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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2017

El ltimo tuit de Trump

Santiago Alba Rico, Carlos Varea y Loles Olivn
Rebelin


Los que se intercambian bombas tambin se intercambian signos. En el caso de Trump, un hombre adicto a las redes sociales que gan las elecciones y gobierna a golpe de tuit, casi sorprende que haya lanzado 59 misiles Tomahawk y no 140 sobre la base siria de al-Shayrat. Ese ataque tiene toda la pinta de ser otro tuit. Un tuit, de entrada, contra Obama. En este intercambio de signos, podemos interpretar as la secuencia. Obama, errtico, dubitativo y finalmente claudicante en Siria, formalmente opuesto al rgimen de Asad, demuestra un excesivo intervencionismo a los ojos de Trump, quien decide cambiar la poltica estadounidense y -segn una declaracin reciente- dejar que los sirios decidan el destino del rgimen, lo que equivale a sostenerlo formalmente. Asad, en buena lgica, conjetura que, si no pas nada en 2013 cuando us armas qumicas bajo la presidencia de su enemigo Obama, menos pasar ahora bajo la presidencia de su amigo Trump. As que decide usar gas sarn y matar 83 civiles en Jan Seijun. La respuesta de Trump, imprevisible, es estrictamente lgica en trminos semiticos. Se trata de una situacin ideal para mandar un tuit retrico contra Obama y justificar a la vez varios reordenamientos geoestratgicos. Obama -tuitea Trump sus Tomahawks- hizo dos cosas mal: se entrometi demasiado en Siria y, al mismo tiempo, no par los pies a Asad cuando cruz la lnea roja; defendi mal los intereses de EEUU y defendi mal los de la Humanidad. Poco importa que en agosto de 2013 Trump se opusiera a una respuesta militar de EEUU. Ahora est muy afectado por la muerte de nios y hasta de bebs y, ante la impotencia del Consejo de Seguridad de la ONU, se revela una vez ms temperamental e irracionalmente justo y da la orden al Pentgono desde el corazn. Lo que no hizo nunca Obama, tan beligerante en su discurso contra el rgimen sirio, lo hace Trump, tan complaciente: no me entrometo, como hizo mi antecesor, pero, al contrario que l, me tomo en serio las lneas rojas. Manda, pues, un tuit explosivo de 59 caracteres que, en todo caso, slo sorprende a ese sector de la izquierda estalibana, encerrado en esquemas campistas del siglo XX, que se alegr de la victoria del magnate con tup porque iba a ser el primer presidente de los EEUU pacifista, no intervencionista y hasta anti-imperialista.

El bombardeo, del que fueron previamente informados Rusia e Israel, es un tuit propagandstico que, bajo esta cobertura emocional anti-Obama, busca tambin tranquilizar a la clase poltica estadounidense, republicana y demcrata, furiosa con Trump por distintos motivos; y permite resituar a EEUU en el conflicto sirio, con ms protagonismo y mucho ms cerca de Israel y mucho ms lejos de Irn. Si el bombardeo de al-Shayrat es un tuit, como creo, no habr ms de momento, aunque en este avispero multinacional es siempre aventurado prever el resultado de un intercambio de mensajes mediante bombas. Hay que recordar, en todo caso, al menos, cinco cuestiones relevantes:

1. El bombardeo de Trump se ampara en el ms que evidente fracaso de las Naciones Unidas como organismo capaz de impedir, gestionar o reprimir los conflictos armados y de evitar la violacin de Derechos Humanos en el mundo. El colapso de la ONU es ya un hecho aceptado por todas las partes.

2. Los bombardeos slo agravan los problemas y ms si se deciden unilateralmente y se ejecutan al margen del derecho internacional. El fracaso de la ONU no justifica la venganza de Trump; al contrario, es la venganza de Trump la que colabora una vez ms en la demolicin del organismo internacional y, lejos de compensar su inutilidad introduciendo algn efecto estabilizador, dificulta an ms cualquier solucin sobre el terreno. Es lo que ocurre con todos los actos cometidos contra el derecho y la tica poltica: que por eso mismo son tan destructivos como los que pretende combatir. Deberamos tener ya suficiente experiencia histrica como para no pretender disfrazar una agresin ilegal de justicierismo moral. Todo lo que se hace al margen del Derecho se hace contra el Derecho. Y eso tiene consecuencias.

