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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2017

Siria, recuerdos, en primera persona, de aquel marzo del 2011
El pueblo sirio se ha atrevido a hacer la primavera en esta parte rida del mundo

Mustaf Aljarf
Libration


El 15 de marzo de 2011 se desarrollaba una concentracin en Damasco. Tres das despus, las manifestaciones se extendan a las principales ciudades del pas, ganado por la primavera rabe. Tras seis aos de guerra, centenares de miles de muertos y millones de refugiados, un alepino refugiado en Francia recuerda el carcter inesperado y milagroso de este renacimiento abortado.

 

El perfume de la primavera me llega hasta mi asilo alsaciano. Reconozco bien estas fragancias embriagadoras. No emanan del extrao pas en el que estoy refugiado desde hace diez y ocho meses. Pues quien vive bajo el cielo de este pas, sobre todo en la atmsfera de la campaa presidencial, sabe bien que nada anuncia, desgraciadamente, una primavera. Este perfume me viene de mi pas, Siria, a 4000 km de distancia y seis aos despus.

Pero qu queda de la primavera siria? No hay respuesta rpida a esta pregunta que viene como un pual a clavarse en el fondo del corazn. Muchos dicen hoy, algunos con nostalgia y pena, otros con odio y rencor, que no hubo nunca de verdad una primavera en Siria. Que nuestro pas estaba condenado al invierno duro y largo de las dictaduras o al verano abrasador y loco del extremismo musulmn.

Hace seis aos, en esta misma poca del ao, escriba en mi pgina de Facebook: Estamos en marzo, llegar tambin aqu la primavera?. Era poco despus de que la revolucin tunecina comenzada el 17 de diciembre de 2010, seguida de la revolucin egipcia el 25 de enero de 2011 y, en fin, de las de Yemen y Libia de febrero. Era el tiempo de los levantamientos, llamado primavera rabe. Un momento de leyenda que barri, en algunos das, regmenes que se crea definitivamente instalados como una maldita fatalidad para sus pueblos. Haba expresado, en pocas palabras, la esperanza de que esta primavera revolucionaria alcanzara Siria. No lo haba hecho evidentemente ms que por alusin pues nadie se atreva entonces a declarase abiertamente. No tena, por otra parte, amigos en el espacio azul de Facebook para leerme, a quienes gustara o que comentaran mi publicacin. Solo el agente de informacin encargado de vigilar cada aliento emitido por un sirio para oprimirle mejor. Todos los sirios evolucionaban como miserables tomos solitarios, errantes frente al terror impuesto por el Estado securitario. El nico lazo entre estos tomos aislados era el agente de informacin, ese ser omnipotente instalado en los subsuelos de la tortura igual que en nuestros espritus para saberlo todo y sancionar.

Y la primavera lleg a Siria! Era autntica, quiero dar fe de ello. No intento aqu una presentacin histrica o poltica de lo que se produjo desde el desencadenamiento de la revolucin siria en marzo de 2011. No es el lugar, y no estoy cualificado para hacerlo. Quiero aportar el simple testimonio de un hombre que ha vivido medio siglo de su vida en Siria. Quiero afirmar que no se trataba de una primavera falsa, ni de una ilusin, ni de un engao, sino de la nica verdadera primavera que haya conocido el pas en la historia moderna. Es importante recordarlo para medir bien la amplitud de la catstrofe que se ha abatido sobre Siria y los sirios. Las imgenes de ciudades destruidas, de casas hundidas sobre la cabeza de sus habitantes, de cuerpos destrozados, de cadveres de decenas de miles de presos muertos bajo la tortura, las de los nios ahogados durante la gran oleada de salidas en las embarcaciones de la muerte o de millones de gentes sencillas amontonadas en los campos de refugiados.

Todas esas imgenes que invaden las pantallas de televisin y las pginas de los peridicos no bastan para dar cuenta del precio exorbitante que hemos pagado. Pues no reflejan ms que el aspecto dramtico de la historia, el castigo colectivo que ha golpeado al pueblo sirio, sin decir nada de sus causas ni explicar el porqu de la catstrofe.

A las conciencias honestas que leen las palabras y que no pueden creer que el terror de masas que se ha abatido sobre el pueblo sirio no es ms que la guerra contra el terrorismo realizada por Vladimir Putin y Bachar al-Assad, por retomar los trminos de su propaganda. A quienes no pueden comprender cmo los acontecimientos han acabado tan mal. A todos, querra decirles que la nica razn de esta locura destructiva es que los sirios han osado hacer la primavera en esta parte rida del mundo. Pues su revuelta, en esta regin geoestratgica tan sensible, ha introducido un factor imprevisto amenazante para los intereses establecidos por potencias regionales como Irn, Israel o los pases del Golfo. Se trata de una falta mortal. La emergencia de ese nuevo actor habra podido tambin provocar sacudidas geoestratgicas para mayores potencias an, como los Estados Unidos, Rusia, Turqua u otros pases del Golfo. Se trata aqu tambin de una maldicin fatal. En los dos casos desgraciadamente, los sirios han representado el actor que molestaba, del que haba que librarse rpidamente, o al menos intentar instrumentalizarlo durante un tiempo antes de liquidarle. Existen despus de todo demasiados pueblos en la aldea planetaria, y parece que es preciso eliminar a alguno de ellos de vez en cuando.

