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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-04-2017

La ciudad secuestrada

Juan Rivera
Rebelin


Para dar una opinin personal lo ms ecunime posible sobre como se sufre la Semana Santa cuando se vive en el casco histrico cordobs es recomendable evitar que el en caliente se mezcle con la indignacin.

Si no lo haces as es fcil dejarte llevar y terminar dndole la razn al cnico amigo mo que arreglara el problema de la avalancha de hiperdula que secuestra impunemente durante siete das la libertad de movimientos ciudadana. Su varita mgica construira en el recinto ferial del Arenal un semanasantdromo a imitacin del carioca sambdromo del marqus de Sapuca.

Para reforzar la irnica argumentacin pregona como excelencias la mezcla de competicin (paso ms rpido, elevacin mxima de trono, resistencia...) con rentabilidad econmica al sustituir los palcos por graderos que multiplicaran por cien el afn recaudatorio. E incluso abrira la puerta, si se tercia, a exhibiciones de los ms fanatizados patrocinando concursos de flagelos y disciplinas.

Boutades al margen, estos das primaverales en los que desde hace milenios las religiones mistricas antiguas celebraban ritos alrededor de dioses jvenes que sufren el ciclo de pasin, muerte, resurreccin para que sus seguidores logren la misma inmortalidad que la divinidad a la que adoran, invitan a la reflexin.

Sin nimo de diseccionar incongruencias histricas palmarias como las que convirtieron una religin fanticamente iconoclasta en sus orgenes -ya lo apuntaba Celso- en otra con el mismo nombre e igual de fantica pero ahora con bula para portar sobre los hombros estatuas de dioses antes rechazadas (los amantes de versiones ms duras pueden sumergirse en el libro Ao 303 a la hora de justificar la invasin del espacio pblico con fines privados la coartada ms recurrente sigue siendo la del rendimiento econmico. Pareciera que de existir el personaje histrico de Jess el Galileo, lo habra hecho nica y exclusivamente para salvar los ingresos por turismo y equilibrar la deficitaria balanza de pagos.

Sera absurdo negar el componente popular que en muchos lugares de Espaa acompaan los fastos recubiertos de ptina religiosa, aunque a veces se corra el riesgo -como en la extempornea reivindicacin encabezada por las Juventudes Comunistas sevillanas- de pasarse en la frenada y tampoco tiene sentido desde un planteamiento democrtico cuestionar el derecho de los capillitas a manifestar sus creencias de la manera que estimen oportuno. Siempre que se cian escrupulosamente a la legalidad y no disfruten de privilegios aadidos. Aunque a muchos les vendra de perlas matricularse en un curso elemental de civismo y empata para que sapos y culebras no salgan de su boca cuando una vez al ao se topan con una manifestacin reivindicativa que durante treinta minutos les impide circular por una calle cntrica.

Pero lo que carece de sentido es quitar a la ciudadana su espacio urbano y mucho menos an que el Ayuntamiento consienta la privatizacin de las calles para que en ellas se haga negocio particular. Resultar difcil de creer para quien no sea de aqu, pero esa situacin se ha consentido en Crdoba estos das pasados. Basta con darse una vuelta por vdeos y foros para encontrar ejemplos de protestas por el mal uso del espacio pblico (calles alrededor de la Mezquita) para disfrute de unos pocos. Los que haban pagado el acceso a los palcos.

Como acertadamente defini la concejala de Ganemos Vicky Lpez, no hay que darle ms vueltas porque el hecho solo tiene un nombre: clasismo. Esa inclinacin sempiterna de la oligarqua hispana a considerarse superior y consentir la presencia del pueblo en los eventos slo si hace el papel de extra o palmero pero nunca de protagonista. Ya se sabe, a la puerta de la caseta de la feria, con cabeza humillada, manos atrs sosteniendo la boina y el A su servicio para lo que guste, don Jos en la boca.

Y que no hablen en nombre de la tradicin cuando sta es heredera de una Intolerancia que hunde sus races en Trento. No vale tampoco hacer trampas para transformar espectadores pasivos en apoyos activos. El fervor religioso no lo da aceras llenas que tambin lo estarn en das del desfile carnavalesco o en cabalgatas de mayo, sino la [muy escasa] asistencia a misa dominical o el nmero de matrimonios consagrados a Dios en un paisaje donde son mayora opciones alternativas como las uniones civiles o simplemente de parejas en pecado.

Conviene recordar que tras la recuperacin de los ayuntamientos democrticos, en la Crdoba de Julio Anguita se rompi la tradicin franquista del palco... y no pas nada durante veinte aos y que fue el PP quien la recuper en el 96 aunque cuando se pudo arreglar el desaguisado en el 99, la inefable Rosa Aguilar opt por ser sumisa a los caprichos de los poderes fcticos. Tendemos a obviar que el PP es pura ideologa en su gestin de gobierno y pieza clave para mantener su dominio poltico es poner en pie un tinglado neonacionalcatlico, espritu franquista incluido. De ah los privilegios a la Jerarqua catlica en la LOMCE, casilla del IRPF o inmatriculaciones. O la absoluta falta de respeto a la neutralidad de poderes de un Estado tericamente aconfesional pero que cuelga medallas oficiales en vrgenes o pone banderas a media asta por la muerte del dios en el que creen sus gobernantes.

En estos das suele aflorar en Espaa una fauna tan rancia que dan ganas de salir corriendo. Sabemos que est ah porque siempre lo ha estado y ya la tenemos descontada en el debe. La mejor manera de afrontarla es creando espacios de convivencia plural donde nos sintamos a gusto. Y por ello necesitamos vivir en ciudades que no sean secuestradas peridicamente. Menos an con la connivencia o dejar hacer de los representantes municipales democrticamente elegidos.

Juan Rivera. Colectivo Prometeo. FCSM.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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