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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2017

Fervor religioso, la locura silenciosa

Armando B. Gins
Rebelin


Parece mentira que esto suceda en el siglo XXI, pero las religiones monotestas principalmente, y tambin sus secuelas y herejas doctrinales en forma de sectas secretas, annimas o sumidas en la subrepticia oscuridad de la rutina, siguen marcando el paso y el pulso de muchas gentes de bien. El beneficiario ltimo del mito, el poder establecido y las elites gobernantes. No solo en la vasta extensin de los pases fallidos o expulsados de la posmodernidad neoliberal, asimismo en los territorios de la injusta y desigual riqueza capitalista.

El poder sabe que las religiones distorsionan la realidad a su favor y pueden ser vehculos fundamentales para socializar la historia y la actualidad de un modo falso, controlando las conciencias de los individuos a travs de edictos o proclamas morales ancladas en creencias basadas en la fe. Tomando a Elias Canetti como referencia, la religin sirve en ltima instancia para transformar los impulsos privados en masa uniforme donde la igualdad es el rasero de unin de las miserias personales. A veces como multitudes de lamentacin resignada a su suerte esquiva y otras como mutas de ataque ante lo diferente y el adversario externo ficticio, el poder tiene el resorte de su transformacin segn sus propios intereses que camufla como generales en el fervor religioso visceral e irreflexivo.

Resulta lgico en este escenario descrito a vuelapluma que las religiones se conviertan en tab y en conceptos sagrados que requieren el auxilio y la defensa a ultranza del establishment. Quienes estn sumidos en su fe, no tienen argumentos coherentes para usar la razn discursiva frente a otras ideas polticas o laicas basadas en la experiencia, los datos, las comparaciones y el rigor dialctico de la palabra que ofrece y escucha a la vez. De ah que haya que preservar el hecho religioso con sumo cuidado, creando ad hoc el subterfugio de la ofensa: la fe por s misma no atesora razn alguna para su subsistencia y credibilidad en la esfera pblica. Hay que atrincherarla con figuras jurdicas que rayan el absurdo.

Un ateo o agnstico o creyente laico no puede defenderse con idnticas armas de las patraas ideolgicas que manejan a su antojo las jerarquas que custodian con veneracin dictatorial y severa los dogmas religiosos. Las esencias de cualquier fe masiva y beligerante son susceptibles de ser esparcidas sibilinamente como humus de resignacin o como elemento desencadenante de violencias emocionales por los santos varones que rigen los destinos de las doctrinas ms extendidas en el mundo. Y siempre en connivencia con las tramas del poder hegemnico.

A pesar de la razn y la ciencia, las religiones no morirn as como as. Su democracia de rebao y su fuerza para calmar las heridas de las batallas cotidianas no precisan demasiado rigor intelectual para adherirse a ellas. Con el mnimo esfuerzo, un pobre o marginado aislado de sus contextos histricos y existenciales puede ingresar de pleno derecho en un reino de igualdad donde pueden tocarse y olerse los aromas ntimos del prjimo que sobrevive en similar situacin a la propia. Todos somos iguales en la desdicha y en la fe del carbonero.

Entregados al rezo estipulado y a las normas prescritas cadas de la revelacin incontestable, la igualdad en la uniformidad se transforma en un hogar universal, un espacio de calor confortable donde la crtica racional no es ms que un elemento distorsionador y diablico que nicamente pretende resquebrajar la unin sentimental de la masa. El bien somos nosotros; el mal absoluto, ellos, los otros, los descredos.

Ms all de que la locura sea en sentido estricto una frontera poltica e ideolgica para delimitar lo que es bueno o malo, aceptable o rechazable en una sociedad organizada, refugindonos en la tesis de Darian Leader, cabra traer a colacin dos conceptos sutiles, estar loco y volverse loco, para intentar comprender en profundidad la etiologa del hecho religioso como enfermedad o disfuncin adaptativa a escenarios complejos de la mente. Segn el autor, y tantos otros de perfil humanista o progresista, la cordura y la locura no son conceptos enfrentados: ambos fenmenos conviven anudados entre s en la latencia existencial del devenir humano.

De alguna manera, todas las personas sublimamos o desviamos nuestras represiones o sucesos desagradables para adscribirnos a la normalidad mayoritaria. En ocasiones, fruto de la experiencia individual, nos inventamos relatos peculiares para soportar, atemperar o domear nuestras neuras o psicosis internas. Es decir, estamos locos, pero no todos nos volvemos locos necesariamente. Ese dilogo sordo entre cordura y locura no hace distingos por clase, sexo o condicin de otra naturaleza.

La locura expresa, no los sntomas estrafalarios estereotipados por la psiquiatra al uso para engancharnos a cualquier tipo aleatorio de trastorno y medicamento salvador, puede presentarse de repente en la persona ms sana o normal del entorno ms estable posible. De cuerdo a loco o viceversa hay recorridos exiguos, distancias que no pueden observarse ojo clnico avizor.

Tanto fervor desatado, ya sea de carcter mstico o de expresin doliente extremista o violenta en su formas, da que pensar. Y entre estar loco y volverse loco solo hay un trecho nfimo. Todo poder es consciente de ello. Por eso, las religiones continan siendo un arma muy peligrosa en manos y cerebros de intereses ocultos al teatro pblico. Una masa enfurecida dirigida desde las sombras morales y las prescripciones dogmticas es ms nociva que una bomba atmica. La locura ordinaria de la rutina que descansa en la simpleza de la fe siempre est a la orden de un dedo divino o carismtico que le seale el enemigo a batir o la tierra prometida a hacer suya contra viento y marea. No hay masa de lamentacin que no pueda advenir de sbito en muta de guerra. Si se atizan los odios y las animadversiones del modo conveniente, el frasco de las esencias dormidas podra despertar su potencial y trasmutarse en veneno justiciero. Pcima mgica y veneno son como cordura y locura: compaeros inseparables. Todo es cuestin de dosis. De esa alquimia explosiva no hay pas que est vacunado al cien por cien.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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