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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2017

La economa cubana: cambios y retos

Roberto Veiga Menndez
Cuba Posible


La Revolucin hered un pas pobre por ms de medio siglo, vctima de la corrupcin y el desgobierno, atenazado por la dependencia externa y la explotacin capitalista e imperialista. En esas difciles circunstancias eligi como va para resolver los males que lo asolaban, el nico camino que encontr posible: el Socialismo, en nuestro caso, frente a las mismas costas de Estados Unidos. Sus profundas transformaciones tuvieron que vencer constantes y crecientes agresiones de la reaccin interna y externa, a tal punto que nuestro pueblo fue condenado al ms largo y despiadado bloqueo econmico, comercial y financiero que recuerde la historia de la humanidad por parte de la potencia imperial ms poderosa del mundo. Estas realidades impactaron en nuestro desarrollo, en el mundo empresarial cubano y en la evolucin de sus sistemas de direccin y gestin.

Lo expuesto puede ayudarnos a comprender muchos de los hechos que expondr a continuacin. Por supuesto, ello no debe interpretarse como una justificacin a errores cometidos que la direccin de la Revolucin reconoci y luch por rectificar.

Despus de 1959 surgieron las llamadas empresas consolidadas. Estas estaban integradas por pequeas y, ocasionalmente, medianas unidades productivas de similar actividad o sector, distribuidas por todo el pas y, por lo general, con muy bajo nivel tecnolgico. Sus ingresos los reciba el presupuesto del Estado y despus ste les asignaba los fondos necesarios para su funcionamiento. Por aquellos tiempos sus directivos solan ser compaeros de probada confiabilidad poltica, pero estrenados en ese nuevo rol. En el desempeo de estas entidades era importante el registro contable, pues su eficiencia se determinaba a partir de los costos. En su funcionamiento se conocieron problemas asociados a la planificacin y al sistema presupuestario y afrontaron los lgicos inconvenientes de dirigir desde la capital a infinidad de unidades diseminadas a todo lo largo y ancho de nuestro territorio. Estas empresas nacionales existieron hasta comienzos de 1970, aunque, antes, en 1965, se operaron cambios en el sistema de direccin al eliminarse la contabilidad y casi toda la relacin mercantil y medirse la eficiencia teniendo en cuenta, en lo fundamental, indicadores fsicos y no econmicos. Fue un gran error cuyas consecuencias an padecemos. Represent un retraso en la gestin empresarial, que repercuti negativamente en nuestra economa.

En 1975 se aplic el Sistema de Direccin y Planificacin de la Economa (SDPE). Se concedieron determinadas facultades a las Empresas, quienes deban autofinanciarse y con la ganancia realizar aportes, formar fondos, etctera. Este sistema nunca funcion completamente, pues las empresas no lograron articularse con los Organismos Globales, dio paso al homologuismo en las diferentes instancias de direccin, inmoviliz recursos por deficiencias en la planificacin, present dificultades en la contratacin, aplic incorrectamente el pago por resultados y el sistema de primas, se lleg a alterar precios para ofrecer la imagen de una rentabilidad inexistente y otros males. Al mismo tiempo, aliment la tendencia a creer que los mecanismos econmicos resolveran todos los problemas en detrimento del necesario e ineludible trabajo poltico.

Para enfrentar esta situacin, en el ao 1986 se declara el proceso de rectificacin de errores y tendencias negativas. Surgen nuevas formas de organizacin como los contingentes, se introducen iniciativas vinculadas al desarrollo del Polo Cientfico y se comienzan a dar pasos para expandir el turismo; pero, poco despus, en los aos 90, el pas entra en una profunda crisis al caer el campo socialista, lo cual represent la prdida de nuestros principales clientes y suministradores. Cuba no tuvo otra alternativa que acceder a una estrategia de sobrevivencia.

Haba que salir de la crisis. Era necesario acrecentar nuestros bienes exportables y sustituir importaciones. Se adoptaron un conjunto de medidas que adquirieron un carcter emergente. Entre ellas, como factor desencadenante, se realiz un esfuerzo notable en el desarrollo del turismo y, adems, se crearon las tiendas comercializadoras en divisas as como empresas mixtas que operaban con capital extranjero o como sociedades annimas 100 por ciento cubanas.

En 1996 el pas logr detener el brusco descenso que, a partir del ao 1990, registr el Producto Interno Bruto (PIB). Se resisti heroicamente a contrapelo de los cantos de sirena de los enemigos y las preocupaciones de muchos amigos. Aquellos aos del Perodo Especial fueron muy duros, cargados de sacrificios y privaciones, donde tuvimos que acudir a males necesarios que restaaron valores y nos dejaron secuelas indeseables, como la doble moneda, an sin poder erradicarse.

En 1998 se comenz a introducir el Perfeccionamiento Empresarial (PE). Fue un buen momento. Era una valiosa idea experimentada en la actividad civil del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), que se extendi a ms de 1,000 empresas del sector estatal de la economa. El PE contribuy a mejorar la contabilidad y alcanz logros econmicos cuantificables y tangibles, las empresas alcanzaron ciertas facultades, no todas las necesarias, y algunas de las concedidas no fueron ejercidas correctamente. Sin embargo, por primera vez, en tal dimensin, directivos y trabajadores se comenzaron a identificar con conceptos y tcnicas de direccin y gestin empresarial frutos de la experiencia internacional: Misin, Visin, Estrategias, Objetivos, Liderazgo, Sistemas, Subsistemas, Manuales, Procedimientos, Diagnsticos, Trabajo Grupal, Tormenta de Ideas Fue una etapa en la cual sent satisfaccin. En la consultora, con mi grupo de trabajo, particip directamente en las entidades asesorando la elaboracin de decenas de proyectos de Expedientes. El PE no dejara todo el saldo esperado; sin embargo, fue una gran iniciativa implementada con un alto nivel de organizacin y rigor, cuyos resultados, adems de ser satisfactorios, constituyeron una premisa que nos indic un rumbo, un derrotero, una meta que debemos firmemente proponernos, alcanzar La cultura necesaria en el proceso de direccin y gestin empresarial.

Las repetidas re-estructuraciones en los organismos centrales obligaron a las empresas a cambios constantes. Estas se vieron sujetas a diversos sistemas de direccin y sufrieron de gigantismo, verticalismo, homologuismo, burocratismo, la operacin con diferentes monedas, el copismo, la ausencia de carcter sistmico y otros desajustes y males que les impidieron desempear su verdadero papel.

Por otra parte, en los ltimos aos, dentro del contexto de la actualizacin de nuestro modelo econmico y social, se han adoptado algunas medidas tendentes a favorecer la autonoma de las empresas; sin embargo, paralelamente han surgido otras que contradicen ese objetivo.

Cuando conoc la decisin de conceder ms facultades a las empresas lo asoci a la necesidad de descentralizar la direccin de la actividad econmica, pero, de hecho, los resultados fueron inversos. Al disminuir la cantidad de empresas existentes y convertirlas en Unidades Empresariales de Base (UEB), las facultades aprobadas las recibieron otras instancias intermedias (territoriales, provinciales o nacionales) denominadas ahora Empresas o las Organizaciones Superiores de Direccin Empresarial (OSDE), cuyos directivos, al estar fsicamente desvinculados de los colectivos laborales, carecen de influencia directa en el cumplimiento de los planes econmicos; no estn all donde se gana o se pierde la batalla. Estas ltimas antes empresas, ahora UEB vieron disminuidas sus pocas prerrogativas disponibles, perdieron su muy limitada autonoma y hasta se quedaron sin personalidad jurdica. Un jefe que carezca de la posibilidad de transformar los acontecimientos, pues casi todo debe consultarlo y no puede ser creativo, y no pueda adoptar decisiones y asumir riesgos no es jefe, y nunca se desarrollar como tal ni podr ejercer un liderazgo.

El auge sin precedentes alcanzado por la ciencia y la tcnica durante el pasado siglo dio paso a la llamada globalizacin, y ella, a un impresionante crecimiento de la competitividad. En tales condiciones las tcnicas de direccin y gestin empresarial en el mundo cambiaron radicalmente buscando adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Hoy predominan otros conceptos e ideas.

Las empresas, para sobrevivir y obtener progresos en el mercado actual altamente competitivo estn obligadas a innovar constantemente. Ello no puede dilatarse un solo instante, de lo contrario, corren el riesgo de quedar rezagadas ante la celeridad y complejidad con que acontecen los descubrimientos cientfico-tcnicos en casi todas las ramas de la economa, lo cual tambin incide en las diferentes tendencias prevalecientes en el mercado.

En esas circunstancias la excesiva centralizacin que se deriva de las estructuras empresariales verticales, resultan obsoletas, contraproducentes. Casi todos los pases las han desechado por ineficaces, pues entorpecen la coordinacin y toma de decisiones, son lentas, pesadas y tampoco responden a la dinmica que reclama el flujo de la comunicacin. Esas viejas estructuras piramidales son herencia de otros momentos y situaciones.

Por otro lado, pasaron los tiempos de Ford y de Taylor (cuando la persona era una prolongacin de la mquina); ahora constituye un ser pensante. Asistimos (y cada da lo ser con ms fuerza) a la era del conocimiento y la informacin (algunos analistas pronostican que en este siglo los avances cientfico-tcnicos crecern 20 veces en relacin con lo alcanzado en la anterior centuria).

En el mundo moderno no es posible una continua mejora tecnolgica y aumento de la competitividad, sin promover la participacin y preparacin de los trabajadores, pues es indispensable desatar toda su energa creadora. En eso los japoneses tienen mucho que ensear. Muchos capitalistas aprendieron esa leccin, por eso no solo aspiran a contar con directivos, sino con lderes: dirigentes capaces, proactivos, carismticos, consagrados; no solo motivados, sino con posibilidades de motivar tambin a los dems.

Algunos empresarios de xito en el mundo, al escribir sus memorias o ser entrevistados, entre los factores apuntados como causa de sus resultados han destacado la atencin a las personas; pero no solo, ni principalmente, se han detenido en los salarios, primas, condiciones de vida y trabajo y esos temas que comnmente enumeramos al respecto. No, le han otorgado mucha importancia a todo lo asociado a estimular y propiciar sus posibilidades de realizacin, es decir, a contar con ellas, a tener en cuenta sus opiniones, a darles acceso a todo lo que pueda elevar sus conocimientos y competencias, y hasta sealan reconocer pblicamente los resultados de su trabajo. S, nadie se confunda, los tiempos han cambiado, hoy los capitalistas tambin hablan de estmulos morales y algunos los utilizan mejor que nosotros. Desde luego, puede que muchos de ellos se inspiren en una motivacin que se incline a los intereses econmicos, incluso individuales, y nosotros preferimos destacar el necesario carcter social que garantice el beneficio de todo el pueblo; pero no podremos lograr este objetivo si no aseguramos tambin la motivacin econmica.

No creo que cuando al exponer mi opinin en torno a las medidas centralizadoras adoptadas doy una noticia a los compaeros que tienen la alta y compleja responsabilidad de estudiar estos temas y emitir las propuestas correspondientes. Desde luego no es igual estar en el centro del rodeo capoteando al toro, que ver el espectculo desde las gradas. Soy un convencido de que en la conduccin de la economa, para tener xito, es un imperativo insoslayable la descentralizacin; es decir, que los jefes posean facultades. Sin embargo, tambin soy un convencido de que descentralizar exige un riguroso control y es ah donde est una de nuestras debilidades, esa es todava una situacin a preocuparnos y ocuparnos mucho ms, es una cuenta todava pendiente. Esto no me lo ha dicho nadie, ni lo he ledo en ningn artculo, lo he constatado personalmente, pues llevo 17 aos inmersos en estos andares. Y es ah a donde quiero llegar.

En Matanzas, en el escenario donde acto, todo indica que los controles, supervisiones y otras medidas adoptadas para detectar, prevenir y contrarrestar los delitos econmicos no han sido efectivas. Estos, en vez de disminuir, han crecido y extendido a actividades fundamentales como la agricultura, la alimentacin y el combustible. Se ha puesto de relieve, adems, seales de superficialidad en la seleccin, control y preparacin de los cuadros y tambin de los funcionarios administrativos.