3. A los que, de derechas o de izquierdas, defienden o condenan el primer ataque estadounidense en Siria, hay que recordarles que EEUU lleva mucho tiempo bombardeando territorio sirio (e iraqu), contra el ISIS o a favor de los kurdos, con numerosas vctimas civiles y con anuencia siria, rusa e iran, sin que nadie se haya inmutado. En Raqqa o Kobane, tanto para la derecha como para la izquierda, los bombardeos de EEUU han sido siempre buenos o, como poco, el mal menor.

4. Las armas qumicas no deben hacer olvidar el uso de todas las otras armas que, por contraste, han acabado por parecernos naturales o legtimas. En Siria, desde hace seis aos, se han usado para matar las piedras, los cuchillos, la picana elctrica y las porras, las cimitarras, los fusiles, los obuses y los tanques, los misiles, la aviacin, las bombas de barril, el fsforo y el cloro, y toda clase de municin y de explosivos. La mayor parte de estas armas, y las ms destructivas, las ha usado el rgimen sirio, junto con Irn y Rusia, pero no hay que olvidar los crmenes de guerra cometidos, a menor escala, por casi todos los contendientes, incluidos el ISIS, Al-Qaeda y sus aliados.

5. Los ciudadanos del mundo estamos an ms desprotegidos que en el pasado. Hoy son los sirios, maana podemos ser nosotros, a poco que nos empeemos en defender la democracia y los derechos humanos contra los intereses de la geopoltica del desastre, ms enredada que nunca. Como recuerda el periodista italiano Gabriele del Grande, ningn pas del mundo tiene hoy la menor legitimidad para condenar ni el ataque con armas qumicas de Jan Seyjun ni el bombardeo estadounidense de al-Shayrat. Todos deberan mantenerse callados: el rgimen sirio, responsable ltimo de la destruccin del pas, exterminador de su propio pueblo, que ha entregado la soberana siria a Rusia e Irn; los EEUU, que destruyeron Iraq y siguen matando civiles en Mosul, en Afganistn y en Yemen; Rusia, cuyos bombardeos masivos en Siria han destruido hospitales y asesinado a miles de civiles; Irn, dictadura religiosa que ocupa parte del territorio sirio (e iraqu) para sostener mediante la violencia una dictadura laica; Arabia saud, Qatar, Turqua, que han impedido la democratizacin de Siria financiando y armando a los yihadistas; los propios yihadistas, militantes nihilistas que han secuestrado los sueos de miles de sirios; Israel, complacida en la agona siria y que sigue ocupando Palestina y matando palestinos, ahora como si se tratase de una travesura; la Unin Europea, errtica y sin poltica propia, que slo se ha puesto de acuerdo para denegar el auxilio, o hundir en el mar, a los que huyen de esa dictadura feroz (y esas armas qumicas) que tanto escndalo les produce; y ello sin olvidar a esos partidos de izquierdas o de derechas igualmente hipcritas que se indignan selectivamente y se alinean al lado de alguno de estos cnicos asesinos que, unos contra otros, se burlan todos por igual del dolor sirio y de sus anhelos de normalidad, justicia y democracia. Todas las declaraciones, todas las condenas, todas las indignaciones morales, fuera de los bares y las cocinas, suenan hoy falsas y casi amenazadoras.

Seis aos despus, como dice Yassin Al-Hayy Saleh, Siria est en todas partes y refleja el estado del mundo. El bombardeo de Trump no debera hacernos olvidar el ataque qumico de Asad -o viceversa- ni todo lo que tienen en comn: un desprecio total por el orden jurdico internacional, por los Derechos Humanos y por la democracia en Prximo Oriente y en el mundo entero. Y por su propio pas y su propia gente. Somos millones y millones de hombres y mujeres solos -algunos ms solos y ms expuestos que otros- que deberamos impugnar el orden global con un global no nos representan en lugar de ceder a la tentacin de buscar proteccin en manos de asesinos o de justificar sus crmenes. Es ste el momento en el que la izquierda debera recoger, y hacer suyos, todos los despojos que unos y otros van dejando, ensangrentados, en el camino: democracia, Derechos Humanos, soberana, justicia social, derecho internacional. No se trata de condenar con tino o indignarse con razn. Se trata de saber quin nos gobierna y qu queremos. Y si llegamos a la conclusin de que en ninguna parte gobiernan nuestros principios, abandonemos a los gobiernos, no nuestros principios; ni a los que luchan por ellos en las condiciones ms difciles y extremas. El lunes Asad bombarde Jan Seijun; ayer Trump la base de al-Shayrat. No pasa nada. Hoy vuelve la normalidad: los crmenes cotidianos por debajo de las lneas rojas y el desgarro de Siria -dictadura, rusos, iranes, turcos, saudes, estadounidenses- entre las uas de los enemigos de la libertad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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