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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2017

La estrategia del polica bueno y el polica malo"
Tiran la piedra y esconden la mano

Fernando Dorado
Rebelin


Texto dedicado a mi amigo Fernando Duque Nivia, un escptico que obliga a pensar.

En Colombia enfrentamos una trampa ancestral, una paradoja (Badiou), un sntoma (Lacan- Zizek), un trauma fundacional, que se repite y reitera por siglos, fruto de una singularidad histrica que se acumul a lo largo del tiempo. Hoy, que estamos intentando superar el conflicto armado vuelve a aparecer esaanomala que nos frena y no nos permite avanzar. Y, es por ello, que es muy importante detectar, sacar a la luz, reconocer y caracterizar ese fenmeno para finalmente superarlo en nuestro ser colectivo. Es indispensable hacerlo.

Dos temas concretos del actual proceso de paz son expresin de esa trampa. Uno, las castas dominantes se niegan a reconocer las atrocidades cometidas por fuerzas estatales y/o para-estatales, como lo denuncia con mucho detalle el analista Michael Reed en Razn Pblica (http://bit.ly/2oydirR). El otro, la permanencia de grupos paramilitares que sistemticamente continan asesinando dirigentes sociales y populares en diversos territorios de nuestro pas, especialmente en reas impactadas por megaproyectos mineros y energticos como de manera precisa lo describe Jos Antonio Gutirrez en Rebelion.org (http://bit.ly/2nYfoQQ).

Como a continuacin lo reseamos y recordamos, estos dos tipos de comportamiento de las clases dominantes han sido reiterados desde tiempos de la conquista y la colonizacin espaola. Desde aquellas pocas no solo utilizaron la fuerza armada de sus Estados para acabar, mermar o neutralizar la resistencia indgena, negra y mestiza, sino que tambin utilizaron todo tipo de fuerzas irregulares (mercenarios, caza-recompensas, asesinos a sueldo, chulavitas, paramilitares, Bacrim, etc.), para cometer toda clase de crmenes que las lites oligrquicas siempre han negado. Tiran la piedra y esconden la mano dice el sencillo parroquiano. Por eso, en el pasado todos los procesos de paz fracasaron: las fuerzas rebeldes o insurgentes fueron traicionadas y masacradas o asimiladas y cooptadas.

As, la estrategia que le permiti a la oligarqua instrumentalizar la guerra interna en los ltimos 35 aos no es algo casual. Es una prctica ladina y maosa que en la actualidad usan para manipular el proceso de paz e impedir verdaderos cambios y transformaciones. Esa capacidad la han desarrollado los de arriba con la colaboracin inconsciente de los de abajo. Desde el mismo momento de la conquista se inici ese proceso y es parte del legado colonial. No es algo que apareci por obra de una inteligenciamaligna ni es un invento perversode alguien en especial. Fue un proceso impuesto por las diversas condiciones de existencia de los pueblos originarios que habitaban el territorio de lo que hoy es Colombia y la forma diferenciada como respondieron a la invasin y dominacin. Surgi as, casi naturalmente, una dualidad tcticaque ha sido perfeccionada a lo largo del tiempo y convertida en costumbre criminal.

En la mayora de los territorios que en la actualidad son los pases latinoamericanos, la conquista y la colonizacin europea se realiz con base en la hibridacin cortesana (dixit, Miguel ngel Herrera) entre las elites cortesanas espaolas y las familias de los caciques que eran los nobles cortesanos de los imperios amerindios (inca, azteca, muisca). En sus capitales, Lima, Mxico y Bogot, los espaoles y sus aliados subordinados, constituyeron los tres centros coloniales dominantes (reales audiencias y/o virreinatos) que hoy siguen controlando la regin y siempre han sido la cabeza de playa de los imperios (espaol, ingls y estadounidense), hoy agrupados en la Alianza del Pacfico. Ese aspecto determin que frente a los pueblos que hacan parte de los imperios, la actitud dominante de esa alianza cortesana fuera relativamente suave, condescendiente, conciliadora y pacfica. Actuaba el polica bueno.

Pero frente a los pueblos que resistieron, que no se dejaron aculturizar, que defendieron las esencias de su identidad (territorios, cosmovisin, lenguas, usos y costumbres, autoridades propias, etc.), el bloque cortesano dominante (europeo-indgena-mestizo-criollo), desarroll otra actitud muy diferente. Esos pueblos en Colombia fueron relativamente numerosos dado que el imperio muisca era muy pequeo y no controlaba el extenso territorio. Adems, el otro centro de poder cortesano construido en Popayn con pueblos yanaconas trados de Per y Ecuador, no abarcaba amplias regiones de la entonces Nueva Granada. Las campaas de exterminio contra nasas, pijaos, sindaguas, wayus, zenes, arahuacos, motilones, timilas, etc., y negros cimarrones rebeldes, fueron aterradoras, brbaras y salvajes. No se ahorraban nada. Desde el engao hasta la emboscada y la tierra arrasada fueron utilizadas. Se procuraba dividirlos, infiltrarlos, desaparecer sus cabecillas, acusarlos de diablicos, brujos, oscuros, vagabundos y peligrosos para toda la sociedad. Actuaba, entonces, el polica malo.

El principal logro de esas clases dominantes, como lo intentahacer ahora Juan Manuel Santos, fue conseguir que amplios sectores de las clases y sectores dominados confiaran en el polica bueno. Ese mismo resultado lo consiguieron en diversas pocas los agentes del colonialismo interno: los curas doctrineros que supuestamente abogaban por la defensa de los indgenas; los encomenderos que amagaban amistad y hasta caridad para acercarse a los resguardos indgenas para apoderarse de sus tierras; los criollos patriotas que prometan igualdad y libertad para indios y negros pero en la prctica aspiraban a liquidar los resguardos o utilizar a su poblacin como carne de can en las guerras de independencia para mermarlos y debilitarlos ya que el fondo les teman; la dbil burguesa de principios del siglo XX que le hicieron creer a obreros y labriegos que iban a hacer una revolucin en marcha para garantizarles derechos laborales a los trabajadores y acceso a la tierra a los campesinos; y la burguesa transnacional que en 1991 convenci a amplios sectores sociales que con el slo cambio de la Constitucin Poltica se iba a democratizar el pas y el grueso del pueblo iba a disfrutar de una serie de derechos fundamentales, sociales, econmicos, polticos y culturales.

Y siempre lo lograron porque utilizaban el polica malo como seuelo. Desde aquellos tiempos buscaron la forma de hacer aparecer una figura que metiera miedo. Los policas malos de la conquista, la colonia y la repblica fueron reconocidos por su crueldad, fueron llamados pacificadores y frente a ellos estaba el polica bueno que mantena la mano tendida. En el siglo XX el ms conocido fue Laureano Gmez y en el siglo XXI es lvaro Uribe Vlez. Ambos fueron utilizados para domesticar a las dirigencias populares, asustndolas con el coco reaccionario y conservador, para que confiaran en el polica bueno, o sea, Lpez Pumarejo, los Lleras, Lpez Michelsen, Samper y, ahora, Santos. Y a fe, por lo que estamos observando, pretenden repetir la frmula con la colaboracin de un sector de la izquierda con unnuevo polica bueno: Humberto de La Calle Lombana.

Pero en esta ocasin pareciera que la receta no funciona. El polica bueno (Santos) no logr diferenciarse totalmente del malo (Uribe). El malo ya no asusta tanto y por ello utiliza como amenaza un castro-chavismo que si existiera realmente se desmoron el 2 de octubre pasado. El bueno se fue desgastando con sus mentiras y demagogia. Bueno y malo han empezado a ser identificados como corruptos por igual. La polarizacin entre ambos, en vez de potenciarlos, los muestra como compadres peliaos que se enfrentan por el botn de contratos y puestos. El siguiente poema de autor desconocido los retrata muy bien en su dimensin de identidad, los muestra comocaras opuestas de una misma moneda, descubreesa especie de desdoblamiento mutuo, los acusa deasumir poses diferenciadas para ocultar una misma esencia. Veamos...

Uribe y Santos; Santos y Uribe (de autor desconocido)

Mirse una noche
Uribe al espejo
hallando el rostro
de Santos como reflejo.
Juguemos a odiarnos, propuso el primero,
Enemistemos partidos, dividamos el pueblo;
Robemos despacio, propuso el ms nuevo.

Como eternos compinches se reconocieron,
se picaron el ojo,
se acariciaron el pelo;
se dieron la mano,
se lanzaron un beso
y sellaron su pacto
con abrazo sincero.

Aunque no ser
como el otro
al tiempo dijeron,
de Santos y Uribe
se conoce este juego:
Que posan de enemigos, querindose en serio,
que no hay menos malo,
que los dos son horrendos.

