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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2017

La elite nauseabunda

Danilo Billiard B.
El Mostrador


Los dueos de Chile somos nosotros, los dueos del capital y del suelo; lo dems es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinin ni como prestigio.

Eduardo Matte Prez.

Qu es lo que debera sorprendernos del bochorno que hicieron pasar un grupo de transentes al ministro de Hacienda, Rodrigo Valds, cuando pretenda simblicamente disolver las asimetras entre autoridad y ciudadana, comindose un sndwich en pleno centro de Santiago? Es que, como se dice, el horno no est para bollos, y las tensiones desbordan la difusa frontera que antes hubo dibujada de forma regente entre los que gobiernan y los que son gobernados.

Las distancias son excesivas. Es un paseo a pie entre Los Dominicos y Estacin Central. Es subir hasta lo ms alto de Valparaso por una escalera. Las costumbres dicen las elites son otras: la sensacin respecto a los problemas del pas tambin. Las torres con ventanales cristalinos y las oficinas climatizadas donde se discute de la alta poltica y los indicadores macroeconmicos (donde se cita hasta Marx y se festina con Gramsci), se contrastan con los carros de sopaipilla y los bares de mala muerte en que se pasan las penas del vivir cotidiano all abajo o all arriba (dependiendo de la urbe), muy lejos de la otra ciudad, del otro pas.

Lo vocacin diplomtica, la deliberacin parrhesiaca inspirada en la eklessia ateniense, la contemplacin armoniosa o las discusiones eruditas susurrando citas rebuscadas de autores selectos, no caben en una poblacin perifrica. Pero esa vida no se la inventaron los pobres. No es la autopoiesis de su tragedia. No fueron ellos los que escogieron vivir en conventillos verticales, que se asemejan a los mdulos de la penitenciaria. Eso les toc y, a fin de cuentas, son los que menos se quejan si los comparamos con un empresario escandalizado por la reforma tributaria. Tal vez la encuesta de felicidad habra que aplicarla solo en el barrio alto: no sera extrao que hubiese quejas.

La naturalizacin de las desigualdades est agotada. Es el cuento del to que prevaleci como narracin institucional pero las metforas tienen un lmite: los eventos inscritos en el pavimento de la realidad, a causa de la erosin que provocan dcadas de neoliberalismo. En una columna de opinin, y a propsito de las reformas, Mario Waissbluth arremete contra la irresponsabilidad de una legislacin que disminuya las horas de trabajo, argumentando los efectos que tendr para el crecimiento qu esperamos despus, que la tribuna popular los aplauda?

La riqueza del pas la producimos entre todos, lo dice desde la Sofofa hasta la CUT, pero el plusvalor o excedente, que equivale prcticamente a la totalidad de la jornada laboral, se lo quedan unos pocos es que en realidad se lo merecen? Es que acaso la naturaleza humana los premi y en vez de arrancar la manzana del rbol para saciar el hambre, se apropiaron del manzanar y de los hambrientos? Hay que evaluar los impactos, indudablemente. Pero en los periodos de expansin econmica la situacin no mejora sustancialmente para los que pagan el costo de las contracciones. Siempre las consecuencias las absorben los ms pobres a quin queremos engaar?

Esta idea de que las reglas del crecimiento econmico solo son comprensibles por expertos, a los que debemos confianza y obediencia, son los ltimos suspiros de una tecnocracia decadente e ilegtima, que no conoce la pobreza del pas ms que por medio de nmeros y grficos. Mal que mal, as son formados en las escuelas de ingeniera. Aunque ni la exactitud de los nmeros ni los significados que los doten de sentido, resisten los efectos extraargumentativos.

El mito de que somos una comunidad y nos debemos compromiso mutuo resisti la transicin, pero se disuelve en la liquidez que caracteriza este momento. Adems a quin va a convencer una sentencia tan irrisoria de que es un error aumentar el porcentaje de cotizacin en las pensiones con cargo al empleador porque la economa est atravesando por una poca de vacas flacas, o que no se pueden incrementar los salarios porque ello traera desempleo? Solo si partimos del supuesto que las cosas no se pueden hacer de otro modo que no sea este Y quin explica el motivo por el cual las Isapres aumentaron sus utilidades en un 54% respecto a 2015, cuando la economa est en crisis? 2,4% de ganancias y el resto disuelto en beneficios para los usuarios, nos dicen. Pero, aunque as fuera, 2,4% es mucho, es demasiado. Como sea, pensar la realidad social en nmeros es engaoso, es peligroso.

Con justeza cabe la pregunta es que el mercado, aquel lugar que sus apologistas han reivindicado desde lo metalingstico, no puede pensarse a partir de otro horizonte de sentido que no sea el capitalismo? Lo cual implica modificar sus principios, sus reglas y sus procedimientos.

Por eso le lanzan monedas a un ministro. Porque las promesas se cumplen y, cuando no, se desatan las reacciones qu es tan difcil de entender? Es mucho tiempo de circo y matinales. De docu-reality y teleseries cebolla. La vida est cara y las cosas no mejoran. Las ciudades se dividen en dos cada vez con mayor radicalidad. Ese populismo de mercado construido con disimulo por medio de inauditas autopistas no proviene de la izquierda, sino de los lmites antagnicos que traz la dictadura y los gobiernos posteriores se encargaron de remarcar. No haba que tener un lder sino una trinchera urbana que significara progreso. El progreso no lleg y los LCD o los IPhone no subsanan el hacinamiento de las viviendas de 21 mts2 y del transporte pblico, como la tecnologa no reemplaza las reas verdes y las pelculas en HD la disponibilidad de servicios pblicos o la conectividad con el centro urbano.

La acusada irracionalidad e irrespeto de los desaforados tiene sentido. Los medios con que cuentan son escasos qu ms queda que gritar cuando el descontento se acumula? La denigrada chusma inconsciente tambin existe, tambin tiene derecho a existir del modo en que lo decida. Cuestionar las formas es un llamado a qu a exigirles capital cultural? un dilogo adornado por el humo de un cappuccino en Providencia? La virtud del miedo que nos enseaba Hobbes transgredi su primera barrera: la del temor al Prncipe. Pecar sin calcular el castigo de la divinidad.

Es que la elite insiste en interpretar el mundo desde su condicin particular. Crear un diagrama de normalidad poltica tomando como punto de apoyo sus sofisticados rituales y sus lxicos. Eso ya no sirve, menos responsabilizar a la ciudadana (al estilo de Garretn) por no ir a votar, afirmando que sus demandas s fueron canalizadas en un programa de gobierno. La fractura es ms profunda, no es reducible a la gratuidad en la educacin o a la desafeccin entre sociedad civil y partidos polticos. La participacin viste a la mona de seda, pero mona se queda.

Tiene razn Waissbluth en su advertencia. La sistematicidad econmica es un gran cuadro de rompecabezas. Alterar una pieza provoca efectos en el conjunto. Pues que as sea. Y es que en buena hora Chile se est kirchnerizando (aunque a m me gustase que se chavizara o se fidelizara), porque cualquier cosa es mejor ante el riesgo de trumpearse.

http://m.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/04/10/la-elite-nauseabunda/



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