Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-04-2017

Un Metrobus ah

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


La gestin del gobierno de la Ciudad es uno de los grandes malentendidos de la poltica argentina.

Se ha hablado hasta el cansancio de la maldicin de la provincia de Buenos Aires, la anomala de que ninguno de los gobernadores del distrito ms importante del pas, el que concentra alrededor de un tercio de la poblacin y el PBI, haya sido elegido presidente, maldicin que en verdad tiene una explicacin bastante simple: el gobernador bonaerense es siempre un competidor natural del presidente, que hace lo posible por bloquearlo, y la provincia es tan enorme y densa que su mxima autoridad suele quedar enfangada en las dificultades de una gestin crnicamente deficitaria, como un fusible de gobernabilidad.

En cambio se habla menos de la Ciudad Autnoma, pese a que ya dos de sus alcaldes fueron elegidos jefes de Estado. Con un PBI per cpita que duplica la media nacional y equivale a 14 veces el de Santiago del Estero, una estructura econmica que descansa bsicamente en recursos propios y una superficie mnima, se trata de un distrito-vidriera, una catapulta: en sus ocho aos al frente del gobierno de la Ciudad el macrismo avanz poco en materia de salud y educacin pblicas, quizs consciente de que la mitad de los porteos prescinde de ellas, y puso al tope de sus prioridades presupuestarias a la seguridad, con la creacin de la Metropolitana, y al espacio pblico, con la mejora de las plazas y el transporte. Como escribi Martn Rodrguez (1), ubic lo pblico por sobre lo estatal.

El xito porteo del PRO, y las dificultades que enfrenta en el gobierno nacional, se explican tambin por su voluntad de exportar el know how del sector privado a la gestin pblica. En cierto modo, la idea de que es posible manejar el Estado como si fuera una empresa o un club resulta factible y hasta, en algunos casos, interesante cuando se trata de municipios o provincias, donde la mayor parte de las decisiones estn vinculadas a cuatro reas muy concretas: salud, educacin, seguridad y espacio pblico. Pero resulta definitivamente inadecuada como criterio para gobernar el Estado nacional, que a diferencia de las unidades subnacionales decide sobre cuestiones mucho ms complejas como el tipo de cambio, las relaciones exteriores, los impuestos o los jueces de la Corte Suprema.

Los problemas para pegar ese salto, que es cuanti pero sobre todo cualitativo, quizs expliquen los singulares zigzagueos, la lentitud gestionaria y la subejecucin rampante que arrastran vastas reas de la administracin PRO. Un gobierno, cualquier gobierno, es siempre un entramado contradictorio de polticas. Ninguno es monoltico; por ms homogeneidad que se le quiera imprimir, tarde o temprano aparecen las contradicciones. El ideal del gobierno esfrico desprovisto de aristas filosas, sin ngulos escondedores no existe. Y sin embargo, y aqu radica la inteligencia del verdadero estadista, la historia recuerda a los lderes por apenas un puado de decisiones, a veces incluso menos: el alfonsinismo reconstruy la democracia, el menemismo destruy la inflacin, el kirchnerismo nos sac de la crisis (o: el alfonsinismo no pudo gobernar, el menemismo dej una bomba de tiempo, el kirchnerismo fue un simulacro de progresismo).

Si la memoria consiste bsicamente en seleccionar los olvidos, cmo ser recordado el gobierno del PRO, qu cosas quedarn y cules le sern perdonadas? Transcurrido un tercio de su mandato, el macrismo tiene pocos resultados concretos que mostrar. Desde el punto de vista social el deterioro es evidente: todos los indicadores indigencia, pobreza, desempleo, desigualdad se alinean en contra, y slo la decisin de sostener el sistema de proteccin creado por el kirchnerismo evita que la situacin se desplome del todo. Desde el punto de vista poltico, los xitos parlamentarios y la docilidad sindical del inicio fueron reemplazados por un panorama ms complejo que seguramente se ir enredando conforme se acerquen los comicios de octubre.

Y desde el punto de vista econmico, que es donde se juega la suerte de las elecciones de medio trmino, el gobierno tampoco ha conseguido hasta ahora xitos constatables. El shock inicial de devaluacin, fin del cepo, acuerdo con los buitres y desregulacin de algunos mercados (notoriamente telecomunicaciones) fue reemplazado por una estrategia ms gradual, una especie de ajuste en cmara lenta que marca un contraste con los guadaazos del menemismo pero que, salvo al campo, deja disconformes a todos: a los sectores populares cada vez ms sumergidos, a las clases medias que ven cmo su situacin se deteriora progresivamente y a los empresarios, que se quejan de que la economa no arranca. Sin boom exportador y con el mercado interno retrayndose, el macrismo demora las reformas estructurales, sobre todo la laboral, que quiere pero no se anima a encarar.

El resultado es un gobierno trabado, con una gestin que no est a la altura de su espritu reformista, y que apuesta sobre todo a la optimizacin de los recursos escasos, la baja del costo laboral y la inversin social estrictamente necesaria. Este modelo de gobierno low cost sostiene la coyuntura pero no enamora, administra pero no abre nuevas rutas. Y ltimamente recurre a una frmula compensatoria que busca crear una sensacin de dinamismo: el decreto anti-inmigrantes, la amenaza de reprimir los piquetes y el conflicto con los sindicatos docentes constituyen atajos demaggicos ms destinados a distraer a la sociedad que a enfrentar los problemas de la inseguridad, la pobreza o la educacin, que difcilmente se resuelvan encarcelando bolivianos, prohibiendo las manifestaciones o desafiando a Baradel.

Es curioso, pero en este punto el gobierno del PRO se comporta de manera no tan diferente a como se comportaba el kirchnerismo, que tambin recurra a una sobrecarga del relato como modo de exorcizar el declive econmico, con la diferencia de que aquella saturacin retrica ocurri luego de una dcada larga en el poder mientras que sta sucede al inicio. Y que, mientras el gobierno anterior abrumaba de patriagrandismo nac&pop, el actual sobreacta su rol de garante del orden pblico y su liberalismo reformista, dimensin discursiva que se desliza al territorio de lo inverosmil con las apelaciones al vocablo revolucin: si clsicamente la idea de revolucin aluda a un cambio radical simbolizado en la toma de una prisin, un palacio o al menos un gobierno, y si la nueva izquierda la adjetiv de bolivariana, ciudadana o indgena para pintar su programa transformador, el macrismo recurre a ella con liviana frecuencia. Un populista o un izquierdista lo pensar mucho antes de pronunciarla, pero Macri habla sin mayores problemas de revolucin de los valores, de revolucin educativa, de revolucin de la obra pblica e incluso de revolucin del arndano (2).

Y sin embargo, el macrismo resiste. Por qu, pese a la ausencia de progresos en prcticamente todas las reas, no termina de hundirse en la consideracin pblica? Fundndose en datos de encuestas (3), Ignacio Ramrez sostiene que la grisura gestionaria de Cambiemos no afecta su imagen porque su contrato electoral no estaba basado en un contenido programtico especfico sino en el impalpable significante del cambio, la promesa del cierre de una etapa, que cumpli desplazando al kirchnerismo del poder, construyendo una potica de diferenciacin con el ciclo anterior y administrando con inteligencia lo que el socilogo Pierre Rosanvallon llama la poltica de las intenciones (4): un gobierno al que quizs no le salgan las cosas pero que quiere lo mejor, que escucha a todos y que est dispuesto a reconocer sus errores.

Esto es posible porque la distribucin de las preferencias polticas se mantiene ms o menos igual que antes de las elecciones. Por ms que los herederos de Ernesto Laclau insistan con sus polarizaciones de papel mach, la sociedad argentina sigue dividida en tercios: un polo kirchnerista, uno anti (hoy macrista) y un centro que se desinteresa o duda. La polarizacin es el sueo eterno de las minoras intensas que transpiran la noche insomne del cable. Por eso la astucia electoral del macrismo consisti en agregar al voto natural anti-kirchnerista el difcil electorado centrista, al que tuvo que tranquilizar prometindole que no privatizara YPF ni eliminara los planes sociales. Del 30 por ciento de las PASO al 34 por ciento de la primera vuelta, y de ah al 51 del ballottage, el macrismo construy una polarizacin controlada que lo llev derechito a la victoria. Recrearla es su gran apuesta para octubre.

Podr? Las movilizaciones de las ltimas semanas, que comenzaron con el acto sindical del 7 de marzo, continuaron con la marcha docente y concluyeron con la conmemoracin del aniversario del golpe de Estado, expresan el malestar de sectores crecientes de la sociedad, reflejado tambin en la convocatoria al paro general de la CGT. Frente a este panorama tormentoso, el gobierno busca a tientas su Plan Austral, su convertibilidad, su ley de medios. Y explora, como sealamos, una serie de iniciativas alejadas de su programa original: el discurso punitivista que tena el copyrigth del massismo, los debates en torno a la represin de la protesta social y, sobre todo, la confrontacin con los gremios docentes, en la que decidi jugar su capital ms valioso, que es la imagen de Vidal. Necesitamos un Metrobus, se sincera un funcionario. Consciente de que no hay cambio sin hegemona, el macrismo se acerca a la segunda mitad de su mandato con un giro hacia polticas ms duras y confrontativas.

Notas:


1. Manteros o el PRO al desnudo, en LPO, 17-1-17.

2. En la ltima dcada se sextuplic la superficie cultivada.

3. Cmo se sostiene la imagen positiva del gobierno, en Bastin Digital, 23-12-16.

4. El buen gobierno, Manantial, 2015.

Fuente: http://www.eldiplo.org/214-la-derecha-conquista-el-primer-mundo/un-metrobus-ahi


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter