esta moneda no es casi nunca simtrica, que estos privilegios nos vienen muy bien para movernos en el mundo actual. En este sentido, me parece muy importante identificar las motivaciones que nos llevan a implicarnos en las luchas por la igualdad.

Estamos dispuestos a asumir algunos de los trabajos que histricamente han realizado las mujeres (los trabajos de cuidado son paradigmticos en este caso). Decimos que el cuidado de nuestras criaturas (de aquellos que las tengan, claro) es fundamental, y ms an, sealamos las ventajas que esto nos traer. Sin embargo, mencionar a las personas enfermas, o con autonoma reducida por cualquier motivo, nos cuesta bastante ms.

Decimos que con la igualdad ganaremos tod*s, pero si lo que el patriarcado supone es precisamente una red de poder de distribucin desigual, no guste o no, alguien tendr que perder con la igualdad. Y as deber ser, si algunos sujetos se empoderan, otros tendremos que des-empoderarnos (si es que existe el concepto). Deberamos dejar claro que esto no ser una ventaja, no ser bueno para todos, no ser un regalo del cielo. Pero eso no quita que haya que hacerlo. Asimismo, identifiqu en al anlisis de algunos textos ciertos discursos de presuncin de inocencia; la necesidad de reivindicar, ante un supuesto exceso de radicalidad de los feminismos, que todos los hombres no somos iguales.

Es evidente que todos los hombres no somos iguales ni ejercemos de la misma manera la masculinidad, pero sera interesante estudiar por qu nos sentimos culpables o atacados y por qu nos enfadan segn que crticas o discursos. De alguna manera, se intuye la bsqueda de una nueva identidad personal y grupal, la de los hombres alternativos. Unido a todo esto, el concepto nuevas masculinidades emerge con fuerza en los ltimos aos, en algunos casos con vocacin descriptiva (en el terreno acadmico) y en otras como propuesta de modelo a construir (en los movimientos sociales).

En ambos casos me parece necesario y pertinente problematizar el concepto. En el primero de los casos, me parece excesivo afirmar la existencia de nuevas masculinidades de manera acrtica. Claro que la masculinidad est cambiando, pero cundo no? Y, en qu sentido y en que contexto est cambiando? No ser la masculinidad de cierta clase social en cierto contexto la que est cambiando o al menos la que hace visible su cambio? Son todos los cambios en la masculinidad positivos y voluntarios? Estos cambios y novedades que nos son visibles en lo identitario, en qu medida y cmo afectan a las relaciones entre hombres y mujeres en el terreno material (reparto de recursos y poderes de todo tipo)?

Dira que es posible trazar formas distintas en las que hombres y mujeres han vivido la masculinidad a lo largo de la historia, pero slo en este momento preciso hablamos de nuevas masculinidades, precisamente cuando es el grupo hegemnico el que est dando pasos hacia la transformacin consciente del modelo masculino (transformacin, que dicho sea de paso, valoro positivamente). No quisiera por tanto cuestionar la capacidad para vivir la masculinidad de formas distintas sealada en el trmino nuevas masculinidades. Es su inflacin discursiva lo que me preocupa.

En el terreno social, reivindicar la bsqueda de nuevas masculinidades (que, a menudo, como he expuesto anteriormente, se limita de antemano a ciertos sujetos) puede tener adems de su lado positivo un lado problemtico. En las dos ltimas dcadas las teoras feministas han cuestionado el carcter binario del sexo. A pesar de las diferentes opiniones en el seno de los movimentos, dira que los debates han sido ricos y productivos. Sin embargo, nosotros todava ni nos hemos planteado en la mayora de los casos qu hacer con la masculinidad: reformarla? transformarla? abolirla?

Parece que sentimos ms apego del que pensbamos hacia la masculinidad, seguramente porque de manera consciente e inconsciente sabemos que los privilegios que nos aporta no estn nada mal. Pero an cuando hacemos un intento de cuestionar los privilegios no somos capaces de retratar nuestras vidas y utopas ms all de la masculinidad (sea nueva o no). Sin obviar que la deconstruccin de la feminidad y la masculinidad conlleva consecuencias diferentes a muchos niveles, deberamos intentar atender al debate sobre si queremos ser otros hombres, hombres distintos o simplemente menos hombres.



Fuente:http://www.pikaramagazine.com/2013/03/%C2%BFque-hacemos-con-la-masculinidad-reformarla-transformarla-o-abolirla/




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