Hay casos que resultan incomprensibles. En la contabilidad e implementacin del control interno se detectan insuficiencias que provocan sealamientos; los hay por desactualizacin, falta de orientacin o mala interpretacin, que pueden ser tolerados por primera vez; no hay que ser extremistas, podemos hacer las aclaraciones y organizar las acciones de rectificacin indispensables, eso es correcto; pero hay sealamientos que, en algunas entidades, por su naturaleza, los originan deficiencias que no se conciben en que incurran especialistas a quienes se les paga por esa responsabilidad y se deduce que deban saber lo que hacen. Hay falta de inters y voluntad para hacer bien su trabajo. Por qu admitimos que esos sealamientos se reiteren a las mismas personas de inspeccin en inspeccin? No me estoy refiriendo aqu a infracciones ocasionadas por quienes caen en hechos delictivos o los favorecen y toleran. Esto constituye otro asunto, y ante esto siempre habr que actuar de forma radical e inmediata.

Hay empresas donde, con reiteracin, se informa que se ha chequeado el Control Interno por la administracin o sus instancias inmediatas superiores, as como por sus organizaciones polticas y sindicales, sin detectar problema alguno; y despus, al ser inspeccionadas por organismos u organizaciones externas, han aparecido insuficiencias, a veces muy graves. Qu sucedi? Que los controles realizados a nivel de empresa fueron superficiales, se realizaron para cumplir una meta y no proyectaron acciones de control preventivo con el objetivo de evitar que esos hechos lamentables tuvieran lugar. Donde predomine esta prctica nunca habr control econmico y lo mal hecho pasar inadvertido.

No quiere decir que no existan tambin controles externos cosmticos; es decir, que proceden a la ligera y se dejan impresionar por los papeles, sin ir al fondo de los problemas. Esos controladores no se hicieron sentir, estuvieron como el pescado en nevera: asistieron al lugar de los hechos con los ojos abiertos sin ver lo que les rodeaba. Ese mtodo formal, burocrtico, debe cesar; quienes as actan no pueden ejercer esa responsabilidad.

No es menos cierto que hay jefes que para encubrir su menosprecio e insensibilidad ante sus responsabilidades en relacin con el control interno, se nos presentan como abanderados de la lucha contra el burocratismo y no podemos aceptar esos argumentos.

Es verdad, a nombre de un control que nunca llegan a alcanzar, hay quienes son muy prdigos inventando modelos, papeles, planillas, procedimientos, etctera. Resulta un barraje insoportable que hace perder tiempo y esfuerzo a quienes quieren trabajar. Esto es consecuencia del exceso de personal, funcionarios y especialistas en los intermedios y altos niveles que, por lo general, pugnan por tener sus homlogos en las instancias inferiores. Ellos se sienten obligados a inventarse un contenido de trabajo y pretenden hacerlo inundndose en papeles, que en ocasiones nunca leen. Ese mal algn da debe ser extirpado de raz.

No necesariamente tenemos que esperar restablecer el control econmico en todos los centros de trabajo para conceder facultades a sus directivos, a los que estn ah, luchando en la concreta. Esta puede ser una decisin selectiva, un reconocimiento a quienes se lo merecen porque su contabilidad y control es veraz y un claro reflejo del comportamiento de los hechos. Por supuesto, eso hay que probarlo, debe certificarse con regularidad y por organizaciones o entidades externas subordinadas al Estado, que respondan a sus intereses y estn integradas por profesionales competentes, ntegros, probados y comprometidos. La orientacin y observancia de las normas y regulaciones que dicte el Estado slo debe ser competencia del propio Estado.

Podemos ser flexibles, pero no tontos y esto no es una prevencin infundada. No faltan quienes tienden estimular un Frankestein que comience a despertar vicios, por supuesto que dainos. Hace muchos aos, antes del triunfo de la Revolucin, cuando me inici en los ditirambos sindicales y discuta los Convenios de Trabajo con los patronos y sus abogados, ellos para disuadirme de la imposibilidad de acceder a los reclamos de los trabajadores, me sacaban un librito que contena los ingresos y gastos (debe y haber). Yo era muy joven, tena an poca carretera, pero era estudiante nocturno de la Escuela Profesional de Comercio de Matanzas (tercer ao); en esos casos les responda: guarden ese librito que reservan para cuando vienen los inspectores, triganme el bueno, el que esconden, el que dice la verdad.

Cuba ha de insertarse en la economa global y el mercado mundial capitalista, y ser mucho mejor si lo hace integrada a la fuerza capaz de desatar la unidad de la patria grande. Ello supone apoyarse en tecnologas de punta y en un desarrollo intensivo; es decir, a partir de la eficiencia, ofertando productos y servicios competitivos por su calidad y precios.

