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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2017

La energa, el reto silencioso

Jos Manuel Garca de la Cruz (ESF)
CTXT

Es urgente abordar la estructura del mercado, su "oligopolizacin", las dificultades ante la transicin energtica y el incremento de riesgo de pobreza energtica en nuestra sociedad


El pasado da 1 de marzo, la Comisin Europea y en su nombre su presidente Jean-Claude Juncker, present el Libro blanco sobre el futuro de Europa. Reflexiones y escenarios para la Europa de los Veintisiete en 2025. La prensa, en general, ha dado suficiente noticia del mismo, especialmente en lo que se refiere a la propuesta de cinco escenarios para el futuro de la Unin. Pues bien, las referencias a la energa son mnimas y siempre relacionadas con la creacin del mercado interior, o la mejora de la produccin de energas limpias, la eficiencia y el consumo.

Unos das antes, en Espaa, se mantuvo entre descalificaciones, acusaciones y frivolidades un apasionado debate sobre la subida del precio de la electricidad. En algn lugar (seguramente en La Moncloa), se debieron de celebrar rogativas a San Isidro Labrador y llovi. La lluvia apag el debate.

En cierto sentido, hay que reconocer que esta actitud puede estar justificada a tenor de la positiva valoracin que tanto la UE como Espaa registran en el World Energy Trilemma Index 2016, elaborado por el World Energy Council (WEC), organismo consultor de las naciones Unidas en materia de energa y sostenibilidad. En dicho informe, la Unin Europea aparece como la regin del mundo que observa un mayor equilibrio entre los tres objetivos evaluados en el Informe: seguridad energtica, equidad energtica y sostenibilidad energtica. En otros trminos, la seguridad nacional en los aprovisionamientos tanto internos como externos, la garanta a la poblacin de acceso a las fuentes de energa y el grado de satisfaccin respecto de la transicin del suministro energtico desde fuentes de energa convencionales hacia las renovables, y bajas en la emisin de carbono.

Sin embargo, el WEC apremia a la Unin Europea para que mejore su seguridad energtica y los mecanismos de mercado e impulse la produccin de nuevas energas a fin de cumplir con los objetivos establecidos en su Accin por el Clima. Es decir, lograr en el ao 2020 una reduccin del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero (en relacin con los niveles de 1990), incrementar hasta el 20% la importancia del abastecimiento energtico en fuentes renovables y mejorar en un 20% la eficiencia energtica de la Unin.

Espaa ocupa la posicin nmero trece en el ranking establecido por el WEC con las mejores calificaciones en cada uno de los ndices (triple A), entre otros motivos, por la mejora de las interconexiones con otros pases singularmente con Francia, la reforma del sistema de dficit tarifario o la calidad y extensin de las infraestructuras de transporte de gas, si bien muestra una cierta preocupacin por el futuro desarrollo de las energas renovables ante la reduccin de la inversin en este sector, aunque no duda de su cumplimiento del objetivo compartido en el seno de la Unin Europea.

Ante esta situacin, no debe de ser motivo de sorpresa que las autoridades tanto de la Unin Europea como espaolas se gusten (como diran los taurinos). No obstante, y como sucede con la mayor parte de los grandes indicadores, los agregados no pueden servir de excusa ante los problemas que los mismos puedan esconder. Est bien, es necesario e inevitable discutir acerca de ingenios, inversiones (dentro y fuera de Espaa), seguridad de suministros, servicios y precios, pero ello no es incompatible con abordar otros asuntos tales como la estructura del mercado, su oligopolizacin, las dificultades ante la urgente transicin energtica o en otro mbito, ms lacerante-- el incremento de riesgo de pobreza energtica en nuestra sociedad.

Caben pocas dudas acerca de la importancia de la energa en el devenir de la historia. La incorporacin de sucesivas fuentes energticas ha sido uno de los principales motores del cambio de las sucesivas formas en las que la humanidad ha podido satisfacer sus necesidades materiales, de tal manera que la traccin animal, el carbn o el petrleo se pueden identificar con diferentes etapas de la historia de la humanidad. Se puede afirmar que, hasta hoy, cada descubrimiento de una nueva fuente de energa era acompaado de renovadas esperanzas puestas en las nuevas oportunidades a la reconversin de los sistemas de produccin y consumo vigentes. En la actualidad, sin embargo, estamos ante una situacin paradjica: por un lado, es creciente la toma de conciencia social de los riesgos ambientales que el modelo energtico ofrece sobre el horizonte, mientras que, por otro, los obstculos al establecimiento de un modelo energtico sostenible parecen no tener fin. Algo indica que no estamos ante cuestiones meramente tcnicas sino ms complejas, con una amplia pero concreta dimensin social.

La energa ha dejado de ser un bien de la naturaleza para ser una mercanca, suministrada desde la lgica de la obtencin de beneficios a corto plazo pero que, en tanto que imprescindible, las formas de su generacin, distribucin y consumo tienen una enorme y directa repercusin en la solucin de los problemas econmicos de cualquier sociedad a largo plazo. La energa no es una mercanca ms. Difcilmente tiene sustituto, se puede cambiar de formas de produccin (por combustin de carbn o por el movimiento del agua), se podr ser ms o menos eficiente en su empleo, pero prescindir de la energa es algo que ningn ser vivo puede hacer, tampoco las sociedades humanas ms avanzadas. Sin embargo estamos siendo presos de la paradoja del panadero neoclsico sealada por Georgescu-Roegen: ante la falta de harina poco importa que el capital y el trabajo seas sustitutos o no, lo que se precisa es harina, en nuestro caso energa, pero ambos, harina y energa, estn fuera del modelo ms empleado por el anlisis econmico.

Estas preocupaciones son las que han movido a Economistas sin Fronteras (EsF) a dedicar su ltimo dosier a la energa, en cuya redaccin han colaborado expertos en la materia procedentes del mundo acadmico y de organizaciones sociales y profesionales.

Como recuerda Alejandro Arizcun en este trabajo, la sostenibilidad ambiental es un problema de lmites, de saber que vivimos en un mundo limitado y que necesitamos acomodarnos a esos lmites para no destruir las bases fsicas de nuestra supervivencia. Esto significa que habrn de abordarse otros problemas en mbitos diversos como el poltico y la participacin social, la reestructuracin de la economa y, sobre todo, la consolidacin de nuevos valores que reordenen la vida social en tanto que la sostenibilidad es un problema de comportamiento humano que, lejos de apoyarse en valores expansivos y utilitaristas del medio fsico, sepa reconocer sus limitaciones y adaptar su comportamiento a ellas. En esta perspectiva, como seal Herman Daly, es importante establecer criterios generales sobre los lmites a la utilizacin de materiales y comenzar a trabajar por un mundo sostenible. Es decir, un mundo en el que el patrimonio de materiales utilizables permanezca constante. En este sentido, las llamadas energas renovables son el recurso sostenible por excelencia. De ah que un componente fundamental de cualquier estrategia nacional o internacional de lucha contra el cambio climtico sea la transicin energtica: resulta imprescindible descarbonizar el actual sistema productivo y de consumo si se desea atender a los problemas del cambio climtico tal y como se recoge en el Acuerdo de Pars de 2015.

Ambos riesgos, los ambientales y la escasez de recursos, se presentan en el caso de las energas fsiles. Pedro Prieto, en el documento al que hacemos referencia, seala que la causa de que se emitan unos 30.000 millones de toneladas de carbono al ao la tiene obvia y directamente la quema de ms de 10.000 millones de toneladas anuales de petrleo y de combustibles fsiles () Por otro lado, y por si fuera poco, tenemos una constancia cada vez mayor de que los yacimientos de combustibles fsiles estn llegando a un lmite de extraccin conocido como cenit de su produccin mundial. En 2010, la Agencia Internacional de la Energa (AIE) admiti que el petrleo convencional haba llegado a su cenit de extraccin mundial mximo en 2006. Es decir, sin esperar a los cambios en otros rdenes sociales, la transicin energtica es una necesidad del propio sistema econmico vigente.

