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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2017

Desarme, sociedad civil, esperanzas

Francisco Letamendia
Rebelin


El desarme de Baiona del 8 de abril ha sido el triunfo de la sociedad civil, sobre todo la del Norte vasco, que con su entusiasmo, prudencia y buen hacer ha contagiado al resto de Euskal Herria, resolviendo un tema peliagudo, el de desarme, que el gobierno espaol quera convertir en el refrendo de su relato del vencedores y vencidos y en el colofn de su estrategia de humillacin de estos ltimos.

Estrategia a la que bien podra definirse con la famosa frase de Franco, citada recientemente entre nosotros: En el da de hoy, cautivo y desarmado el ejrcito rojo (cmbiese este adjetivo por el de terrorista) han alcanzado las tropas nacionales su ltimo objetivo. La guerra ha terminado. La idea era la de una larga guerra de trincheras, en la que las gloriosas tropas policiales hubieran ido conquistando depsitos de armamento como objetivos militares que nadie iba a defender, pues sus antiguos usuarios haban renunciado a las armas; con lo que se seguira engrosando indefinidamente el nmero de los presos y presas vascas.

Tras la vejacin sufrida por los prestigiosos miembros del Comit Internacional de Verificacin en febrero de 2014 haba que pensar en otra va para la entrega de las armas. A quin hacerla? A los partidos vascos del sur divididos en tantos aspectos, que adems, segn cuales fueran, hubieran acabando con ms militantes en la crcel? A las instituciones vascas? Podra alguien garantizar que no fuesen tambin ellas interferidas y manipuladas por el gobierno de Espaa?

Quedaba Ipar Euskal Herria, no slo como la mejor, sino como la nica de las opciones. Existe aqu una autntica sociedad civil auto-organizada, con probada solvencia en la realizacin de sus iniciativas -vase la Laborantza Ganbara- y su capacidad de movilizacin en pro de su autogobierno, una sociedad nada sectaria que ha borrado la lnea divisoria entre abertzales y no abertzales, con lderes reconocidos que gozan de gran prestigio en Hego Euskal Herria y un fluido contacto con las autoridades institucionales de Iparralde, as como con personalidades sociales y polticas de Francia.

Sin gente como Berokohirigoin y Etcheverry, as como el Presidente de la Mancomunidad vasca Etchegaray, nada de lo ocurrido hubiera sido posible. Los acontecimientos de Luhoso del 13 de diciembre pasado dieron a conocer la existencia de esta red, que se propona, con gran riesgo personal, facilitar a ETA su voluntad de desarme.

Su detencin tuvo una serie de efectos inmediatos. El primero fue generar en el Norte vasco una oleada de solidaridad, con el firme propsito de las lites sociales, polticas, laborales y culturales del pas de llevar a cabo este proyecto. El segundo fue el de facilitar una serie de tomas de contacto con distintas instituciones al ms alto nivel (el Comit Internacional de Verificacin, el gobierno francs -del que ahora se ha sabido que existan contactos discretos e indirectos desde haca dos aos-, la Mancomunidad Vasca del Norte, los gobiernos vasco y foral navarro, el Vaticano), para hacer posible lo irremediable. Hasta el gobierno espaol, que decidi no buscarse intilmente conflictos internacionales, asinti dando la respuesta por callada.

El tercero ha sido el asentimiento prcticamente unnime del Sur vasco (salvo el PP) a la iniciativa cuando sta se dio a conocer, Este ha adquirido distintas expresiones: ha habido un acuerdo de las instituciones vascas, ya que la iniciativa se ajustaba a su idea de desarme completo, ordenado, y sin contrapartidas. El papel discreto del Lehendakari ha sido sin duda decisivo para tranquilizar al gobierno francs, conseguir a regaadientes el asentimiento pasivo del gobierno espaol, e implicar tambin discretamente al Vaticano, con el envo del arzobispo Mateo Zuppi. Se consigui tambin la presencia del sacerdote norirlands metodista Good. Tambin ha sido indispensable los buenos oficios de Etchegaray ante las autoridades francesas. Que ello haya podido molestar al episcopado vasco es indudable, aunque no se puede decir que se haya puenteado en un asunto a quien nada ha querido saber de l; que tambin haya molestado a la Santa Sede es una pura invencin de cierta prensa.

Los acontecimientos del 8 de abril se han ajustado escrupulosamente al guin previsto. Un representante de los artesanos de la paz entreg a primera hora de la maana en el consistorio de Bayona los documentos sobre la localizacin de los depsitos de armas (tres en Iparralde, otros cinco cerca de su territorio), los que a travs de la CIV fueron puestos a disposicin de la fiscala. Acto seguido, la polica francesa, con un nmero prcticamente igual al de los 172 voluntarios (entre ellos un eurodiputado y varios parlamentarios de la Asamblea Nacional francesa, a los que identificaron con una actitud respetuosa), ha confiscado el armamento.

A las 15:30 de la tarde comenz la fiesta en la plaza de Paul Bert (o de St-Andr) de Baiona, precedida por la lectura del Manifiesto en francs, ingls, euskera, y castellano, en el que se expres el mayor cario y respeto por todas y cada una de las vctimas. Las instituciones no estuvieron presentes, pero s la izquierda abertzale, y representantes del PNV y de Podemos.

Los y las asistentes, lejos de sentirse humillados, estaban contentos y emocionados. Las armas se las entregaba ETA a ellos y ellas, porque le haban pedido que se desarmara, y porque la entrega de las armas al poder judicial se haca con su acuerdo. Empezaba una nueva era sin violencia desde abajo. Todo intento del gobierno espaol de extender la sombra de un sentimiento de derrota se haba evaporado.

La reaccin de los dos gobiernos espaol y francs ha diferido profundamente. Ambos han coincidido en resaltar, como es lgico, el papel de sus fuerzas policiales y del poder judicial en este resultado. Pero a partir de aqu los discursos han divergido por completo. El Ministro francs del interior Fekl, al unsono con el presidente del gobierno Cazeneuve, ha afirmado que se trataba de un da importante y de un gran paso para el desarme unilateral.

El discurso del Ministro espaol del interior, Zoido, no ha cambiado un pice: la banda terrorista ha sido derrotada por las FSE, y no debe esperar ningn trato de favor ni la impunidad de los delitos.

El lehendakari la ha calificado de paso fundamental y de escenario mejor, pero desprovisto de toda pica. Lo cual cae por su propio peso, porque como todo el mundo sabe la literatura pica es desde tiempos de Homero una literatura de guerreros que enaltece a guerreros, lo cual no tiene sentido en el nuevo escenario.

El discurso institucional ha tendido a relacionar a las vctimas exclusivamente con los atentados de ETA. Puede tener una explicacin en que todo se ha centrado este da en el desarme de esta. Pero una vez concluido (felizmente), debe volverse al discurso que gobierno y parlamento vascos han ratificado. Y es que vctimas hay en los dos lados, mucho ms numerosas las vctimas de atentados mortales perpetrados por ETA que las de las FSE y los grupos parapoliciales; pero las vctimas de torturas lo han sido en exclusiva de estos grupos citados.

Se ha afirmado por activa y por pasiva que nunca debiera haber habido vctima alguna. Esto es una conviccin hoy en da unnime, con la que estoy por completo de acuerdo. Conviccin por cierto que se empez a abrir camino en la primitiva Herri Batasuna ya a principios de los aos 80 -algo se yo de eso-, que se hizo ampliamente mayoritaria en el seno de sta este fines de los aos 90, y que se convirti en el objetivo a conseguir, resuelto con mano firme, por el actual equipo dirigente de la izquierda abertzale.

Tambin hay que asentir a la afirmacin de que ahora queda la verdad. Pero esa verdad -y eso lo saben muy bien socialistas, comunistas y nacionalistas vascos, -incluye que aqu en Euskal Herria, como en todo el Estado, hubo durante 40 aos un rgimen asesino al que en la transicin ni se le pidieron responsabilidades ni fue depurado. Aunque ello no justifique en modo alguno la violencia de ETA, el rgimen posterior sigui aplicando de modo continuista la tortura, y puso en pie un sistema penitenciario y penal de una dureza sin parangn en Europa; criticado por cierto cada vez con ms fuerza por sectores crecientes del poder judicial espaol.

Debe aadirse a ello que el nmero de personas vinculadas a los sucesivos gobiernos espaoles condenadas por hechos violentos es ridculamente pequeo. Por supuesto, ninguna de las condiciones que se estn exigiendo a los presos vascos se les ha exigido nunca a ellos: que se desarmen, que se disuelvan, que pidan perdn a las vctimas, y que colaboren con la justicia -.

Lo que piden las asociaciones de defensa de los presos y presas vascos no son beneficios, sino el fin del exceso de crueldad y el restablecimiento de la democracia en los mbitos penal y penitenciaria.

Esperemos que, como deca el sacerdote irlands Good, el desarme completo sirva para ir acercando a casa a los presos y presas.

Francisco Letamendia. Profesor Emerito de la UPV-EHU.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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