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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2017

El desastre europeo

Fernando Luengo
Pblico


La Europa de dos o ms velocidades. Consigna de moda en la siempre opaca y confusa jerga empleada en los documentos comunitarios. Aunque la expresin no es nueva en la gramtica de la Unin Europea (UE) ha justificado, por ejemplo, la decisin de crear la Unin Econmica y Monetaria (UEM)- ha cobrado una renovada actualidad. Designa uno de los cinco escenarios contemplados en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa; concretamente el tercero, denominado Los que desean hacer ms, hacen ms. La idea es, bsicamente, la siguiente. Para sacar de su letargo el denominado proyecto comunitario, hay que permitir -favorecer, incluso- que aquellos pases dispuestos a avanzar en el proceso de integracin econmica e institucional den pasos en esa direccin.

Los defensores de esta estrategia sostienen que actuando de esta manera se conseguiran, cuando menos, dos objetivos. Por un lado, se despejaran incertidumbres en cuanto al futuro de la UE y de la UEM, pues los pases de la primera velocidad, apostaran claramente por Ms Europa; por otro lado, quedara desbrozado el camino de aquellos que ahora no quieren o no pueden asumir ese plus europeo. Todo ello abrira las puertas a una Europa potente y renovada capaz de enfrentar los desafos de la crisis y zanjara las dudas acerca de la propia viabilidad del referido proyecto comunitario.

Como tantas veces ocurre con el discurso dominante y tantas veces pasa desapercibido, como si formara parte del sentido comn- el lenguaje desliza un diagnstico y plantea una alternativa, todo ello disfrazado de racionalidad indiscutible. Utilizar una metfora estrechamente relacionada con las diferentes velocidades con las que se quiere avanzar en el proceso de integracin comunitaria. Poner el nfasis en la velocidad significa omitir o ignorar que buena parte de los problemas de dimensin europea con su inevitable reflejo en las dinmicas estatales- estn relacionados con las caractersticas de los vehculos, los que los conducen, la posicin de los que viajan en su interior y la carretera por la que circulan.

En efecto, una primera cuestin en la que resulta obligado reparar es el muy desigual perfil estructural de las economas europeas (los coches). Algunas, con un potencial competitivo que las convierte en ganadoras indiscutibles de la dinmica integradora, dominada cada vez ms por la lgica del mercado, que se ha impuesto sin paliativos sobre la lgica redistributiva de las instituciones. Otras, considerablemente ms dbiles, ocupan el cinturn perifrico de Europa y estn especializadas en productos de menos valor aadido y contenido tecnolgico; estas se encuentran en inferioridad de condiciones a la hora de beneficiarse del mercado nico y de la unin monetaria. Asimismo, hay que tener en cuenta y el discurso oficial pasa de puntillas sobre este asunto- que la gestin de la crisis impulsada desde Bruselas y aplicada por gobiernos bien conservadores, bien socialistas- han hecho todava ms pronunciadas esas disparidades estructurales.

Desde que el neoliberalismo las ideas y los intereses que lo encarnan- impera en Europa, a partir de los aos ochenta del pasado siglo, las elites econmicas, en connivencia con la clase poltica, han marcado el rumbo de las polticas pblicas (los que conducen el coche). Ms an, los espacios propios de la poltica han sido paulatinamente ocupados por las grandes corporaciones y los grupos de presin que las representan, ponindolos a su servicio. En este sentido, ms que una disminucin del papel del Estado, hemos asistido a la captura del mismo por parte de los poderosos; las puertas giratorias simbolizan la disolucin de lo pblico en lo privado. La mxima y ltima expresin de la corporatizacin del proyecto europeo han sido las polticas llevadas a cabo durante los aos de crisis; polticas que, sin disimulo, han fortalecido la posicin de las oligarquas, tanto en lo econmico como en lo poltico.

Los estados de bienestar la propia legitimidad de la construccin europea- resida en conseguir niveles crecientes de cohesin social (tambin en avanzar en la convergencia productiva y territorial). El crecimiento econmico deba facilitar la consecucin de esos objetivos. Lo cierto, sin embargo, es que en los aos de auge las desigualdades han aumentado, poniendo en cuestin la capacidad y la voluntad redistributiva de las instituciones y el supuesto nexo automtico existente entre crecimiento y equidad.