Es por ello que en los ltimos aos se han dado importantes avances tecnolgicos en el campo de las energas renovables, aunque se mantiene la duda sobre su ritmo de expansin y su capacidad de sustitucin de las energas no renovables. Esto est propiciando una creciente competencia entre productores de energas convencionales con los que pretenden su sustitucin en el mercado energtico: los productores de energa renovables. En este sentido, Pedro Linares plantea tres escenarios: 1. Se avanza en la descarbonizacin de la economa; 2. Captura y, sobre todo, el almacenamiento de carbono, y; 3. Gran estancamiento y, por tanto, basado en una ralentizacin de la innovacin y del crecimiento econmico.

En el primero, los intereses de los pases productores y exportadores de energa no renovable, esencialmente, de petrleo, se vern muy afectados, lo que cambiar la geopoltica internacional adems de otros en los mbitos nacionales. El segundo significara el triunfo de los productores convencionales, con un impacto ms limitado sobre el modelo actual, y el tercero supondra aplazar la solucin de los problemas, agudizados por otros derivados del propio estancamiento econmico. En todo caso, no se puede estar a la espera de los avances tecnolgicos, son necesarias polticas que incentiven la reduccin del consumo y la mejora de la eficiencia energtica que acompasen a las innovaciones tcnicas e impulsen nuevas formas de produccin y consumo de energa. Y este sentido la regulacin, la poltica energtica, es fundamental.

La generacin de energa es una actividad en la que cabe la posibilidad de que aparezcan monopolios, dadas las enormes cifras de inversin exigidas por la extraccin de carbn o la explotacin y transporte de petrleo y gas. Cabe, sin duda, defender la concentracin econmica por su mayor capacidad para invertir en nuevos desarrollos tecnolgicos, pero, como apunt Sylos Labini, su contribucin social depender de la poltica de precios y costes que dichas empresas lleven a cabo entre cada segmento de clientes y de la distribucin de los progresos tcnicos en el sistema productivo. En el caso de la energa, su carcter de materia prima imprescindible para las actividades humanas otorga a los productores una posicin de ventaja en las negociaciones de suministro, al mismo tiempo que juega a favor de la reduccin de los costes de produccin y distribucin la ampliacin del mercado (economas de escala). Es un sector, por tanto, en el que cabe la posibilidad de crear un monopolio natural. Por este motivo, porque el libre mercado acabara por suprimir el mercado adems de otras cuestiones, como la seguridad nacional, es por lo que el Estado siempre ha actuado en el sector energtico.

Es decir, los riesgos sobre el funcionamiento correcto del mercado junto a los compromisos de descarbonizacin adquiridos en relacin a la poltica de sostenibilidad ambiental y lucha contra el cambio climtico justifican polticas audaces que limiten el poder de los suministradores y atienda al bienestar general. Sin embargo, la experiencia espaola no responde a esta lgica. Como recuerdan Cristbal J. Gallego Castillo y Daniel Carralero Ortiz en el dosier de EsF, la poltica energtica espaola se apoya en el fortalecimiento del mercado. Desde 1997, fecha en la que se datan las primeras medidas de liberalizacin de sector, se obvia el debate sobre el carcter pblico o privado del suministro energtico (apostando decididamente por un modelo privado), no se abordan cuestiones como el derecho al suministro garantizado de energa, la correcta fijacin de precios atendiendo a los costes de generacin, las barreras a la entrada de nuevos competidores, la diferenciacin de productores segn origen de la energa o el autoconsumo o la apropiacin de las externalidades por el propio mercado energtico. En palabras de los autores citados, en la prctica implica a un grupo muy reducido de grandes empresas, reduciendo drsticamente la capacidad del Estado para hacer poltica energtica y subordinando la reduccin del impacto ambiental a la maximizacin del beneficio econmico". Con unos resultados: El dficit de tarifa, la expansin de la pobreza energtica, las sacudidas al sector renovable, los incrementos espectaculares de precio, los exorbitantes beneficios de las elctricas espaolas en comparacin con sus homlogas europeas, la no devolucin de los Costes de Transicin a la Competencia, etc. son fenmenos que han resultado de entender de una cierta manera el papel que juegan la energa y la poltica energtica en la sociedad.

Con el desencadenamiento de la crisis econmica, han ganado trascendencia el fenmeno de la pobreza energtica junto al surgimiento de iniciativas sociales en torno a la produccin y consumo de energa, hechos ambos que cuestionan la inevitabilidad del modelo establecido. No cabe duda de que la pobreza energtica, es decir, la imposibilidad de cubrir las necesidades de energa para mantener una vida digna, ha golpeado la conciencia social, ha despertado del sueo del bienestar a buena parte de la ciudadana que siempre consider que la pobreza era subdesarrollo y por lo tanto inaceptable en una sociedad exitosa como as misma se ve la espaola.

Por otro lado, aparte de las reacciones desde las instancias polticas, con acuerdos sobre la suspensin de los cortes de la luz y otras cuestiones administrativas de escaso impacto econmico, el anlisis de la pobreza energtica relaciona la disponibilidad de energa con otros hechos que la acompaan. Victoria Pellicer seala tres elementos principales como los causantes de este fenmeno: 1. Disponer de bajos ingresos. 2. Habitar viviendas con baja calidad de eficiencia energtica. 3. Incremento en los precios de la energa. No debe de sorprender esta interrelacin entre condiciones generales de vida y pobreza energtica. En definitiva, lo que pone al descubierto el fenmeno de la pobreza energtica no es otro que el hecho cierto de que el mercado no es una institucin inclusiva, por lo que no cabe esperanza de que a partir del reforzamiento de los mecanismos de mercados se puedan resolver estos problemas.

Por ello, ganan importancia las iniciativas de economa social que buscan la autosatisfaccin de las necesidades de los consumidores de energa en marcos de colaboracin donde el beneficio social est por encima de la bsqueda de beneficios econmicos inmediatos. En esta direccin, como indican Pablo Cotarelo y Sebasti Riutort, frente a la cortedad de miras de las administraciones espaolas, existen marcos legales como el de las cooperativas en Espaa o las REScoop europeas que permiten sustituir el papel de cliente-consumidor como la opcin central y nica posible de implicacin de los ciudadanos en el sistema de provisin energtica, a partir del empoderamiento de las personas e impulsando la gestin democrtica de la energa, hacia un escenario de prosumidores (productores y consumidores, simultneamente).

Tras este recorrido, apoyado en el Dosier de Economistas sin Fronteras, queda clara la importancia e incluso la urgencia de un debate riguroso sobre el futuro energtico en el que se reconozcan los resultados positivos pero tambin la insuficiencia de las medidas adoptadas, no por su eficacia inmediata sino por la acumulacin de dificultades para el cambio que el actual modelo de produccin y consumo ofrece. Hay un amplio espacio para las iniciativas de fortalecimiento de las capacidades sociales, las medidas de apoyo a la introduccin de nuevas tecnologas en el sector que en definitiva, faciliten la transicin energtica hacia un modelo ms sostenible y con menos costes sociales. En otras palabras, hay que romper el silencio energtico.

Jos Manuel Garca de la Cruz, profesor titular en la Universidad Autnoma de Madrid y miembro del Consejo Editor de Dossieres EsF.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170405/Firmas/12001/Union-europea-energia-sostenibilidad-oligopolios-pobreza.htm



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