No deja de ser cierto a pesar de todo que lo hecho por los sirios en esa primavera fue una inmensa sorpresa para todo el mundo, incluso para m que la he esperado toda mi vida. Era un milagro humano de tal magnitud que no lo habra credo si no lo hubiera vivido en directo da tras da. Francamente, no conoca a esos jvenes y menos jvenes que se apoderaron de las calles con sus consignas, sus cnticos y sus bailes, cuando yo mismo viva entre ellos.

Por otra parte, no se conocan entre ellos pues nadie en Siria conoca a nadie. Parientes, vecinos, amigos o colegas, podan ser tambin soplones de los servicios de informacin, y la desconfianza era de rigor, incluso de cara a los ms allegados. Cmo lograron encontrarse tan rpidamente? Cmo se atrevieron descubrir sus pechos desnudos ante sus camaradas manifestantes, frente a los fusiles de las fuerzas del orden y los cuchillos de los esbirros del rgimen que les acuchillaban si piedad? El espritu cvico que el rgimen del partido Baas se ha dedicado a destruir durante cincuenta aos por medio del miedo, a aplastar por la mentira, a manchar con la delacin, cmo pudo surgir repentinamente a la vida, con tanta pureza y espontaneidad? Cmo los alumnos obligados a cantar todas las maanas en la escuela las consignas de fidelidad a la familia al-Assad han podido la misma noche salir a la calle para llamar a la libertad y maldecir el alma del dspota padre, fundador de este rgimen de esclavitud?

Los pobres, para quienes Siria no ha sido jams ni generosa ni clemente, han llenado su corazn de un amor puro por una patria que no les ha dado nada. Yo mismo no tena ningn sentimiento de pertenencia a Siria antes de esta primavera. Tena incluso vergenza de pertenecer a un pueblo sometido, trabajando por cuenta de la familia Al-Assad. Cmo me he metamorfoseado de un da al otro, igual que millones de sirios?

La respuesta es a la vez sencilla y sorprendente: hemos contrado de repente el virus de la esperanza de que una vida diferente es posible y que ramos capaces de inventarla. Hemos decidido juntos, nosotros, la gente ordinaria, los estudiantes, los obreros, los carniceros, los fontaneros, los sastres, los abogados, los farmacuticos, los dentistas, los vendedores de tabaco, los intelectuales, los artistas, los vendedores de gasleo, los parados y los ex-convictos. Hemos decidido que era hora de que tomramos posesin de nuestro pas, que dejsemos de ser sbditos mansos y aterrorizados para convertirnos en ciudadanos libres. La esperanza! Esta noble pasin es nuestro pecado original. Lo hemos cometido con ardor y hemos pagado un precio muy caro.

El lector francs debera comprender este espritu que era el de sus antepasados, el de la Repblica y de la democracia. Pero hay que ser Don Quijote para defender esos ideales del siglo XIX cuando se vive en el siglo XXI. Querer ser el dueo de su pas? Qu arrogancia para un pueblo! Cmo nos hemos atrevido a pensarlo? No sabamos que el principio de la autodeterminacin de los pueblos pertenece ya al pasado, cuando la tierra era amplia antes de transformarse en una pequea aldea planetaria de la que cada barrio, pequeo o lejano, cuenta para los grandes propietarios. No se poda dejar que los habitantes decidieran libremente su destino. Que quienes encuentran esta exageracin emocional injustificada observen como los ejrcitos de cuatro grandes potencias son movilizados alrededor de Manbij. Esta pequea ciudad (a 50 km al noreste de Alepo) era prcticamente desconocida para los propios sirios. Para confirmarlo, recordamos como la ONU y su enviado especial, Staffan de Mistura, han garantizado la deportacin de los habitantes de Alepo-Este, tras los de otras pequeas ciudades de alrededor de Damasco!


Mustaf Aljarf, farmacutico de Alepo, refugiado en Estrasburgo.

Artculo publicado en Libration, el 15/03/2017, traducido del rabe por Hala Kodmani. http://www.liberation.fr/debats/2017/03/14/syrie-notre-printemps-martyrise_1555651

Traduccin: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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