Portada :: frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2017

Geopolticas imperiales
El Cuerno de frica

Ricardo Orozco
Rebelin


No es una casualidad que los espacios con la mayor cantidad y cualidad de recursos naturales sean, tambin, los puntos de mayor profusin de la violencia en el mundo. Productos de las dinmicas globales de produccin y consumo materiales, de la centralizacin y concentracin de la riqueza econmico-financiera, los territorios desde los cuales se extraen las materias primas que mantienen en permanente crecimiento la comercializacin de mercancas se distribuyen alrededor del mundo como una red de nodos de los cuales depende el extractivismo del capitalismo global.

No es azaroso, por consecuencia, que para Occidente los espacios-tiempos de mayor diversidad natural sean, asimismo, ejemplos arquetpicos de lo que significa ser un Estado fallido: Estados-nacionales que, de acuerdo con los idelogos de la mtrica axial occidental, proveen un especio de inigualable fertilidad para la proliferacin de grupos terroristas, de redes dedicadas al crimen organizado internacional y de una vastedad de amenazas a la paz y la estabilidad de continentes enteros. As pues, si bien es cierto que la importancia geopoltica y geoestratgica de una porcin territorial se encuentra determinada por su funcionalidad para mantener la acumulacin de capital en los centros neurlgicos de la economa-mundo, tambin lo es que esas porciones lo mismo se encuentran en la ms remota y aislada comunidad indgena en Amrica Latina que en la amplitud de los mrgenes poltico-administrativos de una entidad estatal en el sudeste asitico.

Por supuesto, dentro de la lgica y el discurso occidentales, las razones de ser y las causalidades que originan a cualquier estado fallido, alrededor del mundo, siempre son tautolgicas, autorreferenciadas en el sentido de que tanto unas como otras se validan por remitir a la misma serie de juicios de valor, al mismo conjunto de operaciones explicaciones causales que hacen del tercermundismo, del subdesarrollo, de la barbarie y el atraso las fuentes ltimas de toda desgracia que ocurra dentro de las fronteras del Estado en cuestin.

En este sentido, un Estado fallido lo es debido a que sus instituciones pblicas son dbiles, a que sus instrumentos de participacin poltica son insuficientes, poco actuales y viciados de origen; a que la construccin de ciudadana an se encuentra en ciernes, a que carece de una clase poltica profesional que se encargue de dirigir al pas, a que la barbarie de su pasado colonial an no es superada por la modernidad y el progreso y, sobre todo, a que el modo de produccin, en su conjunto, an no se encuentra organizado de la manera en que lo est en pases como Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Francia, etctera. Por eso un Estado fallido siempre es producto de s mismo, de su resistencia a civilizarse y modernizarse.

Fuera de foco queda, en tales explicaciones, el valor geopoltico con el que se reviste a cada territorio. Y ms an, cuando el espacio-tiempo del mismo es, por su posicin en el globo terrqueo, disputado por diversos Estados-nacionales, grupos empresariales, comunidades autctonas y estratos sociales. Tal es el caso de aquellos espacios de los cuales se extraen diversas materias primas estratgicas para sostener el patrn de produccin y consumo globales: los minerales estratgicos, por ejemplo; denominados as por el grueso de las economas centrales debido a que de su obtencin depende el funcionamiento de grandes porciones de una o varias industrias, aunque de manera primordial aquellas relacionadas con la informtica y el desarrollo de tecnologas de punta. Pero no slo, pues lo estratgico de cada recurso natural deviene de su importancia tanto para la satisfaccin de las necesidades de una poblacin determinada cuanto para la exponenciacin del lucro obtenido por su comercializacin.

frica, por lo anterior, es un continente en permanente disputa por los grandes capitales y complejos estatales, cientficos y militares de todo el mundo: su masa territorial concentra alrededor del 81% de las reservas de cromo globales; pero tambin, y en la misma escala planetaria, alberga ms del 50% de los yacimientos de cobalto, 52% de las reservas de manganeso y 13% de las de titanio: todos, materiales de vital importancia para la produccin de gran maquinaria, en general; pero para el continuo desarrollo de aleaciones metlicas imprescindibles para las industrias de las telecomunicaciones, aeroespacial y militar, en particular.

