Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2017

Texto presentado en la sesin inaugural del Encuentro de expatriados rabes celebrado en Oviedo del 7 al 9 de abril de 2017
En el aniversario de la cada de Bagdad, el compromiso solidario con Iraq y Siria

Carlos Varea, Santiago Alba Rico y Loles Olivn
Rebelin


En recuerdo de Jos Couso, asesinado en Bagdad el 8 de abril de 2003: su memoria pertenece a los pueblos


Inmediatamente despus del fin de la denominada Guerra del Golfo de 1991, el Comit de Solidaridad con la Causa rabe (CSCA) puso en marcha la Campaa Estatal por el Levantamiento de las Sanciones a Iraq (CELSI) que, tras la invasin y ocupacin de este pas, se transform en la Campaa Estatal contra la Ocupacin y por la Soberana de Iraq (CEOSI). Durante ese largo perodo de tres dcadas, los logros de sensibilizacin y movilizacin que obtuvimos en el Estado espaol se debieron a dos componentes.

El primer componente fue haber tenido siempre presente que las tareas de la solidaridad deben centrarse antes que en un determinado partido poltico o gobierno en el sujeto social, en el caso de Iraq, en la propia sociedad y poblacin iraques. As, centramos nuestra actuacin en la denuncia del embargo absoluto que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impuso al pas en el verano de 1990, prolongado, con nuevas exigencias, tras la liberacin de Kuwait en febrero de 1991. Y lo centramos en la denuncia de las sanciones econmicas por el impacto genocida que estaban teniendo sobre la poblacin de Iraq, especficamente sobre su clase media urbana y secularizada, y porque servan esencialmente antes incluso que a la cada del rgimen de Sadam Husein a la desestructuracin estratgica del pas como potencia regional emergente, un inters que, en el marco de la desintegracin de la URSS, compartan Israel, Irn y Arabia Saud con EEUU.

El segundo componente se debi a haber logrado, antes de la ocupacin, establecer una interlocucin que fue siempre respetuosa con el gobierno iraqu, con el que no compartamos toma de decisiones histricas o su carcter autoritario, pero del que reconocimos su tenacidad en mantener las prestaciones pblicas bsicas para la poblacin en una situacin crtica. Gracias a ello, pudimos organizar viajes anuales de grandes grupos de personas a Iraq y delegaciones sectoriales, as como permanecer en Bagdad durante la guerra bajo la iniciativa Brigadas a Iraq contra la guerra, pudiendo elaborar el nico informe internacional sobre ataques a poblacin civil, presentado posteriormente ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Tras la invasin y durante el primer periodo de ocupacin (que concluye en 2006/2007), establecimos relaciones con el emergente tejido asociativo civil anti-ocupacin, as como con sectores de la resistencia armada patritica e islmica iraqu, lo cual nos permiti, entre otras iniciativas, regresar a Iraq (sin visados) en 2005, siendo el primer grupo internacional que entr en Faluya en abril de ese ao, tras el primer asalto militar estadounidense contra la ciudad.

