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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2017

Serbia, lucha contra la anormalidad
Una nueva generacin se enfrenta al modelo poltico-social anquilosado

Miguel Rodrguez
Saltamos


No es extrao que cuando le preguntas a un estudiante serbio si le gustara marcharse al extranjero te responda: s. Varios son los motivos, pero uno se repite con cierta asiduidad: Me gustara vivir en un pas normal. Esta afirmacin no refleja la bsqueda de un proyecto de vida, sino ms bien escapar de otro, hacia un pas existen pocos donde el sentido comn prevalezca. No es que Serbia sea un mal lugar donde estar, no lo es, todo lo contrario, pero no es un lugar que incite a soar con una vida mejor para quien no la tiene, y hay mucha gente, sobre todo los ms jvenes, que sufre esta situacin.

Durante aos ese estado de insomnio no solo gener emigracin entre los ms desesperados y los ambiciosos, tambin dos modelos de asimilacin poltica que han generado mucha frustracin: por una parte, aquellos que supieron aparselas en los cdigos, muchas veces injustos, de las redes informales del mundo exsocialista; por otra, aquellos que terminaron en un estado perpetuo de desafeccin e incertidumbre, aturdidos ante un horizonte que haba dejado de ser cmodo y previsible. Para bien y para mal se haba esfumado el paternalismo titista, no as su burocracia.

La misma poltica serbia se sirvi de ese estado de conmocin postyugoslava para renunciar al progreso social. El bajo nivel de vida se justificaba enteramente por esa situacin anmala, revivida y reproducida da tras da por crmenes de guerra, rivalidades regionales, revisionistas histricos o por el victimismo que tanto se estila entre los nacionalistas, en las kafanas y en las cocinas serbias, hasta que la claustrofobia y la redundancia del escenario poltico devenan en un estado de permanente sometimiento. Mientras, los mismos polticos, por dcadas, seguan y siguen apoltronados en los plats de televisin.

La apata lleg hasta tal punto que el aumento del desempleo y la subida del dinar, a raz de la crisis de 2008, no tuvieron una respuesta equivalente en Serbia a la vivida tras los recortes en Grecia, Espaa o Portugal. Pareca como si la sociedad serbia, y la balcnica en general, no tuviera capacidad de respuesta, incapaz de asociarse ante los envites lanzados por la clase poltica en forma de abusos de poder, injusticias sociales, descenso de libertades y corrupcin. Las calles se fueron rindiendo a la abulia y la indiferencia, hedonismo expresado mediante prolongados cafs a media tarde, pero con semblantes en el transporte pblico que no dejaban de expresar caras de amargura los das lectivos.

Elecciones, ms de lo mismo

Tampoco es que las elecciones presidenciales del 3 de abril aventuraran nada diferente. La victoria, se presuma, iba a ser para el primer ministro Aleksandar Vučić, como as fue (56% de los votos). Ha logrado algo inaudito: compaginar ser primer ministro y presidente mientras no se forme nuevo gobierno y, adems, ser apoyado por la altas instancias mundiales, entre ellos Merkel y Putin, con el espaldarazo de Gerhard Schroeder, invitado a su campaa electoral, o, incluso, dejndose ver, no mucho antes, con Bill Clinton, alentador de los bombardeos de la OTAN a Yugoslavia y de la independencia de Kosovo que tantos rditos polticos han dado y siguen dando al nacionalismo serbio. La irona en todo esto es que Vučić haba decidido presentarse incumpli su promesa de no hacerlo ante los riesgos de derrota de su mentor, Toma Nikolić, sin ningn msculo poltico y eclipsado desde hace cinco aos por la tenacidad y el bro de su discpulo.

La oposicin, disgregada, reproduca el principal problema que aqueja al escenario poltico serbio: cada poltico quiere para s el control del monopolio poltico, bien en el gobierno o en la oposicin. Parece que las tendencias autoritarias son irrefrenables y todos juegan al todo o nada hasta que logren, al menos, algn ministerio. La duda era si habra segunda vuelta, y no la hubo. Once candidatos no lograron que acudieran ms que el 55% de los llamados a las urnas. Resultado: Aleksandar Vučić con un apoyo del 25% del electorado, como tambin ocurri en las parlamentarias, volvi, si cabe ms, a ser dominador absoluto de la poltica serbia.

Esas cifras reflejan el principal problema y ayudan a contextualizar, parcialmente, el origen de las protestas estudiantiles en Belgrado, Novi Sad o Ni. Un 75% o bien es opositor a Vučić o no se siente representado, o no est interesado en la poltica, y, sin embargo, ese mismo porcentaje, en su mayora, va viendo su calidad de vida descender paulatinamente, sin signos de mejora. La situacin poltica es tan desalentadora que Luka Maksimović (9%), cuya apuesta poltica consiste principalmente en parodiar a la clase poltica local, logr el favor de casi 350.000 votantes, consiguiendo ms votos que el expresidente de la Asamblea de Naciones Unidas y ex ministro de Asuntos Exteriores, Vuk Jeremić (5%).

Una novedad es que un sector de las fuerzas sociales, sobre todo en Belgrado, apoy al candidato Saa Janković, exdefensor del pueblo, quien concurra a las elecciones como candidato independiente, aunque con el apoyo del Partido Democrtico, otrora referencia de la Serbia democrtica, hoy partido desilusionante. Aunque pareca que su figura se iba estirando durante la campaa, obtuvo apenas 200.000 votos (16%) ms que Maksimović. Desde este rincn del escaparate poltico, la oposicin en Belgrado surge, como siempre, distanciada de la Serbia rural, caladero del nacionalismo y del clientelismo poltico, votantes inmersos en una acostumbrada y recia precariedad, pragmtica y escptica, pero una masa social imprescindible para alzarse con el poder en democracia.

Las similitudes en el discurso poltico fue una ventaja para Vučić, que se concentr en convencer que garantizara el orden y la fuerza del Estado, como tambin hicieron sus rivales polticos. Como es habitual, los mensajes resultan casi indistinguibles, aparte de los tradicionales ataques personales, siendo los principales candidatos a la presidencia sobre el papel proeuropeos (ms del 80% de votos). Pero Vučić s utiliz la carta de la inseguridad, erigindose en una especie de leviatn que salvaguardar a los serbios del escenario macedonio el vecino del sur lleva tres aos en una espiral de turbulencias polticas, como hacedor de la paz en la regin: la concepcin del Estado como monopolio de la violencia y no como espacio seguro de interaccin y pluralismo democrtico. El dramatismo sigue calando en la sociedad, frente a la desconfianza que generan los nuevos proyectos polticos, tantas veces decepcionantes desde la revolucin de octubre del 2000.

Una nueva generacin

Por qu surgen las manifestaciones? Tres motivos merecen ser destacados. El primero, las elecciones parecen haber sido irregulares. La inexistencia de oposicin ha reducido la presencia de interventores. Janković acusa a Vučić del robo potencial de 319.000 votos, que tal vez hubieran permitido una segunda vuelta. La captura del Estado por parte del partido en el Gobierno, el SNS, ha erosionado los mecanismos de control electoral, pero tambin ha tejido una extensa red de fieles seguidores que sancionan en sindicatos, empresas, y en las administraciones pblicas la disidencia poltica o, incluso, el secreto de voto.

El segundo es el bloqueo meditico en el que anda sumido el pas, cuyos medios de comunicacin, en su inmensa mayora, apoyan al primer ministro y presidente serbio, sin decencia ni disimulo alguno, empeorando, si cabe ms, el expediente dejado por Slobodan Miloević, de cuyo gobierno el mismo Vučić fue ministro de Informacin con menos de 30 aos.

El motivo ms relevante?: una nueva generacin poltica, sin las heridas del pasado, es consciente de que debe confrontar un modelo poltico social donde la afiliacin al partido no es conditio sine qua non para sobrevivir, pero s para prosperar.

No es un momento propicio para organizar una protesta, con la victoria electoral de Vučić tan reciente, pero su espontaneidad y frescura desactivan las acusaciones esgrimidas habitualmente en la poltica balcnica, refugio de la lite y de los indolentes, por las que cualquier expresin de disconformidad parece sugestionada por alguna fundacin fornea que tiene a sueldo a los manifestantes. Como si la movilizacin social no estuviera justificada por s misma, segn los malos indicadores sociales que presenta el pas en trminos de calidad de vida, desigualdad, corrupcin, mal funcionamiento de las instituciones, trabas a la independencia del Poder Judicial y descenso de las libertades civiles. La pregunta sera otra, e invitara a la chanza: a qu intereses ocultos responden aquellos que no se manifiestan?.

Bajo el grito de Abajo la dictadura se desarrollan las actuales manifestaciones, con pitidos de silbatos y proclamas hacia los curiosos para que se sumen a ellas. No es un nuevo estado de movilizacin poltica, sino que sigue el curso de las protestas pacficas, celebradas desde hace ms de un ao por la iniciativa Ne da(vi)mo Beograd, contra el proyecto de especulacin urbanstica Belgrade Waterfront, pero s devuelven el protagonismo a los ms jvenes, los estudiantes, silenciados desde hace mucho tiempo, atados de pies y manos, y sumergidos en el barro del tedio poltico durante esta inacabable transicin.

La desintegracin de Yugoslavia, la crisis econmica, las sanciones internacionales, las masas ingentes de poblacin desplazada desde Bosnia, Croacia y Kosovo durante los aos 90 y la falta de perspectivas empujaron, en su momento, a la poblacin a escapar en busca de un porvenir. Las continuidades con el pasado reciente no deben ignorar una discontinuidad an ms importante: la ruptura con un pasado derrotista, el primer paso para salir del inmovilismo.

Para los estudiantes, durante las dos ltimas dcadas, la opcin ms realista (normal) fue siempre la emigracin solo en Alemania, Austria y EE.UU hay ms de 2 millones de serbios (Serbia tiene 7,5 millones de ciudadanos), como lo hicieron los gastarbajters yugoslavos en los aos 60 y 70. No en vano, durante las protestas, un jubilado reivindicaba las manifestaciones: quera que sus nietos volvieran de Canad algn da. Una forma legtima, democrtica, de luchar: una reaccin normal cuando hasta los que estn en contra de las protestas y miran el futuro con desinters reconocen que gobierna la anormalidad.

Fuente: https://saltamos.net/serbia-protestas-contra-la-anormalidad/



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