Que vendieron los mares, que rifaron los suelos;
que se aliaron con bancos, que apoyaron imperios,
que recibieron prebendas, que subieron impuestos,
que entregaron empresas, que delinquir permitieron.

Los dos presidentes,
los dos reelectos,
los dos tramadores,
los dos embusteros;
se atacan en twitter,
se siguen en Facebook;
se felicitan en casa,
se agreden en medios.

Es as que la historia
nos muestra este entuerto.
Los viejos amigos
sacando provecho,
amaando elecciones, comprando el congreso,
llenando sus sacos, acumulando dinero.

El pueblo que vota
conoce este cuento,
pero no le importa
pues ama el desgreo.
Disean pancartas,
recorren los pueblos,
defendiendo polticas, ensalzando gobiernos.

Caminan y sudan
gritando, diciendo:
el malo es el otro,
el nuestro es el bueno!
Uribe es honrado,
Juan Manuel traicionero!
Santos es puro;
Uribe paraco,
Uribe traqueto!

Los dos son corruptos,
los dos esperpentos.
los dos son iguales,
parecen gemelos!
El pas exprimido,
los nios muriendo;
La salud en la quiebra,
la economa en el suelo.

Los dos son lo mismo,
nos creen pendejos?
nos roban, nos quitan, ninguno es sincero:
Bien deca mi abuelo,
ya muerto por cierto,
"el corrupto aprovecha
la estupidez de los necios".

Lo nuevo de la situacin consiste en que los dirigentes de izquierda que han sido cooptados por el polica bueno (Santos) no tienen el ascenso e influencia necesaria para evitar que otros lderes y lideresas encabecen una rebelin pacfica que se est acumulando en el alma colombiana. Los resultados del 2 de octubre as lo indican. Existe una reserva de inconformidad con la clase poltica colombiana que va a ser desencadenada en 2018 por una amplia coalicin ciudadana independiente (ni de derecha, ni de izquierda) que va a aprovechar el desenmascaramiento yla identificacin entre el polica bueno y el malo para derrotar a todos los corruptos.

Adems, ese movimiento ciudadano en ciernes, esa tercera anti-poltica en formacin, cuenta con unas mayoras del pas que en los grandes centros urbanos han empezado a reaccionar. Adems, desde hace varios aos ha aparecidouna juventud ms consciente que se est vinculando con cierta decisin a la poltica. Es ms, importantes sectores de empresarios medios y pequeos (y uno que otro grande), tanto del campo como de la ciudad, a los que calificamos como burguesa decente, estn decididos a romper con la burguesa burocrticaque se ha mostrado profundamente descompuesta por la corrupcin poltico-administrativa. Dichos sectores no estn dispuestos a seguir pagando impuestos para que unos avivatos incrustados en el Estado se los roben.

La nica condicin para que se desencadene esa oleada democrtica es que los principales dirigentes de los partidos alternativos (Polo robledista, Alianza Verde, Progresistas, y otros ms pequeos como MAIS, ASI, Compromiso Ciudadano, etc.), adems de unificar su pensamiento, elaborar un programa acorde al momento y disearuna estrategia inteligente, convoquen en las regiones y en Bogot a cientos de miles de personas independientes, ciudadanos del comn, activistas sin partido, que si observan un verdadero espritu de unidad, generosidad, amplitud, capacidad de riesgo y decisin valiente para enfrentar a todos los politiqueros corruptos, van a desarrollar un movimiento de tal envergadura que har explotar por los aires la vieja estrategia engaosa del polica bueno y el polica malo.

En dicha tarea podra contribuir la aparicin de un candidato outsider que ayude a dinamizar la accin poltica de esa amplia coalicin ciudadana independiente. Hay que abrir el ojo e identificar a una o a varias personas que venidas de afuera de la poltica puedan aportar nuevas ideas, incidir con narrativas creativas y propuestas llamativas para que los escpticos, los incrdulos, los pesimistas y los abstencionistas, se sumen a esa oleada de cambio y de transformacin. Estamos en un momento decisivo de nuestro pas. Colombia puede dar un paso trascendental que incluso puede ser cualitativamente superior a los que han dado los pueblos de los pases vecinos.Un polica honesto,que acte con espritu colectivo profundamente democrtico y civilista, debe aparecer desde laentraa colombiana para ponerle fin a ese trauma fundacional.

Es el momento del Comn.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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