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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2017

Haba una vez un circo...

Juan Cedrn
Tiempo Argentino


Mi primer recuerdo de un circo es de fines de los aos 40, en Munro, por la avenida Vlez Sarsfield, cerca de la fbrica Luminton. Era otro Buenos Aires, otro pas, otro mundo. Nosotros vivamos en Puente Saavedra, cerca de la sifonera Bottegoni, que era de un to mo, bandoneonista. Jos Bottegoni era tambin cachivachero, compraba y venda de todo. Me acuerdo de que tena varios bandoneones, uno de ellos el que hoy toca mi sobrino Manolo.

No me acuerdo el nombre, pero aquel de Munro era un circo pobre; nada de leones ni elefantes los amaestrados cuando mucho eran perros! De verdad. Para que lo entiendas, lo explicaba as Tun: "Un circo pobre. Un circo pobre es igual que un circo rico. Pero pobre."

Nos bamos hasta all con mis hermanos, a veces tambin con mis viejos. Y ah vi por primera vez Juan Moreira. Era el famoso circo criollo, que en la primera parte tena los payasos, equilibristas y otros nmeros, y en la segunda una representacin de teatro nacional. Pero si te digo la verdad, de lo que ms me acuerdo era del viaje. Nos fascinaba. Nosotros tendramos apenas 8 o 10 aos e bamos en el colectivo 230, uno negro y rojo. Era de los colectivos de antes, cortitos, que tenan una puerta a la izquierda del chofer; y en la escalerita de esa puerta viajbamos nosotros, hablando de igual a igual con el tipo. Y ramos nenes.

Tiempo despus, mismo en Saavedra, sobre Cabildo y Vedia hubo otro circo, el de los hermanos Rivero. Ya era un circo ms grande, menos pobre. En el mismo predio haba otras atracciones, como una calesita tirada por un caballo. Con los ojos vendados para que no se asuste, el pobre matungo daba vueltas y vueltas por un espacio que haba entre el centro de la calesita y la parte donde van los pibes con sus autitos o en los caballitos de madera. "Alegras infantiles / que cuestan una moneda / de cobre, pegasos, lindos pegasos", dira Machado.

Y cuando nos mudamos a Camet, en medio del campo, bamos al circo de Mar del Plata, en la avenida Independencia y Almafuerte. Ah lo bueno fue que ya ramos un poco ms grandes, y nos colbamos, volando de excitacin, como un vrtigo de lo prohibido. Haba que saltar un vallado y nos metamos por atrs de la carpa, pasando primero entre los carromatos y las jaulas de las focas, los leones, y despus por bajo las gradas, viendo a contraluz los pies de la gente.

Ya ms grande y en Buenos Aires, ms precisamente en La Boca, ese mundo funambulesco volvi a nosotros con Javier Villafae. l era mayor que nosotros, pero fuimos muy amigos, como familia. Era un tipo fascinante, charlatn. Y era muy gorila, discutamos mucho sobre poltica. Me acuerdo de que, aos despus, mi hermano Jorge le reprochaba porque Javier no haba querido que el gobierno Pern le editar su libro El Gallo Pinto para llevarlo a los pibes en las escuelas. "Y para qu lo quers al libro, viejo de mierda?", le deca. "Para que lo lea quin escribiste el libro?" "Tens razn, tens razn", le reconoci un da.

Villafae ya pareca viejo cuando era joven. La barba, el pelo, sus modales. Iba con su espectculo a todos lados, a los barrios, la escuelas. Me acuerdo de que se haba hecho un teatrito porttil, que llevaba sujeto como un corset, que tena por delante una cortinita por donde aparecan los tteres. Y sus muecos eran los personajes de la comedia del arte: el Polichinela, Colombina, Arlequn y el Diablo, que al final de las historias siempre lo corran y apaleaban. Pero creo que nunca se mora, no? Ya en Europa, Javier vivi un tiempo en "el Chateau", como le decamos a un ranchito que yo haba conseguido hacerme en la afueras de Pars. "Prtense mal, prtense mal", nos deca siempre cuando se despeda.

Titiritero como Johnny Walker, el trotamundos que por los aos '20 haca sus nmeros en un circo de Ingeniero White, cerca de Baha Blanca. Tun lo conoci en vida, y de l tom su personaje Juancito Caminador. Ral nos contaba que Walker haca el truco de la calavera y el conejo. El tipo mostraba al pblico una calavera y le daba de comer hojas de lechuga que desde atrs se las coma un conejo que nadie vea. Hasta que un da se termin la lechuga. Y bueno, se muri el conejo.

Me cruc con otros circos despus. Y ahora, con La Musaranga, volv a encontrar uno bien, pero bien pobre. Uno con guirnaldas, florcitas, arena, telones remendados, amplificadores con sonido metlico, como los de antes, hecho todo con cosas recicladas. Un circo bien criollo donde veo a Nelly Omar con poncho federal cantando con sus guitarristas o a Feliciano Brunelli tocando frentico un pasodoble. Mientras por delante pasa un barquito que navega entre olas de juguete, o colgado de la carpa trastabilla un equilibrista de madera, entre gallos, perros y loros que cantan. Tienen tambin un ventrlocuo de carne y hueso, una cabeza de payaso que habla, tres perros de lata que cantan un vals y una mquina que expende poemas. La moneda que pons en la ranura no es de 20 centavos, pero te hace ver la vida color de rosa.

El Cuarteto Cedrn y la Compaa Nacional de Autmatas La Musaranga ofrecen su espectculo "El Puchero Misterioso" los sbados 15 y 22 de abril y 20 y 27 de mayo en Teatro El Popular, en Chile 2080, Buenos Aires

Fuente: http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/66230/haba-a-una-vez-un-circo-por-juan-cedra-n



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