Portada :: Chile :: Libros y Documentos
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2017

Apuntes sobre la lucha de clases en Chile durante la Unidad Popular

Francisco Cornejo Mndez
Revista Nuestra Amrica


La lucha por el poder, antesala al control de los medios de produccin

La clase obrera y el pueblo, y por tanto tambin los revolucionarios, han sufrido una derrota. La responsabilidad de esta derrota, no es del socialismo, ni de los trabajadores, ni de los revolucionarios, sino de la poltica reformista.

Movimiento de Izquierda Revolucionaria, diciembre 1973

El golpe de estado de 1973 fue un hito que transform brutalmente la historia de Chile. Muchos chilenos an se convencen que sta es la fecha en que cay el gobierno de Allende y la Unidad Popular; si bien esto es cierto, el golpe de estado no slo acab con la UP, tambin puso fin a casi un siglo de desarrollo de la organizacin obrera, la conciencia de clase y la construccin del proyecto poltico de los explotados de nuestro pas.

Hasta el da de hoy, la izquierda se encuentra bastante dividida en sus anlisis sobre el fracaso histrico de la UP, y gran parte de ese error radica en la falta de autocrticas de parte de los partidos que la conformaron. Y en su momento, la falta de consenso respecto a temas tan importantes en un proceso revolucionarios tales como la violencia poltica, el rol del Estado, no como ente conciliador de las clases, sino como herramienta de dominacin de una sobre la otra. El desarrollo integral de las fuerzas productivas por sobre los medios de produccin, etc.

Si hacemos un breve anlisis del proceso que llevo al triunfo a la UP, podemos percibir que desde los aos 60 las contradicciones entre las clases sociales se empezaron a acentuar, durante el gobierno del demcrata cristiano Frei Montalva, perodo en el cual, se abri paso al movimiento popular en el mbito institucional, se increment considerablemente la sindicalizacin en el rea industrial y campesina. Muchos de estos ltimos, se fundaron al alero del Partido Demcrata Cristiano como una forma de evitar la presencia socialista y comunista en el campo.

Segn el profesor Juan Carlos Gmez, en el ao 1967 se produce la ruptura del pacto de dominacin, que era el principal soporte del llamado Estado de compromiso desde la dcada de los treinta. El autor reconoce tres acontecimientos que facilitan esta ruptura y que condujeron a una crisis de Estado. En primer trmino, la reforma constitucional de enero de 1967 que termin con la proteccin constitucional del derecho de propiedad privada; en segundo lugar, la promulgacin en abril de ese ao de la Ley N16.625 que permite la sindicalizacin y la organizacin social de los campesinos; y por ltimo en julio la promulgacin de la Ley N 16.640, que impulsa de manera legtima la Reforma Agraria, es decir la distribucin de la propiedad privada entre los no-propietarios. Con estos tres acontecimientos jurdicos el Estado pierde su rol de protector de la propiedad privada, asumiendo una funcin que no le corresponde: la de ampliar los derechos sociales de los ciudadanos

Pero este ao no slo fue el ao de las reformas constitucionales y del desarrollo de los derechos ciudadanos, tambin fue el ao en que los estudiantes universitarios manifestaron activamente sus demandas y la reforma universitaria constituye un poderoso cuestionamiento por parte de los jvenes, quienes adems se sumaron al creciente movimiento de masas y en varios casos a la direccin poltica de los frentes de masas, formando parte activa en los procesos de organizacin popular.

Producto de este crecimiento del movimiento de masas, sumado a una crisis del sistema de dominacin de la clase burguesa, que se manifest en la falta de consenso por parte de la burguesa sobre los caminos a tomar para mantener su control histrico, es que los poderosos de siempre se enfrentan divididos a la campaa presidencial del 70 lo que permite a la UP ganar con el 36% de los votos, mediante la aprobacin del congreso, previa firma de acuerdos de Allende con la DC.

El Poder Popular durante la UP

El proyecto de la Unidad Popular encabezado por Allende fue en esencia bastante confuso, y es bastante complejo para los estudios sociales encasillarlo en alguna definicin ya sea populista, socialista etc. En el discurso y durante sus veinte aos de campaa, tanto Allende como los partidos que la componan se presentaban como el camino indiscutible para la construccin del socialismo a la chilena, que representaba la conquista del poder por la va electoral. Pero en la prctica, se caracteriz por ser un gobierno de colaboracin de clases, que ms all de romper con el orden y la institucionalidad burguesa, se afirm en l y lo legitim frente a las masas.

El programa de la UP posea una vaga referencia al poder popular. Concretamente ste, tendra que pasar por los llamados Comits de la Unidad Popular (CUP), rganos sociales con arraigo en las bases, cuya labor era apoyar la candidatura de Allende y coordinar el trabajo territorial en las fabricas y las poblaciones, lugares simblicos de la clase trabajadora. Se haban organizado unos 15.000 en todo Chile. En la prctica estos comits desaparecieron despus de la eleccin, ya que en palabras de un extinto poltico de la poca no pudimos asignarles ms tareas una vez en el gobierno.

Ya desde 1970 el gobierno intent sellar una alianza con distintas fracciones burguesas (verano de 1971, con empresarios industriales y agrarios; junio 1972, con el partido Demcrata Cristiano; con el gabinete UP-Generales en octubre de 1972 y agosto del 1973; dialogo con el PDC agosto-septiembre 1973). Desde el punto de vista econmico tambin se esforz por llevar a cabo una redistribucin del salario a favor de los ms pobres, provocando el aumento del consumo en vez de aumentar la produccin, lo que prolong la histrica dependencia de importaciones.

A principios de los 70 el MIR vio la necesidad de ampliar no slo sus bases de apoyo, sino tambin profundizar sus lazos con el mundo popular. Esta tarea se hace imprescindible debido al proceso de radicalizacin poltica y social que se increment con el triunfo de la Unidad Popular y que se vena observando desde el gobierno de Eduardo Frei Montalva, y ante la cual era urgente contar con un amplio movimiento de masas que permitiera avanzar en la direccin que se propona el MIR: La revolucin obrero-campesina. As nace a fines de 1970 el Movimiento de Pobladores Revolucionarios (MPR); a comienzos de 1971 el Movimiento de Campesinos Revolucionarios (MCR); y a mediados del mismo ao, el Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR). Este ltimo ser el que tienda las principales relaciones con los Cordones Industriales, la organizacin de masas ms importante que se crear en el contexto de gobierno de la Unidad Popular. Estos frentes de masas nacen con un propsito: que la clase obrera pudiese impulsar por sus propios medios El Programa Socialista, contra la pusilnime actitud del gobierno ante la propiedad privada. Este antagonismo se increment con el fortalecimiento de los Cordones Industriales, los Comandos Comunales, las JAP y todos los embriones de poder de la clase obrera independientes del estado. Si bien estos, nacieron como respuesta a la sedicin y las huelgas patronales, se establecieron posteriormente en importantes centros de control de la produccin y abastecimiento, traspaso de materias primas entre fbricas y grupos de accin directa y defensa en las poblaciones. Estas acciones, sntomas del crecimiento y la radicalizacin del movimiento popular, provocan el pnico de los grandes propietarios. stos, responden con el terrorismo de Patria y Libertad y del Comando Rolando Matus,   quienes asesinan a generales allendistas, provocan actos de sabotaje, destruyen torres de alta tensin, cortan suministro de combustible a centros de servicio de Santiago, Valparaso y Concepcin. La burguesa promueve el terror por la prensa (la cual lamentablemente, nunca fue censurada por el totalitarismo marxista de Allende como algunos an llaman al gobierno de la UP), se alan con el gobierno estadounidense, quienes por medio de la Democracia Cristiana, promueven la huelga de los camioneros en septiembre de 1972, y la huelga de la mina de El Teniente en abril de 1973. Todas estas acciones de las clases sociales en pugna, tarde o temprano tendran que terminar en un enfrentamiento directo, y para esto, era necesario preparar al pueblo para la lucha decisiva, acercar a las capas bajas del ejrcito al pueblo trabajador, fortalecer la toma de fbricas y fundos, fortalecer los cordones industriales, y los comandos comunales. Por el contrario, el gobierno se acerc a los oficiales de alto mando, poniendo a militares en su gabinete ministerial, y en una negociacin con la DC comenz a devolver las fbricas y fundos tomados. Adems, con la ley de control de armas en el ao 72, los militares allanaron las poblaciones y puestos de trabajo para tranquilizar a la burguesa en su temor a la guerra civil, adems de hacer un trabajo de reconocimiento del territorio y la capacidad combativa de la clase obrera en sus puestos de trabajo.