La irrupcin de la crisis y la gestin oligrquica que se ha hecho de la misma han situado en cotas histricas la fractura social (la desigual posicin de los que viajan en el coche). Los trabajadores, los grupos vulnerables y las clases medias de las economas perifricas, sobre todo, pero tambin de las del Norte, donde la erosin social es asimismo manifiesta- han soportado los costes de la crisis. En paralelo, se ha abierto camino un capitalismo de naturaleza esencialmente extractiva, en un contexto de moderado e insuficiente crecimiento y de debilitamiento y prdida de legitimidad de aquellas instituciones cuyo cometido es promover polticas de igualdad y asegurar una redistribucin de la renta y la riqueza.

Aunque el crack financiero evidenci los lmites, las contradicciones y los efectos devastadores de la economa basada en la deuda y de las teoras econmicas que las sustentaban, las polticas implementadas para gestionar y superar la crisis la represin salarial, los ajustes presupuestarios, la desregulacin del mercado de trabajo, los rescates bancarios, las privatizaciones- han seguido el relato y la hoja de ruta del pensamiento dominante (la carretera).

Esas polticas aunque, como he sealado, han proporcionado recursos y poder a las elites- han prolongado y agravado la crisis, sin que, finalmente, hayan conseguido una recuperacin suficiente y sostenible de la actividad econmica; son responsables de la generalizacin del empleo precario y del aumento del desempleo y la desigualdad, llevando las cuentas pblicas a una situacin de mayor fragilidad; tambin forma parte del pasivo de estas polticas la merma de potencial productivo y tecnolgico de las economas, principalmente de las perifricas.

En clave europea, las medidas exigidas desde la Troika (Comisin Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) han agravado las asimetras productivas y comerciales entre el norte y el sur, han impuesto un federalismo tecnocrtico y autoritario disciplina fiscal y unin bancaria-, han favorecido las tendencias desintegradoras cuyo mximo exponente hasta ahora ha sido el Brexit-, el auge de la extrema derecha y los nacionalismos xenfobos, y han sido manifiestamente incapaces de abordar, respetando los derechos humanos y aplicando un principio de solidaridad, el drama de los refugiados y los flujos migratorios.

La complejidad de la problemtica someramente apuntada en las consideraciones anteriores en absoluto se resuelve con la consigna de permitir o favorecer una Europa de varias velocidades. Supone, en lo fundamental, ms de lo mismo en lo que concierne al ncleo duro de las polticas econmicas aplicadas hasta el momento, introduciendo en el engranaje institucional de la UEM algunas reformas, sesgadas y claramente insuficientes, para intentar preservar la zona euro, especialmente los intereses de lo que ms se benefician de la misma, y un aumento del gasto militar. Por lo dems, en el Libro Blanco se plantean un conjunto de lneas de actuacin, genricas e imprecisas, en torno a las que, llegado el momento de su concrecin, posiblemente ni siquiera se alcanzara el consenso entre los llamados a formar parte del grupo de pases de la primera velocidad.

Europa necesitaba y necesita, con urgencia, una accin poltica, solidaria y cooperativa, orientada hacia la convergencia productiva y territorial, la equidad social y la igualdad de gnero, la transicin a una economa sostenible, la auditora y reestructuracin de la deuda pblica, la gestin del problema de los refugiados, la persecucin del fraude y de los parasos fiscales, la creacin de una hacienda comunitaria basada en el principio de progresividad, el aumento sustancial del presupuesto comunitario y la reforma en profundidad de la industria financiera. Por qu no se ha recorrido ese camino? Por qu razn las polticas aplicadas han ido justamente en la direccin contraria? La respuesta es clara. No ha existido voluntad polticaausencia de voluntad que aparece de nuevo en la propuesta de una Europa de varias velocidades. En caso de avanzar en esa direccin, Europa, lejos de superar la esclerosis actual, dara un paso ms, acaso decisivo e irreversible, hacia la desintegracin.

Fernando Luengo, profesor de economa aplicada de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del crculo de Podemos Chamber. https://fernandoluengo.wordpress.com @fluengoe

Fuente: http://blogs.publico.es/econonuestra/2017/04/16/el-desastre-europeo/



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