Lo expuesto no es posible accediendo solo a capital y tecnologa. Ser necesario, adems, garantizar una autonoma empresarial, capaz de desencadenar una dinmica que facilite la innovacin constante, motive a los trabajadores, y promueva su participacin real y efectiva en la gestin econmica.

Esto, como es lgico, no ser viable repitiendo, directa o indirectamente, las viejas estructuras verticales, la excesiva centralizacin, la rigidez de un plan, el formalismo y el burocratismo. Todo esto, influidos por las gastadas y copiadas prcticas aplicadas en un gran pas y vendidas como verdades absolutas y universales, como expresin genuina de la pureza de una doctrina -de la que su fundador Carlos Marx, nunca hizo alguna referencia al respecto.

Si importante es que la economa estatal predomine y sea competitiva en el mercado externo, lo es tambin que lo sea en el interno; mucho ms en circunstancias en que abrimos espacio, en diferentes formas, a la gestin no estatal, sin que ello signifique una merced o concesin, sino, un complemento necesario.

Puede ser y de hecho puntualmente ya lo es que determinados servicios en un territorio dado, sean ofertados por la actividad no estatal con carcter dominante o importante, porque las entidades estatales estn an imposibilitadas de prestarlos o han decidido trasladrselos y, aprovechando esa eventualidad, fijen precios exagerados a la poblacin y, para evitarlo, tengamos que establecer topes a los precios; una decisin siempre indeseable y complicada. Por consiguiente resulta aconsejable, de cara al futuro, que el Estado se prepare para estar en condiciones de irrumpir en esos escenarios con idntica oferta a precios razonables para lograr un justo equilibrio.

En esa relacin mercantil de compraventa no puede obviarse el impacto de la ley del valor. Por lo tanto, lo importante es tenerla en cuenta y estar en condiciones de contrarrestar los efectos negativos que puedan generarse.

Por eso, lo ms importante en nuestro desempeo tiene que ser los resultados. El xito no es slo hacer mucho sino lograr mucho; no debemos dejar de reconocer los esfuerzos, pero slo premiar los resultados. Esos son los que al final determinan. Por supuesto que es indispensable identificar muy bien cules son los resultados, pero cuidando con esmero los costos y tomando muy en cuenta la productividad y la calidad. Es oportuno puntualizar, adems, que los logros nunca se justificarn transgrediendo el objeto social, las normas jurdicas y nuestros valores y principios ticos; es decir, sin dejarnos tentar por la idea maquiavlica de que el fin justifica los medios.

En este proceso de reformas tienen lugar medidas inteligentes y racionales, aunque algunas, a mi juicio, deben ser objeto de una profunda reflexin. Conocemos los problemas naturales y esperados por la inevitable vigencia de la doble moneda y sus dismiles tasas de cambio. Esto genera un conjunto de distorsiones que, indistintamente, benefician o perjudican a las diferentes formas de propiedad. En cuanto a los salarios debo hacer el siguiente sealamiento. La tasa de cambio del CUC en las entidades estatales es del 1 X 1; pero en las cooperativas no agropecuarias es del 1 X 25. Ello posibilita una situacin financiera que concede una ventaja competitiva, en cuanto a la retribucin por el trabajo, a una forma de propiedad y gestin sobre otra. Hace pocos meses el director de una importante agrupacin estatal constructiva me seal: Muchos de mis especialistas ms calificados y experimentados fueron captados por las cooperativas de construccin; imagnate, les pagan hasta 10 veces ms de lo que yo puedo ofrecer.

Esto no slo afecta la estabilidad de los recursos humanos de un sector decisivo y estratgico de la economa estatal, sino tambin a otros, aunque, quizs, por el momento, en menor medida. Algunos me criticarn por usar la expresin recursos humanos y no potencial o capital humano, como ahora suele decirse, al alegar que las personas no son recursos y, por lo tanto, no se administran. Estoy de acuerdo con ellos, pero cuando uso la palabra recursos no me refiero a las personas, sino a sus conocimientos, competencias, talentos, habilidades, experiencias y eso s lo debemos potenciar, aprovechar y administrar. Sin embargo, lamentablemente, muchas veces eso lo subestimamos, somos tan estrechos de mente que no comprendemos que pueden constituir nuestra principal ventaja competitiva.

La vida me ense que constituye un gran error acudir a posiciones igualitaristas, y que la mejor forma de hacer prevalecer la igualdad es brindar un tratamiento desigual a las cosas desiguales. En la situacin y momentos que vive el pas es inevitable aceptar el incurrir en determinadas desproporciones y desigualdades; pero, por supuesto, una cosa es lo bueno y otra lo demasiado.

La actualizacin del modelo econmico y social cubano, como se conoce, ha creado condiciones para alentar la inversin externa, aunque an sus resultados distan de nuestras necesidades. El Presidente, General de Ejrcito Ral Castro, ha instado a romper prejuicios y esquemas mentales que entorpezcan el avance de esta opcin, indispensable para alcanzar el esperado desarrollo y crecimiento de la economa. Aspirar a este objetivo es un gran desafo, pues atravesamos una difcil situacin econmica, en medio de la globalizacin y las nefastas consecuencias de un injusto y agudo bloqueo econmico, comercial y financiero; sin embargo, en este mundo incierto, convulso, violento, amenazado por tantos peligros, Cuba posee condiciones excepcionales para lograrlo. Contamos con estabilidad y unidad interna y, en especial, con un pueblo instruido, preparado y calificado, fruto de la inmensa obra cultural promovida e impulsada por la Revolucin.

En el pas se introducen nuevas formas de propiedad y gestin. Se negocian y crean empresas mixtas con capital extranjero, se incrementan los trabajadores por cuenta propia, se fortalecen las cooperativas agropecuarias y se fomentan las no agropecuarias. Son iniciativas novedosas no concebidas como males necesarios, sino como importantes y oportunos complementos a la actividad econmica estatal.

Los pasos emprendidos abren espacio en nuestra sociedad a la propiedad privada, al mercado y como algo consustancial, a la competencia. Ninguna de ellas puede quitarnos el sueo, porque no tienen necesariamente que estar reidas con nuestros objetivos. Lo estaran como no debera ocurrir nunca en nuestro caso si alimentaran el liberalismo, si se subordinaran al capital y respondieran al insaciable afn de lucro de unos pocos.

Algunos hablan mucho de libre mercado y libre competencia, y presentan ambos elementos con un carcter absoluto. Esto ltimo es pura fanfarria e hipocresa; pues en diferentes momentos histricos, al considerarlo necesario, todo tipo de gobierno ha recurrido a medidas econmicas y extra-econmicas, para regular el mercado y la competencia. Nada nos impide a nosotros hacerlo tambin. Desde luego, para ello siempre debemos inspirarnos en la bsqueda de relaciones econmicas que beneficien al pas y a todo el pueblo.

La propiedad social sobre los medios fundamentales de produccin siempre deber ser preeminente. La salud, la educacin y la cultura, deben continuar siendo universales y hemos de asegurar el desarrollo de su calidad, incluso en medio de situaciones adversas. De igual modo debe garantizarse la seguridad social. Las conquistas histricas de la Revolucin debern ser imperecederas.

Las transformaciones emprendidas no resultan concesiones, ni son el resultado de presiones externas de ningn tipo. Ellas resultan decisiones libres y soberanas, determinadas por apremiantes necesidades internas.

Muchos enemigos de los fundamentos de la Revolucin han apreciado estos cambios como una oportunidad, adems dentro de los marcos del proceso de normalizacin de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ellos alegan que estas novedades van a potenciar, en nuestro pas, la influencia de actores y condiciones que servirn de sostn y de aliados a quienes desean derrotar a la Revolucin. No obstante, estoy seguro de que los cubanos, con su proverbial inteligencia y la preparacin, adquirida sobre todo en estos aos de Revolucin, no se dejarn seducir en contra de sus principios y convicciones.

La direccin de la Revolucin acept el reto. El hecho de que sea un gran desafo explica que las medidas adoptadas tengan que ser muy pensadas y consensuadas. Debemos avanzar de forma sostenida aunque sin precipitaciones, ni improvisaciones. Los impacientes deben comprender que transitamos por un camino preado de riesgos y peligros y, por ello, debemos resguardarnos de cometer errores cuya rectificacin, no podra ser posible en nuestras condiciones.

Fuente: http://cubaposible.com/la-economia-cubana-cambios-y-retos/



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