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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2017

La agricultura campesina e indgena como una transicin hacia el bien comn de la humanidad: el caso del Ecuador

Franois Houtart
Rebelin

Texto presentado en el seminario del IAEN sobre El Bien Comn de la Humanidad, con Frei Betto y Antonio Salamanca, el 23 de marzo 2017.


El nuevo paradigma incluye los cuatro ejes de toda forma de vida colectiva: la relacin con la naturaleza; la produccin de la base material de la vida (fsica, cultural, espiritual); la organizacin social y poltica, y la interculturalidad.

El Bien Comn de la Humanidad como paradigma post-capitalista puede parecer un concepto utpico, una discusin abstracta de tipo neo-hegeliano o peor, una ilusin que solamente puede conducir al fracaso. Pienso que no, por dos razones. Primero, porque es una expresin de las luchas sociales existentes en el mundo entero: es necesario encontrar el vnculo que las une, sin perder la especificidad de cada una. Cada movimiento, en su lugar, contribuye a la lucha de conjunto, la bsqueda del Bien Comn de la Humanidad. En segundo lugar, porque se trata de un combate contra el capitalismo, es decir, una relacin social que somete a los seres humanos y la naturaleza a la lgica de la acumulacin. Son otras relaciones sociales que se deben construir, otra organizacin colectiva, otra cultura.

Tal vez, el concepto revela un pensamiento demasiado occidental y referencias mayores a las luchas sociales de clases del centro del capitalismo industrial. Por eso, debemos hablar con los pueblos andinos de Sumak Kawsay, aadir con los budistas la nocin de compasin o, con los taostas, de armona. La pluriculturalidad se aplica tambin aqu y lo importante es el contenido, ms que la expresin: un paradigma de vida, frente a la destruccin de la Madre Tierra y de la humanidad.

En funcin de su aspecto holstico (de conjunto), el nuevo paradigma incluye en su aplicacin concreta los cuatro ejes de la vida colectiva: la relacin con la naturaleza; la produccin de la base material de la vida -fsica, cultural, espiritual-; la organizacin social y poltica, y la interculturalidad.

I. Necesidad de transiciones

Como no se puede realizar un cambio instantneo, un pasaje inmediato a un eco-socialismo, al buen vivir, al Bien Comn de la Humanidad, debemos pensar en las transiciones. En el caso del post-capitalismo, no se trata solamente de un proceso interno, como Carlos Marx lo estudi a propsito del pasaje entre el feudalismo y el capitalismo: este ltimo naci de las entraas mismas del primero. Ahora, estamos frente a un proceso de transiciones voluntarias, que exige iniciativas sociales y polticas en relacin con la realidad concreta, es decir revoluciones, con todos los matices que permiten evitar tanto el voluntarismo, como la recuperacin conservadora del concepto. Transicin significa entonces, un paso hacia el nuevo paradigma post-capitalista y no una adaptacin del capitalismo a nuevas demandas, ambientales o sociales: un capitalismo verde, un capitalismo social, un capitalismo moderno.

La agricultura campesina puede ser uno de estos lugares, donde una transicin es posible, pero no sin condiciones. No se trata, como en el caso europeo o norteamericano, de crear capitalistas de poca monta o pequeos productores totalmente integrados en la cadena del capitalismo, hoy en da financiero, desde los insumos hasta la comercializacin.

En la situacin actual, eso significa una lucha social para defender o reconquistar espacios (territorios) en contra del modelo de agronegocio; organizar un acceso adecuado a la tierra y al agua; guardar el control de las semillas campesinas; resistir contra la introduccin masiva de los productos qumicos y de los transgnicos; eliminar los intermediarios abusivos y los contratos de dependencia con empresas del capitalismo agrario; crear circuitos cortos de comercializacin; reorganizar una sociedad rural multisectorial; luchar contra el vaco cultural, provocado por la supresin de las escuelas comunitarias, la prdida de las celebraciones locales, la ausencia de equipamientos, construir altenativas a la migracin de jvenes y la feminizacin de la pequea produccin. En todo eso, un gobierno puede crear condiciones favorables a las diversas formas de agricultura campesina, apoyando las luchas, pero puede tambin contribuir a su desaparicin progresiva, bajo el pretexto que ella es un desastre productivo y que se debe favorecer una agricultura moderna.

II. La referencia al Ecuador

1. La situacin de la Agricultura Campesina Familiar e Indgena (ACFI)

Desde el tiempo que se habla de modernizar la sociedad en el Ecuador, es decir ms o menos desde hace 45 aos y la entrada en la era del petrleo, la agricultura no fue una prioridad. Para medir su importancia relativa, basta estudiar los presupuestos nacionales. En 2016, el Ministerio de Agricultura, Ganadera, Acuacultura y Pesca (MAGAP) tena un presupuesto de 193 millones de dlares, al cual se puede aadir otros puestos del presupuesto nacional en relacin con el campo [1], lo que llega a una suma de 349 millones, sobre un total de 29.835 millones de dlares del Presupuesto General del Estado, es decir 1,17 %. (0,64 % para el MAGAP).

Podemos hacer otras comparaciones -con algunos otros puestos: Justicia, 438 millones; Ministerio de Transporte y Obras Pblicas: 603.001; Servicio de Construccin de Obras (SECOB): 769.549; Polica: 1.111 millones; Energa: 1.194 millones; Defensa: 1.414 millones. Adems, dentro del presupuesto del MAGAP, una parte minoritaria del presupuesto est consagrado a la ACFI. En 2010, solamente el 3,5 % era gastado para Reforma agraria y titularizacin.

Otro indicador es la tasa de pobreza. Segn el Reporte de Pobreza por Ingresos de Marzo 2015, del INEC, la pobreza en el pas ha disminuido hacia el 24,12 % en 2015. Es un fenmeno que hemos conocido en el conjunto de Amrica Latina tanto en los pases progresistas como en los liberales, con una filosofa diferente: mejorar las bases del mercado para los ltimos y la dignidad humana para los primeros. As, Colombia est al 29%. (El Comercio, 23.03.17).

La pobreza rural en Ecuador, siempre segn el INEC, ha pasado entre 2007 y 2015, del 61,34 % al 43,35 %, es decir una disminucin de 17,99 puntos. La extrema pobreza pas del 33,34 % al 19,74 %, manifestando una diferencia de 13,60 puntos (un poco ms que un tercio en 8 aos). Son resultados apreciables. Sin embargo, con la crisis, existe una tendencia a la estabilizacin de las proporciones, sino a un nuevo aumento de la pobreza, sin embargo no medible de manera significativa por las estadsticas de 2015. La disminucin de la pobreza est atribuida por el INEC, en mayor parte al aumento de actividades no-agrcolas y en segundo lugar a los bonos humanitarios. Una poltica de apoyo a la ACFI habra podido mejorar la situacin de manera ms general y ms rpida, como un tercer elemento de cambio.

En concreto eso significa que en 2014, segn el INEC, 2.53 millones de personas del campo vivan en la pobreza, con un ingreso promedio (calculado en 2015) de un poco ms de 82 dlares por mes. Dentro de este total, casi la mitad, es decir ms de un milln de personas, vivan en la extrema pobreza, con 46 dlares por mes. Para la consciencia nacional, es un estado de catstrofe . Por eso debemos preguntarnos, primero porque la ACFI es un fracaso productivo y, segundo si su promocin puede ser un elemento de un paradigma post-capitalista

2. Por qu es la Agricultura Campesina Familiar e Indgena un desastre productivo?

La primera respuesta es que se trata de un modelo arcaico, del pasado y que por eso debe ser remplazado por una agricultura moderna, empresarial, industrial, productiva. Sin embargo, el 21 de febrero de 2017, la FAO afirm una vez ms, que la agricultura campesina era una solucin de futuro, ms productiva a largo plazo, y menos destructiva del ambiente natural [2].

De hecho, existe otra manera de concebir una respuesta: estudiar la situacin real del sector en la sociedad e intentar entender el impacto que eso tiene sobre su productividad. Hay muchos factores que intervienen en el asunto. En primer lugar viene la desigualdad de la posesin de tierras y el nivel de concentracin. Damos cifras nacionales, recordando, sin embargo, que las tres regiones: costa, sierra y Amazona, tienen cada una sus especificaciones.

Esteban Daza recuerda las cifras del INEC en 2012: El 75,5 % de las familias campesinas tienen propiedades de menos de 10 has, lo que representa el 11,8 % de las tierras del pas. El 18,1 % de las familias en el campo, tienen tierra entre 10 y 50 has y representan el 27,4 % de la tierra para producir. Solo el 6,4 % de las familias tienen propiedades de ms de 50 has que representan ms del 60,7 % de la tierra cultivable en el pas. (Esteban Daza, 2016, 5). El ndice de Gini aplicado a la propiedad y que mide el grado de desigualdad (0 igual poca desigualdad y 1, mucha), se ubicaba en 0,80 en 2000 (ao del ltimo censo), el Ecuador siendo el segundo pas ms desigual del continente. En este panorama, la proporcin de minifundios (menos de medio ha.) representaba 165.000 familias, una verdadera zona de pobreza (Franois Houtart y Michel Laforge, 2016, 23-24).

El peso econmico, social y poltico del sector de grandes propiedades y de capitales en la sociedad ecuatoriana es evidente y tiene incidencias importantes sobre las decisiones colectivas. Es un factor de freno a cualquier reforma agraria y como se ubican en mayor parte en cultivos de exportacin, constituyen un elemento clave en la balanza de pagos y en los ingresos del Estado. Es probable que en los ltimos tiempos, la concentracin de tierras aument, pero no se puede asegurar de manera precisa, por falta de un censo agrario. Por otra parte, la triste realidad de los minifundios de autoconsumo, indica claramente que no basta distribuir tierras para resolver el problema.

El acceso a la tierra es sin embargo un primer elemento. En la historia, fue una dificultad mayor, que influyo tambin la cultura campesina, a menudo de auto-flagelacin e inferioridad. Los indgenas en particular, fueron concentrados en tierras de segunda calidad, especialmente en zonas montaosas. An hoy en da, la situacin no parece mejorar. La Ley de Tierras Rurales y de Territorios ancestrales de 2016, que intento mejorar la suerte de los pequeos agricultores y fue saludada en la Asamblea Nacional como la base de una reforma agraria, tiene a la vez contradicciones internas y una aplicabilidad muy relativa. Una de las contradicciones es la venta a precio del mercado a los pequeos campesinos, de las tierras recuperadas por el Estado quien tambin paga el precio del mercado (muy pocas con la reglamentacin actual). Eso obliga los campesinos a recurrir a prstamos o subsidios. Fue el caso en Corea del Sud y 25 aos despus de este tipo de reforma agraria, cada da, tres o cuatro campesinos se suicidan por imposibilidad de pagar sus deudas.

Por otra parte, la puesta en un mismo nivel de la ACFI y los monocultivos de exportacin significa una ignorancia del peso relativo de cada uno de los sectores en la sociedad ecuatoriana. De verdad, muchas limitaciones objetivas a los monocultivos son previstas en la ley, pero quien va ha llevar a juicio estas empresas que no respetan la ley, ni a menudo la legislacin sobre el medio ambiente y el cdigo laboral, pero que entran tan felizmente en la filosofa de la nueva matriz productiva? Lo mismo para el apoyo a la ACFI que corre el riesgo de quedarse solo como planteamientos declarativos. Es por eso que, a pesar de las intenciones, podemos pensar que un da estas leyes podran ser presentadas para un premio Nobel, pero de literatura.

Otro problema es el recurso del agua. El principio constitucional es la no privatizacin del agua, lo que es fundamental. En lo concreto, se suprimi la regulacin tradicional del agua en ms de 1000 sistemas existentes, para burocratizar el sector y no se ve muchas medidas para aplicar la ley en casos de acaparamiento del agua por grandes empresas en detrimento de las comunidades vecinas o de pequeos agricultores. Los trabajos de riego realizados en la dcada ganada del Gobierno de Alianza Pas han sido eficaces y sirvieron a mitigar los efectos del cambio climtico, pero no cambiaron las desigualdades de acceso. El 51 % de los grandes propietarios tienen acceso al riego, frente al 21 % de los pequeos (Franois Houtart y Michel Laforge, 2016, 26-27).

Si abordamos la cuestin del crdito, sabemos lo difcil que es para los pequeos campesinos acceder al sistema financiero. No solamente intermediarios abusivos absorben una parte importante de la ganancia, sino que los organismos creados para ayudarlos funcionaron con normas muy complicadas (Banco del Fomento, por ejemplo). La garanta que pueden dar los grandes productores es evidentemente mayor. Para dar solamente un ejemplo, El Fondo Nacional de Tierra entreg en el ao 2010, el 89 % de sus recursos a la agroindustria y el 11 % a los pequeos productores (Esteban Daza, 2016, 25, citando Diego Carrin, 2012).

De verdad, las actividades del campo no se limitan a la agricultura. Lo hemos notado a propsito de la disminucin de la pobreza. Es un factor universal, que hemos observado por ejemplo en el estudio de una Comuna rural del delta del Rio Rojo en el Vietnam, donde la mayora de las actividades eran no-agrcolas, desde por lo menos el principio de los aos 1980 (Franois Houtart, 2004, 207-217). Luciano Martnez seala esta situacin desde hace muchos aos en el Ecuador: nuevos empleos en el comercio, servicios, sector pblico, iniciativas locales, aumento de mercados locales, acceso a caminos, educacin, etc. (Luciano Martnez, 2009,21). El Censo de 2000 revela que el 39,9 % de la poblacin rural realizaba actividades no-agrcolas, perteneciendo al empleo rural no-agrcola (ERNA).

Puede ser un factor de descampezinacin, como lo indica David Ayora Len a propsito de los jvenes (2016). Se aade el fenmeno de constitucin de productores agrcolas segn el concepto de Luciano Martnez. Todo eso indica una dinmica interna de la realidad social rural, tal vez de manera ms intensiva alrededor de las ciudades, que ofrece posibilidades para el futuro. Sin embargo, la agricultura familiar, campesina e indgena, no ha recibido los incentivos que habrn permitido a este sector participar de manera positiva a un mejoramiento general.

Al contrario, el resultado de estas situaciones acumuladas en zonas de prevalencia de AFCI, es un vaco social y cultural siempre ms grande de una parte importante de la sociedad rural. Muchos hombres buscan trabajo en las ciudades, dejando las mini-propiedades en manos de los mayores y de las mujeres (un tercio segn estimaciones) a menudo con trabajo de nios y la educacin pre-escolar en carga de las abuelitas muy limitadas culturalmente (Marta Rodrguez Cruz, 2017, 283). En su encuesta realizada en la provincia de Azuay, David Ayora revelo que el 77% de los jvenes rurales de la parroquia estudiada, no optaran para una actividad agropecuaria, an si mejoraran las condiciones de vida en el campo (David Ayora Len, 2016, 90).

Por otra parte, el plan de cerrar 18.000 escuelas comunitarias (nombradas de la pobreza) en favor de las escuelas del milenio (al principio de 2017: 71 construidas, 52 en construccin y para el fin de 2017, 200 en funcionamiento) (Marta Rodrguez Cruz, 2017, 199) acenta el problema. Sin duda estos establecimientos son bien equipados, con maestros competentes, pero dentro de una filosofa en ruptura con la vida tradicional y con una apertura a una modernidad hoy en da puesta en duda por sus consecuencias sociales y ambientales. No responden tampoco fcilmente al principio constitucional de la educacin bilinge. Adems, el sistema de transporte en varios casos no ha podido corresponder a las necesidades y obliga alumnos a caminar horas por senderos en mal estado, provocando tambin una tasa elevada de absentismo (Ibdem, 246). Al contrario, en Cuba, se eligi el mejoramiento de las escuelas rurales con un maestro por varios grados, con un xito comparable a los resultados de las escuelas urbanas y gastos mucho menores (Granma Internacional, 2017).

En el marco cultural se debe sealar tambin la dificultad en estas circunstancias de mantener una espiritualidad indgena orientada al respeto de la madre tierra y a la armona social y personal. Se aade finalmente la reaccin, en las Iglesias cristianas y en particular la Iglesia Catlica, contra la teologa de la Liberacin y la pastoral indgena, que se manifiesto por la invisibilidad de la obra de Monseor Proao.

Fuera de las estadsticas, basta viajar en las zonas rurales del pas, para constatar el aislamiento de las comunidades indgenas del Caar; las condiciones de las viviendas de los campesinos del norte de la Provincia del Oro; la lucha por el agua de comunidades del Chimborazo para la conservacin de los pramos; el estado miserable de los caminos y senderos vecinales que obligan los pequeos campesinos a levantarse muy en la madrugada para ir a vender sus productos. Las condiciones de vida de estas zonas rurales son muy a menudo inhumanas.

Todo eso muestra la marginalizacin de la ACFI en el Ecuador, no por el simple efecto de la naturaleza, sino por la construccin social que la reduce en un apndice destinado a la desaparicin y que por razones humanitarias se trata con bonos de tipo asistencialista. El Ecuador no se encuentra solo en el caso. Es casi universal. La cuestin es de saber si la agricultura campesina familiar e campesina puede ser un elemento de un nuevo paradigma. Pero antes examinaremos el estado de la agricultura industrial, de hecho en competencia con la ACFI.

3. La promocin del modelo agro-empresarial y agro-exportador

En el mundo entero, se trata de una nueva frontera para el capitalismo (agrario y financiero), con versiones nacionales e internacionales. Segn el Horizonte de Desarrollo hacia 2025, en el Ecuador, este sector aportar 15.000 millones de dlares a la economa nacional, creara 250.000 empleos y significar una contribucin de 10.000 millones al balance comercial del pas. Hay diversas ramas: bananos, azcar, palma africana, flores, brcolis. En su campaa electoral de 2017, el vice-presidente Jorge Glass insisti mucho sobre este aspecto: la productividad del sector, su contribucin a la riqueza del pas, la extensin de la produccin de agro-combustibles, la necesidad de atraer el capital extranjero, sin ninguna referencia a los costos ecolgicos, a los territorios ancestrales, al tipo de empleos que se crean, ni al poder econmico del sector en la economa del pas.

La frontera agrcola se extiende con la deforestacin: entre 2000 y 2010, 618.000 has (Atlas, 2011,3), an si la proporcin anual ha disminuido. Hay considerables daos al paisaje (los plsticos de las flores, por ejemplo). Hay una tendencia que se reafirma hacia privilegiar los transgnicos: en septiembre 2012, el presidente afirm: El uso de semillas transgnicas mejorara notablemente la produccin del campo (Esteban Daza, 2016,21). El capital extranjero se introduce: entre 2000 y 2008, el aporte fue de 49 % para las empresas de exportaciones (Franck Brassel et al, 2011, 29).

La caracterstica de esta poltica de capitalismo agrario no es solamente la concentracin de las tierras o el control de los circuitos de insumo y de comercializacin, sino la ignorancia de las externalidades, es decir los daos ambientales y sociales, no pagados por el capital, sino por la madre tierra, las comunidades y los individuos. As, por el primer aspecto se puede sealar la perdida de la biodiversidad, la erosin de los suelos, la contaminacin de las aguas, la produccin de gases invernaderos: CO2 y metano. La simple contabilizacin de estos gastos reales cambiara totalmente la estructura de los precios de estos bienes. A propsito de las flores, un productor orgnico holands retirado, que visit varias empresas ecuatorianas en 2015, afirmo que si los europeos saban en qu condiciones las flores estaban producidas, no compraran ni una rosa.

Las consecuencias sociales y culturales no son menos nocivas. Las enfermedades de la piel, de los pulmones, los canceres son elevadas con la utilizacin masiva de productos qumicos. Con la visita del papa en el Ecuador, en 2015, se utilizaron ms de 90.000 rosas, pero al mismo tiempo estaba en la Fundacin Pueblo Indio del Ecuador en Quito, una pareja indgena. La mujer, de 40 aos, con 4 hijos, padeca de leucemia y esperaba una cita al hospital pblico. Haba trabajado durante 10 aos en la industria de las flores. Pura coincidencia o precio humano de las rosas.

A pesar de todo, el Ecuador ha podido conservar un grado elevado de soberana alimentaria, concepto diferente de seguridad alimentaria, porque supone que el pas produce lo que consume. Sin embargo existen seales de perdida de la primera, a causa de la extensin del sector de los monocultivos. En 2000, segn el censo agrario, la ACFI produca el 60 % de la alimentacin del pas.

Los derechos de los trabajadores, an establecidos en la ley , son frecuentemente violados (Franck Brassel y al., 2011, 42): empleos temporales, horas extras no pagadas, prohibicin de sindicatos. La sindicalizacin por ramas est prohibida en el pas y las ltimas leyes laborales favorecen la flexibilizacin del trabajo. El discurso macro-econmico es predominante orientado hacia la produccin e ignora los factores estructurales de la desigualdad de productividad (Ibdem).

Para terminar, vale la pena citar el estudio hecho en 2013 sobre la produccin de brcoli en la regin de Pujil, en la provincia de Cotopaxi (Franois Houtart y Maria Rosa, 2013). El 97% de la produccin de brcoli se exporta hacia pases en mayor parte capaces de producir brcoli (EEUU, EU, Japn), en funcin de ventajas comparativos (bajos salarios, leyes ambientales menos exigentes). La empresa productiva acapara el agua, que no basta ms para las comunidades vecinas; bombardea las nubes para evitar que los chaparrones caigan sobre el brcoli, sino en los alrededores. Se utilizan productos qumicos, an a menos de 200 metros de las habitaciones como lo exige la ley. Las aguas contaminadas corren en los ros. La salud de los trabajadores est afectada (piel, pulmones, cnceres). Los contratos se hacen en parte a la semana, con un capataz que recibe el 1 % de los salarios, lo que permite eludir el seguro social. Las horas extras no son pagadas a menudo. La empresa de procesamiento del brcoli para la exportacin, trabaja 24 horas en tres turnos. No era excepcional que los trabajadores sean obligados a hacer dos turnos seguidos. El sindicato est prohibido. Adems las dos empresas, hoy en da fusionadas, tenan sus capitales, la una en Panam y la otra en las Antillas holandeses.

Como autores, nos hemos preguntado en nuestro informe, si era posible construir el socialismo del siglo XXI con el capitalismo del siglo XIX. Seis meses despus, el vice-presidente que haba recibido el informe, visit la empresa y declaro que ella era un modelo de la nueva matriz productiva. Una vez ms en la historia, es el campo y sus trabajadores los que pagan el precio de la modernizacin. Fue el caso del capitalismo europeo en el siglo XIX, de la Unin Sovitica en los aos 20 del siglo XX, de China, despus de la Revolucin comunista.

Evidentemente, uno se pregunta si haba una alternativa posible. El Estado ecuatoriano necesita medios para financiar sus polticas sociales. El petrleo baj de precio. La minera no ha tenido todava un lugar equivalente y se encuentra frente a problemas sociales y conflictos serios con comunidades indgenas. Incluir las externalidades en el precio de los productos exportados significara la perdida de toda competitividad.

Estas polticas son tambin a corto plazo. No tienen en cuenta los cambios naturales y sus efectos a largo plazo, la soberana alimentaria, los derechos de los trabajadores, el origen de la pobreza rural. Se acenta un modelo agro-exportador presentado como una meta, sin indicar las consecuencias. Algunas alternativas son posibles: reorganizar las condiciones de la ACFI, con una produccin orgnica asegurando la soberana alimentaria; garantizar los derechos de los trabajadores de los monocultivos, reduciendo el margen de arbitrariedad de los dueos de la tierra; reconocer de verdad los derechos de la naturaleza; implementar la integracin latino-americana para imponer medidas comunes en materias de proteccin de la naturaleza, de parasos fiscales y de resistencia a los monopolios trasnacionales; llevar luchas ms radicales en las instancias mundiales con objetivos similares. Un pequeo pas no puede actuar eficazmente solo, pero puede ser protagonista. Lo que podemos afirmar desde una perspectiva del sector agrario, puede ser aplicado a varios otros sectores tambin.

4. El debilitamiento de los movimientos sociales campesinos e indgenas

Los movimientos sociales campesinos e indgenas, portadores de la lucha del mundo rural en sus varios componentes, han pasado por periodos particularmente difciles. Haban tenido un protagonismo poltico muy importante en los aos 90, en particular el movimiento indgena, pero sufrieron despus dos fenmenos que contribuyeron a su debilitamiento. El primero fue la cooptacin por el poder poltico en funcin de ventajas inmediatas: regalas petroleras y mineras, cooperacin para el desarrollo y proyectos provinciales y parroquiales. El segundo, la absorcin por la poltica electoral a corto plazo. Los dos factores llevaron a la divisin de las bases populares y a la dificultad de concentrarse sobre el largo plazo de la lucha de los pueblos indgenas como pueblos y de los campesinos como clase. Por una parte, en las polticas post-neoliberales, hubo un deseo de modernizar el campo, pero sin tomar suficientemente una distancia frente al carcter capitalista de este proyecto y por otra parte, los objetivos fundamentales de las luchas sociales no fueron totalmente ignorados, sino sometidos a preocupaciones secundarias que los absorbieron e impidieron acciones comunes.

Estos factores contribuyeron a la marginalizacin de la ACFI en el Ecuador, hasta el punto que se puede hablar para el sector, de una dcada perdida, a pesar de los esfuerzos de algunos sectores del MAGAP, de ONGs, de movimientos y de grupos locales.

III. Puede la Agricultura Campesina Familiar e Indgena contribuir a elaborar un paradigma post-capitalista?

1. Condiciones generales

Desde el punto de vista del Bien Comn de la Humanidad como paradigma nuevo, los cuatro ejes de cambio concreto encuentran en la ACFI aplicaciones interesantes. La relacin con la naturaleza se caracteriza por el respeto de su capacidad de regeneracin, va cultivos orgnicos (agroecologa) y biodiversidad. La produccin de la base material de la vida en el sector especifico de la agricultura, privilegia el valor de uso sobre el valor de cambio, no somete el trabajo al capital y exige el usufructo de la tierra, pero no necesariamente su propiedad y excluye su acumulacin en tanto que capital. La organizacin colectiva (comunitaria u cooperativista) del acceso al agua, a insumos, a maquinaria, al crdito; la organizacin en conjunto de ciertas fases del trabajo (mingas, reforestacin); la comercializacin en circuitos cortos, en ferias y tiendas comunes, tienen, en la filosofa de una economa popular solidaria, una base democrtica. Finalmente la interculturalidad encuentra en esta forma de agricultura una posibilidad de diversidad de expresiones y de lecturas de lo real.

Evidentemente, el capitalismo puede tambin instrumentalizar el sistema, como en muchos casos. Los contratos con pequeos cultivadores de palma integran estos ltimos en una dependencia total de las grandes empresas. En Europa los agricultores familiares modernos con alto grado de mecanizacin y acceso al crdito, son integrados en cadenas de produccin dominadas por el capitalismo agrario y financiero. El micro-crdito de muchos pases est administrado por el sistema bancario. Organizaciones que al principio eran mutualidades o cooperativas, con el tiempo y el xito, se transformaron en pilares de la economa capitalista.

Por eso, la ACFI no es solamente una cuestin tcnica, sino un objetivo de lucha social, una resistencia de clase y de comunidad, un problema poltico. El papel de los movimientos sociales es esencial. Constituye una de las transiciones hacia otro paradigma, pero no como un proceso mecnico, sino como fruto de actores verdaderos sujetos de la construccin social y eso va mucho ms all que un aumento de productividad.

Al mismo tiempo, la ACFI debe cumplir con las tres funciones de la agricultura. Primero nutrir a la poblacin, no solamente cuantitativamente, sino tambin cualitativamente. Lo hace, eligiendo las semillas, respetando la diversidad, operando orgnicamente. En segundo lugar, contribuir a la regeneracin de la tierra, lo que no cumple la agricultura industrial, al contario. Finalmente procurar el bienestar de los que trabajan en el sector: proletarizar el campesinado bajo el pretexto de crear empleos est lejos de responder a esta necesidad. Evidentemente todo eso requiere condiciones econmicas, sociales e polticas, que se llaman, como lo dice el MST de Brasil, una reforma agraria integral y popular.

2. En Ecuador

Como lo hemos sealado antes (F. Houtart y M.Laforge, 2016, 30-36), existen en Ecuador bases para el desarrollo de una ACFI. Hay un real despertar: iniciativas de comunidades indgenas, campesinos que se unen, mujeres campesinas que se organizan para producir carne, cacao, fabricar sombreros, producir obras de arte con desechos de plstico, etc. En varios casos, son apoyadas por ONGs (FIAN, Fundacin Heiffer, Populorum Progresio, Oxfam; etc) y a veces por gobiernos provinciales, cantonales, parroquiales, y cooperaciones internacionales. Sin embargo son dispersas y a menudo aisladas.

Lo nuevo de la dcada de 2010 es la aparicin de propuestas al nivel nacional y con perspectivas estructurales. Vienen de diversas fuentes. Podemos citar iniciativas de movimientos sociales, campesinos e indgenas: La Red agraria en 2012 y ms reciente, en 2016, la Cumbre agraria, convocada por la CONAIE. En 2017, durante la campaa electoral, varios movimientos, dentro de los cuales, la CLOC (rama latino-americana de La Va Campesina) y la FENOCIN, elaboraron un documento de poltica general en favor de la ACFI, que fue firmado por el binomio de Alianza Pas. El movimiento montubio prepara un texto de ley, obligando los grandes terratenientes a ceder 30% de sus tierras para los pequeos productores. Dentro de movimientos polticos tambin surgieron propuestas, como el grupo Revolucin agraria que naci en el seno de Alianza Pas en 2011.

El mundo acadmico tom tambin iniciativas. El IAEN organiz un seminario abierto durante un ao en 2015-2016 y public el Manifiesto para una Agricultura Familiar Campesina e Indgena en Ecuador (2017). Un grupo de trabajo, llamado Tierra rene mensualmente varias universidades y centros de investigaciones, como SIPAE y el IEE-OCARU, sobre los problemas rurales. Este ltimo propone un pacto tico para el campo (Esteban Daza, 2017). Se est preparando un elenco de todas las investigaciones realizadas sobre el agro en Ecuador y la colaboracin se extender a universidades de las varias provincias. Las tres universidades, Andina, Central y Salesiana de Quito, tienen un proyecto de desarrollo rural con Cayambe, un centro de de capacitacin y un espacio urbano de consumo ecolgico.

rganos del Estado no se quedaron inactivos. El MAGAP realiz varios seminarios sobre Agricultura campesina. El CONGOPE, rgano de coordinacin de los GAD (unidades descentralizadas), prepara publicaciones e investigaciones sobre el tema. Se debe subrayar en particular el trabajo de la COPISA (Conferencia Plurinacional e Intercultural para la Soberana Alimentaria) que estableci en colaboracin con el IAEN, un documento de sntesis de las propuestas de los movimientos sociales, para una accin poltica despus de las elecciones.

Los ejemplos del exterior no faltan. Vietnam, segundo exportador de arroz en el mundo, lo produce con agricultura campesina. En Brasil una ley de 2008 obliga todas las instituciones pblicas de abastecerse con los pequeos productores. En Nicaragua, el programa de bonos productivos para las mujeres campesinas (entrega de gallinas, de cabras o de una vaca) ha permitido al pas de conservar su soberana alimentaria.

Para el futuro, la solucin no se encuentra en un capitalismo oligrquico vinculado con el capital financiero. Tampoco la continuidad de un capitalismo moderno dar la respuesta que no ha podido proponer durante la ltima dcada. Se trata de una nueva propuesta, basada sobre una refundacin del proyecto, como un elemento de una transicin hacia un paradigma post-capitalista. Por eso las fuerzas de la lucha social deben reconstruirse desde la base, movilizando las energas en un Frente Unido, con metas precisas y propuestas concretas, donde nadie, en particular los movimientos indgenas, pierda su identidad. Es urgente. Es posible. Maana ser demasiado tarde.

Biblografa:

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Brassel, Franck, Breilh Jaime y Zapata, Alex (ed.). Agroindustria y Soberana alimentaria Hacia una ley de Agroindustria y Empleo Agrcola. Quito. Sipae.

Campana, Florencia, Larrea, Fernando y Rubio Blanca (ed.) (2008). Formas de explotacin y condiciones de reproduccin de las economas campesinas en el Ecuador. Quito. Heiffer, La Tierra.

Daza, Esteban y Santillana, Alejandra (2016). Ley de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales. Quito. OCARU.

Daza, Esteban (2017). Hacia un pacto tico por el campo: Entre elecciones, trandgnicos y agroculturas campesinas. En Revista Gestin: Economa y Sociedad N271, Quito, PP 66-69

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Notas:

[1] Instituto de Proveimiento de Alimentos ; Instituto de Pesca, INP; Agencia Ecuatoriana de Aseguramiento de la calidad del Agro; Instituto Nacional de Investigacin Agropecuaria; COPISA; FAO.

[2] FAO

Franois Houtart es Profesor Emrito de la Universidad Catlica de Lovaina y profesor del Instituto de Altos Estudios Nacionales de Ecuador (IAEN), Quito. Autor de ms de 50 libros, Franois Houtart es uno de los fundadores del Foro Social Mundial y miembro de su Consejo Internacional. Miembro de la Fundacin Pueblo Indio del Ecuador.

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