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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2017

El peligro del arte mexicano

​Jorge Majfud
Rebelin


En 1934 John Rockefeller haba intentado convencer a un artista comunista, Pablo Picasso, para que inmortalizara el gran muro del Centro Rockefeller y la idea de la inteligencia humana dominando las fuerzas de la naturaleza. Picasso no acept, por lo cual el poderoso empresario contact al muralista mexicano Diego Rivera, otro gran artista y conocido marxista de la poca, quien antes haba trabajado en Estados Unidos pintando otros muros.

Diego Rivera acept y viaj a Nueva York con su compaera, la no menos clebre pintora Frida Kahlo. Pero Rivera hizo algunos cambios al boceto original. Asumiendo que la primera enmienda de la constitucin de Estados Unidos era vlida en cualquier caso, no tuvo reparos en expresar sus opiniones polticas en su mural mezclando a Lincoln con Lenin. En una escena de la pelcula Frida (Julie Taymor 2002), se recuerda el momento en que Nelson, el hijo de John Rockefeller, le pide a Diego Rivera borrar las connotaciones polticas del mural que estaba pintando en el Rockefeller Center. Para peor, Rivera haba agregado algunos personajes reales de la poca como sospechosa crtica poltica, como lo hiciera Miguel ngel en la capilla Sixtina o Dante en su Divina Comedia. De hecho, no poda existir la escuela ni obra alguna del muralismo mexicano sin temas polticos. La idea de que cosas como la crucifixin de Jess puedan ser algo depurado de su pesado peso poltico slo poda ser producto de la cosmovisin de una iglesia que haba estado mil aos en el poder poltico, no de un mexicano o de alguien nacido en pases perifricos, ms bien impotentes, que se haba formado en la conciencia de la permanente humillacin social y nacional.

Pero aquel muro, el muro de John y Nelson Rockefeller, era un muro privado. Diego argument que aquella pintura era suya (Its my painting) y el seor Nelson Rockefeller, cediendo a las presiones de sus amigos, agreg: on my wall (en mi muro). Consecuentemente, el mural de 18 pies de alto fue destruido.

Desde entonces el inigualable arte muralista mexicano nunca tuvo otra gran oportunidad de que un millonario estadounidense le ofreciera generosamente un gran muro de cinco metros de alto para decir todo lo que el poder poltico y econmico no quiere que se diga.

Hasta hoy.

Otro millonario, devenido presidente de Estados Unidos por los avatares ciegos de la historia, se ha empeado en dale a los nuevos muralistas mexicanos la oportunidad de sus vidas construyendo un muro de tres mil kilmetros de largo por diez metros de alto.

La irona es que una de las condiciones que ha puesto el mecenas Donald Trump en sus pliegues de licitacin es que el muro debe verse atractivo e impecable (beautiful) desde el norte, sin importar cmo se vea desde el sur. Esta idea revela una escala infantil del universo, ya que asume que los estadounidenses van a poder apreciar semejante obra desde Nueva York o desde Los Angeles, o que por lo menos van a peregrinar y fotografiar el perfecto e inspido Muro de los lamentos II. Irnicamente, la nica perspectiva que tendrn los estadounidenses de su muro es la perspectiva sur desde el confort de sus hogares y a travs de los medios, de las redes sociales y los libros de arte.

Slo esta declaracin es una muestra de ignorancia y extrema ingenuidad que debera hacer naufragar semejante obra faranica con un propsito quijotesco. El Muro Trump no ser lo suficientemente alto para detener los aviones por donde ingresa la mitad de los inmigrantes ilegales al pas, ni lo suficientemente grande para el ingenio de gente desesperada. De concretarse, el muro lucir impecable y perfecto desde el norte, pero todo el arte, el dolor y la intensidad de la vida se vern desde el sur. Sin la menor duda, el mundo y la historia registrarn esta ltima perspectiva, la del supuesto perdedor, no la otra, y obviamente estar llena de connotaciones polticas, aparte de existenciales, como todo gran arte.

Se dira que no slo el arte mexicano sino el pas entero deberan sentirse afortunados de semejante expresin surrealista que ni siquiera la compaera de Diego Rivera, Frida Kahlo (ni Siqueiros ni Orozco), hubiese soado: un muro de ms de tres mil kilmetros de largo y diez metros de alto, a un costo de veinte mil millones de dlares, totalmente intil para impedir la inmigracin ilegal pero ideal para el celebrrimo arte muralista mexicano --e ideal para la humillacin del exitoso y arrogante hombre de negocios.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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