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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2017

Sin comprender a fondo el papel de Santiago Carrillo no habr verdadero PCE

Arturo Borges lamo
Rebelin


Como comunista que tras muchos aos veo una cierta luz de esperanza en el proceso de revisin autocrtica abierto en el marco del XX Congreso del PCE, me ha sorprendido la reciente opinin de Alberto Garzn sobre Santiago Carrillo, al que atribuye un "error de diagnstico" sobre el momento poltico de la Transicin, descartando con rotundidad lo que para m y para muchsimos comunistas fue una labor de sistemtico liquidacionismo consciente, tanto en lo ideolgico como en lo poltico y orgnico. Y pruebas de ello hay de sobra.

La direccin del PCE que encabezaba Santiago Carrillo, desarroll todo un conjunto de actitudes y posiciones oportunistas en el sentido de la suplantacin del marxismo por ideas liberal-burguesas en el seno del partido de los comunistas. Se sabe que ese es el arma ms eficaz y demoledora con que cuenta la burguesa en su lucha de clases contra el proletariado al conducir a la prdida de las cualidades revolucionarias de los comunistas, as como a que se aparten del internacionalismo proletario. Por eso, la vigilancia poltica y la lucha consecuente contra toda deformacin del Programa, de los principios partidarios, de la disciplina y de las normas organizativas estatutarias son un deber a cumplir por todos los militantes de manera estricta e intransigente. Otra cosa es hacerle el juego a la burguesa.

Ya Carrillo hacia concesiones a la burguesa al pactar la llamada Junta Democrtica. En julio de 1974, renunciando a la movilizacin popular y para "obligar" a la burguesa a pactar le fue haciendo concesiones (por ejemplo sobre el Estado, en la que lleg a falsificar 12 citas esenciales de Lenin para poder presentar su "elucubracin" como apoyada en Lenin) que iban borrando progresivamente la fisonoma marxista-leninista del Partido, hasta que en julio de 1974 rebaj las reivindicaciones obreras hasta prestarse a hacer pblicamente la concesin de principio determinante del marxismo. Todo comunista sabe que la contradiccin bsica del capitalismo se manifiesta como antagonismo irreconciliable entre el proletariado y la burguesa, sin embargo Carrillo firm la Declaracin de la Junta Democrtica en la que se afirmaba que " el contexto actual no conduce a la confrontacin irreconciliable, sino a la libre concertacin entre las fuerzas nacionales y regionales de la produccin, que es la esencia del moderno desarrollo econmico". Con ello la burguesa se garantizaba, y Carrillo lo cumpli, que la clase obrera no desempease el papel dirigente en la consecucin de la alternativa democrtica al franquismo y que el PCE y la clase obrera marcharan a su remolque.

A partir de ah se sustituy la Huelga General Poltica y la posterior Huelga Nacional Poltica por "un llamamiento al pueblo para que permanezca atento a la convocatoria de la Junta Democrtica", renunciando a la movilizacin del Partido, en suma llamando al pueblo a que permanezca quieto esperando a que "otros" pacten su futuro. Y no par ah la cosa. Luego vino la consigna de "ruptura" que fue sustituida por la de "ruptura negociada", llevando finalmente al fiasco de la llamada Transicin en la que el franquismo y la oligarqua impuso su "reforma poltica" que solo supuso un cambio en su forma de dominacin, se cambi para que todo esencialmente siguiera igual.

Carrillo continu haciendo concesiones ideolgicas de todos los principios del marxismo-leninismo y apoy los pactos de la Moncloa, acept las bases yanquis, los monopolios europeos, hizo que el PCE rompiera con el movimiento comunista internacional y que formalizara en el IX Congreso el abandono del leninismo. Toda esta sucesin de posiciones liquidacionistas en lo ideolgico y en lo poltico fue acompaada en todo momento con la liquidacin orgnica en la que tuvo marcada relevancia el Pleno del CC de Roma de 1976 al eliminar la organizacin sectorial de clulas y pasar a la frmula socialdemcrata de la agrupaciones territoriales, provocando la disolucin del partido en las empresas y pasando a diluirse la militancia comunista en una avalancha de adherentes sin formacin ideolgica y con la motivacin fundamental de la orientacin del PCE hacia la batalla electoral. Con ello se intenta eliminar definitivamente de la conciencia de los militantes la necesidad del partido obrero revolucionario e independiente de la burguesa. Para llegar a esto ya en el VIII Congreso de 1972, Carrillo haba cambiado la definicin del PCE como "partido para la lucha revolucionaria, no electoralista" por otra en la que se afirma que "el sufragio universal es consustancial al avance al socialismo" pretendiendo ignorar las experiencias resultado de las luchas de las masas populares.

Todo lo expuesto no es producto de fatalidades histricas, ni de banales equivocaciones, ni tampoco de "errores de diagnstico", fue el fruto de una estrategia y de unas concepciones liquidadoras, del PCE como partido marxista-leninista, que se denominaron "eurocomunismo" y que tambin produjeron un dao trgico para otros partidos adems del PCE. Por eso en estos momentos la esperanza est en una actuacin consecuente con todo lo dicho ante la 2 fase del XX Congreso del PCE, desarrollando el proceso de reconstruccin del mismo sobre la base del marxismo-leninismo.

Arturo Borges lamo, miembro del colectivo Punto de Vista Comunista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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