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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2017

Feminismo Francs & Clase obrera
Francia 1917: Mujeres en lucha

Timothe Vilars
Rebelin

Con los hombres en el frente, las fbricas se llenan de obreras. A principios de 1917, las penurias alimentarias, las condiciones de trabajo y la desigualdad de salarios desencadenan intensos movimientos sociales. En primavera, las francesas se declaran en huelga.


Si las mujeres que trabajan en las fbricas se detuvieran veinte minutos, los Aliados perderan la guerra. Esta ocurrencia de Joseph Joffre [comandante en jefe del ejrcito francs entre 1914 y 1916], pronunciada en 1915, anticipa el pavor que va a suscitar un movimiento social que nadie haba visto venir. En 1917, 430.000 mujeres trabajan en las fbricas de armamento; si bien Francia y el Reino Unido han conseguido mano de obra de sus respectivos imperios coloniales, las mujeres constituyen la primera reserva.

De pie de diez a catorce horas diarias, las munitionnettes llevan a cabo un trabajo agotador: las leyes de salubridad han quedado en suspenso. Apenas s resulta ms brillante el sector del vestido, que ve florecer el trabajo a domicilio. A estas cousettes [modistillas] que se consumen sobre sus [mquinas de coser] Singer a 2 francos la jornada las califica de vctimas ms lamentables de la guerra el alcalde de Lyon, Edouard Herriot. Una precariedad agravada por la explosin del coste de la vida.

El carbn ingls ya no cruza el Canal de la Mancha, cuando estamos en el invierno ms fro de la guerra: el Sena queda aprisionado por el hielo, las temperaturas siguen bajo cero hasta en abril. En dos meses se quintuplica el precio de las legumbres frescas; los descampados se convierten en huertos improvisados. Ciertamente, durante mucho tiempo, ante el destino de los poilus [peludos, apodo popular de los soldados franceses], no era cuestin de quejarse. El feminismo, floreciente en la Belle Epoque, ha puesto entre parntesis sus ambiciones ante la llamada de la Unin Sagrada, como han hecho, por otra parte, los sindicatos. En enero de 1917, la atmsfera no est para luchas de clases. Un primer movimiento de huelgas se desencadena, sin embargo, en Pars; en la Panhard-Levassor, los altercados llevan a dos obreras a la crcel. Estupor.

Igual que en la Renault y en varias casas de costura, las mujeres han llegado a un momento de agitacin. Hay que decir que los hombres que no estn en el frente son o bien mayores o muy jvenes, o bien adscritos especiales que han evitado las trincheras gracias a sus competencias especficas y no tienen ningn inters en hacerse notar. Los trabajadores coloniales se benefician de salarios bastante ms elevados que en sus pases de origen. La disparidad salarial entre hombres y mujeres, por contra, est entre un 20 y un 30%. Y llega hasta un 40% en la metalurgia, donde los industriales retienen del salario de las obreras su formacin en la maquinaria. En lo ms bajo de la escala, las mujeres reciben 4 francos de jornal: el precio de dos docenas de huevos.

Las mujeres apenas son objeto de consideracin por parte de los sindicatos, que juzgan que las mujeres tiran de la remuneracin hacia abajo; asimismo, el movimiento, espontneo y no encuadrado, sorprende a todo el mundo. Incmodo, el Gobierno menciona movimientos aislados, eleva los salarios mnimos en las fbricas de guerra e instituye comits de arbitraje y delegados de taller. Salta por los aires una prohibicin moral: hacer huelga en tiempo de guerra. En esta primera sacudida tiene lugar un episodio del que sacar partido la historiografa militante. El 11 de mayo, las 250 costureras del taller Jenny, en los Campos Elseos, se enteran de que a su semana se le recortar el sbado por la tarde para compensar la reduccin de pedidos.

Perder ellas, a las que los ritmos infernales obligan a tomar en una pausa rpida su tentempi de medioda [dnette de midi] midinettes se les llama - media jornada de salario? Inaceptable, pues sus colegas britnicas se benefician de un sbado por la tarde festivo y pagado: la semana inglesa. Las Jennys deciden un paro laboral y se dirigen hacia los Grandes Bulevares, donde arrastran a otras casas de costura. Esta brusca reaparicin de la lucha social en la vida parisina, femenina por aadidura, anonada.

LHumanit lo describe: Un largo cortejo avanza. Son las modistillas parisinas con sus blusas floridas de lilas y muguete; corren, cantan, ren; sin embargo, no es Santa Catalina ni el da que marca la mitad de Cuaresma. Es la huelga. La satisfaccin de sus reivindicaciones va a hacer que se echen a a calle todas las profesiones femeninas de la capital, que desfilan juntas con sus signos distintivos improvisados: liga de seda para las corseteras, pluma de avestruz para las plumajeras, impreso de emprstitos de guerra para las de banca. Las comitivas, llenas de sombreros, de cintas tricolores y de flores, son alegres y cantan: On sen fout/ On aura la semaine anglaise/ On sen fout/ On aura nos vingt sous. [Qu importa/Tendremos semana inglesa/Qu importa/Tendremos nuestros veinte chavos].

Un cuadro pastoral que seduce hasta a la Accin Francesa, la cual, a despecho de ser alrgica a toda forma de alboroto obrero, habla de una bonita huelga! La prensa saluda la gracia y el estilo de las manifestantes, de las que se decreta que son encantadoras y simpticas. Este movimiento de enternecimiento un poco paternalista es bruscamente reprendido cuando la fiebre llega a provincias Rennes, Burdeos, Tours, Marsella y, sobre todo, a las fbricas de armamento. Las modistillas no daban miedo; las municioneras, ya es otra cosa. A principios de junio, la censura tacha todo artculo sobre las huelgas en Citron. Un informe de los servicios de inteligencia hace sonar la alarma. Los lemas han cambiado: Los patrones, al frente, Ms obusesnuestros peludos. Se entona La Internacional en Toulouse. Minoritarios, los hombres son considerados animadores, tan inimaginable resulta que las mujeres se organicen solas: 390 detenciones en dos meses.

La prensa reaccionaria busca desesperadamente la mano del extranjero. En LAction Franaise, Lon Daudet explica que las huelgas de modistillas degeneran bajo la influencia de elementos pro boches [termino despectivo para los alemanes]. Le Bavard, semanario satrico marsells, adelanta, chistoso, que las obreras siempre encuentran, curiosamente, dinero para su maquillaje. El puado de pacifistas e internacionalistas no modificar el movimiento, pero su simultaneidad con los motines [entre las tropas] y la Revolucin Rusa siembra el pnico.

El ministro del Interior, Louis Malvy, confesar que se haban apostado tropas en las proximidades de Pars, listas para intervenir en caso de que la situacin lo hubiera demandado. Este gran temor de las autoridades contribuye a dramatizar los acontecimientos. Los movimientos siguen siendo ms corporativos que polticos y menguan una vez alcanzado su objetivo. El 29 de mayo, la Cmara de Diputados vota a favor de la semana inglesa en el sector del vestido. Se crean guarderas y personal especializado superintendentes de fbrica- en los talleres.

La igualdad salarial tendr que esperar, pero esta irrupcin femenina despus de tres inviernos de guerra, tan imprevista, quedar como una experiencia indita de autonoma y de emancipacin.




[Sugerencias de lectura: Para saber ms sobre este ao de ruptura, puede consultarse el cuarto tomo del fresco de Jean-Yves Naor sobre la Gran Guerra: 1917.La paix imposible(Perrin, 2015). Para conocer mejor los movimientos sociales durante la guerra: Les ouvriers, la patrie et la rvolution, de Jean Louis Robert (Les Belles Lettres, 1995).]

Sobre el autor: Timothe Vilars periodista del semanario francs LObs. Titulado del Instituto Superior de Periodismo de Lille, trabaj anteriormente para el diario econmico Les Echos, para Presse Ocan y el Canal Acadmie del Institut de France.




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