Estados Unidos, por ejemplo, de un listado de sesenta elementos indexados, tanto por los Departamentos del Interior y de Seguridad Nacional como por la Oficina de Evaluacin Tecnolgica del Congreso, como minerales estratgicos para el mantenimiento de la hegemona estadounidense en el mundo, depende en ms del 60% de sus importaciones de treinta y nueve elementos de los cuales, veintitrs se encuentran en el rango de 90% a 100% de dependencia del exterior. A ello se suman las reservas de oro y diamantes, las forestales, las acuferas y, por supuesto, las concernientes a la enorme diversidad de especies animales y vegetales de las cuales dependen los complejos farmacuticos.

Ahora bien, si se entiende que la operacin de los servidores que permiten el funcionamiento del internet dependen del cobalto, que la produccin de smartphones lo hace del litio y del cobre, que la industria elctrica y la automotriz lo hacen del cromo, del titanio y el aluminio; que la sntesis de vacunas y nuevos medicamentos para viejas y nuevas enfermedades lo hace de los qumicos presentes en diferentes especies de flora y fauna, etc., se comprende, tambin, que son imprescindibles, por un lado, la participacin del capital privado en las cadenas de produccin y suministro de las materias primas y sus derivados; y por el otro, el aseguramiento, tanto presente como futuro, de los espacios en los que se encuentran los recursos naturales, de la actividad empresarial, y de las rutas por las cuales transitan esas mercancas.

De aqu que el nmero de actores, de poderes, locales, nacionales y extranjeros en confrontacin en un espacio-tiempo de vastos recursos naturales sea un factor definitivo en la comprensin de los porqus de los Estados fallidos. Porque contrario a las posiciones mainstream en torno del tema, lo fallido de cualquier Estado no es una condicin dada en los genes de los individuos que conforman su sociedad. Ms bien, lo que se encuentra en juego en cada uno de esos Estados es la posibilidad de que unos u otros poderes controlen la actividad productivo/consuntiva que se deriva de los recursos naturales albergados en el territorio, de la posicin de trnsito del mismo, o de ambos.

Tal es el caso de Somalia, en frica, un pas localizado en el Cuerno de aquella masa continental que, sin importar el ndice cuantitativo o axial al que se recurra, siempre se coloca dentro de las ltimas diez posiciones del total de la muestra abarcada: ya sea en sus niveles de corrupcin, de violencia, de empobrecimiento, de alimentacin y salud, de educacin, de ingresos monetarios, etctera.

El caso de Somalia, lejos de representar una excepcin a la regla dentro de los mecanismos que las grandes economas occidentales emplean para fabricar Estados fallidos, significa un caso paradigmtico que ejemplifica la enorme cantidad de intereses en juego y la violencia tan avasalladora que se emplea para asegurar esos mismos intereses. En primera instancia, al margen de las reservas de recursos biolgicos y otros minerales estratgicos con las que cuenta el pas, Somalia alberga enormes yacimientos de gas y petrleo que colocan a su territorio como una de las principales fuentes de energa tanto para Europa como para Asia, despus de todo, frica, en trminos de extraxctivismo, funciona para esas dos masas continentales a la manera en que Amrica Latina lo hace para Estados Unidos.

En segundo lugar, su posicin geogrfica es estratgica para mantener las rutas comerciales martimas que conectan a Asia y a Europa por el ocano ndico: tanto, que slo otros siete puntos alrededor del mundo gozan de la misma condicin que este pas. En efecto, colindando al Norte con el Golfo de Adn, Somalia es uno de los tres territorios junto con Yibuti y Yemen de los cuales depende que el oil transit chokepoint de Bab el-Mandeb permanezca abierto al trfico comercial que rodea a la pennsula arbiga y que conecta al sudeste asitico con el mar Mediterrneo.

Esa posicin no es nada despreciable en trminos geopolticos: nicamente por concepto de trfico petrolero, por el estrecho de el-Mandeb se mueven 3.8 millones de barriles diarios y transitan entre doscientos y trescientos millones de toneladas del hidrocarburo. Nada ms los estrechos de Malaca, entre Indonesia y Malasia, y de Ormuz, entre los golfos Prsico y de Omn, mueven mayores cantidades de energticos de las que se mueven por las costas somales. De aqu que cualquier alteracin en los flujos comerciales de las rutas que atraviesan el estrecho hacia o desde el canal de Suez implique la posibilidad de cortar el abastecimiento de energticos a ambos lados del ocano ndico, pero tambin, el encarecimiento de los costes de transportacin, toda vez que sera necesario rodear al frica o trasladar las mercancas por las conflictivas tierras del Oriente Medio.

Basta con observar los actores que se encuentran en disputa en la zona para percibir la manera en que, desde hace por lo menos una dcada, empujan el reacomodo de las orbitas geopolticas de los grandes imperios en la zona. Por un lado, la presencia de Estados Unidos es indiscutible en el Cuerno de frica desde la crisis de Suez. Con presencia de capitales privados y bases militares permanentes, la Cada del Halcn Negro y el hecho de que nueve (de nueve) presidentes somales hayan estado directamente vinculados con los servicios de inteligencia estadounidenses, hayan sido ciudadanos o empresarios de la misma nacionalidad no son ms que el corolario de una larga historia de dominio colonial mantenida desde el Congreso de Berln, en 1885.

Por supuesto no es, por ello, azaroso el que la intervencin militar directa de Estados Unidos se haya dado dos aos despus de haber encontrado grandes yacimientos de hidrocarburos. Como no lo es, tampoco, el que las dos presidencias de Barack Obama se hayan caracterizado por el incremento permanente de presencia militar en el pas, por la intensificacin de los ataques en contra de civiles por vehculos no tripulados y por la profusin deayuda humanitaria materializada en armamento y entrenamiento militar.

Pero Estados Unidos no es el nico Estado interesado en mantener su hegemona en la zona. A la intensificacin de las operaciones especiales estadounidenses en la zona han seguido, por un lado, el posicionamiento de bases militares chinas en la vecina Repblica de Yibuti bastin militar estadounidense por antonomasia. Por supuesto la diplomacia China disfraz el acto de la misma manera en que lo suelen hacer Francia, Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido: apel a un nombre polticamente ms correcto y afirm que la Base Logstica solo servira para propsitos humanitarios ligados al actuar de los cascos azules. Est dems sealar que el-Mandeb implica una importancia geoestratgica tan importante para china como la que representa Malaca.

Por el otro, y previsiblemente como respuesta a la expansin china en la zona, siguieron, tambin, tanto el reforzamiento japons de la que tambin es su primera base militar de ultramar como la construccin de una base en la zona por parte de los saudes. Y si bien la presencia militar japonesa es respuesta directa a la china, mientras que la saud lo es a la influencia iran post-acuerdo nuclear, ambas acciones se concatenan con la sangrienta intervencin armada de Saudi Arabia en el vecino Yemen.

Somalia, Yemen y Yibuti son territorios indispensables para mantener cualquier orbita geopoltica imperial en la zona. Y la cuestin de fondo es que lo fallido que Occidente observa en ese Estado no cesar de regir en tanto la confrontacin de los intereses comerciales que envuelven a la ruta comercial de el-Mandeb tampoco cese. Utilizar el argumento de combatir a la piratera local como pretexto para intervenir la zona en forma militar cuando la piratera en el Cuerno de frica es a Somalia, en tiempos de Trump, lo que Al-Qaeda fue a Afganistn en tiempos de Nixon no har ms que escalar los dispositivos mediante los cuales se sigue empobreciendo a las poblaciones locales y fortalecer a los Seores de la Guerra que aplican dichos dispositivos.


Blog del autor: https://columnamx.blogspot.mx/2017/04/geopoliticas-imperiales-el-cuerno-de.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter