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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2017

Promesas incumplidas y conflictividad social

Gisela Brito
CELAG


La legitimidad de un gobierno en buena parte se sostiene en su capacidad para garantizar estabilidad a la poblacin. Certidumbre. En la Argentina de la era Macri el incremento de la conflictividad social comienza a marcar la agenda poltica. Cientos de miles de ciudadanos afectados por el ajuste econmico provenientes de diversos sectores sociales se sienten interpelados a abandonar sus ocupaciones cotidianas para hacer or sus demandas irrumpiendo en el espacio pblico. Los fallidos intentos oficiales por mostrar datos que avalen el fin de la recesin dan cuenta de que el gobierno enfrenta, adems de la crisis econmica, una crisis poltica y de credibilidad. Existen varios elementos que se conjugan para dar cuenta de ello.

En los ltimos meses ha ido cuajando un clima de opinin pesimista respecto al futuro de la economa del pas -y de la personal-, sustentado en la alta inflacin, la reaparicin del fantasma del desempleo y las desorbitantes subidas de tarifas en los servicios pblicos. A pesar de ello, el gobierno insiste en que la recuperacin econmica est en marcha, y como nico argumento para explicar la disociacin entre su relato y la realidad social sostiene que la misma se debe a que la calle todava no siente la recuperacin.

Paradjicamente, Cambiemos se enfrenta a una situacin en la que debe salir a desmentir con cifras en la mano la opinin mayoritaria de la ciudadana. Crannos! parece vociferar el gobierno. El pas oficial poco se asemeja al pas real. Estadsticas contra expectativas sociales. Exactamente lo contrario de lo que prim en el inicio del mandato de Mauricio Macri. Para amplios sectores de la poblacin, prevaleca mayoritariamente un clima favorable basado en la esperanza en que la economa mejorara en un futuro cercano. Sin embargo, el supervit aspiracional con el que contaba el PRO comienza a mostrar signos de agotamiento en un cortsimo lapso de tiempo.

Este momento bisagra parece estar generando un giro en el estilo discursivo de Mauricio Macri. Durante la campaa electoral y el primer ao de gobierno, el presidente forj un estilo de liderazgo zen, ms all del bien y del mal, que prometa paz, armona y esperanza de un futuro mejor. Pero en las ltimas semanas ha emergido otro Macri. En el discurso de apertura de sesiones legislativas el presidente inaugur un tono mucho ms agresivo que el que lo caracterizaba. Ello se relaciona con otra novedad reciente que denota una posicin cada vez ms defensiva por parte del gobierno: la apelacin a la teora de la conspiracin para leer el escenario poltico. Diferentes voceros oficialistas, incluidos los principales medios de comunicacin, han comenzado a agitar el fantasma del boicot desestabilizador detrs del cual sitan a un difuso kirchnerismo. Es la nica explicacin que le otorgan a las sucesivas manifestaciones de una conflictividad social creciente.

Los principales dirigentes de Cambiemos tambin estn adoptando este nuevo tono. El Jefe de Gabinete Marcos Pea perdi los papeles en su ltima presentacin ante el Congreso y exhort a la oposicin a hacerse cargo de algo, en referencia a la situacin actual (!). Mara Eugenia Vidal, gobernadora de Buenos Aires, encabeza intransigente una pulseada a todo o nada con los docentes. En una reciente conferencia de prensa dej de lado su imagen de hada madrina ingenua y exigi a los dirigentes sindicales que digan si son kirchneristas (!).

As, en la cpula de Cambiemos se observa el pasaje a un tipo de liderazgo que busca polarizar con el gobierno anterior en un tono mucho ms agresivo. Ello se explica en que apelar a la pesada herencia recibida y a las buenas intenciones propias ya no es suficiente para calmar las ansias de una opinin pblica que demanda respuestas concretas a la crisis. En ese contexto, el gobierno exhibi otra novedad: convoc -solapadamente- a sus partidarios a marchar en defensa de sus polticas el pasado 1 de abril. La concentracin espontnea es significativa porque es la primera vez que Cambiemos exhibe poder de movilizacin, aunque resulta evidente que la convocatoria qued reducida a su ncleo duro -amalgamado casi exclusivamente por el rechazo visceral al gobierno anterior-. Se trata de un sostn importante, sobre todo en el escenario actual, pero que en ningn caso le garantizara un apoyo electoral mayoritario.

Las elecciones legislativas de octubre estn a la vuelta de la esquina y todo indica que la estrategia que adoptar el gobierno es apostar a plebiscitar al kirchnerismo de manera cada vez ms belicosa. El siguiente paso para contener la conflictividad social ser, segn ha anunciado la propia ministra de seguridad, la represin de la protesta. La espiral contina en marcha.

En el escenario poltico actual, la mxima duranbarbiana que indica que las decisiones polticas deben guiarse por el humor social radiografiado en las encuestas comienza a exhibir sus evidentes lmites. Cambiemos se top antes de lo esperado con una verdad de perogrullo: gobernar no es tan fcil como prometer. La poltica requiere asumir responsabilidades ante la sociedad, ante todos los sectores de la sociedad. Y los conflictos no pueden desterrarse slo porque el deseo de armona lo exija. Administrarlos es parte del ejercicio de gobierno, y la virtualidad con que se lo haga influye en la percepcin y apoyo de los votantes. De eso se trata. Pero todo ello escapa al marco de pensamiento de la coalicin gobernante. Para Cambiemos, el antagonismo es una distorsin de la poltica, y la democracia podra construirse a partir de un idlico consenso social que, como por arte de magia, garantizara la tan mentada gobernabilidad. Hacer buena comunicacin poltica en el contexto de campaas electorales es una cosa, y gobernar, otra.

Gisela Brito/ Investigadora CELAG

 

Artculo publicado en: http://www.celag.org/promesas-incumplidas-y-conflictividad-social/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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