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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2017

Subimperialismo II: Aplicacin actual

Claudio Katz
Rebelin


Los debates tericos sobre el subimperialismo suscitan inters, pero el concepto es relevante si esclarece la realidad contempornea. Cmo se aplicara en el contexto actual?

La categora tiene especial vigencia para una regin con prolongados escenarios de guerra como el mundo rabe. Esos conflictos involucran a potencias centrales (Estados Unidos, Francia, Inglaterra) y en recomposicin (Rusia), junto a varios actores locales (Turqua, Arabia Saudita, Israel, Irn).

Ese conglomerado ha intervenido en confrontaciones que desembocaron en una tragedia sin lmites. La responsabilidad de Estados Unidos salta a la vista. Anhela la apropiacin del petrleo y el control de reas estratgicas del comercio internacional. Sus presidentes comandaron la destruccin de Afganistn (Reagan-Carter), Irak (Bush), Libia y Siria (Obama). Esa devastacin incluy aterradoras masacres, que implicaron 220.000 muertos en el primer pas, 650.000 en el segundo y 250.000 en el cuarto.

En los ltimos seis aos el principal objetivo poltico de esa sangra fue el aplastamiento de la primavera rabe. Las revueltas fueron sofocadas mediante dictaduras (Egipto, Siria), retornos al viejo rgimen (Tnez), invasiones (Libia) y masacres yihadistas (Siria).

Es evidente el protagonismo imperial en esa demolicin. Pero Estados Unidos no acta solo. Mantiene una estrecha conexin con tres potencias de la regin (Turqua, Arabia Saudita e Israel) y oscila entre la amenaza y la negociacin con otro contendiente decisivo (Irn). Estos pases operan como fuerzas subimperiales?

EL PRINCIPAL PROTOTIPO

El concepto le cuadra perfectamente a Turqua, que intervino en la reciente guerra de Siria siguiendo todas las reglas del subimperialismo. El gobierno de Erdogan busc tumbar a su viejo rival Assad, para gestar un liderazgo zonal en alianza con la Hermandad Musulmana.

Ante el derrocamiento de su socio en Egipto y el peligro de gestacin de un estado kurdo, el presidente turco consum un espectacular viraje. Se sum al bloque de rusos e iranes que sostienen al rgimen sirio. Como no logr primaca en el desplazamiento de su adversario opt por sostenerlo.

Este giro ilustra cmo desenvuelve Turqua su estrategia de hegemona regional. Sus gobernantes acumulan gran experiencia en ese tipo de maniobras. Combinan la asociacin con el distanciamiento de Estados Unidos.

Turqua es miembro de la OTAN y mantiene una aceitada conexin con el Pentgono. Alberga una base militar con ojivas nucleares apuntando a Rusia y ha enviado tropas a operaciones en Afganistn, Irak y Somalia.

Pero los gobernantes del pas nunca actan como simples policas regionales. Apuntalan apetitos expansivos de larga data. Por eso invadieron y ocuparon Chipre. La estrategia de resurgimiento neo-otomano no es una fbula nostlgica. Inspira un proyecto de hegemona regional.

Esa pretensin se asienta en tradiciones desptico-estatistas recreadas por la tutela militar. A diferencia de Amrica Latina o el sur de Europa, el fin de la dictadura no disminuy en Turqua el peso dominante del ejrcito en la estructura poltica. Esa gravitacin es un componente decisivo de la presin subimperial.

Con ese belicismo se busca mantener la tasa de crecimiento que afianz el perfil econmico intermedio del pas. Las corporaciones de origen turco operan desde los aos 80 en varios pases, a travs de convenios de libre-comercio.

Estas caractersticas tornan apropiado el calificativo subimperial que utiliza un autor para retratar el perfil del pas ( ağlı, 2009). La poltica expansionista parece cuajar ms con la fraccin poltica islmica de la burguesa (Rabiismo), que con el viejo segmento atlantista (Kemalismo). El primer sector no le perdona al segundo haber aceptado el sometimiento a Occidente, en desmedro de la identidad sunita. Por eso intentan comandar ahora un proyecto de islamizacin regional (Savran, 2016).

El perfil subimperial de Turqua incluye la opresin histrica de varias minoras nacionales. Especialmente los kurdos son vctimas de un orden autoritario que exige la total supremaca de una sola lengua, raza e idioma.

Lo mismo ocurri con el genocidio armenio, perpetrado sobre el final de la Primera Guerra Mundial para construir un estado homogneo. La negacin de esa masacre forma parte de la nacionalidad imaginada en la constitucin de Turqua. Es un cimiento del proyecto de restauracin neo-otomana (Batou, 2015).

El carcter subimperial de Turqua se verifica tambin en una persistente disputa con Irn, que recrea antiguas rivalidades con el imperio persa. Esa competencia gua la poltica exterior del pas y ha sido determinante de la intervencin en Siria. Pero a ese choque tradicional se ha sumando otro inesperado contendiente con aspiraciones hegemnicas.

UN ENSAYO AVENTURERO

Las pretensiones subimperiales de Arabia Saudita han sido muy visibles en la guerra de Siria. La monarqua encabez el sostn a los yihadistas para tumbar a Assad y su rgimen criminal es el principal referente de los fundamentalistas.

El reino disputa hegemona con Irn recurriendo a una antigua contraposicin entre sunitas y chiitas, que se cobr un milln de muertos en la guerra entre Irak e Irn. No tolera la preeminencia lograda por sus adversarios en los gobiernos que sucedieron a Saddam Hussein. Exige adems el sometimiento de todos los pobladores chiitas de la pennsula arbiga, que encabezaron las protestas de la primavera rabe (Jahanpour, 2014).

Para constituirse como una fuerza subimperial, los sauditas han actuando con gran autonoma militar primero en Barhein y luego en Yemen. Comandan una atroz escalada de masacres en este estratgico enclave. Aprovechan la importante colaboracin de Inglaterra y Francia, pero han desarrollado el grueso de las operaciones blicas por su propia cuenta.

Siguiendo un principio bsico del subimperio Arabia Saudita mantiene una estrecha asociacin con el Pentgono. Es un gran cliente en la compra de armamento y su poder financiero apuntala al dlar como moneda mundial.

Pero al cabo de muchos aos de manejo de una renta colosal, los monarcas han construido un poder propio, que genera mltiples conflictos con Washington. El petrleo es un rea de controversia. Estados Unidos increment su abastecimiento interno, redujo la dependencia de los proveedores, utiliza la baratura del combustible como instrumento de presin sobre Rusia e Irn y afecta los negocios de los sauditas.

Los monarcas han respondido con cierta ambivalencia. Por un lado avalaron la cada del precio para obstruir la vulnerable rentabilidad de la produccin norteamericana (extraccin con shale). Pero tambin priorizaron la convergencia con Estados Unidos para disciplinar a la OPEP y debilitar a Tehern. Las nuevas aspiraciones subimperiales se nutren de esta gestin de los recursos petroleros.

El principal hito saudita en la consolidacin de una fuerza propia ha sido el apadrinamiento de los yihadistas. Los monarcas protegen y financian a una variedad de grupos terroristas que desestabilizan a Occidente.

Esas organizaciones perfeccionan el terrorismo talibn, que Estados Unidos foment hace varias dcadas para expulsar a la Unin Sovitica de Afganistn. Forman redes que las potencias occidentales utilizan para destruir a los regmenes adversarios del mundo rabe. Esa demolicin ha servido para sepultar los vestigios de laicismo y modernizacin cultural que despuntaban en esas sociedades.

Pero los fundamentalistas terminaron forjando una fuerza transfronteriza, que se alimenta del odio generado por las destrucciones imperialistas. Prometen una regeneracin social fundada en estrictas normas de autenticidad religiosa. Esos principios incluyen alcanzar el paraso a travs de la inmolacin suicida. Siguiendo la pauta de Bin Laden, los distintos grupos tienden a desenvolver acciones autnomas que escapan al control de sus creadores.

Arabia Saudita preserva esas organizaciones para apuntalar sus metas de hegemona. Pero el futuro del reino es muy incierto. Varios estrategas del Departamento de Estado evalan la conveniencia de acabar con el fundamentalismo neutralizando a la propia monarqua. Promueven incluso la balcanizacin de Arabia Saudita, para transformar a ese pas en una coleccin de impotentes mini-estados (Katz, 2017).

Los jeques garantizaron la pulverizacin de los adversarios seculares de Occidente. Pero su retrgrado rgimen deteriora las alianzas con vertientes liberal-conservadoras, ms subordinados a Estados Unidos. Este conflicto retrata la tensin potencial que genera la evolucin subimperial de los sauditas (Petras, 2014).

UNA INCIERTA RECONSTITUCIN

Irn confirma el estatus cambiante del subimperialismo. Marini incluy a ese pas en su clasificacin, cuando el Sha Palhevi actuaba como potencia regional, en sociedad con el Pentgono contra la URSS. El rgimen teocrtico que sustituy a la monarqua no slo dej de ejercer ambas funciones. Ha chocado en forma muy aguda con Estados Unidos.

Su intervencin reciente en Siria ratific esa confrontacin. Tambin ilustr cmo los Ayatollahs apuntalan al rgimen de Assad, para reforzar su preeminencia en Irak y contrarrestar el acoso saudita en Yemen. Participan en esos conflictos con armas, asesores y cierto despliegue de fuerzas regulares. Su ambicin regional se verifica en el reclutamiento de chiitas, para disputar liderazgo con sus adversarios sunitas en todo el mundo rabe (Behrouz, 2017).

Irn negocia en forma directa con las grandes potencias. Ha permitido a Rusia incursionar desde su territorio contra los yihadistas, pero mantiene abiertas las tratativas nucleares iniciadas con Obama. Al cabo de varias dcadas de aislamiento econmico, el rgimen acepta un desarme parcial a cambio de inversiones occidentales. Tramita un lugar protagnico en los gasoductos que disean las compaas petroleras (Armanian, 2016).

Los socios privilegiados del capitalismo iran se definirn en la intensa batalla interna que libra el ala pro-occidental (Rohani), con la vertiente tradicionalista (Jamenei). Todos buscan desactivar un descontento reformista, que amenaza la supremaca de los telogos y militares en el manejo del gobierno.

Estados Unidos intent destruir a Irn mediante guerras, sabotajes y embargos. Obama ensay un giro negociador, pero el curso de esas tratativas es incierto. Todos conocen la capacidad potencial de Irn para reconstituir su incidencia como gran jugador subimperial.

La rivalidad en esos trminos que mantienen Turqua, Arabia Saudita e Irn no se extiende a otros pases como Egipto, cuyas ambiciones quedaron diluidas por el cmulo de derrotas sufridas ante Israel. Esas frustraciones condujeron a un sometimiento total al Departamento de Estado.

Medio Oriente es un rea de tensiones subimperiales por la continuada preeminencia de sociedades inestables. Todos los pases cargan con las frustraciones generadas por el fracaso de la modernizacin secular. Persisten los poderes militares autocrticos asociados al mundo de los negocios, que utilizan la religin para legitimar su dominacin (Amin, 2011: 201-216).

En ese escenario los sub-imperios tradicionales (Turqua), nuevos (Sauditas) y en recomposicin (Irn) disputan supremaca. Estados Unidos usufructa con esos conflictos, apuntalando peridicamente a una sub-potencia contra otra. Busca desgastar a todos para mantener un balance de poder. En esta maquiavlica accin, el imperialismo central remodela su propio control sobre aliados y contrincantes.

APNDICES CO-IMPERIALES

Entre los socios de Estados Unidos que desenvuelven intereses propios, Israel fue catalogado por Marini como un subimperio. Ciertamente presenta muchos rasgos de ese tipo. Pero tiene ms parecidos con los pases orgnicamente integrados al imperialismo colectivo. Este ltimo grupo opera como una prolongacin directa de los centros y correspondera asignarle otra denominacin. Ms que socios son apndices de esa estructura.

La compenetracin de esos pases con sus hermanos mayores induce a identificarlos con provincias externas de Estados Unidos (Amin, 2013), imperialismos secundarios (Bond, 2015: 15-16) o mini-imperios (Petras, 2014). Esta performance asemeja a Israel con Canad y Australia.

En los tres casos prevalece una adaptacin contempornea a la gestin imperial. No son viejas potencias subordinadas en forma silenciosa (Inglaterra) o conflictiva (Francia) al lder norteamericano. Tampoco han transitado por experiencias previas de ambicin global (Alemania, Japn) o preeminencia colonialista (Espaa, Portugal, Holanda).

Israel, Canad y Australia ocupan un lugar clave en la custodia del orden global. Por su total amalgama con Pentgono y la OTAN no participan del conglomerado subimperial. Tanto en la coordinacin econmica, como en la accin poltica y la coercin militar, los tres pases actan ms como prolongaciones que como asociados de Estados Unidos.

Conforman estados que nunca desplegaron gran autonoma, ni se involucraron en los conflictos que caracterizan a los subimperios. Remodelan sus acciones en consonancia con su tutor y garantizan, a escala regional, los mismos intereses que Estados Unidos asegura a escala global.

Esa articulacin con el poder norteamericano tiene un cimiento histrico en el legado comn de sociedades gestadas por colonos de piel blanca. Comparten la misma herencia de racismo, exterminio de pueblos originarios, ocupacin de tierras ajenas y prejuicios ideolgicos euro-centristas.

Esa afinidad de Israel, Canad y Australia facilita un predominio de polticas explcitamente pro-occidentales, que no se verifica en Turqua, Arabia Saudita o Irn.

Por estas razones Israel no cumple en Medio Oriente funciones equivalentes a sus competidores. Acta como exponente de un lobby sionista, directamente enlazado al aparato estatal estadounidense. Esta diferencia cualitativa lo separa de otros socios de Norteamrica en la regin.

Aunque Turqua tiene bases de la OTAN, Egipto es el gran receptor de armamento yanqui y Arabia Saudita es un sostn financiero del dlar, Israel cuenta con privilegios que la primera potencia no extiende a ningn otro aliado.

El origen de esa preferencia es la sintona de Estados Unidos con el colonialismo tardo de Israel. Este pas recrea todos los mecanismos de la opresin occidental. Propicia la anexin territorial, la democracia de exclusin, la expulsin de la poblacin autctona y la creacin de una masa de refugiados. En nombre de la reparacin histrica del holocausto, ejerce el terrorismo de estado en los territorios ocupados (Katz, 2007).

La integracin israel al poder estadounidense se afianz luego de varias guerras con los vecinos rabes. Mantiene igualmente conflictos recurrentes con el Departamento de Estado. El belicismo sionista asegura el control imperial de la regin, pero obstruye la flexibilidad de la poltica exterior yanqui. Destruye mercados y aliados posibles, impone guerras adicionales y genera problemas en el manejo del petrleo.

Estas tensiones alcanzaron un punto crtico en la ltima fase de la administracin de Obama. En alianza con los republicanos, Netanyahu impugn en inditos trminos el acuerdo con Irn. Israel intenta ahora la captura completa de Cisjordania para liquidar la farsa de los dos estados.

Con ese objetivo incentiv la demolicin de un adversario sirio que alberg a los palestinos. El gobierno israel no acepta perder el monopolio atmico regional frente a las instalaciones construidas por los Ayatollahs y boicotea el convenio suscripto para desmantelar esas estructuras.

Modificarn esas tensiones el estatus de Israel? Sustituir su rol de apndice estadounidense por un papel semejante a los subimperios? Es una posibilidad derivada del carcter cambiante de esas configuraciones. Irn es un ejemplo de esas mutaciones. Pero la trayectoria de Israel induce al pas a una permanencia en su condicin de prolongacin imperial.

CONTRAPUNTO DE SITUACIONES

Australia es otro caso de un ensamble total con las potencias centrales. Algunos estudios utilizan el trmino coimperialista para definir ese posicionamiento (Democratic, 2001). Desenvolvi esa funcin, desde los servicios que prest a Gran Bretaa para bloquear el ingreso de rivales (Alemania y Japn, Francia), a una alejada zona del Pacfico.

Posteriormente Australia recre todas las formas del imperialismo tradicional. Consolid la primaca de la accin militar, el chauvinismo y la ideologa racista. Ese acervo opresivo le permiti integrarse a la poltica militar norteamericana, para jugar un papel contrarrevolucionario en Corea, China, Vietnam e Indonesia. En los ltimos aos asumi un rol policial en Timor y facilit las iniciativas propiciadas por Estados Unidos en desmedro de Portugal.

Pero en ese papel de custodio imperial Australia tambin afianz la presencia de sus empresas. Export capital y se transform en un gran artfice del capitalismo en el Pacifico. En la ltima dcada protagoniz otra reconversin y retom su especializacin en la exportacin de los minerales requeridos para la industrializacin asitica. Esta sucesin de cambios se consum remodelando su estatus coimperial.

Canad es un caso semejante de alta participacin en incursiones militares externas. Las empresas del pas consolidaron, adems, un fuerte integracin con Estados Unidos. El correlato de esos negocios ha sido una mayor atadura a las demandas del Pentgono.

Israel, Australia y Canad no se amoldan, por lo tanto, al sentido que Marini asign al subimperialismo. La aplicacin de este concepto podra en cambio extenderse a India, que ejerce un rol parecido a Turqua en su zona de influencia. Mantiene una relacin anloga de asociacin, autonoma y dependencia con Estados Unidos.

La ubicacin de India en el casillero subimperial es congruente con la omnipresencia regional de su ejrcito. Interviene activamente en la convulsin de Sri Lanka, en las tensiones de Bangla Desh y en los conflictos con Nepal.

Sus fuerzas armadas continan actuando en Cachemira al cabo de cuatro guerras con Pakistn. Esa misma presencia se verifica en las disputas fronterizas con China. Luego del choque militar de 1962 persiste la indefinicin del futuro de Tbet. El ejrcito cumple tambin un papel central frente a la oleada de terror talibn, en un contexto de gran opresin de las minoras musulmanas.

El perfil subimperial de India se nota en los giros de sus clases dominantes. Adoptaron el credo neoliberal luego del desplome de la URSS y aprovecharon la complicidad del ejrcito pakistan con los talibanes, para apuntalar su confluencia con Estados Unidos.

Este enorme protagonismo geopoltico de India diferencia al pas de otras economas semiperifricas. Sus pretensiones regionales expansivas se corroboran en el plano de la ideologa y la religin (Morales, 2013). India y Turqua ilustran modelos de subimperialismo que no se aplican a Israel, Canad o Australia.

PECULIARIDADES DE OTRA POTENCIA

Es intuitivamente evidente que Rusia difiere de los subimperios. No es ubicada en ese casillero por quienes resaltan ese rasgo en los BRICS. Todos perciben que es una configuracin de otra especie.

Rusia no ejerce el rol de gendarme complementario que caracteriza a los subimperios. Es una potencia militar en continuo choque con Estados Unidos. Alberg, adems, durante la mayor parte del siglo XX, un sistema no capitalista conflictivo con cualquier modalidad de imperialismo contemporneo.

Rusia afronta una insercin econmica internacional vulnerable (Dzarazov, 2015). Se asienta en el extractivismo y la explotacin extensiva de los recursos naturales y no ha superado la crisis demogrfica y el estancamiento industrial que sucedi al colapso de la URSS.

Exporta materias primas y preserva una industria poco competitiva. Los oligarcas que se apoderaron de las propiedades estatales invierten poco, especulan en los mercados financieros y protegen gran parte de sus fortunas en el exterior.

Luego de la devastadora experiencia del neoliberalismo extremo que encabez Yelstin, la restauracin capitalista fue remodelada con una gestin autoritaria. Putin reintrodujo el control estatal, limit el saqueo y recuper la gravitacin militar del pas. Esa reconstitucin incluy la reivindicacin del patriotismo ruso y un retorno al padrinazgo sobre las zonas fronterizas (Presumey, 2014).

El desplome de la Unin Sovitica precipit la separacin de 14 repblicas no rusas y el resurgimiento de conflictos con otras 21 naciones, que ocupan el 30% del territorio. La permanencia de ese vecindario bajo la gida de Mosc es la prioridad geopoltica del Kremlin.

Ese control se reaviv bajo la dura presin de Occidente. Con la segunda guerra de Chechenia (2000), la respuesta militar en Georgia (2008) y la reintegracin de Crimea (2014), Putin puso freno a la pretensin norteamericana de convertir a Rusia en un vasallo.

Esta actitud defensiva frente al imperialismo -junto a una conducta ofensiva hacia los vecinos- explica el peculiar posicionamiento externo de Rusia. Se asemeja a los subimperios en la bsqueda de supremaca regional, pero soporta un hostigamiento estadounidense que lo distancia de esa condicin. Rusia combina la proteccin de sus fronteras con la ambicin de forjar una estructura propia de dominacin.

Esa contradiccin difiere de los dilemas que afrontan Turqua, Arabia Saudita o India. Rusia no mantiene una relacin de asociacin y autonoma con Estados Unidos, sino una tensin estructural de gran alcance. Por eso no le cuadra la categora subimperial. Las clases dominantes aspiran a un estatus ms significativo, a pesar del carcter embrionario de ese anhelo.

IMPERIO EN FORMACIN

La frmula que ms se ajusta al perfil actual de Rusia es imperio en formacin. Implica la preeminencia de un proceso muy incompleto y provisorio. Se podra utilizar tambin otras denominaciones como semi-imperio, pre-imperio o proto-imperio. Este ltimo concepto alude a una formacin ya contenida en la estructura actual. Es semejante a la proto-industrializacin (fabricacin a domicilio), que anticip la manufactura en el debut del capitalismo.

Algunos analistas estiman que Rusia es un imperio consumado, que desenvuelve conductas de gran potencia en los choques con sus rivales (Pozo-Martin, 2015: 207-219). Pero omiten registrar que no se trata de una confrontacin entre pares. Existe un abismo de poder entre Rusia y sus contendientes de Occidente.

La descripcin del pas como un imperio ya establecido resalta una historia de colonizacin interna, tanto en el periodo feudal, como en la era sovitica y en la actualidad (Kowalewki, 2014). Pero es cuestionable afirmar que Rusia es un imperio porque ya lo era anteriormente. Se olvidan las enormes mutaciones registradas al cabo de tantos siglos.

Es particularmente problemtico suponer que durante 70 aos de rgimen no capitalista perdur ese hilo de continuidad imperialista. Con ese criterio se diluye la definicin de ese estatus en relacin a los regmenes sociales vigentes en cada momento. No se entiende con qu interpretacin de imperialismo se trazan equivalencias entre el imperio zarista, sovitico y contemporneo.

En la vereda opuesta de esa caracterizacin se ubica la presentacin de Rusia como un faro del antiimperialismo contemporneo (Escobar, 2014). Este enfoque suele incluir elogios a Putin, como lcido conductor de la resistencia a Estados Unidos.

Esta descripcin repite razonamientos de la vieja ortodoxia comunista olvidando que la URSS desapareci. Rusia est gobernada actualmente por capitalistas que priorizan su propio bienestar. Afronta tensiones con Estados Unidos desde la perspectiva de una potencia opresiva en ciernes.

La enemistad de Occidente no convierte al gobierno ruso en defensor de los desposedos. Es totalmente vlido centrar los caones en el enemigo principal, pero es ingenuo embellecer a un imperio naciente.

Equiparar a Rusia con Estados Unidos es tan equivocado como contrastarlos, imaginando antagonismos definitivos entre formaciones capitalistas. Un imperio en gestacin y otro dominante no son iguales, pero tampoco se ubican en polos contrapuestos.

El estatus de Rusia se clarifica analizando su relacin con las potencias centrales y su vecindario. Los criterios expuestos por Lenin a principios del siglo XX no resuelven ese problema y su esquemtica aplicacin conduce a razonamientos abstractos.

Algunos autores afirman, por ejemplo, que Rusia no es imperialista por el reducido papel de los bancos internacionales y las exportaciones de capital (Annis, 2014). Otros entienden que s es imperialista por la influencia de los monopolios y las inversiones externas (Slee, 2014).

Pero el lder bolchevique utilizaba parmetros de ese tipo para definir las peculiaridades de una etapa del capitalismo. No pretenda clasificar a los pases. Con ordenamientos atados a esas caractersticas, una potencia de la centuria pasada tan aguerrida como Japn, quedara excluida del club imperial.

Rusia acta como un imperio en constitucin. Su comportamiento en el reciente conflicto de Ucrania confirma ese perfil. Estados Unidos aprovech la oleada de protestas contra el gobierno autocrtico de ese pas, para favorecer el copamiento derechista de una revuelta e inducir un golpe de Estado. Pretendi transformar a Ucrania en satlite de la OTAN, para consolidar el cerco de misiles que estableci en Polonia, Estonia Letonia y Lituania (Rozhin, 2015).

Putin respondi con la asimilacin de Crimea y consinti la resistencia en el Este ucraniano (Donetsk) contra el gobierno reaccionario de Kiev. Pero bloque las acciones autnomas y radicales de esos sublevados (Kagarlisky, 2015).

Lo ocurrido ilustr cmo Obama intent debilitar a Rusia para quebrar cualquier alianza autnoma con Europa. Tambin demostr que Putin resiste esa andanada para reconstruir la hegemona regional del pas. El Departamento de Estado utiliz sus agentes en Kiev y el Kremlin respondi con jugadas de fuerza en Crimea y Siria. El imperialismo central y su rival en formacin ratificaron su naturaleza en esas batallas.

OTRA VARIANTE EN GESTACIN

Tambin China podra ser caracterizada como un imperio en constitucin. Esa fisonoma se verifica observando cmo el pasaje de un rgimen burocrtico a otro capitalista ha modificado la poltica exterior del pas. Ya es una potencia embarcada en proyectos de alcance global (Rousset, 2014).

Este carcter mundial (y no meramente regional) de la estrategia seguida por el gigante asitico, induce acertadamente a rechazar su clasificacin dentro del conglomerado subimperial (Luce, 2015: 38-39).

La aplicacin del concepto es inadecuada en este caso por la tensin estructural que mantiene el pas con Estados Unidos. En este plano se asemeja a Rusia y se diferencia de Turqua o India. La potencia oriental no integra la OTAN, sino que es hostilizada por el Pentgono. No forma parte del orden imperial actual, sino que rivaliza con esa estructura. Por esa razn se perfila como un imperio en gestacin y no como otro eslabn del circuito subimperial.

A pesar de su apabullante presencia econmica, del peso de sus exportaciones y la magnitud de sus inversiones forneas, China no es an una potencia imperial. En algunas regiones -como frica- se apropia de recursos naturales y endeuda a las economas insolventes. Pero no acta como un imperio.

Algunos pensadores estiman que repetir la trayectoria de Japn y Alemania, que en el pasado buscaron salidas externos a sus dificultades de crecimiento interno (Docks, 2013: 131-153).

Pero esta visin no registra el curso inverso que ha seguido China. Profundiza su expansin global a partir de una integracin previa a la mundializacin. Este modelo no rega a principios del siglo XX. Japn y Alemania competan con Estados Unidos o Inglaterra, sin compartir asociaciones econmicas con sus rivales.

China es protagonista de la mundializacin, pero tiene poco desenvuelto el elemento geopoltico-militar del imperialismo que ha desarrollado Rusia. Gestiona el segundo producto bruto del planeta, es el primer fabricante de productos industriales y recibe el mayor volumen de fondos del mundo. Pero esa gravitacin econmica no tiene correlato militar.

El gigante oriental arrastra falencias en la modernizacin de sus fuerzas armadas, no participa de alianzas blicas y carece de bases en el exterior. El pasado colonial todava pesa en el divorcio de Taiwn y la parcial reintegracin de Hong Kong (Loong Yu, 2015).

Hasta ahora el emergente asitico desenvuelve estrategias defensivas, especialmente en su principal canal de abastecimiento (el Mar de China). A diferencia de Rusia no ensaya respuestas militares -tipo Georgia o Siria- frente al hostigamiento norteamericano. Mantiene un perfil bajo y evita confrontaciones.

Esa auto-restriccin de China coincide con el perfil cultural de un gigante que lleg tarde al mercado mundial. Con una lengua de uso puramente interno se limita a copiar la gestin transnacional de las empresas.

Pero su poltica exterior no guarda tampoco parentescos con la imagen angelical de una potencia empeada en forjar relaciones internacionales equitativas (Escobar, 2015). Esta mirada omite que el pas acta con parmetros capitalistas que excluyen la equidad y la cooperacin.

China no inventa un capitalismo benvolo, ni se propone recuperar su antigua primaca durante el primer milenio . Se expande con reglas de opresin capitalistas, que no existan en ese lejansimo antecedente.

La combinacin de preeminencia econmica y estrechez geopoltica que afronta China suscita distintos pronsticos. Algunos piensan que continuar un curso ascendente, fortaleciendo su alianza con Rusia para aprovechar el declive occidental (Zibechi, 2014).

Otros estiman que el pas ya est muy integrado en la economa global y seguir acumulando dlares o Bonos del Tesoro para mantener el modelo exportador (Hung, 2015: 196-201). Pero como potencia no sustitutiva de Estados Unidos deber lidiar con las tensiones de una integracin econmica socavada por rivalidades polticas.

Las vacilaciones del establishment norteamericano frente a China ilustran el desconcierto que provoca esta indefinicin de rumbos. El status imperial del pas es una incgnita del mismo tipo.

BRASIL SUBIMPERIAL HOY?

Brasil fue el principal modelo de Marini para caracterizar a los subimperios. Encaja ese concepto con la realidad actual? No cabe duda que el pas mantiene su condicin de economa intermedia. E se posicionamiento persiste por el tamao y gravitacin de sus mercados. En el 2005 desplaz a Mxico en el tope regional y en trminos absolutos su producto lleg a ocupar el sexto lugar mundial.

Esta incidencia se verifica tambin en el el rol de las multinacionales. Hay 11 firmas de origen brasileo entre las 100 principales compaas globales y las inversiones en el exterior pasaron del 0,1% (1970) al 2,3% (2006%) del total global.

Las grandes compaas se han especializado en recursos naturales (Gerdau, Vale, Petrobras, Votorantim), construccin (Odebrecht, Andrade Gutirrez) e ingeniera (Marcopolo, Sab, Embraeer, WEG, Tigre). Han contado con el sostn de un gran banco estatal (BNDES) y tuvieron un desenvolvimiento superior a sus pares de Argentina o Mxico (Bueno; Seabra, 2010).

Pero la economa brasilea difiere del perfil que presentaba en los aos 60-70. Durante las ltimas dcadas reapareci la especializacin en exportaciones bsicas, junto a un significativo retroceso de la industria. Esa regresin coexisti con el creciente endeudamiento del estado. Los bancos y el agro-negocio han recuperado primaca frente a los industriales en el bloque de las clases dominantes.

Brasil perdi el aura de economa industrial ascendente. Los pases asiticos transformados en talleres del mundo han acaparado esa fisonoma. El declive fabril brasileo es muy relevante para un diagnstico subimperial en los trminos de Marini. El pensador marxista atribua esa condicin a incursiones externas derivadas del despunte manufacturero. Si esa esfera declina se replantea el estatus del pas en la mirada dependentista.

En nuestra actualizacin, la dimensin econmica no es tan relevante como el papel geopoltico, en la caracterizacin de un subimperio. Brasil ha consolidado en este plano su relevancia internacional. Forma parte de los BRICS, opera como la principal cancillera frente a cualquier crisis regional, es el interlocutor prioritario del Departamento de Estado y aspir a un asiento en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas.

Pero tambin se ha confirmado la ambivalencia de sus gobiernos para liderar procesos de integracin econmica y conformacin de bloques regionales. En las ltimas dcadas todos los presidentes vacilaron entre dos estrategias sin definir ninguna. No avanzaron en la insercin multilateral propia, ni en liderar una presencia sudamericana autnoma.

Las dudas en el primer terreno condujeron a frenar la promocin de una moneda comn en la zona , bloquear la implementacin del Banco del Sur y frustrar el manejo coordinado de las reservas acumuladas por la regin. El MERCOSUR fue formalmente propiciado sin ningn acompaamiento prctico. Abundaron las proclamas pero no las iniciativas efectivas.

Como la expansin agro-exportadora de Brasil se consum en gran medida fuera del vecindario, el inters por el resto del mundo prevaleci en desmedro de Sudamrica. Despert ms atencin el Banco de los BRICS que el Banco del Sur y se ampli la participacin en la cartera del FMI, a costa de la articulacin financiera latinoamericana. Este divorcio entre intereses globales y regionales diluy el perfil geopoltico del pas.

En comparacin a la poca de Marini, Brasil afianz su autonoma frente a Estados Unidos. Participa en organismos -como UNASUR o CELAC- alejados del tradicional sometimiento de la OEA. Pero esta ampliacin de la accin propia no se tradujo en acciones subimperiales.

La ambigedad de Brasil se verifica en el plano militar. Los gobiernos optaron por el rearme para proteger los recursos naturales. Modernizaron barcos, aviones y sistemas de deteccin para custodiar las fronteras y resguardar la Amazona.

Pero desenvolvieron una sola incursin externa con la ocupacin de Hait. Coordinaron ese operativo con Estados Unidos para cumplir las mismas funciones policiales que anteriormente ejercan los marines. Lejos de brindar auxilio humanitario contuvieron revueltas y aseguraron el orden semicolonial.

El carcter reaccionario de esa invasin salta a la vista, pero su impronta subimperial es controvertida. Brasil lider un pelotn latinoamericano integrado por pases como Uruguay, que nadie podra situar en ese estatus. El subimperialismo no se define por la simple participacin en operaciones internacionales de custodia del orden capitalista.

Ciertamente Brasil encabeza la legin que interviene en Hait. Pero Marini no caracterizaba al subimperialismo por la presencia blica en acciones propiciadas por el Pentgono. Por eso no aplic el trmino a la intervencin brasilea en la Segunda Guerra Mundial.

Su tesis apuntaba a resaltar acciones especficas de la clase dominante para reforzar el lucro de las multinacionales. Esta caracterizacin se aplica muy parcialmente al caso de Hait.

El espacio de Brasil para implementar polticas subimperiales en la coyuntura actual es estrecho. El desplazamiento de Dilma fue consumado por un trpode de parlamentarios corruptos, jueces y medios de comunicacin, que reemplaza a los militares en la instrumentacin de asonadas reaccionarias.

Extendieron a Brasil el nuevo tipo de golpes blandos que el establishment efectiviz previamente en Honduras y Paraguay. Estas acciones para-institucionales socavan la estabilidad requerida para implementar estrategias subimperiales. La restauracin conservadora signada por el alineamiento total con el Departamento de Estado, slo augura un prolongado periodo de crisis.

COMPARACIONES CON OTROS CASOS

Si se compara el nivel de intervencin militar externa de Turqua con Brasil salta a la vista el abismo de injerencia que se verifica en ambos casos. Como el primer pas ofrece un modelo de intervencin subimperial actual, resulta forzado extender esa caracterizacin a la nacin sudamericana. El mismo contrapunto podra establecerse con India.

Conviene recordar que Brasil no arrastra tradiciones centenarias de opresin, ni desarroll acciones blicas sistemticas fuera de sus fronteras. Mantuvo una subordinacin conservadora frente a las potencias mundiales, sin incursionar por ejemplo en el tipo de aventuras que perpetraron los militares argentinos en Malvinas.

En las ltimas dcadas el gendarme ms activo de Sudamrica ha sido Colombia. Con el pretexto de combatir el narcotrfico, el Pentgono instal seis bases y adiestr una fuerza armada que ampara para-militares, amenaza a Venezuela y espa a todos los vecinos.

Ese ejrcito -guiado por marines e incorporado a la OTAN- es el principal represor de la regin, pero no conforma un pelotn subimperial. Carece de la autonoma requerida para actuar en ese plano y responde a una clase dominante sin proyectos de supremaca zonal. Colombia se encuentra mucho ms lejos que Brasil en cualquier clasificacin de los subimperios.

La evolucin reciente de Brasil presenta semejanzas con Sudfrica. La principal economa del continente negro desenvolvi durante la mayor parte del siglo XX una activa intervencin en sus zonas aledaas, para ampliar los negocios de las empresas localizadas en Johannesburgo y contrarrestar las rebeliones anticoloniales.

El trmino subimperialismo fue apropiadamente utilizado para calificar esa estrategia del Apartheid. El sistema racista de opresin interna oper en forma ntida como una fuerza contrarrevolucionaria externa. Present muchos parecidos con el prusianismo militar descripto por Marini (Bond, 2005).

Pero al igual que en Brasil, el problema aparece al momento de actualizar esa caracterizacin. La tesis subimperial podra ser mantenida, si se prioriza la expansin de las firmas sudafricanas bajo el neoliberalismo post-Apartheid.

Los gobiernos de ese periodo han sido bendecidos por el FMI. Cooptaron a las nuevas elites negras, para implementar polticas regresivas que potencian la desigualdad social, el endeudamiento y el saqueo de los recursos naturales del vecindario de Sudfrica. La dominacin financiera y el predominio de las empresas mineras de Johannesburgo son muy visibles en Congo y Angola (Bond, 2016). Aqu se verifica la analoga con las transnacionales brasileas.

Pero con la extincin del Apartheid ha desaparecido la intervencin militar externa explcita de las tropas de ese rgimen. Tampoco perduran incursiones laterales como las implementadas por el Pentgono. La descarada intervencin del imperialismo francs en sus viejas colonias no tiene correlato en frica Austral.

La herencia legada por el rgimen racista impide a los gobiernos sudafricanos utilizar la fuerza militar explicita fuera de sus fronteras. Ese recorte del margen de accin blica externa, torna poco aplicable el trmino subimperial a la principal economa del continente negro.

Al igual que Brasil, Sudfrica persiste como un subimperio slo potencial. Confirmando el perfil variable de esa categora no cumple ese rol en la actualidad.

CONTROVERSIAS EN LA APLICACIN

La continuada influencia de las empresas transnacionales que operan desde Sao Paulo es remarcada en la caracterizacin subimperial actual de Brasil (Luce, 2015: 29-31). Esta mirada recuerda que durante la gestin del PT, las grandes empresas buscaron nuevamente compensaciones externas a las limitaciones del poder de compra local. El incremento del consumo interno no diluy esa necesidad de mercados forneos.

Las multinacionales incursionaron en negocios lucrativos en Sudamrica, generaron conflictos en Paraguay y Ecuador y compraron activos en Argentina. Lula y Dilma actuaron como lobistas de esas compaas perfeccionando la mediacin diplomtica de Itamaraty.

Pero ese expansionismo no determin un perfil subimperial. Ningn gobierno del nuevo siglo recurri a la supremaca militar o a la presin geopoltica explcita para apuntalar a esas empresas. Apelaron a la mediacin en los conflictos que esas compaas tuvieron con los gobiernos radicales de Bolivia y Venezuela. Esa actitud contrasta con las posturas de los gobiernos militares de la poca de Marini (Martins, 2011).

Otro contrapunto entre ambos periodos despunta en la solvencia de esas empresas. La expansin del pasado ha sido sucedida por el deterioro que sali a flote con la crisis de Odebrecht. Lula actuaba como abogado de esa empresa en sus desarreglos externos y Temer afronta un mega-escndalo de corrupcin.

Odebrecht utilizaba un colapsado sistema de coimas internacionales para ganar licitaciones. Varios competidores forneos quieren apoderase ahora de los negocios de la compaa insignia de Brasil. Las limitaciones para sostener el flanco geopoltico del subimperialismo comienzan a extenderse a la rbita econmica.

Algunos autores estiman que la brecha estructural entre ambos planos sign la historia del pas. Sealan que Brasil siempre mantuvo una presencia en el mercado mundial superior a su gravitacin geopoltica. Consideran que ese desbalance afianz una formacin hbrida, que combina rasgos de semicolonia privilegiada con perfiles de sub-metrpoli dependiente (Arcary, 2016).

Esta caracterizacin es una variante del estatus intermedio resaltado por numerosos investigadores. Pero esa definicin debera considerar, adems, las novedosas fracturas entre la esfera econmica y el mbito poltico-militar. Se han potenciado pases con atributos en el primer plano sin correspondencia en el segundo (Corea del Sur) y situaciones exactamente inversas (Rusia).

No es sencillo precisar la peculiaridad intermedia de Brasil que explor Marini. Pero ese estatus se ubica muy lejos del ascenso del pas al rango de nueva potencia global, que ocupa el vaco dejado por el declive estadounidense (Zibechi, 2015).

No existe ningn segmento de la economa brasilea comparable a sus equivalentes de Estados Unidos, Europa o Japn. Tampoco en el plano geopoltico o militar, el pas se equipara con alguno de los imperios en gestacin. No implementan acciones exteriores anlogas al despliegue blico de Rusia en Georgia o Siria. Y no se visualiza el menor signo de equiparacin con la presencia de China en frica o el sur de Asia (Sotelo, 2015: 70-86).

La ubicacin de Brasil en un lugar de potencia central tampoco cuaja con alguna teora del imperialismo. El nico fundamento conceptual sera la mirada pos-desarrollista, que asocia la irrupcin de nuevos poderes con la dinmica depredadora del capitalismo extractivista. Pero en ese caso la conceptualizacin del imperio vuelve a asumir connotaciones vagas y desvinculadas de la lgica de la acumulacin.

REPLANTEO Y UTILIDAD

Cul es la utilidad del concepto subimperialismo en la actualidad? Contribuye ante todo a comprender la estructura jerrquica del capitalismo contemporneo. Confirma que en la cspide de este sistema se sitan potencias centrales -que han actuado hasta ahora bajo el comando estadounidense-y que en la base se ubica el gran conglomerado de pases dominados.

En el medio de ambos polos se desenvuelven las distintas formaciones que operan como apndices, rivales o asociados autnomos de los poderes dominantes. Todas esas sub-potencias buscan afianzar su hegemona regional con posicionamientos distintos.

Los apndices del imperialismo expanden ese poder en total sintona con las estrategias de Washington, los imperios en formacin chocan con ese centro y los subimperios desenvuelven acciones autnomas en coordinacin o conflicto con las metrpolis.

La categora subimperio es particularmente apropiada para entender el estado de guerra permanente, que impera en ciertas zonas para dirimir supremaca regional. Las subpotencias recurren a la accin blica para hacer valer su predominio. Medio Oriente es el principal ejemplo de estos escenarios. Las rivalidades entre Turqua, Arabia Saudita e Irn se procesan en esos trminos.

Esa competencia desestabiliza el orden mundial, como lo prueba el descontrol de las fuerzas yihadistas. Genera convulsiones que se proyectan al interior de Estados Unidos y Europa. El terrorismo se ha desbordado como consecuencia de la accin autnoma de los subimperios.

Este descontrol nunca se verifica en los pases incorporados a la estructura del Pentgono o la OTAN. Es el caso de Israel, Canad o Australia, que no actan como subimperios sino como prolongaciones del imperialismo.

La categora tampoco se aplica a las principales potencias en conflicto estructural con Estados Unidos. Rusia y China conforman imperios en formacin que actan a nivel global y no solo regional. Mantienen vnculos de hostilidad y no de asociacin con Washington. En estos casos no rige el concepto de subimperio. Aqu la categora sirve para ilustrar -por contraposicin- cul es el estatus de los principales adversarios del imperialismo occidental.

Los subimperios registran intensas mutaciones por su vulnerable insercin en la divisin internacional del trabajo y en el orden geopoltico global. Esos ascensos y descensos modifican su perfil. Junto a los subimperios en accin (Turqua), recomposicin (Irn) o surgimiento (Arabia Saudita), otros no ejercen en la actualidad ese rol (Sudfrica y Brasil).

La ausencia de despliegue militar de envergadura fuera de sus fronteras determina ese pasaje de subimperios efectivos a potenciales. El fin del Apartheid en el primero caso y el desarme atmico en el segundo fueron determinantes del trnsito de una posicin a otra.

El subimperio ofrece un concepto provechoso para comprender la realidad contempornea. Pero se requiere una reinterpretacin de la nocin distanciada de su aplicacin original. Este replanteo valoriza el significativo geopoltico del concepto, en funcin de los grandes cambios mundiales registrados en los ltimos 40 aos.

Pero cul es el nexo del subimperialismo con las categoras especficamente econmicas de la Teora Marxista de la Dependencia? Cmo se relaciona con la superexplotacin? Abordaremos este tema en nuestro prximo texto.

RESUMEN

El subimperialismo se verifica en Medio Oriente. Turqua exhibe esa condicin en sus ambiciones de liderazgo neo-otomano. Con recursos petroleros y aventuras yihadistas Arabia Saudita intenta una hegemona semejante. Irn rivaliza reconstruyendo su viejo peso regional.

El estatus subimperial no se extiende al apndice israel del poder estadounidense. Lo mismo ocurre con Canad y Australia. En cambio India rene todos los ingredientes de esa categora.

Rusia afronta tensiones estructurales con Estados Unidos buscando afianzar su dominacin fronteriza. Es un imperio en formacin, que difiere tanto de los contendientes occidentales como del antiimperialismo. China se ubica en el mismo casillero, pero con preeminencia econmica y sin correlato geopoltico-militar.

El deterioro industrial y las vacilaciones estratgicas actuales de Brasil contrastan con el diagnstico de Marini. Al igual que Sudfrica, tiene recortado su margen de intervencin externa. Persiste como formacin intermedia entre imperios y periferias. El subimperialismo contribuye a clarificar los escenarios de la poca actual.

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Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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