La debilidad y falta de decisin de la cpula del gobierno, fue creando resquemores entre los trabajadores de los Cordones Industriales, quienes se crean preparados para tomar la ofensiva hacia el socialismo. El Partido Comunista, fiel a su poltica de contencin del movimiento social, vio a este naciente poder con resquemores, ya que su presencia podra llegar a debilitar a la CUT y al gobierno. Esta nueva fuerza cre la oposicin entre los dos polos de la izquierda chilena que se expresa en torno a dos consignas, consolidad para avanzar (gobierno, el PC y la CUT) contra avanzar sin tranzar (MIR, PS y MAPU). En este debate se encuentra la oscilacin no resuelta de los representantes de los cordones entre su apego poltico con el gobierno y su voluntad de autonoma e independencia de clase, con el fin de poder superar la va sin salida en la cual el gobierno de la UP se encontraba.

Los sectores que estaban ms a la izquierda de la UP como el PS y MAPU, que participaban activamente en el desarrollo de los cordones industriales rechazaban la idea de que estos se transformaran en rganos de poder dual, por el contrario, sostienen que stos eran parte del gobierno, aunque los porfiados hechos demuestran lo contrario. Hasta el da de hoy muchas de esas facciones niegan que en la UP haya existido este tipo de poder. Pero ante la celebracin de la Asamblea del Pueblo en Concepcin y su propuesta de sustituir al parlamento burgus, Allende opinara: "En otras experiencias histricas ha surgido un doble poder contra el poder institucional reaccionario, sin base social y sumido en la impotencia. Pensar algo semejante en Chile en estos momentos es absurdo, si no crasa ignorancia o irresponsabilidad. Porque aqu hay un solo gobierno, el que presido, y que no es slo el legtimamente constituido sino que, por su definicin y contenido de clase, es un gobierno al servicio de los trabajadores... No tolerar que nada ni nadie atente contra la plenitud del legtimo Gobierno del pas... El Gobierno de la Unidad Popular es el resultado del esfuerzo de los trabajadores, de su unidad y organizacin. Pero tambin de la fortaleza del rgimen institucional vigente... Por eso, es mi deber defender sin fatiga el rgimen institucional democrtico"

La historia del poder popular en Chile durante la UP se puede dividir en tres perodos. El primero va desde la eleccin de Allende hasta la huelga patronal de octubre de 1972: es el concepto de participacin bajo el control estatal, tal cual es planteado por el gobierno, donde se dibujan algunas fricciones entre ste y los trabajadores, que reclaman la extensin del sector nacionalizado (ocupaciones de fbricas, Asamblea de Concepcin, nacimiento del Cordn Industrial Cerrillos). El segundo comienza con la huelga de octubre para terminar en junio de 1973: se caracteriza por un desbordamiento amplio de los partidos de izquierda y la aparicin de organizaciones independientes al gobierno, como los cordones industriales o los comandos comunales. Y finalmente el tercero, que sigue al golpe fallido de junio de 1973 (el llamado tanquetazo): el debate sobre el poder popular est entonces en su apogeo y el conjunto de las fuerzas polticas reconocen el potencial de estos organismos, ya sea para condenarlos abiertamente o para tratar de canalizar su fuerza.

Estos embriones de poder a lo largo de su desarrollo no tienen un crecimiento lineal, se fortalecen a gracias a una mejora significativa es su capacidad de movilizacin, pero tambin tras cada crisis, el gobierno les pide respetar los acuerdos contrados por la UP en 1970, los trabajadores de base critican aspectos de la va pacfica hacia el socialismo articulando sus propias opiniones sobre la naturaleza de clase y las maneras en las cuales el proceso poltico de la UP frecuentemente obstaculizaba y distorsionaba lo que pareca a los trabajadores una solidaridad natural entre ellos.

Desde poco antes de la UP las contradicciones de clase no slo se llevaron en la lucha por el poder, sino que desde cada clase social emanaron diversos proyectos polticos. Finalmente el proyecto que se impuso, no lo hizo por una cuestin de innovacin histrica ‖ , ni por un ingenioso y entretenido contra-ardid ‖ que rompiera con los clsicos medios y mtodos de la lucha poltica. El proyecto poltico triunfante lo hizo porque sigui las leyes de la lucha de clases: logrando acumular fuerza y poder; implementando su proyecto con una brutal y antidemocrtica ‖ dictadura de clase; consiguiendo hegemonizar ideolgicamente a la sociedad; conquistando una gran mayora social en torno a ideas muy simples y directas que se enquistaron hasta hoy en el sentido comn de la sociedad en general y de nuestra clase en particular; y aquilatando una buena lnea de retaguardia que les auxiliara en momentos de desgaste. En definitiva, lograron lo que en el Manifiesto Comunista ya se expona como criterio de una lucha de clases exitosa: la institucionalizacin de la violencia como definicin ltima del proceso de cambio histrico.

Tambin nosotros como explotados queramos transformar y revolucionar la sociedad, pero en la lucha de clases nos presentamos divididos, sin una direccin poltica hegemnica, que adems hizo gala de grandes dotes de indecisin para enfrentar la reaccin violenta y brutal de las clases dominantes. No fuimos capaces de construir mayora en torno a ideas simples y directas. Adems de esta falta de homogeneidad ideolgica, tampoco tuvimos consenso respecto al papel de la violencia y el sentido general del proceso. Quien hace revoluciones a medias, no hace sino cavar su propia tumba.

Si miramos con detenimiento los ltimos 37 aos, podemos ver que el modelo neoliberal ha seguido fortaleciendo su dominacin an en democracia, eso es principalmente por que dicho modelo ha asumido sin tapujos su carcter de clase, y que an desligado de la dictadura militar, sigue expandindose y consolidando, pese a la realizacin de elecciones cada cierto tiempo en un contexto de rpido e importante crecimiento econmico. La fortaleza del modelo neoliberal radica en dos factores:

  1. Se impuso por la fuerza, mientras declara abiertamente su carcter de clase. Con esto rompi las limitantes ideolgicas, morales, polticas e histricas que le ataban.
  2. Fue capaz de lograr un alto grado de hegemona y consenso poltico entre las distintas facciones del capital e, incluso, sobre el resto de las clases sociales.

En fin, los neoliberales chilenos dieron ctedra de leninismo a Chile y el mundo. Aplicaron con magistral pericia los trminos de guerra de clases y triunfaron.

Hoy a 35 aos de aquella derrota, seguimos entrampados en la discusin que nos llev al desastre aplastante del 73. Nos distraemos con eufemismos que son presentados como las grandes innovaciones que reemplazaran a las formas viejas y gastadas de las revoluciones clsicas. Mientras esto ocurre, la clase triunfante sigue incrementando su dominio con las mismas clsicas leyes, viejas y gastadas ‖ para algunos, de la lucha de clases y que nosotros no queremos asumir.

Apuntes sobre el poder y sus interpretaciones

La dualidad de poderes: Como pudimos ver, durante el perodo de la UP los frentes de masas fueron ocupando y expropiando por s solos las fbricas y fundos, construyendo embriones de poder popular independientes del gobierno a lo largo y ancho de todo el pas (cordones industriales, comandos comunales, JAP, etc.). En la teora revolucionaria este proceso es lo que se llama la dualidad de poderes, por un lado, el estado burgus y por otro, la clase obrera organizada. Como es de esperar, una sociedad no puede resistir durante mucho tiempo la presencia de dos poderes en pugna, por lo que la dualidad de poderes no expresa ms que un momento transitorio en el curso de una revolucin.

Para entrar en un anlisis ms profundo sobre esta dualidad, debemos comprender algunas caractersticas elementales de estos dos poderes.

Para la filosofa marxista, el estado, es un producto que nace de la sociedad al llegar a una determinada fase de su desarrollo, en el que el antagonismo de las clases sociales en pugna se hace irreconciliable. Es cuando se hace necesaria la presencia de un poder situado aparentemente por encima de la sociedad, llamado a amortiguar el conflicto y a mantenerlo dentro de los lmites del orden. Este poder es el estado y con el tiempo se fue divorciando de la sociedad y de su origen. Por esto mismo es que el estado desde su nacimiento se encuentra vinculado a las clases sociales. En las fases primeras de la humanidad, bajo el rgimen de la comunidad primitiva, no haba clases y tampoco se conoca el Estado. La direccin de los asuntos pblicos corra a cargo de la sociedad misma.

Luego aparece la propiedad privada y con ella la desigualdad econmica: la sociedad se escinde en clases antagnicas y la direccin de los asuntos pblicos experimenta un cambio radical. Era ya imposible decidir estos asuntos por el acuerdo unnime de toda la sociedad o de su mayora. Las clases explotadoras se apoderan de los puestos de mando. Pero siendo como eran, una reducida minora, estas clases slo podran mantener el sistema que las favoreca recurriendo a la coercin directa, a la fuerza que vena en ayuda de su poder econmico. Para esto haca falta un aparato especial: grupos armados (ejrcito, polica), tribunales, crceles, etc. A la cabeza de este aparato se colocan gentes que interpretan los intereses de la minora explotadora, y no de la sociedad en su conjunto. As se forma el Estado, que es una mquina para mantener la dominacin de una clase sobre otra.

El segundo elemento de esta dualidad de poderes es el llamado poder popular, ste es la mxima expresin del desarrollo de la conciencia de clase de los trabajadores, este naciente poder se caracteriza por ser una dictadura revolucionaria, un poder que se apoya en la conquista revolucionaria. Sus rasgos fundamentales son:

1) La fuente del poder no est en una ley, previamente discutida y aprobada por el parlamento, sino en la iniciativa directa de las masas populares desde abajo y en cada lugar, en la conquista directa del poder.

2) Sustitucin de la polica y del ejrcito, como instituciones apartadas del pueblo y contrapuestas a l, por el armamento directo de todo el pueblo; con este poder guardan el orden pblico los propios obreros y campesinos. El propio pueblo en armas.

3) Los funcionarios y la burocracia son sustituidos por el pueblo o al menos sometidos a un control especial.

En estos trminos se entiende por poder popular a la fuerza que es capaz de desplegar el pueblo en determinados procesos histricos con miras a la toma del poder. Esta fuerza se construye en forma paralela y en contradiccin con el estado burgus, es decir como alternativa a este. Es por ello que una huelga de trabajadores, con el objeto de conseguir un alza de salarios, no sera una expresin de poder popular, ya que no se realiza dicha huelga, por lo menos expresamente, con miras a la toma del poder y, por otro lado, no se construye como poder alternativo al poder burgus ya que la fbrica sigue siendo manejada y de propiedad de los patrones. Es decir, no se cuestiona siquiera el poder burgus, solo se hace una solicitud con miras a un objetivo econmico, que es el alza de los salarios. Por otro lado si en la fbrica, frente a una posible negativa del aumento de salarios, los obreros se toman la fbrica e inician un proceso de produccin y distribucin, esta accin inscrita en un proyecto revolucionario, constituira una expresin de poder popular a nivel local.

Este ejemplo es bastante ilustrativo respecto al rol del control obrero de la produccin en un contexto de dualidad de poderes, este control, como poder alternativo tiene la caracterstica de ser transitorio, y por lo mismo su aspiracin a la toma del poder o su negativa a este va a ser decisivo en el desarrollo de la lucha de clases.

La preparacin histrica de la revolucin conduce en el periodo prerrevolucionario, a una situacin en la cual la clase llamada a implantar el nuevo sistema social, si bien no es an duea del pas, rene de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado. Por lo tanto la mecnica poltica de toda revolucin consiste en el paso del poder de una a otra clase. Si el estado es una herramienta de dominacin de clase y la revolucin la sustitucin de una clase dominante por otra, la necesidad de la dictadura tan caracterstica lo mismo de la revolucin como de la de la contrarrevolucin, se desprende de las condiciones insoportables de la dualidad de poderes.

Al crearse esta nueva dualidad, es cuando los elementos vacilantes y despolitizados de la clase empiezan a tomar participacin real en los asuntos polticos, es preciso que alrededor de este naciente poder se concentren las esperanzas de las capas intermedias descontentas con lo existente pero incapaces de desempear un papel propio en este proceso.

Por lo tanto es primordial la capacidad de organizacin, disciplina y cooptacin de cada uno de los extremos de este, ya que su incorporacin o rechazo por parte de las masas es decisivo en los momentos ms lgidos de la lucha de clases. La dualidad de poderes es la expresin de una crisis general revolucionaria, situacin sta que no puede perdurar: o se define a favor de las clases y grupos sociales ascendentes, interesados en la creacin de un nuevo orden social o lo hace en beneficio de las fuerzas de la contrarrevolucin, y los insurrectos son ahogados en sangre.

Poder y antipoder

Hoy en da, es cuando se nos hace extremadamente necesario comprender desde la izquierda, cual es la relacin que cumple el poder y sus expresiones en la lucha de los explotados. Para esto, es importante revisar una serie de actores sociales y tericos que en su bsqueda por reformular la teora revolucionaria y sacarla de la cinaga a la que la condujo el estalinismo culminaron su argumentacin con una vergonzosa capitulacin terica que en su deceso convirti a la nueva izquierda en un cmulo de profetas que dedican su vida a combatir y satanizar el concepto: poder y con esto convencer a las clases explotadas y a las nacientes organizaciones sociales de la imposibilidad de construir el socialismo.

El signo ms fiable del triunfo ideolgico del capitalismo es la virtual desaparicin del trmino mismo en las ltimas dos o tres dcadas, ya que virtualmente nadie se refiere al capitalismo, a excepcin de unos cuantos marxistas dogmaticos (una especie en peligro de extincin). El trmino simplemente se ha suprimido del vocabulario de los polticos, sindicalistas, escritores y periodistas por no mencionar a los socilogos e historiadores que lo han relegado al olvido. Parafraseando a Bertolt Brecht podemos decir que el capitalismo es un caballero que no desea se lo llame por su nombre.

Esta tendencia que busca renovar los mtodos revolucionarios tiende a esconder la dominacin dndole nuevos nombres a la explotacin, por ejemplo, al capitalismo se le llama neoliberalismo; al imperialismo, se le denomina globalizacin y con estos nuevos conceptos se busca instalar una nueva ciencia revolucionaria que en palabras de Lenin cree que cambindole el nombre a las cosas se cambia el origen de su concepto.

En la intelectualidad de la izquierda moderna (o cabe decir posmoderna) podemos reconocer entre todas sus desviaciones tericas dos aspectos principales que conducen a la arena movediza en que se encuentra el movimiento social de hoy en da:

1/La negativa a toda vanguardia poltica que conduzca los procesos sociales con miras a la emancipacin de los explotados, con la escusa de que la cada del sistema capitalista vendr por si sola sin la necesidad de un grupo de iluminados que sea capaz de crear las condiciones para ello.

2/ En la sociedad contempornea basada en la produccin de riqueza por medio de los servicios y no de la produccin y el auge de los microempresarios, las relaciones sociales tambin han sido modificadas, por lo que la visin binaria de la sociedad como la expresin de la lucha de clases es producto de un sectarismo dogmatico.

Estas conclusiones dignas de un liberal parecen aberrantes si provienen de las filas de la izquierda, tanto de los viejos luchadores como de los nuevos revolucionarios, ya que contradicen en lo ms hondo la tesis marxista, en donde es la historia la que pone las condiciones y el ser humano es quien protagoniza el cambio histrico. La historia como tal, no es un elemento de transformacin, ya que el motor de su desarrollo es y ha sido siempre la lucha de clases. Por eso decimos que una cosa es que a este modo de produccin capitalista an le quede espacio para desenvolverse y, otra muy distinta, es renunciar a la acumulacin de fuerza para un proyecto de cambio histrico radical. Si alguien que use el materialismo histrico como mtodo de anlisis llegase a incurrir falazmente en la conclusin de que mientras al capitalismo le queden fuerzas para crecer no tiene sentido luchar contra l, es porque, en definitiva, pretende acomodarse al alero del proyecto poltico hegemnico de la faccin de turno de la clase burguesa .

La vanguardia, como elemento conductor de las luchas espontaneas del proletariado es una herramienta que se hace absolutamente necesaria hoy en da, y la presencia de una vanguardia slida, como catalizador del movimiento social es lo que diferencia a un simple motn de una revolucin, la historia, es bastante ilustrativa si hablamos de movimientos sociales que no han sabido cuajar su efervescencia en un partido o programa que los lleve a la resolucin de sus conflictos, y estos, en gran parte han terminado cooptados por las campaas de partidos liberales o populistas. Vase por ejemplo, el movimiento en contra de la Guerra de Vietnam, la destitucin del presidente argentino De La Ra en 2001 para abrirle paso a Menem o incluso el descontento social en Chile durante los ochenta que a falta de una vanguardia slida termin entregndole el poder en las manos al Partido Demcrata Cristiano y la concertacin.

La llamada extincin de la lucha de clases o su invisibilizacin, parece una de las formas ms elementales del capitalismo en su lucha por ocultar su condicin de explotacin y la izquierda terica en su retirada, no est ajena a esta ideologizacin. La lucha de clases es una condicin que existe desde antes del auge del capitalismo, es producto de la acumulacin de riquezas e incluso es reconocida por los filsofos de la antigedad cualquier ciudad, incluso las pequeas, esta de hecho dividida en dos, una de los pobres, otra de los ricos; estn en guerra una con la otra (Platn)-. Por lo que parece casi improbable que una condicin social existente desde hace miles de aos pueda ser superada en el corto tiempo que ha transcurrido desde la irrupcin violenta del neoliberalismo. Si la lucha de clases est extinta, entonces bajo qu primicias se explica el aumento global de la masa de asalariados en relacin a la disminucin del nmero de dueos del capital o el hecho de que pese al aumento del total de asalariados, la masa de salarios disminuye frente a la masa de ganancias de un grupo cada vez ms pequeo.

Esto confirma con espectacular dramatismo los estudios realizados por Marx y Engels sobre las leyes de la economa poltica. Si esta lucha no existe Qu sentido tiene para la burguesa sofisticar a niveles impensados sus tcnicas y estrategias de dominacin, sino es con el propsito de engaar y distraer ideolgicamente a los explotados frente a una lucha cada vez ms intensa, ntida y feroz? Si sostenemos que el capital ha recorrido todas las fronteras y se ha agigantado De dnde proviene su crecimiento? O acaso olvidamos que el capital nace y se expande a partir de la explotacin del trabajo?

Profundizando en este anlisis llegamos a la nueva tendencia llamada el anti-poder, que conforma un entramado social, en donde las relaciones de poder son un doloroso recuerdo del pasado, para estos nuevos actores sociales, el poder es una herramienta de un origen casi diablico, el cual no debe ser conquistado ni construido debido a que contamina a todo aquel que lo toca con sus manos. Los movimientos y los agentes sociales que en el pasado intentaron transformar a la sociedad a partir de la toma del poder y la utilizacin de los recursos que ste brindaba para dar a luz una nueva sociedad fracasaron completamente.

Directamente, los marxistas no estamos diciendo que el hecho de disolver las relaciones de poder debe ser descartado, ya que ese es el fin mximo del comunismo, la sociedad sin clases. Lo que planteo es que se peca de iluso al creer que ese objetivo pueda llevarse a cabo sin pasar previamente por un turbulento proceso de transicin, en el que la burguesa librar una batalla desesperada, tal como se ha visto y se sigue viendo siempre que los pobres se levantan contra el orden establecido. Y mientras exista la sociedad capitalista, esta no va a pasar a la historia gracias a un elevado desarrollo de la cultura de las masas (aunque es parte importante en la construccin del proceso revolucionario) ni por los nobles ideales colectivistas sino por el resultado de encarnizadas luchas sociales.

Ms all de los romnticos deseos de los revolucionarios que suean con construir una nueva sociedad sin partido, apoltica, y que en el fondo de su programa de lucha no est incluido la toma del poder por los explotados, esta demonizacin del estado y del poder central, es un argumento que est ms cerca de la derecha liberal que de la izquierda revolucionaria. Ya que ambas, tienen una concepcin instrumentalista del poder: ste es concebido como un punto de llegada, un objeto que hay que alcanzar y, a la vez, un seguro instrumento de gestin de lo social. Lo que el pragmatismo de la derecha defiende a ultranza es objeto de crtica radical por parte de la escuela de la derivacin, pero en ambos casos estamos en presencia de un equvoco porque el poder no es una cosa, o un instrumento que puede empuarse con la mano derecha o con la izquierda, sino una construccin social que, en ciertas ocasiones, se cristaliza en lo que Gramsci llamaba las superestructuras complejas de la sociedad capitalista. Una de tales cristalizaciones institucionales es el estado y su gobierno, pero la cristalizacin remite, como la punta de un iceberg, a una construccin subyacente que la sostiene y le otorga un sentido. Es sta quien, en una coyuntura determinada, establece una nueva correlacin de fuerzas que luego se expresa en el plano del estado.

Es importante destacar que Lenin subray la importancia de distinguir entre (a) la toma del poder como acto poltico en que las clases explotadas se convierten en clase dominante por medio del control del estado y (b) la concrecin de la revolucin que es una empresa fundamentalmente civilizatoria en donde esta nueva correlacin de fuerza es ratificada por el control que los agentes de cambio ejercen sobre el estado, la produccin y el orden legal. Por lo que la toma del poder es slo un medio (pero indispensable) para el lanzamiento del proceso revolucionario.

Tambin se debe entender que no se construye un mundo nuevo si antes no se derrotan poderosos enemigos, la nueva izquierda argumenta que las fuerzas transformadoras no pueden adoptar primero mtodos capitalistas (luchar por el poder) para luego ir en el sentido contrario (disolver el poder). Nos parece que la lucha por el poder, sobre todo si la situamos en el terreno ms prosaico de la poltica y no en el de las abstracciones filosficas, mal podra ser concebida como un mtodo capitalista. En realidad, el poder y la lucha que se origina en relacin a l es tan antiguo como el gnero humano, y antecede en miles de aos a la aparicin del capital. Suponer que la lucha por el poder es una derivacin poltica del reinado del capital equivale a arrojar por la borda toda la historia de la humanidad.

A modo de conclusin.

 Tal como fue analizado anteriormente, el proceso prerrevolucionario de la Unidad Popular, se caracteriz por tener un gobierno dbil que mantuvo una poltica de conciliacin de clases; y una clase obrera que a pesar de su radicalidad y fuerza organizativa, se mantuvo fiel a este mientras esperaba atentamente el momento de tomar el cielo por asalto. Esta poltica vacilante, que no niego fue producto de las ms nobles intenciones tanto de allende como de la UP, fue la que tir por la borda el proyecto histrico de la clase obrera, y ha replegado a las masas por casi 40 aos.

Este repliegue tiene que ver directamente con el fracaso del proyecto popular, y de la imposicin violenta del modelo capitalista en su expresin ms brutal, la dictadura de clases que desemboc en el neoliberalismo. Aunque no est fuera de lugar buscar las condiciones del fracaso en la gran asonada con que la burguesa golpe a la clase obrera, es un infantilismo caprichoso no asumir que la derrota fue en gran parte por la falta de consenso en el papel que juega poder y la violencia y de su uso indiscriminado para imponer un proyecto de clase, y hoy, el lamento de los pobres sigue sonando de manera silenciosa, confundidos y despolitizados por estas nuevas formas de construir el proceso revolucionario que muchos tericos que se dicen marxistas o por lo menos crticos, comparten en las salas de clases de las universidades y se promueven descaradamente entre los actores y dirigentes sociales. En cierto sentido, sus desviaciones reformistas son producto de hacer anlisis social desde el bando que fracas en la lucha de clases, y este fracaso ms all de llenarnos de experiencia poltica para futuras acciones ha servido para desmotivar a las masas en su quehacer. Tambin cabe destacar que la histrica derrota de la clase obrera en Chile fue de carcter militar y poltica no una derrota histrica que suponga el triunfo permanente del capital sobre los asalariados. Pero esto no debe ser escusa para capitular, ms an, el aumento significativo de la explotacin, la desmovilizacin social, el saqueo de nuestros recursos y la acumulacin del capital, confirma an ms la existencia y vigencia de la lucha de clases, invisibilizada para algunos, anticuada para otros, pero que en el marco de un anlisis real y desideologizado de las desigualdades existentes se siguen fortaleciendo las diferencias entre explotados y explotadores.

Hoy el movimiento popular sigue empecinado en construir organizaciones apolticas, que generen identidad de clase pero sin un proyecto de clase, la izquierda construye cultura mientras le deja el control poltico a la burguesa, levanta consignas de poder popular y organizacin, pero no levanta partidos que disputen los espacios de poder dentro o contra el Estado. Y estos se siguen llenando de polticos profesionales de la clase burguesa que poco o nada saben de las necesidades de los trabajadores ni les interesa. Pero a pesar de esto, y de manera casi inconsciente es que todos estos actores, que asumen un discurso anti-poder, a la hora de luchar elevan sus reivindicaciones al estado y lo reconocen como una fuerza poltica y econmica capaz de entregar a su voluntad las respuestas necesarias.

Por esto, quisiera hacer hincapi en la importancia del poder y su conquista por parte de la clase explotada, como columna vertebral del proceso de liberacin, ya que mientras la izquierda moderna y renovada sigue entrampada en estriles debates tericos de rechazo a ste, y buscando formas nuevas que reemplacen las aejas metodologas revolucionarias; la burguesa como clase dominante, sigue fortalecindose, acumulando capital y acrecentando el poder del que ya dispone, multiplicando sus mtodos de vigilancia contra la subversin, encadenndonos al trabajo indigno por medio de la deuda, ideologizando e idiotizando a las masas con el control de los medios de comunicacin, despolitizando a los activistas, imponiendo su proyecto de clase de manera casi silenciosa, saqueando los recursos naturales y pauperizando cada vez ms a los asalariados y todo esto lo hace de la misma manera anticuada que algunos critican.

Nosotros, la izquierda revolucionaria debemos seguir avanzando por todos los medios a la conquista del poder, fortaleciendo las vanguardias polticas, las organizaciones sociales de base y preparando a la clase obrera para la batalla final por el control de la plusvala y los medios de produccin, porque slo de esta forma podremos salir del pantano en el que nos hallamos sumergidos desde hace casi 40 aos y que los apstoles de la nueva izquierda no quieren asumir por miedo a encontrar en ellos las causas de su derrota. Pero ms all de temer al pasado y reinventarlo con formas nuevas y conceptos pomposos que se asemejan ms a la poesa que a la estrategia revolucionaria, debemos reconstruir el movimiento social, pero esta vez con ms decisin y empuje, evitando las dispersiones tericas respecto al rol de la violencia y el poder. Ya que el fracaso histrico de los movimientos revolucionarios del siglo XX no se debe precisamente a falta de fuerzas polticas y sociales en el seno de la clase obrera sino a desviaciones tericas que nos mantuvieron divididos a la hora de luchar para conseguir los anhelos de justicia y libertad que tanta sangre le ha costado a nuestra clase.

Una vez un facho empresario me dijo: En Chile hubo lucha de clases y ganamos nosotros.

http://nuestra-america.org/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter