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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2017

Ganar por la mnima

Alfredo Serrano Mancilla
CELAG


Ganar por la mnima

En la final del ltimo mundial de ftbol, Alemania gan a Argentina con un nico gol de Mario Gtze, en el minuto 113, durante la prrroga. En la edicin anterior, Espaa se llev el campeonato tambin en el tiempo extra, minuto 116, con gol de Iniesta. As es el deporte. Vale ganar por la mnima y en las postrimeras del partido. Y despus de un tiempo, todo queda en el olvido. Solo el campen permanece para la posteridad.

La democracia liberal tiene reglas parecidas cuando se trata de resolver cualquier disputa electoral. Se vale ganar incluso por un voto. La matemtica cuenta para dirimir un estrecho resultado. A lo largo de la historia, hubo muchas situaciones en las se que necesit foto finish para proclamar al Presidente electo: en 1960, en Estados Unidos, Kennedy gan por 49,7% 49,6% a Nixon; en Francia, en 1974, Giscard dEstaing venci por un margen de un 1,6% a Mitterrand; en Alemania, en el ao 2002, la diferencia entre Schrder y Stoiber fue de unos escasos 6.000 votos. En definitiva, la diferencia s que importa pero no es definitiva para elegir al Presidente de un pas. Al final de cuentas, siempre ocurre lo mismo: gana uno y pierde el otro.

En estos ltimos aos, en Amrica latina, tambin han acontecido hechos muy parecidos. Sin embargo, dependiendo del signo poltico del ganador, los resultados se aceptan con ms o menos tolerancia democrtica. Lo ltimo fue lo ocurrido en Ecuador: Lenin Moreno super a Guillermo Lasso por ms del 2%. Los perdedores cuestionaron los resultados sin ninguna evidencia. En el ao 2013, en Venezuela, Maduro gan a Capriles por un 1,5% y, nuevamente, los derrotados no quisieron aceptar el veredicto del electorado. Justo lo contrario sucedi en Argentina, cuando gan Macri frente a Scioli, en segunda vuelta, por un ajustadsimo 2,8%. Nadie dud de los resultados a pesar que los seguidores de Macri fueron preanunciando fraude durante toda la jornada electoral por si acaso acababan perdiendo. En Bolivia, en febrero de 2016, en el referendo sobre la repostulacin de Evo Morales como Presidente, gan el No por un exiguo 2,6%, y nadie apel al fraude.

De una manera u otra, con dudas infundadas de fraude o no, lo que s es cierto es que ltimamente las elecciones se ganan por muy poco. A todos los casos citados previamente, hay que sumar el No a la Paz en Colombia (con una diferencia del 0,5%), o la victoria de Kuczynski en Per contra Keiko Fujimori (por menos del 0,3%). Todo se decide por la mnima. Es por ello que hay que comenzar a acostumbrarse a vencer en el ltimo minuto y a ser respetuoso con el resultado.

Lejos queda aquel ciclo de victorias por grandes goleadas; cuando Chvez venca por 30 puntos de diferencia en Venezuela; igual que lo hacan los Kirchner en Argentina, Evo en Bolivia o Correa en Ecuador. Debemos pasar pgina de esos paseos triunfantes en los que no era ni siquiera necesario hacer campaas electorales. Estamos en un nuevo tiempo histrico que exige poner toda la carne en el asador para ganar elecciones. Cada detalle suma y cuenta para alcanzar ese voto que decanta la victoria para uno u otro lado.

En el campo progresista latinoamericano, hasta el momento, la oposicin conservadora ha logrado vencer nicamente una vez de las ltimas veinticinco citas electorales presidenciales. El porcentaje es an muy bajo: solo el cuatro por ciento. No obstante, la brecha electoral es cada vez ms estrecha entre fuerzas polticas antagnicas. Con el viento en contra en lo econmico por la cada de los precios de los commodities, con la recesin econmica mundial que no desaparece, con el desgaste tpico luego de ms de una dcada, y en algunos casos incluso con cambio de lderes como postulante presidencial, con todo ese nuevo escenario, entonces, es fundamental resignificar la disputa electoral. Es momento de repensar cmo profesionalizar la manera de hacer campaas electorales; es momento de no descuidar ningn detalle, ni la comunicacin tradicional ni las redes sociales, ni la puesta en escena ni los discursos, ni mucho menos, el entusiasmo con el que se necesita explicar el futuro. El pasado, como tal, qued atrs. Y si bien sirve para construir memoria, por ahora no ayuda a ganar ninguna batalla de las expectativas.

Perder por un voto significa demasiado en poltica. Y todo parece indicar que en los prximos aos cada jornada electoral ser de infarto. Ganar por la mnima se convierte en un objetivo no despreciable a lo que debemos apuntar para evitar que candidatos como Macri nos haga retroceder tanto y en tan poco tiempo.

Fuente: http://www.celag.org/ganar-por-la-minima/



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