El 9 de abril se cumpli el aniversario de la cada de Bagdad y del inicio de la ocupacin del pas, tras la invasin de marzo de 2003. Hoy, ms de una dcada despus, hemos de reconocer que la solidaridad con Iraq ha desaparecido, de igual manera que la solidaridad con Siria bascula sorprendentemente hacia la defensa de su rgimen, criminal y corrupto. Ello es as a pesar de que la invasin y destruccin de Iraq, primero, y la represin de las protestas cvicas de marzo de 2011 por parte del rgimen sirio, despus, han desencadenado en la regin del Maxreq la mayor crisis humanitaria mundial de los ltimos 75 aos. Pese a su legado civilizador, a su riqueza humana y material, Iraq y Siria estn sufriendo una devastacin absoluta. Cinco millones de iraques y ms de once millones de sirios han tenido que abandonar sus hogares huyendo de una violencia terrible y del empobrecimiento masivo. Las estimaciones de las vctimas civiles en Iraq desde 2003 superan el milln de muertos; la guerra emprendida en 2011 por el rgimen sirio contra la poblacin ha ocasionado la muerte de ms de 310.000 personas a las que se suma casi un centenar (un tercio, menores) del ataque qumico del 4 de abril sobre Jan Sheijun. Una regin que fue modelo secular de tolerancia, con altas cotas de modernizacin e integracin sociales desde haca dcadas, se hunde hoy en la guerra, la regresin sectaria y confesional con la erradicacin de minoras tnicas y colectivos sociales, la violencia extrema contra las mujeres y la violacin sistemtica de todos los Derechos Humanos, la corrupcin galopante y el clientelismo mafioso. A la violencia ocasionada por el intervencionismo exterior y la represin interna se une la ejercida por fuerzas sectarias tanto de filiacin sunn como chi, tambin kurda que actan contra las poblaciones iraqu y siria al servicio de concretos intereses econmicos y polticos, fundamentalmente alineados en la confrontacin inter-imperialista entre Irn y Arabia Saud. Primero Iraq tras la invasin anglo-estadounidense de 2003 y ahora tambin Siria a partir de la guerra desencadena por el rgimen en 2011 se han convertido, esencialmente, en el tablero de confrontacin y negociacin entre potencias exteriores y regionales, siempre en detrimento de las aspiraciones de sus pueblos.

El fracaso efectivo de la ocupacin anglo-estadounidense de Iraq dio como resultado el control de Irn del nuevo rgimen surgido tras la invasin, as como del propio pas. El primer dilogo directo entre EEUU e Irn se produjo en marzo de 2006 a fin de establecer un condominio securitario sobre Iraq que facilitara la salida de las tropas estadounidenses de ocupacin, y que se materializ en tres encuentros bilaterales realizados en Bagdad a lo largo de 2007 (sin contar los contactos en citas multilaterales sobre Iraq). Se trat de un hecho particularmente significativo, si se tiene en cuenta que EEUU e Irn tenan rotas sus relaciones diplomticas desde la toma de los rehenes de la embajada estadounidense en Tehern de 1977, y que estas citas conocidas se llevaron a cabo a pesar de la crisis sobre el programa nuclear iran que tena lugar al mismo tiempo. Irn contempl entonces el inicio de la negociacin con EEUU sobre Iraq como el primer paso hacia el reconocimiento de su papel de potencia emergente en la regin, incluido en el espacio rabe. Estos encuentros otorgaron a Irn la categora de socio en el futuro de Iraq, un xito notorio para el rgimen iran (no menor que el que podra suponer la aceptacin por parte de la comunidad internacional de su derecho a desarrollar un programa nuclear civil) y explican por qu se ha tolerado su implicacin militar directa en Siria, coordinada con Hizbol y milicias sectarias iraques, en apoyo al rgimen de Al-Asad. Irn fue el primer pas que de inmediato reconoci la legitimidad de las nuevas instituciones iraques establecidas por los ocupantes en 2003 (el presidente Ahmadinejad visit oficialmente Bagdad en marzo de 2008) y, con ello, el carcter irreversible de la invasin de Iraq, de la que Tehern fue sin duda su principal beneficiario. La oleada de terror que se desencaden a lo largo de 2006 en Iraq contra la base civil de la resistencia contra la ocupacin (con una media de 100 asesinatos extrajudiciales al da solo en Bagdad, segn fuentes de Naciones Unidas e independientes) fue perpetrada por milicias sectarias y escuadrones de la muerte asociados al gobierno de Al-Maliki y a Irn, que llevaron a cabo el trabajo sucio que Irn ofreci a los ocupantes estadounidenses, asediados por la resistencia militar iraqu, para negociar la normalizacin de sus relaciones y un acuerdo nuclear.

Hoy, esas mismas milicias sectarias chies son las que asaltan Mosul en Iraq o combaten en Siria a favor del rgimen de Bachar Al-Asad con el apoyo directo o la tolerancia de EEUU, y tambin con la implicacin de fuerzas policiales y militares de otros pases, incluido el Estado espaol. Los regmenes de Iraq y Siria son aliados, y comparten aliados que garantizan su supervivencia. La alianza tcita pero efectiva sobre el terreno entre EEUU e Irn ha encontrado en la aparicin del EI de Iraq y el Levante su nueva justificacin. La irrupcin en Siria e Iraq del Estado Islmico (EI) es, primero, la consecuencia final del intervencionismo militar de EEUU y su intencionada o negligente destruccin del Estado iraqu; en segundo lugar, es el resultado de la naturaleza mafiosa y criminal de los regmenes de Bagdad y Damasco, que han destruido premeditadamente la base ciudadana para el cambio democrtico que sus poblaciones anhelan. La lucha contra el EI en Siria e Iraq es hoy coartada para legitimar a los regmenes de Bagdad y Damasco, reactivar el intervencionismo militar de EEUU y la UE, relanzar el mesianismo imperialista (neozarista o neosovitico) de Rusia y formalizar el establecimiento de enclaves bajo el control de pases de la regin (Irn, Israel, Turqua y Arabia Saud). Debido a ello, la violencia, la miseria y la fractura sectaria se expanden, y la fragmentacin territorial se formaliza.

Sirva este breve resumen como marco para esbozar algunas lneas que consideramos bsicas para la reactivacin de la solidaridad poltica con Iraq a da de hoy, cuando se cumplen 14 aos de la cada de Bagdad:

  1. Negar toda legitimidad a los regmenes de Iraq y Siria, vinculando su naturaleza y la resolucin de los conflictos en ambos territorios a las tres siguientes evidencias:

  1. Aun cuando postulen su secularismo o su lucha contra el yihadismo, ambos regmenes se basan o alientan el sectarismo y la fractura social al vehicular el hegemonismo regional iran y su confesionalismo ideolgico. Ambos regmenes solo se mantienen mediante el recurso a la violencia militar y a la violacin sistemtica de los Derechos Humanos, y se caracterizan por su perfil econmico neoliberal, su extensa corrupcin y su clientelismo. Estas caractersticas estrangulan la integracin y la equidad sociales, favorecen la fractura y la regresin sociales, y, en una perspectiva estratgica, cumplen con el requisito de reprimir las aspiraciones democrticas y de gestin social de los recursos nacionales que el control de la regin exige, satisfaciendo a muy diversos actores locales: Turqua, Irn, Arabia Saud y, finalmente, Israel siempre el gran beneficiado de la desestructura estratgica del espacio rabe.

  1. Ambos regmenes se mantienen adems gracias a la tolerancia o el abierto apoyo de EEUU y Rusia, ambas potencias imperialistas en la regin. EEUU y Rusia afirman centrar su intervencin militar directa en Siria e Iraq en su lucha contra el EI (en la llamada lucha contra el terrorismo), pero no es as. En el caso de la intervencin de Rusia en Siria, su prioridad nunca ha sido combatir el EI (lo demuestra el hecho que la mayor parte de sus ataques han estado dirigidos a zonas bajo control de grupos rebeldes opositores, como fue el caso de Alepo) sino fortalecer su propia presencia en la regin sosteniendo al rgimen de Al-Asad: la actuacin de Rusia es as estrictamente imperialista.

Por su parte, EEUU est interviniendo en Iraq con igual lgica, compartiendo con Irn su condominio sobre este pas desde 2003. En Siria, EEUU (que s ha centrado sus ataques contra el EI, muy claramente en Kobane) ha aceptado como necesaria la supervivencia del rgimen, pese a que ello refuerza a Irn. El apoyo de Washington a la supervivencia de ambos regmenes ha sido cada vez ms ntido, en el caso de Siria, con el presidente Obama, particularmente tras el ataque con armas qumicas por parte del rgimen de Al-Asad en Al-Ghouta, en Damasco, de agosto de 2013 1.466 vctimas; y en el caso de Iraq, pese a la poltica de tierra quemada sectaria implementada por las fuerzas militares y paramilitares iraques (de filiacin chi o kurda) en las gobernaciones de Al-Anbar, Saladino, At-Tamin y Nnive, y en estas semanas con el asalto a Mosul, siempre bajo la excusa de la lucha contra el EI.

La Unin Europea, sin poltica exterior comn, nunca ha tenido el menor papel decisivo, si bien sus dudas o inacciones contribuyen a garantizar la supervivencia de los regmenes sirio e iraqu, y a la proteccin estratgica de Israel.

  1. Por lo dicho en el punto anterior, el desarrollo de cualquier accin solidaria debe estar comprometido con la defensa de los principios de ciudadana, defensa de los derechos humanos y de la mujer, pluralismo poltico y gestin social de los recursos como pilares de la reconstruccin de ambos Estados. Desde esta perspectiva, la denuncia de los regmenes sirios e iraqu, de un lado, y del EI, de otro, debe ser equidistante, pues unos y otro comparten la voluntad de aniquilacin de las aspiraciones emancipadoras e integradoras de ambas sociedades, y estn contribuyendo sinrgicamente a la destruccin de ambos pases durante generaciones.

Asociado a ello, es preciso denunciar y rechazar el dilogo poltico y la colaboracin de cualquier tipo con los actuales regmenes sirio e iraqu, tanto a nivel bilateral como multilateral. En el caso de Iraq, ello incluye la denuncia del vigente Acuerdo de Cooperacin y Colaboracin entre la UE e Iraq (2012) que, sin cuestionar la legitimidad del ordenamiento poltico iraqu, el respeto a los derechos humanos ni la responsabilidad del gobierno en la grave crisis poltica y humana que atraviesa el pas, sienta las bases para el establecimiento de relaciones comerciales, energticas y financieras condicionadas a profundas reformas econmicas neoliberales; e igualmente, la denuncia de la colaboracin militar o policial con Iraq. En el caso de Siria, rechazar cualquier solucin a la guerra que conlleve la preservacin del rgimen, con o sin Bachar Al-Asad.

  1. Toda accin solidaria, basada en la defensa del principio de ciudadana, el pluralismo poltico y la gestin social de los recursos debe incluir asimismo la defensa de los principios de soberana y autodeterminacin de los pueblos (que incluye el reconocimiento de la identidad nacional kurda), concretados en el rechazo a todo tipo de intervencionismo militar e imperialismo de cualquier procedencia, comprendiendo que ya no es solamente EEUU (en su alianza con Israel) quien pretende dominar la regin, sino tambin otros actores internacionales y regionales. Los crmenes de guerra cometidos por EEUU contra el pueblo de Iraq durante los perodos de las sanciones econmicas y de la ocupacin no pueden justificar (como coinciden en hacerlo sectores de la izquierda y neofascistas) los crmenes igualmente execrables de Rusia e Irn y sus aliados locales (las milicias chies iraques y Hizbol) contra el pueblo sirio, como los cometidos en Alepo, ciudad sobre la que la aviacin rusa actu de igual manera que la nazi en Gernika en 1937: probando nuevos armamento, capacitando a sus pilotos.

Planteamos as que el anlisis de lo que ocurre en la regin y las iniciativas solidarias deben reconocer y denunciar el fenmeno del inter-imperialismo (o multi-imperialismo) interviniente contra el destino de sus pueblos: no se puede rechazar el intervencionismo estadounidense sin hacer lo propio con el intervencionismo ruso o iran en uno u otro pas.

Junto con esta perspectiva actualizada, deberan mantenerse lneas de actuacin en relacin a Iraq que siguen siendo vigentes: la documentacin y denuncia de los crmenes cometidos por sucesivas Administraciones estadounidenses contra el pueblo iraqu (ms tras la presentacin del informe britnico Chilcot en 2016 sobre la guerra de Iraq), la investigacin sobre el asesinato selectivo de profesores y cientficos iraques, o la denuncia de las leyes de erradicacin del baazismo (que afectaron a amplios sectores profesionales del pas) o la nueva Constitucin iraqu, extremadamente regresiva, entre otras.

Decamos al comienzo que la solidaridad debe articularse, antes que nada, en torno a las aspiraciones emancipatorias de los pueblos, a la plena satisfaccin de sus aspiraciones sociales, democrticas, a la paz y el progreso material. Debemos alinearnos solo con aquellas fuerzas sociales, polticas y militares que sobre el terreno apoyan ntidamente estas aspiraciones. Estamos seguros que los amigos y amigas rabes reunidos en Oviedo las comparten.

Muchas gracias.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter