Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2017

Ordenar, sealar, contar: el lenguaje secuestrado

Armando B. Gins
Rebelin


Una teora muy extendida indica que el lenguaje humano naci en modo imperativo: haz esto. Un emisor investido de autoridad dictaba una orden que era cumplida a rajatabla por un receptor en posicin subalterna. Desde luego que la teora es discutible, pero sirve para dar cobertura ideolgica a las sociedades jerarquizadas, donde una clase dominante atesora la capacidad de mandar, elaborar conceptos complejos, explotar el trabajo ajeno y determinar la estructura poltica, social y econmica de las comunidades de convivencia.

Pero el lenguaje parece que da ms de s, viniendo a sustituir al dedo que sealaba los alrededores cotidianos imprescindibles que se queran comunicar al prjimo. El dominio del entorno inmediato mediante palabras simples, desde onomatopeyas a neologismos, creaba un cinturn de seguridad a las actividades comunes y simples de la supervivencia diaria. El entorno vital modificaba el lenguaje, creando una cultura verncula que incida y transformaba el medio ambiente humano.

La mujer y el hombre antiguos tomaron conciencia de s mismos con el lenguaje, herramienta que les permiti abstraerse de la naturaleza e inventarse mundos paralelos: salieron del presente inmediato abriendo puertas a la historia y al porvenir, a la reflexin y a la utopa. No todo era ya existencialismo de urgencia. Mediante el lenguaje enriqueci su intelecto y sus emociones se hicieron ms sutiles, transformando la lucha por el sustento en una suerte de arte de la vida que con el paso del tiempo sent las bases del pensamiento cientfico.

Un tercer elemento intrnseco del lenguaje sera su cualidad para contar o narrar y dejar constancia histrica de sus mitos, pensamientos y experiencias particulares. El relato trasciende el tiempo y el espacio permitiendo transmitir una forma de ser peculiar, una manera espiritual de entender el misterio de la vida y un modo material y prctico de crear universos simblicos ricos que unieran lo real y lo imaginario en un cuerpo que dotara de sentido a la existencia.

Esos tres niveles del lenguaje siguen operando en la actualidad, si bien a travs de trasformaciones o distorsiones muy sibilinas de sus esencias originales.

El imperativo estructura nuestras sociedades posmodernas, aunque ahora el emisor de la orden sea un conjunto de normas sin rostro conocido. La orden se ha deshumanizado, diluyndose la responsabilidad ejecutiva en un conjunto ideolgico annimo. Se sabe que hay que obedecer para mantenerse en una normalidad nebulosa. Somos conscientes de que obedecemos de manera instintiva: si nadie nos mira o rehuye o denuncia nuestra actitud con gestos de sorpresa o reproche, todo va bien y el emisor gran hermano se siente satisfecho en su poltrona fuera de la realidad tangible.

Hoy, las rdenes se han estandarizado y despersonalizado, interiorizando cada cual ese imperativo desledo y en apariencia neutral que nos indica qu debemos hacer en cada momento. Nada conocemos del emisor, de su presunta autoridad, de sus intereses, de sus capacidades, de su historia. De algn modo, el binomio emisor-receptor se ha roto. La ausencia de responsabilidad se ha evaporado. La crisis es latente, provocando un malestar donde la jerarqua no tiene nombre y el receptor obedece sin rechistar ni posibilidad de expresar su oposicin crtica ante ninguna instancia carnal. El Otro se ha esfumado, a nadie se puede culpabilizar de las situaciones creadas. El receptor es una isla desconectada de la realidad: su entorno vital es un Yo a la deriva, un s mismo sumido en la neurosis de la duda permanente y el presente sin expectativas.

La crisis del lenguaje tambin se detecta en las vivencias cotidianas. Al salir al mundo diario, todo es una prescripcin de mensajes que nos obligan a sumergirnos en un espacio preconcebido de emociones impuestas por la publicidad y la normalidad ideolgica. El control de la realidad resulta evidente: a cada paso un mensaje, rdenes sutiles que mediante la sugestin y la repeticin ahorman un mundo manufacturado donde solo hay que seguir las flechas y las prohibiciones para convertirse en un buen ciudadano. En apariencia, los trasiegos de las urbes modernas dan la sensacin de caos o libertad absoluta; estamos ante un mar de voluntades guiadas por el impulso privado y el libre albedro tan caro al neoliberalismo en boga.

Sin embargo, ese movimiento a millones de bandas muere en la obediencia ciega y subliminal del cumplimento de los objetivos sugeridos por los mensajes annimos que vienen del gran hermano en la sombra. La meta de la supuesta libertad de accin es hacer coincidir la voluntad dirigida sibilinamente con la normalidad exigida por el emisor annimo escondido en la maraa de rdenes encubiertas dentro de la ideologa hegemnica y las normas subyacentes. Tal paradoja es invisible, formando una metfora social adherida al ser del hombre y la mujer contemporneos.

Narrar la experiencia propia se hace imposible en este escenario mediatizado por la anodina normalidad. Todos somos iguales en la precariedad. El lenguaje se ha pervertido de tal manera que ya no es efectivo ni til para entendernos a nosotros mismos ni las relaciones complejas que nos enlazan con el Otro. Las diferencias sustanciales que marcaban las contradicciones en pugna (capital-trabajo, ciencia-mito y similares) han dado paso a una diversidad en la normalidad, donde cada cual exhibe su fatua idiosincrasia frente a otros colonizados por el mismo espritu gregario. Exaltando los gestos diminutos y las diferencias accidentales creemos habitar sociedades plurales y libres. No atisbamos en este teatro de gritos inconexos que vivimos en comunidades donde las prohibiciones son santa y sea de nuestra vida cotidiana.

Est prohibido salirse del ro de la normalidad. Prohibido baarse en el pensamiento crtico. Prohibido inventar otros mundos. Prohibido oponerse a la cultura dominante. Prohibido desvelar que detrs de tantas prohibiciones hay un Otro que marca la vida hasta en sus ms pequeos significados. Se hay fracturado el dilogo real entre los emisores y receptores de rdenes.

Ni con nuestra conciencia podemos entablar un dilogo sincero y sin tapujos. En ese sentido, las sociedades posmodernas han infantilizado el lenguaje en la direccin de lo que se ensea en las escuelas bancarias : unos detentan el capital-saber para que el resto, el elemento pasivo y discente, salga de su crasa ignorancia. Un monlogo siniestro y sospechoso. Y eso que todo en la vida, desde la cuna, es dilogo. El monlogo es una quimera, una especie de locura mstica para no socializar la realidad tal como es.

Solo nos queda, al parecer, una solucin radical: convertirnos en bebs e iniciar una nueva andadura para restablecer el Otro ausente, el emisor que se esconde detrs de nuestra impotencia actual. Dicen que antes de dormir, los bebs entablan dilogos significativos consigo mismo, buscando al Otro como referencia para establecer un Yo saludable y veraz.

Ese presente que ahora se nos niega ha estado desde que venimos al mundo plagado de preguntas maternales. La figura de la madre, sostienen algunos estudios psicolgicos, nos hace preguntas frecuentemente para sondear nuestros deseos y estados de nimo. En definitiva, nos estimula para que objetivemos nuestra experiencia individual y la comuniquemos con autonoma a travs de gestos y balbuceos propios, ensayos de acierto y error para crear nuestra singular independencia posterior como adultos.

Hoy y ahora, el mundo ya no nos hace preguntas. Nos dice lo que debemos hacer desde que amanecemos hasta que nos refugiamos en la oscuridad de la privacidad hogarea. Haz esto se ha convertido en el paradigma de nuestra poca frente al qu te pasa, qu piensas, qu te duele, qu quieres de nuestra madre biolgica o putativa.

En suma, nos han cambiado a la madre conocida por un padre dudoso, espectral, annimo, imperativo. Quebrar ese crculo es tanto como quitar la careta del Otro que nos oprime. El sentido de los significados sera muy distinto.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter