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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2017

Los derechos humanos de cara al siglo XXI
Por una cultura poltica que promueva la capacidad de ponerse en el lugar del otro

Pablo Salvat Bologna
Cuba Posible


Nada, ni la justicia, ni la dignidad y mucho menos los derechos humanos, proceden de esencias inmutables o metafsicas que se siten ms all de la accin humana por construir espacios donde desarrollar las luchas por la dignidad humana (Joaqun Herrera Flores)


Nota Introductoria

Los derechos humanos se configuran como baremo de humanidad y un logro importantsimo despus de dos guerras mundiales, amn de otros desmanes y atrocidades que caracterizaron al siglo XX. En la actualidad, se impone el debate respecto a su alcance, sentido y significado en el nuevo contexto de globalizacin neoliberal en crisis, y de la emergencia y bsqueda de alternativas post-neoliberales en nuestra Amrica. La apuesta nuestra es que hay que verlos ‒a los DDHH‒, de manera dinmica, integrada y como un referente normativo clave para levantar otra cultura poltica pblica que apunte a sostener posibilidades post-capitalistas. Desde este ngulo, creemos que estos Comentarios libres pueden ser tiles tambin para una sociedad como la cubana, que busca repensarse y reordenar su institucionalidad, no para volver al pasado, sino para modificar todo lo que tiene que ser modificado en funcin del cumplimiento del ideario de dignidad, justicia y democracia soberana que ha querido encarnar su Revolucin.

1: Cuando se habla de proyeccin o prospectiva de derechos humanos (DDHH) para la regin y el continente latinoamericano, hay que enmarcarlo en el devenir y tratamiento del tema a nivel mundial y regional. El siglo XXI se abri con una serie de sucesos que han marcado su devenir hasta ahora. Comenzando por el atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos, y terminando con la interminable guerra en Siria, Irak y Afganistn. El eje pretendidamente justificatorio para esta entrada sangrienta al nuevo siglo cuando se crea que ya lo habamos visto todo‒, ha sido la accin del terrorismo. A partir de all, entonces, hay una especie de va libre para emprender una nueva guerra, ahora contra todo lo que pueda relacionarse con ese fenmeno y el llamado eje del mal (aquellos pases y/o lderes supuestamente culpables de su promocin). Este hecho ha tenido como consecuencia volver a condicionar el valor universal e internacional de los DDHH en funcin de ese objetivo. Primero es la lucha contra el terrorismo en cualquier lugar de la tierra‒, y luego, es la validez de las situaciones relacionadas con DDHH. Entre la lucha contra el terrorismo y la primaca del crecimiento econmico, entendido a la manera neoliberal, se encuentran encorsetados los DDHH y su efectivizacin real. Con lo cual, nuevamente se genera una relativizacin de su significacin, sometida ahora a si promueve o no la lucha contra el terrorismo, adquiriendo este ltimo una dimensin ampliada y ambigua. Pero tambin, sometidos a si su cumplimiento (no meramente retrico o reduccionista) facilita o entorpece el crecimiento econmico. Por cierto, el movimiento pro-DDHH no puede dejar de lado estos nuevos hechos a la hora de evaluar y planificar sus acciones y derroteros. Hacer como si no existieran puede mellar y debilitar de manera muy fuerte sus propias reclamaciones actuales.

Por lo anterior, y debido tambin a razones de la historia reciente de nuestros pases ‒desde Mxico a Chile, pasando por Cuba y Centroamrica‒ respetando sus distintas historias y proyectos, a nivel de espacio pblico tienen muchas veces los DDHH la marca o un reflejo unilateral de un tiempo de dolor, sufrimiento o negacin de la dignidad. En particular, para los pases del sur de nuestra Amrica, signados por el tiempo del autoritarismo de las dictaduras poltico/militares. Es til no generalizar de manera uniforme el tratamiento de los DDHH, como a veces lo hacen de manera interesada algunas agencias que se proclaman defensoras de los mismos. Aqu, como en otros aspectos de la poltica real, prima muchas veces un doble estndar amplificado por medios de comunicacin: lo que vale como reclamacin de DDHH para un determinado pas, no lo vale para otro. Esto nos pone delante de uno de los problemas de toda reivindicacin de DDHH: su politicidad y la dificultad de situarse en su evaluacin, en un altar de neutralidad, ms all del bien y del mal. Con todo, lo que s va quedando en claro con el correr de la historia, es que el reclamo desde los DDHH siempre tiene algo que aportarnos en y desde las distintas situaciones que viven los pases. No hay un pas o proyecto de sociedad que pueda decir que ha podido realizarlos todos y a cabalidad. Y, por ende, siempre se pueden derivar de ellos nuevas tareas a cumplir.

Por otra parte, existe la tendencia de percibirlos como propiedad de un sector e inters determinado de la sociedad. O, tambin, a ser apropiados de manera unilateral. Pero no solo eso. Al mismo tiempo que hay este movimiento interno, ligado a sucesos polticos de un pasado-presente, en el mbito ms global e internacional la reivindicacin de los derechos humanos ha adquirido o entrado, cada vez ms, en una fase de globalizacin y/o universalizacin creciente, es decir, son reivindicados por distintos actores del quehacer mundial y ligados, tambin de manera creciente, a nuevas formas de jurisdiccin globales. Y ello a pesar de los sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos. Lo cual confirma el dato de que hoy por hoy resultan el imaginario normativo compartido de mayor alcance en medio de la pluralidad de puntos de vista en economa, poltica, tica o filosofa, y en medio, tambin, de la prdida de referentes ms globales de accin colectiva. Puestos en descrdito los grandes proyectos utpicos, puesta en cuestin hoy la misma ideologa de la globalizacin, los derechos humanos parecieran por ahora ser de los pocos artculos creados por la humanidad capaces de resistir el vendaval de lo fugaz, de lo contingente, de lo mercantilizado y relativo. Por ello entonces, es que tenemos que intentar ir ms all de su adscripcin a su momento de negacin, y abrirnos a su prospectiva en tanto horizonte tico-poltico contra-fctico de la realidad que como pas y regin del mundo tenemos y podemos tener. Los riesgos son varios cuando recurrimos a DDHH: o, como algunos hacen, se impulsa lisa y llanamente su olvido, mediante su motejamiento y parcializacin; o, tambin, mediante la estrategia de su banalizacin, todo es derechos humanos o todo puede convertirse en una reivindicacin de derechos humanos.

3: Vivimos, en tanto contexto de una prospectiva de la accin reflexionada, una situacin societal paradojal: por un lado, necesitamos recrear nuestro ideario normativo, para hacer frente a nuestro pasado y abrir hacia nuevos horizontes de futuro en ste mbito; por el otro, hay un clima cultural predominante que tiende ms bien hacia un vaco tico ‒se desdibujan los referentes de una accin mancomunada‒, hacia una nihilizacin de la experiencia moral manifestada en lo que alguien traduce como sumatoria de crepsculos: del sentido, del deber, del creer, etc.

4: Miradas las cosas desde este punto de vista, los derechos humanos, y su apropiacin y promocin viva, real, constante en todos los niveles de la educacin y tambin en universidades, servicios pblicos, Estado, los medios, aparecen como mediacin normativa mnima, o si se quiere, fundamento principal para una renovacin de nuestra cultura poltica; como un indispensable antdoto en la erradicacin paulatina y nunca acabada de las distintas formas de intolerancia, discriminacin o segregacin del otro, por motivos de raza, condicin social, o pensamiento; es decir, aparecen como un nuevo ethos ciudadano-republicanista a promover de manera permanente.

5: Ahora, pensando en una suerte de Agenda de DDHH, qu temticas podran considerarse a relevar, adems de los temas tocados esquemticamente ms arriba? De manera preliminar hay tres mbitos que nos parece adecuado abordar y eventualmente articular: el tema de la memoria histrica ‒con los temas del conflicto-violencia-reconciliacin-verdad y justicia‒, las cuestiones de la indivisibilidad y universalizacin de derechos y, tambin, el tema de los agentes o actores involucrados en la sociedad en funcin de su efectivizacin. Todas estas cuestiones resultan pertinentes al conjunto de los pases latinoamericanos, desde el norte hacia el sur, desde el oeste al este. Por cierto, tomando en cuenta las especificidades, cultura e historia de cada uno de ellos.

Lo anterior es importante toda vez que la nueva realidad de la globalizacin/mundializacin pone en el tapete la discusin en torno al tema de una nueva generacin de derechos (los derechos del gnero humano o de solidaridad). Segundo, la indivisibilidad de los derechos humanos resulta ser el principal eje desde el cual respetar la universalidad en el dilogo intercultural. Ningn relativismo cultural debera admitirse para establecer una jerarquizacin entre los derechos. Tercero en este punto, la realizacin de un derecho humano resulta condicin para la realizacin de otros derechos, y desde este punto de vista, se refuerzan y necesitan mutuamente.

En el presente, especial importancia parecen adquirir los llamados derechos culturales y aquellos referidos al medio ambiente. Cuando hablamos de estos derechos estamos hablando del establecimiento de condiciones de posibilidad igualitarias para el conjunto de la poblacin en el acceso a conocimientos, destrezas, informaciones, saberes, que les permiten, en lo personal y colectivo, adquirir competencia lingstica y comunicativa suficiente para hacerse reconocer como personas y agentes activos de su propio desarrollo personal y comunitario. Aqu destacamos el derecho a la informacin, a la educacin y formacin continuas; el derecho a participar en la vida cultural. Al mismo tiempo, no podemos dejar de lado la necesidad y urgencia de considerar y realzar los derechos que refieren a la actual crisis medioambiental que azota al planeta y la necesidad de reconsiderar las definiciones actuales del desarrollo y la economa, de modo tal que se permita la continuidad de la vida sobre el planeta.

6: Estos motivos temticos a discutir tienen que funcionalizarse u operativizarse an ms. Por el momento, creo que su tratamiento puede distinguir niveles: uno ms ligado a la investigacin propiamente (muy importante y reforzador); otro ms ligado al espacio formativo en la educacin en general y al espacio pblico. Y un tercero que pueda establecer puentes de conversacin y compromiso entre los principales actores de la sociedad. Por cierto, a travs de estas acciones se piensa que puedan coordinarse las distintas instancias e intereses de todos aquellos que tienen algo que ver o decir respecto a este tema.

Fuente: http://cubaposible.com/derechos-humanos-de-cara-al-siglo-xxi/



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