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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2017

Prlogo al libro "Cuba y sus vecinos: democracia en movimiento", de Arnold August
El largo camino hacia la Utopa

Ricardo Alarcn de Quesada
Rebelin


Con demasiada frecuencia se publican libros sobre Cuba y su Revolucin carentes de rigor acadmico y seriedad profesional que, sin embargo, encuentran favorable acogida en el mercado y dan a sus autores la reputacin de especialistas. Abundan entre los cubanlogos quienes sin conocer a fondo la historia y la experiencia real de lo que juzgan, por no mencionar el idioma espaol, insondable misterio para algunos ganan fama y dinero , gracias a obras producidas tras un par de rpidas visitas a La Habana. Les bastaba interpretar la realidad desde afuera, desde su propio punto de vista cargado de prejuicios incrustados en sus mentes, dogmas que, quizs sin advertirlo, los mueven como mecanismos reflejos.

Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento es algo completamente diferente como lo es su autor, Arnold August. Al igual que otros estudios suyos1 este es fruto de un trabajo acucioso y sistemtico, basado en una investigacin de terreno en largas temporadas que August ha pasado en Cuba participando como un cubano ms en reuniones y actividades de las comunidades con las que convivi y en numerosas entrevistas y encuentros con centenares de personas, acadmicos, polticos y sobre todo gente comn, del pueblo llano, protagonistas esenciales de nuestro proyecto democrtico.

El resultado es una visin objetiva, desde adentro, sobre una realidad, como todas, cambiante, en movimiento, con logros y deficiencias, con aciertos y errores. El lector podr coincidir o discrepar con los criterios que el autor emite, aqu o all, tal como sucede constantemente entre nosotros en la vida cotidiana. Este libro contribuye a la reflexin necesaria sobre nuestro sistema poltico y es un instrumento til para perfeccionarlo y hacerlo cada vez ms autnticamente democrtico.

August pudo lograrlo porque aborda el tema despojado del eurocentrismo, o usacentrismo, caracterstico de un amplio sector de la academia occidental que suele tratar el tema de la democracia asumiendo en el lector una ignorancia que se empean en solidificar.

Quienes presentan la democracia como si fuese patrimonio exclusivo y creacin del capitalismo desarrollado quieren hacernos olvidar que el concepto fue una mala palabra hasta tiempos relativamente recientes. La idea de que la sociedad norteamericana se cimenta en el ideal democrtico provocara el rechazo y la burla de los Padres Fundadores.

Basta leer los textos recogidos en The Federalist2 para darse cuenta de que para Madison, Hamilton y Jay y para los intereses que ellos encarnaban la Repblica que organizaron no era una democracia sino algo diferente, incluso antagnico. La Constitucin que disearon, respetando las prerrogativas de cada estado dentro de la Federacin y el cuidadoso equilibrio entre los tres poderes supuestamente separados Ejecutivo, Legislativo y Judicial se propona garantizar, ante todo, que el pas fuese gobernado por los grandes propietarios. La llamada Revolucin norteamericana del siglo XVIII fue en grado determinante la rebelin de los esclavistas temerosos de la inminente abolicin que se anunciaba desde Londres e interesados en romper las restricciones que la Corona britnica impona a su expansionismo hacia el Oeste. Por eso durante un siglo pervivi la esclavitud en la nueva Repblica que, en su marcha hasta el Pacfico, avasall tambin a las poblaciones autctonas.

Avanzaba el siglo XX cuando el presidente Woodrow Wilson crey descubrir la naturaleza del problema: El Gobierno, que fue concebido para el pueblo, ha cado en las manos de sus jefes y de sus patronos. Un imperio invisible se ha establecido por encima de las formas de la democracia.3

Pero, en verdad, esas formas haban sido concebidas por los fundadores, precisamente, para que no fuese el pueblo quien gobernase sino sus jefes y sus patronos. Ya lo haba escrito el Federalista: Los propietarios del pas deben gobernarlo.4

Pese a su aversin inicial por la mala palabra con el andar del tiempo los propietarios trataron de apropiarse del trmino aunque castrndolo, pretendiendo reducir el ideal democrtico a la democracia representativa.

Bajo ese rtulo se vende an, en pleno siglo XXI, un producto tan antiguo como la aparicin de los estados nacionales europeos. Su principal falla es un defecto de fbrica que, irnicamente, le fue sealado desde que surgi por primera vez.

Lo hizo, desde entonces, Jean Jacques Rousseau en anlisis que conservan plena validez.5 Sistema semejante, explic, no sirve ms que para mantener al pobre en su miseria y al rico en su usurpacin, ya que las leyes son siempre tiles a los que poseen, y perjudiciales a los que no tienen nada. Para el ginebrino, la soberana es intransferible y en sociedades basadas en la desigualdad entre los hombres la representacin es necesariamente ficticia. Para que fuese real habra que alcanzar primero la igualdad y con ella, adems, instaurar mecanismos para asegurar que los representantes actuasen siempre conforme a la voluntad colectiva acatando su mandato imperativo. En resumen la democracia sera el modo de organizar la sociedad cuando sta superase el capitalismo que entonces daba sus primeros pasos. Democracia era, en consecuencia, la utopa.

La bsqueda de ese ideal, factor importante entre los jacobinos y otros actores durante la Revolucin francesa, estuvo presente en la sublevacin de algunos sectores populares de las Trece Colonias y acompa las luchas de obreros y artesanos a lo largo del siglo XIX.

La historia poltica en los pases donde impera la democracia representativa ha girado en gran medida alrededor de la cuestin de la franquicia. Quines tienen derecho a votar para elegir a sus representantes?

Lo que comenz como un privilegio exclusivo de los nobles feudales que queran compartir el poder absoluto de sus monarcas ha recorrido una ruta prolongada hasta llegar al reconocimiento formal, aparente, de ese derecho a la mayora de los ciudadanos. Las restricciones sin embargo han sido y continan siendo innumerables: por razones de gnero, color de la piel, escolaridad, ingresos personales y otras. En el caso norteamericano, por ejemplo, mucho se habla de que la mayora de las personas con capacidad para votar se abstienen de hacerlo. Pero se olvida que una cifra semejante la componen los ciudadanos que, por diversos motivos, carecen de ese derecho o no pueden ejercerlo por los obstculos que deben vencer para integrar las listas de electores o votar en un da laborable.6

El otro tema que se discute desde los tiempos de Rousseau es el de la intencin reduccionista que limita la idea de la democracia a una jornada, la del da de las elecciones, que conduce a una contradiccin clave: democracia representativa versus democracia directa. Es posible esta ltima a escala de la sociedad contempornea? O ser condenado el ciudadano a depender completamente de su representante?

Hans Kelsen, filsofo del Derecho, autor de textos fundamentales sobre esta materia7 y redactor principal de la Constitucin de la Repblica austraca, encontr la respuesta en la experiencia de los soviets en la etapa inicial de la Revolucin bolchevique: Dada la impracticabilidad de la democracia directa en los grandes estados econmica y culturalmente evolucionados el esfuerzo para establecer el contacto ms constante y estricto posible entre la voluntad popular y los representantes necesarios del pueblo, la tendencia a acercarse al gobierno directo, conduce ya no a una eliminacin, y ni siquiera a una reduccin, sino ms bien a una hipertrofia insospechada del parlamentarismo. De ese modo se disuelve la ilusin de un parlamento nico supuestamente depositario de la soberana popular, cuyo carcter ficticio lo condena irremisiblemente a su aislamiento de la sociedad real ms que representantes del pueblo, sus miembros se convierten en personajes de una representacin teatral que el pueblo contemplara cuando no tuviese un espectculo ms atractivo,8 se crea todo un sistema de innumerables parlamentos, superpuestos lo unos a los otros, lo cuales deben convertirse de simples reuniones de charlatanes que eran, en asambleas de trabajo. Se alcanza as que el ciudadano de administrado se volvera administrador de s mismo, de objeto, sujeto de la administracin. Por otra parte, no directamente, sino por mediacin de los representantes electos. Democratizar la administracin es ante todo y simplemente parlamentarizarla.9

Con las palabras citadas Kelsen describa lo que a su juicio era la nica solucin: la democracia participativa que plenamente desplegada conducira a la parlamentarizacin de la sociedad.

El libro de August examina la experiencia cubana en el desarrollo del poder popular, un sistema de democracia participativa en el que, por supuesto, aun nos queda mucho por andar. Sus races se hunden en el origen mismo de la Nacin cubana que brot de dos ingredientes esenciales: la incesante lucha de los esclavos por su libertad y la bsqueda de un modo de pensar, y un pensamiento, propio, autnomo, que nos legaron Varela, Luz, Mart y otros maestros. La fusin de ambos, el 10 de Octubre de 1868, cuando al decir de Antonio Maceo Cuba enarbol la bandera de la guerra por la justicia10 y dio inicio a una Revolucin que, tras recorrer incontables avatares contina hoy aferrada a sus ideales originarios: independencia absoluta y solidaridad humana.

Transformar al espectador en protagonista, adems de cambios radicales en la sociedad y de una aplicacin sistemtica y consecuente de la democracia socialista y los mecanismos del control popular, requiere de una modificacin profunda en la conducta ciudadana que slo vendr de la praxis y la educacin, una verdadera revolucin cultural. Es, necesariamente, un proceso de continuo movimiento, en el que la insatisfaccin con lo logrado y el espritu creador son las brjulas indispensables. Despus de todo se trata de realizar la utopa. O a qu nos convocaba el Padre de la Patria al proclamar que la Repblica debera basarse en la perfecta igualdad?11

Notas:

1 Especialmente su libro Democracy in Cuba and the 1997-1998 Elections (Havana and Montreal: Editorial Jos Mart and Canad-Cuba Distribution and Publishing, 1999) y el capitulo Socialism and Elections en Cuban Socialism in a New Century: Adversity, Survival and Renewal, edited by Max Azicri and Elsie Deal (University Press of Florida, Contemporary Cuba series edited by John M. Kirk, Gainseville FL, 2004).

2 The Federalist, New York Modern Library, 1937. Rene la coleccin de 85 ensayos publicados en 1787 en The Independent Journal y otras publicaciones neoyorquinas escritos por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay en su campaa a favor de la Constitucin.

3 The New Freedom, p. 36. Con ese ttulo Wilson public sus discursos durante la campaa electoral de 1912.

4 The Federalist, ibdem.

5 Jean Jacques Rousseau: El contrato social, Ediciones Orbis, Aguilar S. A. Barcelona, 1984. El mismo volumen incluye otro texto fundamental de Rousseau: Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.

6 Al respecto hay abundante bibliografa. Resulta til Why Americans Dont Vote, Pantheon Books, New York, 1989. Sus autores, Frances Fox Piven y Richard A. Cloward, miembros del establishment liberal, demuestran cmo las regulaciones electorales perjudican a los negros, los latinos y en general a los pobres haciendo que all la mayora del electorado, sea segn ellos, blanca, anglosajona y de clase media alta.

7 Hans Kelsen escribi extensamente sobre el problema de la democracia en la sociedad contempornea. Dedic un captulo completo a la ficcin de la representacin en su Teora General del Estado, Editorial Labor S. A., Barcelona, 1925. Las citas recogidas en este prrafo son de otra obra fundamental: Hans Kelsen Esencia y valor de la Democracia, Editora Nacional, Mxico D. F., 1974).

8 La comparacin del ciudadano con el espectador que, sentado en la ltima fila, apenas entiende lo que ocurre en el escenario pertenece a Walter Lippmann, eminente periodista norteamericano que mucho escribi en defensa del liberalismo. Una amplia coleccin de sus trabajos fue recogida en The Essential Lippmann- A Political Philosophy for Liberal Democracy, editado por Clinton Rossiter y James Lare (A Vintage Book, Random House, New York, s/f).

9 Hans Kelsen: Esencia y valor de la democracia, Editora Nacional, Mxico D. F., 1974.

10 Exposicin a la Asamblea Constituyente de Jimaguay, (30 de septiembre de 1895) en El pensamiento vivo de Antonio Maceo, Jos Antonio Portuondo, Editorial de Ciencias Sociales.

11 Fernando Portuondo y Hortensia Pichardo (comp.): Carlos Manuel de Cspedes-Escritos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1974.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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