Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2017

Sangre en la calle y dinero sucio para matar el aburrimiento existencial

Armando B. Gins
Rebelin


Entre la neurosis y la psicosis, el terrorismo y la corrupcin se han convertido en los dos acontecimientos por excelencia de la posmodernidad contempornea. Ambos sucesos rompen el discurrir cotidiano, emergiendo de tal falla una consecuencia tica maniquesta, a un lado la normalidad de la gente que asume el sistema con resignacin y en la cuneta de enfrente, los otros, los asesinos que se niegan a hacer suyos los valores de la superior civilizacin occidental.

No hay posibilidad de terceras vas o relatos polticos que puedan oscurecer esa dualidad extrema, si bien se intenta configurar una alternativa difusa y confusa bajo la etiqueta de populismo. Tras esa condicin etrea, un autntico cajn de sastre para apuntalar el statu quo tradicional de la derecha versus la socialdemocracia descafeinada nacida tras la segunda guerra mundial, se esconden opciones muy dispares: el fascismo clsico y los restos del naufragio de la izquierda alguna vez transformadora que intenta volver por sus fueros ataviada de nuevas teoras que ya no pretenden nada ms que ofrecer un discurso bajo en caloras sin nfulas de cambiar en profundidad las bases de un nuevo mundo.

Lo que de verdad sirve de nexo para aglutinar mayoras silenciosas a la defensiva es el miedo oscuro al atentado imprevisto en cualquier lugar del llamado mundo libre y permanecer atento a las pantallas para conocer la ltima fechora escandalosa del poltico corrupto de turno. La realidad supera a la ficcin con creces. La vida diaria se ha transformado en un inmenso escenario meditico en el que se desarrollan varios thrillers de suspense donde el espectador puede vaciar sus emociones inducidas por los medios de comunicacin y volver al calor del hogar a la espera de renovadas intensidades que sacudan por ensima vez sus instintos primarios de supervivencia.

Ante tanta inmundicia terrorista o corrupta, el superviviente se siente a s mismo como un privilegiado. O casi, porque debe pagar un precio por ello: la neurosis de autoculpabilizarse por ser incapaz de erradicar el dinero sucio que genera su silencio cmplice y el pnico causado por la responsabilidad externa de no entender la complejidad del fenmeno del horror explosivo y terminal que conlleva la accin criminal de una bomba annima, disparos a discrecin o un atropello indiscriminado.

Atrapado en una dicotoma opresora, culpar al diferente o sumirse en la melancola de la impotencia, solo le queda al ciudadano de a pie adherirse a la normalidad de la masa o bien ensayar soluciones de corte menos estandarizado: criticar la realidad desde sus races y el sistema poltico en que habita. Esto es, no buscar responsabilidades fciles y atreverse a cuestionar los propios valores como la verdad absoluta. Este ejercicio va contracorriente y tiene mala prensa. Es sumarse al populismo, el adversario interior de las elites.

En tiempos de crisis aguda funcionan muy bien las disyuntivas excluyentes que reducen la realidad a enemigos irreconciliables escondiendo tras su falsa y atractiva retrica los engranajes complejos y profundos que mueven los hilos sociales, econmicos, ideolgicos y polticos del teatro pblico. En ese escaparate de mnima expresin la existencia est obligada a decantarse en un modelo digital de 0 y 1. Todo lo que escape a esta premisa es censurable o no tico o irracional o contrario a la costumbre inveterada del pueblo llano.

Es un xito rotundo del sistema inaugurado por la posmodernidad globalizadota el que tal doctrina simplista haya corrodo la voz de la conciencia crtica personal y de la proyeccin colectiva de los asuntos pblicos. En esta soledad existencial las capacidades de resistencia se han anulado casi por completo. El regreso a una espuria autonoma del yo no deja ver que las inmensas mayoras no son ms que conjuntos clnicos de individuos repetidos hasta la saciedad. La presunta libertad ha devenido en igualdad uniforme y anodina. Somos esclavos de las marcas punteras, hooligans de las modas pasajeras, adeptos al gesto insulso, amantes de los tics estpidos que imitan al personaje de paja encumbrado hace un instante.

Alejarse de esa monotona resulta incmodo. Si osamos hacerlo, todas las miradas convergern en la figura del rebelde, la nuestra. Ser un potencial terrorista o un inmoral o un corrupto? Al menos, un sospechoso, un presunto adversario o rival contra la normalidad establecida. Eso seguro que s. Como chivo expiatorio en ciernes, dispara las alarmas del tejido social dominante, que activa con celeridad los anticuerpos para restablecer la salud amenazada por la actitud dscola del loco visto como virus nocivo a batir hasta su extirpacin definitiva.

No hay seguridad sin justicia social. Aunque las adormideras ideolgicas de la propaganda permitan controlar las neurosis y las psicosis colectivas y privadas dentro de un orden u lgica ms o menos efectivo, la bomba de la desigualdad, la pobreza y la marginacin tendrn que estallar algn da. Nada puede permanecer en la eternidad de la sublimacin o de la reclusin indefinida. El centro rico est rodeado de una periferia en harapos. Cuando los excludos se den cuenta y tomen conciencia que nada tienen que perder y todo por ganar, el mundo puede entrar en un holocausto histrico. Quiz lo nunca visto; tal vez una ventana desde la cual otear horizontes ms solidarios y compartidos. No se sabe qu iniciar el proceso, pero vivir sumidos entre la neurosis y la psicosis provocadas por la sangre y el dinero sucio no puede ser un plan a largo plazo. Nuestros sacrosantos valores pueden estallarnos en plena cara en cualquier momento. Y la extrema derecha recogiendo votos del detritus que vamos dejando por agachar la cabeza y continuar enganchados al propio ombligo. Lo que est por venir, sea lo que fuere, ya est en marcha.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter