Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2017

Aniversario del fin de las utopas

Gregorio Morn
La Vanguardia


No deja de tener su punto de sarcasmo que el 40. aniversario de la legalizacin del Partido Comunista de Espaa, en muy singulares condiciones, viniera a coincidir con el aniversario del final de las utopas, que no otra cosa fue la Revolucin bolchevique, con lo que se da fin a cualquier proyecto utpico del tipo de los que se venan promoviendo siglos anteriores. Porque la Revolucin Francesa de 1789 y la Comuna de Pars tenan sentidos muy diferentes. Es la toma del poder por los bolcheviques en octubre de 1917 la que cambia el panorama del mundo, por decirlo en aquellas rotundas palabras del periodista norteamericano John Reed, protagonista de los acontecimientos y que titul en un libro brillante: Diez das que estremecieron al mundo, cuya lectura an emociona. Muerto de tifus, sigue hoy enterrado junto a las murallas del Kremlin moscovita, en agradecimiento.

Hay algo ms que un detalle en una comunicacin de Lenin, que le hace mucho tiempo y que tengo perdida en mi memoria. No s si se dirige a Trotski, a Lunacharski o al jurista y presidente Sverdlov -s que no iba dirigida a Stalin, un hombre menor entonces en la recin nacida nomenklatura dirigente bolchevique-, pero lo que no se me ha olvidado es la exigencia de Lenin de hacer muchos decretos, muchos, tantos como fuera posible y muy bien expuestos. Porque tena en aquellos primeros meses o aos de revolucin la conciencia de que no les iba a ser posible durar en el poder y as al menos quedaran escritas sus ambiciones. Duraron y de qu modos y maneras, hasta 1991! y el texto se olvid. Pero en l est la semilla del fin de las utopas. Triunf y arras cualquier tentativa de ingenuidad y bonhomie; se acabaron las utopas, que por otra parte no tenan ms futuro que el de la letra escrita y la audacia de unos agraciados aventureros. Confieso mi escaso inters por las utopas. Si por lo que luchas te consta que no vas a poder realizarlo, no merece la pena ni intentarlo. Lo peligroso es cuando peleas por algo que se puede realizar y el resultado es un desastre, y en ocasiones sangriento.

El nacimiento de pequeas editoriales prcticamente por toda Espaa, y no al estilo de la posguerra que se trataban de voluntariosos y numerados ejemplares de poesa, o relato corto, ahora se trata de textos magnficamente editados que se cuelan entre los "dos gigantes", como los llam uno de esos plumillas que escriben bien regalados por los gigantes de la prensa. Fjense si el sicario en este caso no cumpli con sus deberes, que ni entre los gigantes ni entre los enanos no llega a citar a Akal, que lleva tropecientos aos editando y tocndoles los cojones a los gigantes, a los seores y a sus criados. La omisin nunca es un olvido, siempre es una censura, hija del dueo o dueos del gigante. Lo cierto es que han aparecido dos libros en discretsimas editoriales que bien merecen esas reseas que casi nadie resalta. Uno es la reedicin del Madrid-Mosc, las notas de viaje de Ramn J. Sender que hizo a la entonces Unin Sovitica durante los aos 1933-1934, con prlogo en esta ocasin de J.-C. Mainer. Editado por la madrilea Frcola.

Sender viaj a Rusia en 1933 enviado por el diario La Libertad, y durante tres meses -entonces se hacan esas cosas- lleg a publicar algo ms de 30 artculos, que luego el editor de la poca, Pueyo, convirti en un centenar de breves captulos, con vietas que no aparecen en esta nueva edicin.

Confieso que es un interesante libro para conocer a Sender y una simpleza sin remilgos de propaganda sovitica de la que se hace defensor hasta el desafuero. Sorprende por ejemplo que el nombre de Stalin slo sea citado tres veces en 1933!, lo que me hace sospechar algn barrido editorial o prologustico. Entonces lo mnimo hubieran sido un centenar, y la defensa de la nueva sociedad rusa que se est construyendo parece -vean la contradiccin!- una autntica sociedad utpica, de la que Sender se siente entusiasmado.

Conociendo la trayectoria de este eficaz narrador de Imn y sobre todo Rquiem por un campesino espaol, una narracin estremecedora, superior a la triloga que hara ms tarde -Crnica del alba-, es difcil describir la ferocidad anticomunista posterior de Sender, tras una muy peculiar etapa anarquista, saldra de la Guerra Civil muy tocado para residir en Estados Unidos, donde se convertira en un autntico guerrero de la guerra fra, para acabar con Lara, en la editorial Planeta y ganando algn premio que no fui capaz de terminar. Pero, y qu? Fue el representante de una generacin de periodistas literarios de lo ms brillante de su poca, con pginas de una gran brillantez.

El otro libro que quisiera destacar es muy distinto y de mayor fuste, Una juventud en Alemania, del autor dramtico, activista revolucionario, y hombre quiz hoy muy olvidado entre nosotros: Ernst Toller, que acaba de editar en Logroo Pepitas de Calabaza, una editorial singular hasta en el ttulo, que se inspira en el film de Jos Luis Cuerda Amanece, que no es poco.

Con Ernst Toller estamos ante otro tipo de personaje, que nace en Polonia (1893), que se enrol voluntario en la Primera Guerra Mundial y que luego particip en todas las batallas, guerras y guerrillas revolucionarias de toda Europa, incluida Espaa. Visitante asiduo de crceles y comisaras como otros conocen hoteles de postn, y siempre por los mismos motivos: su talento de escritor, de dramaturgo radical y su capacidad organizadora como activista revolucionario. Siempre en el camino del comunismo libertario organizado por la gran Rosa Luxemburg, que domin la comunidad revolucionaria germnica, el espartakismo, hasta que la asesinaron los socialdemcratas de la Repblica de Weimar. Qu actuales siguen siendo los artculos de esta polaca sobre los trabajadores y los nacionalismos! De Ernst Toller fue la frase que debera servir de portn a los partidos polticos de izquierda, porque los de derecha no lo necesitan: "El miedo a la verdad conduce al autoengao". Refirindose al levantamiento obrero de noviembre de 1918 en la regin del Rin y Berln, escribi sin pelos en la lengua: "La revolucin alemana se encontr con un pueblo ignorante y con una capa de dirigentes compuesta de probos burcratas".

Y tras muchos avatares lleg Hitler, con la fuerza casi siempre equvoca de los votos. Ernst Toller se exili primero a Inglaterra y luego a Estados Unidos. En Nueva York se suicidara, en 1939. La derrota de los republicanos le sumi en una depresin de la que no saldra. Hay como una predestinacin hacia el suicidio. Basta decir que el libro se abre con esta dedicatoria: "A mi sobrino Harry, que en 1928, a los dieciocho aos, se peg un tiro".

Al funeral de Toller, entre otros, asistieron el futuro suicida Klaus Mann -su padre Thomas an no saba muy bien qu hacer con el nazismo-, Sinclair Lewis y hasta don Juan Negrn, an presidente de la Segunda Repblica. El poeta W.H. Auden ley un poema en su memoria. Lo exalt como ejemplo para las generaciones venideras. Ernst Toller se mat en un hotel de Nueva York el 22 de mayo de 1939.

Fuente: http://epaper.lavanguardia.com/share/article/8ca58db0-5db8-4d2c-889b-fe884f974b45/29d2cbb9-9d4e-414d-8220-531d8dab301b



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter