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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-04-2017

Una mirada al desafo contemporneo desde los movimientos sociales
Los estragos de la izquierda liberal

Gens Plana
Rebelin


A propsito del nuevo presidente estadounidense, Nancy Fraser escribi un excelente artculo [1] donde sugiere que, si la izquierda liberal no alcanza a comprender que Trump sea el depositario de los anhelos de una parte considerable de la poblacin de su pas, tal vez sea porque esos mismos anhelos surgieron en oposicin a los esquemas de pensamiento desde los que la izquierda liberal interpreta la realidad. Segn Fraser, el neoliberalismo progresista, que tuvo su impulso institucional a partir de la presidencia de Bill Clinton, supone una alianza entre el capitalismo cognitivo y financiero, por un lado, y los nuevos movimientos sociales, por el otro.

Como resultado de esta alianza, una serie de polticas lesivas para las clases trabajadoras fueron camufladas por la retrica de la diversidad y el empoderamiento de los grupos histricamente discriminados (mujeres, negros, homosexuales, etc.), al tiempo que las leyes que regulaban los desmanes del capital fueron suprimidas [2] con la aquiescencia, o si ms no indiferencia, de aquellos sectores urbanitas progresistas que se sentan ms cercanos al empresariado moderno que a la tradicional clase industrial. Habiendo olvidado la crtica estructural de la sociedad capitalista, la izquierda modernilla se abon al relato que relacionaba la apuesta por la globalizacin a una supuesta superioridad moral y cultural de la que carecan los trabajadores poco cualificados perjudicados por la apertura de mercados.

La situacin que plantea Fraser para el caso estadounidense resulta extrapolable al escenario europeo, donde los nuevos movimientos sociales no aciertan a interpretar el malestar de las capas populares y sus demandas de proteccin social. Aunque parte de las demandas de los movimientos sociales de la nueva izquierda hayan sido adoptadas por formaciones polticas cmplices con la actual tentativa por desmantelar el Estado del bienestar [3], ni mucho menos es mi intencin afirmar que la totalidad de sus programas haya sido fagocitada por las estructuras de poder. Antes bien, aquello que pretendo es indicar el desprecio de la izquierda biempensante de sesgo liberal por aquellos cuyas preocupaciones no se han desprendido del mbito laboral para asumir la politizacin de aspectos personales o inmateriales.

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Slo si se reconoce la dificultad de los nuevos movimientos sociales por relacionarse con la integridad de la sociedad superando su mbito de accin particular se podr intuir su propensin a negar cualquier sujeto poltico asentado sobre su posicin en la estructura econmica de la sociedad. Pero por ms atractiva que sea la afirmacin de la desaparicin de la clase obrera, esta idea tropieza consigo misma tan pronto como se la seala a la clase obrera responsable de ciertos desaciertos democrticos entre los que se haya el Brexit o la eleccin de Trump. Desde ese momento, los asalariados de los barrios perifricos y los sectores medios empobrecidos son considerados paletos, rancios y atrasados. Se les acusa de no saber adaptarse a los nuevos tiempos, de su poca disposicin para innovar, de ser reacios a las oportunidades de la globalizacin y contrarios a sus efectos.

Por difcil que sea de probar, la hiptesis presentada pasa por considerar que los sectores urbanos profesionales, base social de los nuevos movimientos sociales, suelen percibir la clase obrera como un residuo del pasado: anclados a reivindicaciones econmicas, los trabajadores manuales seran incapaces de preocuparse por aspectos relativos a la reproduccin biolgica y social (medio ambiente, aborto inducido, orientacin sexual, etc.), al tiempo que su naturaleza plebeya resultara portadora de rasgos machistas y racistas, as como de otros atributos vulgares, incomprensibles para los educados profesionales con gafas de pasta. Consideracin sta que, dicho sea de paso, nos empuja a advertir que la censura a la incorreccin poltica, fundada sobre valores morales que garantizan la convivencia dentro del marco social existente, prcticamente haya devenido un monopolio de la izquierda, mientras que el discurso transgresor se haya desplazado hacia posiciones situadas a la derecha del espectro poltico [4].

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As como resulta obvio suponer, el rechazo de las capas populares a la izquierda liberal sera la contraparte del menosprecio de sta a las capas populares. Por lo que, aun cuando sea inestable, deberemos aceptar la posibilidad de esbozar una secuencia lgica segn la cual dada su extraccin social las lites polticas y econmicas son asimiladas como profesionales urbanos, suscitando sobre stos un rechazo que finalmente se desplaza hacia las reivindicaciones de los nuevos movimientos sociales. De ah que el establishment burocrtico, a quien se acusara de destinar unos recursos econmicos supuestamente escasos a subsidios para inmigrantes o a campaas para el reconocimiento de la diversidad sexual, sera respaldado por aquellos profesionales de cultura refinada y ademanes cosmopolitas que, denunciando el deshielo del rtico o el sexismo de los spots televisivos, ocultaran las miserias econmicas que sufren las gentes corrientes en su experiencia vital ordinaria.

Aquello que se quiere decir es que, al renunciar al conflicto de clase en pos de la acentuacin de los aspectos culturales, los nuevos movimientos sociales representaran, a criterio de los trabajadores de menor formacin, algo as como un barniz multicolor con que acicalar la imagen del poder. Semejante percepcin abona el terreo poltico donde las fuerzas conservadoras se sitan en una posicin de avanzada para disputar el sentido comn de las gentes entre las que la extensin del carril para bicis o el deber tico de acoger refugiados no est entre sus problemas principales. A la postre, la adhesin popular a planteamientos reaccionarios evidencia el malestar de aquellos a quienes los cambios productivos los arrojan al desempleo y los cambios culturales les quitan la posibilidad de comprender su situacin. Bien sabemos que de aquello de lo que no se ocupa la izquierda se apropia la derecha [5].

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Precisamente porque un movimiento social es un actor colectivo que interviene en el medio social, poltico y cultural para suscitar un cambio en el mismo, deberemos admitir que la pugna por amarrar la realidad social, poltica y cultural en una situacin de amplia inestabilidad convierte a ciertos fenmenos sociopolticos en movimientos sociales. Ante lo cual, no podemos sino aceptar que en los movimientos reaccionarios a los que en adelante daremos el apelativo de etnonacionales se hallara una aspiracin de transformacin social apoyada en la detencin del movimiento constante y autopropulsado en que el capitalismo desbocado sita a la sociedad.

Otra cosa distinta ser saber la densidad de la trama social organizada que se haya detrs de estas expresiones etnonacionales. Pero lo que parece claro es que debemos interpretar la incipiente reaparicin de este fenmeno sociopoltico, cuyas resonancias remiten al periodo de entreguerras, a partir de las incertidumbres e inseguridades relativas a la aceleracin de la contrarrevolucin neoliberal [6]. Por lo que quiz no sea precipitado afirmar que aquellas gentes que decentemente buscan conservar las formas socioculturales y las estructuras institucionales que han sostenido la vida humana antes de la acometida neoliberal acentuada con la crisis econmica actual resbalaran, ante la victoria de la derecha por ausencia de una izquierda rival, sobre las fascinaciones reaccionarias que propugnan retrotraer la sociedad a un pasado legendario de orgnica convivencia y pureza nacional. Pero deberemos reprimir nuestro impulso por reprobar las fuerzas polticas que han sabido canalizar los anhelos de certezas y seguridad para observar con mayor detenimiento su manera de funcionar.

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Los movimientos etnonacionales contemporneos poco se expresan mediante la lucha social organizada a pie de calle, pues suelen servirse de los resortes institucionales por medio de agentes de intermediacin poltica: los partidos polticos usualmente denominados populistas o euroescpticos, en cuya agenda poltica se sita el intervencionismo estatal y el proteccionismo econmico. Si bien la mayor parte de estos partidos polticos no son nuevos [7], no ha sido sino a partir de la crisis financiera de 2008 que ha aumentado su caudal electoral al presentarse como mecanismos de transmisin a las esferas decisorias de las reivindicaciones de ciertos sectores de la sociedad civil: desde estratos subalternos hasta clases medias depauperadas que encuentran en el retorno al estado-nacin una defensa inmunolgica ante la precariedad y el desarraigo ocasionado por la descomposicin del modelo social europeo.

Aunque comparten algunos aspectos de similitud con los movimientos de la izquierda remozada como una postura reactiva a la gestin no democrtica de las lites tecnocrticas, las organizaciones nacionalistas propugnan un repliegue de la sociedad hacia formas comunitarias basadas en una identidad solidificada. De igual manera, los movimientos etnonacionales se desmarcan de los movimientos sociales fraguados al calor del sesenta y ocho al considerar que sus demandas participan del cosmopolitismo liberal que, por una parte, desatiende las capas populares de la nacin y, por otra, contribuye a fragmentar la unidad social cohesionada alrededor de valores comunes. Asimismo, al plantear una concepcin restringida de la soberana nacional a partir de planteamientos conservadores y xenfobos, observamos un sentir colectivo cuyos recursos y energas procuran la consecucin de un cambio social ausente de acepcin emancipadora.

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Aunque triste sea admitirlo, necio es no advertirlo: por una parte, los movimientos de la nueva izquierda parecieran ofrecer consideracin tica en lugar de derechos polticos; por la otra, la derecha populista dice responder a las demandas de proteccin social, al tiempo que ofrece coordenadas de sentido con las que guiarse por un mundo falto de horizontes de referencia. As las cosas, el hedonismo multicultural celebrado por la izquierda liberal contribuye a consolidar la subsuncin de cualquier aspecto vital al dominio del capital por medio de las inagotables aspiraciones de consumo asociadas a las identidades narcisistas y a la mercantilizacin de los estilos de vida. Por ms disparatado que resulte, de ello se desprende que sean posiciones derechistas las que se arroguen las actuales formas de insumisin a un neoliberalismo que asume como propias sensibilidades progresistas.

Sobre la base de lo expuesto se comprendera que los sectores ms vulnerables de la sociedad hayan sido atrados por discursos que, aun careciendo de proyeccin utpica, apelan a identidades slidas, proveen valores comunitarios y afirman representar una alternativa al orden neoliberal. Sin duda, la izquierda real tiene una ardua tarea por realizar, y sta pasa por movilizar a aquellos a los que se quiso olvidar.


Notas

[1] http://www.sinpermiso.info/textos/el-final-del-neoliberalismo-progresista

[2] Aunque Fraser no lo menciona, puede que la revocacin de la Ley Glass-Steagall en 1999 sea la medida que ms haya contribuido a gestar la crisis financiera de 2007-2008.

[3] Podramos plantear que la transferencia de soberana a instancias supranacionales donde los poderes oligrquicos campan a sus anchas no ha sido exenta de una narrativa multiculturalista que apelaba a la integracin legislativa y cultural.

[4] De modo que, por ejemplo, la controversia suscitada por el autobs de Hazte Or ha originado un debate no menos polmico que seala los lmites de la libertad de expresin.

[5] Resulta cuanto menos preocupante que la derecha populista tome la posta de la crtica a ciertas alianzas militares (OTAN) y acuerdos comerciales (TLCs) que tradicionalmente ha abanderado la izquierda.

[6] U no se ve tentado a aducir motivos similares para explicar que el Front National sea la fuerza poltica con mayor apoyo entre los obreros franceses. Ver: http://www.bez.es/235682488/Bajo-los-adoquines-Le-Pen.html#posicion_2

[7] El FP austriaco (1956), el FN francs (1972), el SD sueco (1988), el UKIP britnico (1993), el PVV neerlands (2006) y el AfD alemn (2013) seran, as como los neonazis griegos de Amanecer Dorado (1985), los ms relevantes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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