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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2017

Un estudio de los acontecimientos espaoles
Cuestion de principios

Jaime Richart
Rebelin


I

Conviene revisar ideas que consideramos de granito aunque slo sea para no discurrir desde el prejuicio, a menos que el prejuicio encierre un valor inequvocamente universal, como la armona o el amor. Porque, por ejemplo, cuando en otro tiempo hablbamos de la sociedad compuesta de ricos, de acomodados y de pobres, slo pensbamos en el detalle de la opulencia o del desahogo de los primeros, en el pasar de los segundos y en el drama de los terceros, no en la justicia social. Era todava esa mentalidad que casi ha llegado hasta nosotros, que conjuga destino y fatalismo en cuya virtud pobreza y enfermedad son efecto de la voluntad divina.

Es lo que tienen las religiones intolerantes y las dictaduras: allanan traumticamente primero la mente y luego, poco a poco, despaciosamente, la van perfilando con su doctrina o con su ideologa para terminar cincelando una nueva mentalidad. Mtodo propio de las teocracias y de los despotismos, y al fin, de las sociedades primitivas. Pues las sociedades primitivas se caracterizan por la unanimidad total. En la Edad Media, por ejemplo, parece que la sociedad haya sido casi unnime: todos, desde el prncipe al siervo o al prelado, compartan las mismas creencias y tenan una idntica concepcin del mundo y de la existencia. Hasta que la cultura del Renacimiento abri a la sociedad los ojos.

En efecto, la mentalidad encierra un conjunto de principios rectores ms all de los polticos: desde el revoltijo de preceptos religiosos o la nmina de valores ticos, hasta el principio nico que los resume a todos: "que tu pensamiento y tu conducta puedan servir de ejemplo universal", e incluso el principio odioso que repudia todo principio.

Mentalidad es un modo de pensar y de vivir de una persona, de un grupo, de un pueblo, de una comunidad o de una civilizacin. Su principal caracterstica es la de ser comn a los miembros del grupo y el lazo ms resistente que une al individuo con el grupo. Por ello, cuando en el seno de cualquiera de esas colectividades se constatan grandes divergencias, es posible inferir de ellas que esa sociedad se halla en vas de escisin o de transformacin.

Otro rasgo de la mentalidad es su extrema estabilidad. No podemos cambiar de mentalidad a voluntad. Nos puede obligar a actos contrarios a nuestras convicciones, imponernos una conducta o hacernos manifestar simulacros de una creencia. Pero no nos pueden imponer la creencia, puesto que la creencia es un hecho involuntario (relativamente). Robinson Crusoe pudo vivir veintiocho aos en su isla desierta, pero su mentalidad no sufri variacin alguna y nunca dej de poseer las creencias, los pensamientos y las preocupaciones del ingls medio de aquella poca. Ni el alejamiento ni el exilio bastan para cambiar la mentalidad, ni siquiera al cabo de varias generaciones. Prueba de la solidez de una mentalidad es que hasta la "muerte de Dios" nadie discurra sin l y menos haca pblico su descreimiento.

Pero una mentalidad puede ser debilitada o sofocada por los horrores de una guerra perdida, por las represalias una vez terminada y luego por la opresin continuada; e incluso, si pasa mucho tiempo, forjar otra que regresa a pocas precedentes en las que se encuentran las races de la propiedad y del poder, para justificar el estatuto de ambos y justificar de paso a quienes detentan la una y el otro.

Y esto es lo que sucedi, ha sucedido y est sucediendo en Espaa. Deca que la mentalidad no cambia si no paulatinamente y con el paso de mucho tiempo cifrado en siglos gracias ordinariamente a los inventos y descubrimientos. Sin embargo, precisamente el vrtigo impreso en la sociedad actual por el fortsimo impacto de las tecnologas y la comunicacin, por un lado, y el paso casi subitneo del rigor y el autoritarismo de una dictadura a una terica tolerancia estructural que brind el ensayo de democracia, por otro, pueden forzar cambios de mentalidad en un plazo considerablemente inferior a los habidos hasta hace un siglo. E incluso repartirlo en distintas mentalidades ms o menos coincidentes o entrecruzadas con ideologas. Y siempre la religin, a la luz o en la sombra, interviniendo, interponindose, frenando u obstruyendo los procesos del cambio en una sociedad a pesar de todo poco evolucionada, como la espaola.

Pues bien, el franquismo impuso una mentalidad para perdurar, y en parte lo consigui. Pues, una vez desaparecido y con l las adherencias y la corteza de su ideario, quedaron la pulpa o la semilla. Por ello, en una primera fase de la nueva era en Espaa, aun a regaadientes pero por obvias razones prcticas, sus herederos contemporizan con el socialismo revisado y recin incorporado al marco poltico, pues necesitaban de esa mentalidad para ahormar la democracia, para causar buena impresin al mundo, para completar el marco, para contribuir al desarrollo de la vida poltica e incluso para impulsarla...

Un socialismo, por cierto, que consiente la transicin en los trminos facturados por un ministro del dictador y seis personajes ms llamados padres de la Constitucin pero que fueron elegidos por l y que, tras las iniciales soflamas propias de su ideologa republicana, poco a poco con los aos va relegando y luego abandonando. Un socialismo que, tras menos de dos decenios (1996), moralmente debilitado, permite la privatizacin de las energas bsicas y ms tarde (2008) se une al mismo proceso privatizador, con los consiguientes y nefastos efectos en las clases populares y las posteriores canonjas para sus polticos retirados de la vida institucional a cuenta de la misma privatizacin. Para, al cabo de las cuatro dcadas que llevamos hasta hoy, terminar prcticamente abducido por el neoliberalismo devastador en Europa, y en Espaa, tambin por el espritu neofranquista renuente a la abrogacin o enmienda de la Constitucin, al referndum sobre la forma de Estado, a la reforma de la ley electoral y de la ley hipotecaria, etc, etc. Todo pusilanimidad respondiendo, no a la flexibilidad que exige a menudo la poltica y el compromiso, sino a un alejamiento paulatino y grave de los parmetros de democracia de mnimos para una sociedad ms justa e igualitaria recogidos en sus postulados.

As es que tras cuarenta aos conviviendo ambas mentalidades, la neofranquista y la socialdemcrata, aun en oposicin terminan convergiendo en materias graves. Tambin en el concierto de la Europa Comunitaria. De ah que siga protegida en Espaa la monarqua, de ah que sigan las Bases, de ah que siga el Concordato, de ah que sigan las maniobras para que prevalezca lo confesional de la religin sobre lo laico, de ah que siga con fuerza el poder religioso de los obispos, de ah que siga una ley hipotecaria lamentable, de ah que siga tal cual una Constitucin que hubiera podido aprobar en el ltimo tramo de su vida hasta el propio dictador...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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