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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2005

La revuelta de los suburbios destapa carencias sociales explosivas que requieren enormes inversiones
El 'Katrina' francs

Bernard Cassen
El Perodico


As como el huracn Katrina revel muchos aspectos de la realidad social de EEUU, la oleada de violencia que sacude los suburbios de Pars y de otras ciudades est cargada de lecciones sobre el estado de la sociedad francesa.

No se puede hablar de revuelta popular, puesto que las personas implicadas --casi slo adolescentes y jvenes-- son muy pocas (varios millares) en comparacin con una poblacin total de los barrios perifricos, que suman unos cinco millones de habitantes, y no siguen ninguna consigna claramente definida. Los mtodos que utilizan --quema de coches, autobuses, comercios e infraestructuras pblicas-- y que gozan del efecto amplificador de las imgenes televisadas, que son emuladas de ciudad en ciudad y de barrio en barrio, pueden dar la impresin de que una guerrilla urbana acta en contra de la polica.

Esto es as slo en parte: hasta el momento, slo ha habido un muerto por heridas graves. Sin embargo, la polica descubri un taller de fabricacin de ccteles molotov bastante profesional. Por lo tanto, no se puede descartar que algunas bandas de traficantes de drogas y de encubridores de mercancas robadas, que prosperan en las zonas prohibidas de algunos suburbios y aterrorizan a sus habitantes, tengan inters en adoptar una estrategia de tensin.

Estos fenmenos mafiosos, habituales en situaciones de vaco de autoridad, no podran ocultar el significado profundo de los actos violentos. Son, para muchos de los jvenes, "salidos de la inmigracin", segn la expresin al uso, explosiones de una rabia cada vez menos contenida ante una situacin que ya no toleran, cuando sus padres la toleraron. Los suburbios concentran las consecuencias negativas, vividas por la mayora de la poblacin francesa, de las polticas neoliberales desde hace un cuarto de siglo, y, al tiempo, se suman a ellas sus deficiencias especficas. Una acumulacin que se ha vuelto explosiva.

Los ms pobres y los inmigrantes est atrapados en zonas urbanas donde las infraestructuras pblicas brillan por su ausencia o son insuficientes. Son verdaderos apartheid sociales. En estos guetos, los equipamientos --de todo: educacin, salud, vivienda, transportes, cultura y hasta seguridad-- son inferiores, tanto en cantidad como en calidad, a los de la media francesa. La tasa de desempleo es dos o tres veces ms elevada. Y, adems, las personas de origen inmigrante son vctimas de discriminaciones debidas al color de su piel o a su patronmico. De ah su exigencia prioritaria de "respeto".

EL GOBIERNO se encuentra en una situacin particularmente incmoda. Desde fuera, el prestigio de Francia est seriamente daado. Los hechos estn desprestigiando un "modelo social francs" en contraposicin al anglosajn preconizado por el premier Tony Blair. Desde dentro, el presidente, Jacques Chirac, y el primer ministro, Dominique de Villepin, tienen al mismo tiempo que restablecer el orden en la periferia e intentar atenuar las causas profundas del desorden.

Y aqu es donde aprieta el zapato. Se necesitaran unas inversiones pblicas gigantescas para, simplemente, recuperar el atraso acumulado durante estos ltimos 30 aos en el mbito de la vivienda social y de los equipamientos. A este respecto, se pudo hablar de un Plan Marshall. Pero, desde hace tres aos, hasta los modestos medios econmicos otorgados a todos los que afrontaban estos temas en los barrios sensibles
--asociaciones, trabajadores sociales, etctera-- se han visto constantemente reducidos. Incluso los efectivos de la polica han sido reducidos! Las medidas de rebajar los gastos pblicos y el nmero de funcionarios son parte de este proceso. Al mismo tiempo, el Gobierno bajaba los impuestos sobre la renta de su clientela electoral --las categoras sociales privilegiadas-- y conceda favor tras favor a las empresas.

La tenaza europea se cierra sobre Francia: los imperativos de competitividad y de rentabilidad --bajo la forma de "deducciones obligatorias" (impuesto y cotizaciones sociales)-- se oponen frontalmente a las polticas pblicas voluntaristas de solidaridad. Pero se inscriben en la Estrategia de Lisboa reactivada por la Comisin Europea y aprobada por los Veinticinco. Evidentemente, sin formularlo, ni pensarlo en esos trminos, los jvenes sublevados de los suburbios franceses, con la especficas circunstancias agravantes que sufren, estn enjuiciando las polticas liberales llevadas a cabo desde hace decenios a nivel tanto europeo como nacional por todos los gobiernos, se digan de izquierdas o de derechas.

NO ESTAMOS tan lejos de la hora de la verdad: si el Gobierno decide poner el dinero en la mesa para la periferia con el fin de evitar disturbios an ms graves, tendr que sacarlo de alguna parte, con riesgo de empeorar el dficit presupuestario. Y as dar ideas a otros sectores sociales. En noviembre, prolongando la huelga del 4 de octubre, que sac a la calle a un milln de personas, nuevos paros y movilizaciones sociales estn programadas en la funcin pblica; los empleados de Electricidad de Francia (EDF) se manifiestar contra la privatizacin de esta sociedad nacional; la tensin es muy fuerte dentro de las empresas (entre ellas, Hewlett Packard) que despiden para deslocalizarse. O sea, antes de los actuales acontecimientos dramticos, Francia ya viva una gran efervescencia social.

La victoria del no a la Euroconstitucin constituy un sesmo que apuntaba acusadoramente a las opciones neoliberales de los partidos de gobierno. Y, suponiendo que la revuelta social de los suburbios se extendiera y se globalizara, podra generar una rplica ms fuerte que el terremoto del referendo del 29 de mayo. Esperemos que Chirac y los dems polticos puedan prever esta catstrofe.

Traduccin de Caroline Rouquet


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